Cine Adictos

POR  CARMEN CANO GORDÓN

Guten Tag, Ramón (2014), coproducción México-Alemania, es un caso atípico, pero aún menos común es el optimismo y ganas de vivir que irradia este filme, tan escasos en la cinematografía.

En principio el título no ayuda para que el público la seleccione como opción, pero luego esos mismos espectadores son sus principales promotores.

El guión, de Jorge Ramírez Suárez, también director, es sencillo y sin complicaciones: un joven campesino del norte del país (Kristyan Ferrer), que busca opciones honestas de superación personal y familiar (primero en Estados Unidos, de donde es devuelto cinco veces por falta de papeles) decide, a instancias de un amigo, y como última y prometedora opción, viajar a Alemania, donde su conocido tiene una tía que puede darle alojamiento y, quizás, trabajo.

Así, emprende el viaje con el paupérrimo bagaje de su propia persona, su mochila, unos detalladísimos datos para llegar a Wiesbaden (un pequeño pueblo en Alemania, en donde debe buscar a la tía de su amigo, a la cual no encuentra), unos cuantos euros y nada más; carece obviamente del conocimiento del idioma alemán que, como se verá a la larga, no le significa un obstáculo insalvable.

En el tránsito por el pequeño lugar, solo y sin referencias, le suceden multitud de cosas: unas buenas, otras malas, otras insignificantes, pero lo que debe resaltarse es cómo, a pesar de todo, con la ayuda y cariño de una “joven anciana”, Ruth (Ingeborg Shoner) a quien conoce de manera fortuita y se convierte en su ángel guardián, va sorteando los contratiempos: el frío invernal se soluciona con un abrigo y una bufanda que Ruth le regala; cuando le roban su mochila, por no tener vivienda, la mujer le da alojamiento en el sótano del edificio donde habita, con una cama, una mesa y un pequeño sillón. Incluso la falta de comida tiene arreglo con limosnas.

Así, y siempre gracias al apoyo de Ruth, Ramón se va desempeñando como mandadero, ayudando a los ancianos que habitan en esa pequeña de-marcación a cargar los enseres diarios, como comida y agua, a cambio, él recibe algunos euros.

Posteriormente salen a la luz sus habilidades como bailarín de salsa y merengue, los “viejitos” jubilados, animados por Ruth, lo contratan para que les enseñe a bailar.

Se establece así un círculo de amistad y comprensión encomiables que permea el resto de la cinta, hasta que un viejo envidioso y “mala onda” lo denuncia a las autoridades; en un escrito, informa a la policía que Ramón vive en ese lugar y no tiene documentos legales, pronto llevan preso al joven e inmediatamente lo deportan.

Hasta ese momento parece que se ha terminado el sueño alemán de Ramón, sin embargo, no es el final de su historia y queda más por descubrir.

Entre los momentos más destacables de esta entrañable cinta están las clases de baile, don-de los ancianos se olvidan de malos recuerdos y hasta sus achaques pero, sobre todo, el conmovedor diálogo entre los personajes de Ruth y Ramón durante una cena en casa de ella, cada uno en su idioma, con recuerdos y emociones, amistad y comprensión, mucho más allá de las palabras, llegando a lo más profundo del corazón del espectador, quien es el único que realmente sabe qué hay detrás sus historias.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en noviembre de 2014, edición 139 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR RENÉ LEÓN VALDEZ *

La biblioteca se encuentra en total oscuridad. En su interior se observan las sombras de los anaqueles reflejadas en la tenue luz que se filtra a través de la ventana; el silencio parece dominar aquel espacio solitario donde un espíritu vengativo espera el momento oportuno.

Ofelia entra en la sala, pero el ambiente del lugar parece propio de una dimensión desconocida y siniestra; se escucha lejana su voz al preguntar por Aurora. Media hora antes, las dos amigas habían acordado salir a cenar y, con ello, levantar los ánimos ante los sucesos misteriosos que han ocurrido en su hogar.

Ofelia camina por el pasillo y pregunta por su amiga. No obtiene respuesta. Vuelve a pronunciar el nombre de su amiga con la esperanza de que acuda a su encuentro. Silencio. Sin saber lo que ha ocurrido antes de su llegada, Ofelia continúa su camino entre las repisas de libros antiguos; quizá los ecos guardados en esos manuscritos la guíen para localizar a su amiga; sin embargo, lo que encuentra al final del pasillo la enfrenta a algo ominoso e inquietante que pone a prueba su lucidez.

No se trata del cuerpo inerte de Aurora que cuelga del barandal metálico; tampoco de ese grito que sale de su interior al encontrar a su amiga muerta, con una expresión de terror indescriptible. Se trata de algo más impactante, amenazador, que genera espanto: miedo. Un miedo que Carlos Enrique Taboada supo reflejar magistralmente en su tetralogía mexicana de terror: Hasta el viento tiene miedo (1968), El libro de piedra (1969), Más negro que la noche (1975) y Veneno para las hadas (1984).

Internados citadinos, casas de campo con un aire de misterio, residencias antiguas donde los espíritus observan el diario devenir de sus habitantes, sótanos oscuros; espacios que para Carlos Enrique Taboada representaron el punto de encuentro con seres ocultos que interfieren en la vida cotidiana de los protagonistas.

Si bien en las películas creadas por el director mexicano acaecen hechos sobrenaturales, sus protagonistas femeninas reflejan un carácter escéptico: ¿Cómo es posible que en un mundo contemporáneo las personas crean en fantasmas y espíritus? En más de una ocasión la pregunta se convierte en el eje de reflexión sobre el cual se desarrolla la trama. Como se observa en las películas, los mismos acontecimientos otorgan una respuesta inquietante y perturbadora.

La primera historia de la tetralogía muestra una representación de la juventud poco convencional que se combina con la superstición propia de chicas que desean quebrantar un código rígido que impide su plena libertad. Hasta el viento tiene miedo no sólo es una historia donde las mujeres se cuestionan acerca de los principios y valores que rigen a la sociedad tradicional; la trama nos adentra en los secretos que permanecen ocultos en el internado de señoritas y que salen al descubierto por medio de Andrea, un espíritu que vaga por los pasillos en busca de venganza, materializada en uno de los personajes principales, Bernarda.

En El libro de piedra nos encontramos con una situación que nos obliga a cuestionar la veracidad de lo que acontece en ese espacio abierto, infinito, que conocemos como realidad: Julia Septién es contratada por el acaudalado Eugenio Ruvalcaba para cuidar de su pequeña hija, Silvia. La trama no tiene nada de extraordinario salvo por un aspecto que desencadenará el factor inquietante: la pequeña Silvia afirma ante los adultos que mantiene una amistad con Hugo, y esta amistad podría ser aceptada de manera normal de no ser por el hecho de que Hugo es una estatua de piedra que posee un misterioso libro…. de magia negra.

A través del miedo nos cuestionamos sobre la veracidad de hechos que van más allá de nuestro entendimiento, eventos sobrenaturales que desafían cualquier explicación lógica. Esto es lo que experimentan los protagonistas del filme: Eugenio y su esposa Mariana son incapaces de comprender el comportamiento de Silvia debido a que su realidad se basa en hechos que se pueden observar y explicar. En su pensamiento no tiene cabida lo sobrenatural.

Carlos, el tío que llega de visita, asume que se trata de un trastorno ocasionado por los constantes viajes y ocupaciones de su padre. Los sirvientes de la casa no dudan en afirmar que la niña está embrujada. Solo Julia parece advertir que hay algo de verdad en las historias que cuenta Silvia acerca de Hugo. Los sucesos posteriores dejarán entrever que lo sobrenatural se oculta donde menos lo esperamos.

Actitudes desenfadadas, libertad, quebranto de esquemas tradicionales rígidos, deseo, conflictos internos… Estos son los núcleos particulares que definen la trama en Más negro que la noche, una historia en donde se recurre al ambiente gótico como un complemento indispensable para que las jóvenes protagonistas enfrenten ese miedo del cual no podrán librarse, no por falta de voluntad, sino por la presencia amenazante de la tía Susana y de su alter ego, Bécquer.

El miedo persigue a las protagonistas, les hace daño, las trastorna, les quita el sueño. ¿La prueba? El maullido incesante y ominoso de Bécquer, el cual resuena en cada rincón de la vieja casona escenario de la trama.

Finalmente, Veneno para las hadas es la culminación de un esquema narrativo que refleja las más diversas variedades del miedo y sus asimetrías frente a una realidad que se ve superada por los temores que guarda el ser humano y que, poco a poco, lo consumen de manera inevitable.

La historia presenta un giro totalmente diferente a las anteriores. Las protagonistas son dos niñas que, a pesar de su corta edad, enfrentarán sus temores y resentimientos de una manera icónica: Flavia representa la postura objetiva y racional. Para ella, el miedo no tiene cabida en su carácter y antepone su valentía para hacer frente a cualquier evento desconocido.

La situación dará un giro inesperado con la llegada de Verónica, el lado opuesto a la fortaleza de Flavia. Una misteriosa niña que vive con su abuela en un entorno sombrío. Para hacer frente a la ausencia de sus padres inventa historias poco menos que inverosímiles. Afirma ser una bruja con poderes ocultos y saber preparar pociones para destruir a sus enemigas, las hadas.

A simple vista parece un juego inocente, pero conforme la historia avanza observamos que las jóvenes protagonistas llevarán muy lejos las asimetrías respecto del miedo. Un incendio y una sonrisa inquietante nos muestran todo lo que somos capaces de hacer para contrarrestar esa sensación de miedo que nos perturba.

¿Qué tienen en común las historias creadas por Carlos Enrique Taboada? Nos muestran los componentes básicos de toda forma de miedo: suspenso, temor, fragilidad, peligro, desamparo, pérdida. Son sensaciones que los protagonistas experimentan cuando se ven amenazados por fuerzas desconocidas más allá de su entendimiento y que son incapaces de comprender.

El miedo representa un núcleo emocional que vislumbra todo aquello que vendrá, sea o no inevitable. Para el director mexicano sus protagonistas no pueden escapar a su destino y el único futuro que les espera se reduce a un espacio donde el miedo perdura como un veneno: nunca termina.

* René León Valdez es Licenciado en Comunicación. Profesor en la Licenciatura de Comunicación de la FES Acatlán. Actualmente en periodo formativo en la Maestría en Docencia para la Educación Media Superior.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en marzo de 2020, edición 188 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.
Categoría(s): APUNTES CINEMATOGRÁFICOS

POR  NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

Coincidencia o no, en una época en que pareciera políticamente correcto dar mayor espacio a las mujeres, destaca en la curaduría de la Segunda Semana de Cine Canadiense la selección de siete filmes en los que participan cuatro jóvenes directoras: Myriam Verreault, Aisling Chin-Yee, Sophie Deraspe y Monia Chokri; por tanto, en este aún joven encuentro fílmico, prevalecen las miradas femeninas.

La industria cinematográfica internacional sigue siendo dominada por hombres y el hecho de tener ante nosotros cuatro visiones femeninas es motivo suficiente para tomarse en cuenta, sumado a que todas ellas son directoras emergentes, a quienes acompañan las miradas experimentadas de los directores consolidados Atom Egoyan y Xavier Dolan, así como la dupla de Calvin Thomas y Yonah Lewis, quienes ya empiezan a figurar en la escena mundial.

Nueva Era Films, principal responsable de traer a nosotros cine canadiense actual, eligió marzo, mes en que se ha conmemorado precisamente el Día Internacional de la Mujer, para presentar diferentes formas de vida en un país cosmopolita que mezcla en su cotidianeidad muchas culturas, donde el mestizaje permea expresiones sociales y culturales de forma muy visible.

En todos los casos, los filmes que podremos ver en la sala del Teatro Javier Barros Sierra de la FES Acatlán tienen probada calidad; fue exitoso su paso por los principales festivales de cine de 2019, en especial Cannes, Venecia y Toronto.

Es tiempo de darle un mayor lugar al cine canadiense, el cual tiene un estilo propio. Se pueden distinguir semejanzas con las producciones de Hollywood, pero también con la forma en que se hacen los filmes en Francia, la cuna del cine.

En algunos casos podremos encontrar referentes en otras vertientes europeas, pero si analizamos con profundidad nos daremos cuenta de que es diferente en forma y fondo. Además de estar bien hecho, presenta opciones para todos los gustos. Cuatro de las películas de la Segunda Semana de Cine Canadiense retratan estilos de vida en Quebec, donde se habla francés, y los otros tres del territorio anglófono.

Invitado de honor (Atom Egoyan, 2019) se estrenó en el Festival de Cine de Venecia de 2019 y luego participó en el Festival Internacional de Cine de Toronto. En ambos casos la crítica especializada ha sido más dura que benevolente, pues en el filme se puede ver que el estilo de su director encuentra ecos de sus rodajes anteriores, con personajes tristes que lidian con el sufrimiento, viven desesperados y, en algunas ocasiones, contrario al dramatismo que de ellos se espera, terminan siendo cómicos.

Kuessipan (Myriam Verreault, 2019) invita al espectador a valorar la importancia de la amistad fraternal, la cual sale a flote no obstante las pruebas de fuego que se puedan enfrentar por conflictos familiares, de pareja, proyectos, vocaciones o decisiones aparentemente contrarias a la lealtad. Aquí el factor de raíces en una comunidad nativa sirve de pretexto para visualizar una cara poco conocida de Canadá. Luego de su estreno en el Festival Internacional de Cine de Toronto 2019 ha tenido un exitoso recorrido por más de 50 festivales internacionales.

Mentira blanca (Calvin Thomas, 2019) explora temas por demás actuales: el impacto de las redes sociales en la cultura contemporánea; la polarización social ante lo que se decide identificar como “justicia”; la compasión expuesta por medio del veloz e implacable internet en los casos de enfermedades crónicas y/o terminales; la manipulación y la mentira con fines económicos encarnados por una protagonista que desafía al público a ir al fondo de sus propios escrúpulos, capaz de generar tanto rechazo por sus turbios objetivos, como “admiración” por lo osado de sus actos cínicos y carentes de justificación.

Lo que queda de nosotras (Aisling Chin-Yee, 2019) plantea la posibilidad de que dos “enemigas naturales” deban reinventar sus proyectos de vida a partir del fallecimiento del hombre que las unía: la primera y segunda esposas, con sus respectivas hijas, conviviendo bajo un mismo techo, procesando su duelo, la tragedia y el abandono en que las ha dejado, en el primer caso por voluntad, en el segundo por las circunstancias de la muerte. Son mujeres con diferentes personalidades y temperamentos, con problemas complejos, en un entorno poco amigable, obligadas a ser honestas entre ellas y consigo mismas.

Antígona (Sophie Deraspe, 2019) se presenta como una imperdible oportunidad de refrendar la calidad de una de las tragedias clásicas griegas más importantes, adaptada a la época y problemas actuales. Reflexiona sobre la experiencia de los refugiados en Canadá, quienes no están exentos de enfrentar una sociedad indiferente, en un país donde la tolerancia pareciera algo solamente superficial. Aunque seguramente es la película más compleja de las que integran este ciclo, también es la que dejará huella más profunda en un público como el de nuestro país, por la exaltación que hace del amor y lealtad familiar, de la pobreza y la desigualdad de oportunidades.

Matthias y Maxime (Xavier Dolan, 2019) es un filme fiel al estilo ya conocido de este realizador, que muestra a sus protagonistas enmarcados por las dudas de identidad sexual. Nuevamente Dolan interpreta a un personaje cuya madre abusiva no aprecia la bondad de su hijo. Ocho películas en su trayectoria y sigue quejándose de su progenitora, al mismo tiempo que vuelve a señalar que la sexualidad no normativa aún conlleva estigmas en las sociedades “modernas”. No obstante es una película divertida, con una historia de amor sincera que nace de la amistad y representa otra opción para analizar la inadaptación del individuo, la necesidad de desprenderse de los conflictos para encontrar la tranquilidad propia y llegar a la absoluta sinceridad.

La mujer de mi hermano (Monia Chokri, 2019) es, para los amantes de la comedia dramática, una excelente oportunidad de llegar hasta la catarsis con la historia de dos hermanos aferrados a la muy actual definición de “chavorruquez”: ella con el pretexto de ser la eterna estudiante a quien su proyecto profesional la mantiene soltera y endeudada; él con sobrada autoestima, exitoso profesionista y permanente conquistador, ambos en conflicto por su apego fraternal. Aquí prevalece el tono carente de sutilezas, las escenas rayan en lo caricaturesco, los diálogos son sarcásticos y el humor negro permea el guion. El espectador debe responder a esta cuestión: “No somos jóvenes ni viejos, ¿qué somos entonces?”

Queda pues en las manos de nuestros lectores la información que les permita tomar la mejor decisión para ver una, varias o todas las películas de la Semana de Cine Canadiense, así como la invitación para valorar la proyección de estos títulos en nuestro Campus, acudiendo al Centro Cultural Acatlán.

NOTA: ESTA EDICIÓN SE REALIZÓ ANTES DE QUE LAS AUTORIDADES DE LA UNAM DETERMINARAN LA SUSPENSIÓN DE ACTIVIDADES EN TODOS LOS CAMPUS. SE PRESENTA AQUÍ CON OBJETO DE QUE EL PÚBLICO SE FAMILIARICE CON ESTAS PELÍCULAS Y, EN CUANTO LA COORDINACIÓN DE DIFUSIÓN CULTURAL DE LA FES ACATLÁN ESTÉ EN POSIBILIDAD DE REPROGRAMARLAS, HABRÁ MAYOR DETALLE SOBRE LAS FECHAS Y HORARIOS PARA LOS TÍTULOS QUE A CONTINUACIÓN SE DESCRIBEN.

 

 

 

 

 

 

Categoría(s): Sin categoría

POR OFELIA CASTRO PAREDES *

Rolando Martínez Ávalos, crítico de cine y presentador de televisión, celebra 15 años al frente de la conducción del programa Cinescape, el cual se transmite por Televisión Mexiquense y es reconocido como uno de los referentes de cine más importantes de la televisión mexicana.

Desde sus inicios Cinescape promueve filmaciones, entrevistas, presentaciones, alfombras rojas, entregas de premios y una extensa información sobre el Séptimo Arte a nivel nacional e internacional.

Rolando Martínez Ávalos es oriundo de Ocampo, Tamaulipas. Egresó de la licenciatura en Periodismo y Comunicación Colectiva de la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) hoy Facultad de Estudios Superiores Acatlán y con motivo de este logro profesional concedió una entrevista para CineAdictos.

Martínez Ávalos reveló que el proyecto de lo que hoy conocemos como Cinescape surgió en las aulas universitarias de Acatlán y ha enfrentado diversos retos a lo largo de estos años: “yo era un alumno, un estudiante universitario que no tenía a nadie en los medios de comunicación, era un chavo que se acercó y tocó la puerta”. En ese momento no tenía experiencia en televisión y tampoco era el estereotipo que en aquél entonces las televisoras manejaban: “de cierta manera vine a romper con los esquemas”, señaló.

Son más de tres lustros en los que ha vivido de cerca el cine, industria que, desde su mirada especializada, ha tenido diferentes cambios: “Somos una generación a la que le tocó ver cine en 16 o en 35 milímetros, en estos procesos de postproducción y hoy en día todo es digital. Con una cámara o los mismos dispositivos móviles ya se puede hacer una película. Existe un caso en México que lo ilustra: se llama Oso Polar (Marcelo Tobar, 2017) y es la primera película mexicana que se hizo con un celular, es realmente admirable este cambio”, advirtió.

Hace 15 años los cineastas aplicaban para obtener recursos por parte del Estado, “era más difícil levantar un proyecto por los procesos de elaboración, por la parte cinematográfica. Hoy los jóvenes ya hacen historias con presupuestos más bajos. De cierta manera el cine mexicano va tomando otro enfoque; son las comedias las que están gustando, pero también películas que se han presentado en diferentes festivales internacionales de cineastas contemporáneos con una larga trayectoria; el mismo público asiste a ver cintas nacionales”, explicó.

Aunado a ello mencionó la labor de los cineastas independientes, reconocidos en festivales importantes como Cannes o Róterdam: “hay talento mexicano presente con operas primas, ahí están las propuestas que quieren contar una historia a través de la pantalla grande”.

También está presente el trabajo de los cineastas premiados en recientes fechas: “grandes trabajos han realizado aquellos cineastas de trayectoria larga: Guillermo del Toro, Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón, con diversos galardones, entre ellos premios Oscar”.

Para Rolando Martínez la forma de apreciar el Séptimo Arte ha sufrido cambios importantes, en especial por la manera en que las plataformas digitales están llevando el cine a las casas, lo que ayuda a una inmediatez entre el público y esta industria; sin embargo “no es lo mismo ir a ver una película en pantalla grande, con duración de tres horas y media en un recinto dedicado a ello a verla en tu casa con pausas, o a verlas en el trabajo o en tu celular, pierdes totalmente la atención. En el caso de la cinta El Irlandés (Martin Scorsese, 2019) se demostró que solamente el 16 por ciento de los espectadores que comenzaron a ver la película, la terminaron”.

Añadió que la calidad de los filmes es el mismo para una pantalla cinematográfica que para una plataforma digital. “Desde el año pasado surgió un fenómeno interesante con la película Roma (Alfonso Cuarón, 2018), si bien Netflix trataba de posicionarse como plataforma digital de consumo, invirtieron mucha publicidad y con ello fueron la sensación en los premios Oscar. Aunque este año no pasó tanto con las películas de esta plataforma, pero de las cinco películas nominadas al Globo de Oro o de los premios Oscar, tres eran de plataforma digital”.

Para este amante del Séptimo Arte, el público no dejará de entrar a las salas de cine, aunque tenga opciones diferentes: “El cine es un recinto para ver las películas, desconectarte de la realidad, de lo que está pasado y adentrarte a una historia que dure dos o cuatro horas. Emocionarte, llorar, identificarte. El cine juega un papel dentro de la sociedad; a veces nos vemos reflejados en los diferentes personajes y contextos que nos está planteando una película de cualquier género, sea una comedia o un documental, ya que este último ha ganado mucha presencia dentro de la industria cinematográfica”.

Apoyar el cine desde el periodismo y la comunicación es una encomienda que vive día a día y de forma muy profesional. Por esta razón, para Rolando Martínez se requiere de una sólida formación, tomar esta labor con una gran responsabilidad y compro-miso: “hoy en día cualquiera puede tener acceso a una red social, plataforma digital o un dispositivo y emitir un juicio, es muy fácil, pero la gente que está detrás de una comunicación debe estar preparada, tener una licenciatura, saber el contexto para emitir juicios o un comentario”.

Por ello, invitó a la comunidad universitaria a perseguir sus metas, prepararse y de la forma más profesional ejercer con orgullo la formación académica brindada en las aulas.

El programa de televisión Cinescape se transmite todos los jueves a las 19:00 horas y en su repetición los sábados a las 19:00 horas por Mexiquense TV.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en marzo de 2020, edición 188 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.
* Ofelia Castro Paredes es Técnico Académico Asociado B. Tiempo Completo Definitivo. Profesora de la Licenciatura en Comunicación. Participa en las líneas de investigación de Comunicación Interna y Relaciones Públicas.
Categoría(s): REALIZADORES

POR IRMA MARIANA GUTIÉRREZ MORALES *

El código enigma (The Imitation Game, EU, 2014), se basa en la obra biográfica deAlan Turing The Enigma, escrita por el matemático Andrew Hodges. Clasificada como biopic, largometraje bélico y thriller, muestra cómo la guerra y la homosexualidad fueron determinantes en los afanes y en el destino del científico británico.

Se desarrolla en tres periodos: el presente (1950), con Alan Turing siendo investigado por la policía británica debido a su homosexualidad (recuérdese que en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XX esta preferencia era considerada un delito); el pasado (década de 1920), con el recuerdo de Alan Turing siendo adolescente, mientras experimenta la transición de la amistad al enamora-miento con su compañero de internado y protector, Christopher Morcom.

Posteriormente (1939) en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con las peripecias de Turing y un equipo de expertos del servicio secreto inglés, decididos a descifrar el código de las máquinas “Enigma”, empleadas por el ejército nazi para sus comunicaciones.

El mayor peso de la historia transcurre precisamente en lo ocurrido en 1939, cuando la corona inglesa reclutó a un conjunto de matemáticos, académicos, criptógrafos, lingüistas y campeones de ajedrez para desarrollar una guerra alterna a la que se sostenía con armas en los frentes militares: una guerra matemática.

La misión de este equipo era desentrañar los misterios de “Enigma”, una máquina que encriptaba los operativos de guerra alemanes y cuyos códigos se consideraba imposible de descifrar.

En este contexto emerge un nervioso y poco sociable Turing (Benedict Cumber-batch), quien, a diferencia del resto de sus compañeros, creía firmemente que sólo una máquina podía derrotar a otra máquina.

Sin dudarlo un segundo, Turing se empeña en construir a “Christopher”, el aparato que combatiría a “Enigma”, no sin antes afrontar sospechas de espionaje, desencuentros con los demás integrantes del equipo, la desconfianza inquisidora del comandante Denniston, al mando de la operación, y un compromiso de matrimonio negociado con Joan Clarke (Keira Knightley). Todo ello con el costo social de ser “diferente” como sustrato.

Si bien se ha documentado una serie de imprecisiones históricas en la película, es posible conceder que se realizan en pro del drama fílmico, del cual surge una atmósfera deleitable de suspenso y empatía con el protagonista. Por ejemplo, en lugar de un alegre, abierto y sociable Alan Turing, como lo fue en realidad, tenemos a un genio inquieto, solitario, sin sentido del humor y, en ocasiones, hasta petulante.

No obstante, a pesar de la poca fidelidad en el retrato del matemático y en algunas anécdotas presentes en el filme, la impecable construcción del guion permite que el espectador enlace los distintos personajes, acciones y escenarios de manera natural y efectiva. Nada se percibe superfluo ni fuera de lugar.

El código enigma sí hace justicia a la verdad simbólica, pues expone y remarca la trascendencia de quien hoy es considerado el padre de las ciencias de la computación y de la inteligencia artificial.

Para los entendidos en temas matemáticos y tecnológicos, no sólo resulta interesante remontarse al proceso que dio origen a los ancestros de nuestras actuales computadoras, sino entender que la revolución digital que hoy vivimos es producto de la concatenación de condiciones económicas, políticas y sociales específicas y, tristemente, también es producto de la más dolorosa conflagración bélica que haya conocido la humanidad.

Quizás aún más importante sea la crítica social que nos presenta El código enigma, desde el punto de vista de los derechos ganados por los movimientos de la diversidad sexual. Resulta ofensivo el pago con el que el gobierno inglés reconoció el trabajo de Turing: la castración química luego de ser condenado por indecencia grave a causa de sus preferencias sexuales.

Eran otros tiempos, sí, pero someter al oprobio a quien fuera artífice de la victoria de los aliados en la Guerra Mundial obliga necesariamente a una profunda reflexión sobre las injusticias y las vilezas sociales.

La máquina “Bombe” de Turing (“Christopher”, en la película) había logrado acortar la guerra en dos años y evitó la muerte de más de 14 millones de personas, pero sin reconocimiento alguno y luego de un año de recibir el tratamiento hormonal al que lo había condenado el gobierno inglés por su homosexualidad, Alan Turing decidió quitarse la vida.

Entre 2014 y 2015 El código enigma recibió 38 nominaciones y diferentes premios en festivales cinematográficos, incluido un Oscar para Graham Moore, por Mejor Guion Adaptado. Impecables la dirección del noruego Morten Tyldum, la banda sonora de Alexandre Desplat, así como el trabajo actoral de Benedict Cumberbatch, en el rol principal, y Keira Knightley, como actriz de reparto.

* Irma Mariana Gutiérrez Morales es Doctora en Ciencias Políticas y Sociales. Profesora de las licenciaturas en Pedagogía y Comunicación en la FES Acatlán.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en marzo de 2020, edición 188 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.
Categoría(s): DE RODAJE EN RODAJE

Keta es una maquillista que además de ser una mujer de talla grande, con unos muslos enormes y un gran trasero, tiene grandes sueños y aspiraciones. El problema es que se encuentra envuelta en el desempleo y las deudas, además de que su adicción a la marihuana y su cabello color de rosa le hacen imposible conseguir trabajo.

Su situación llega a ser tan desesperada que tiene que pedir ayuda a Lucrecia, la dealer más famosa de las redes sociales, quien convierte a Keta en una dealer como ella. Con la regla de “no meterse nada lo que vendes”, y “nunca fiar”, en la comedia El viaje de Keta vemos como la protagonista termina repartiendo en bicicleta y tacones todo tipo de drogas por la ciudad a personajes de lo más bizarros que van desde su casera hasta una actriz de telenovelas, pasando por una pareja de “swingers”, una ama de casa de la alta sociedad y una monja del bajo mundo.

Película no recomendada para menores de 18 años.

Teatro Javier Barros Sierra del Centro Cultural Acatlán

Miércoles 11 de marzo

11:00,  13:30, 16:00 y 18:00 h

$25.00 UNAM
$50.00 General

Charla con parte del elenco después de la función de las 13:30 h

Categoría(s): CARTELERA, Sin categoría

POR RAQUEL ILEANA ALEJANDRO JUÁREZ y ALEXANDRA ENRÍQUEZ ROQUE *

Este año se conmemoran los 100 años del nacimiento del gran director y guionista italiano Federico Fellini (Rímini, Italia, 20 de enero de 1920- Roma, Italia, 31 de octubre de 1993), quien llegó a ser un gran cineasta capaz de retratar la belleza cotidiana de Italia, crear una nueva manera de contar el mundo desde sus sueños y llevar a la pantalla grande el lado más grotesco de sus propios recuerdos.

En la filmografía de Federico Fellini destacan: Las noches de Cabiria (1957), La Strada (1954), La Dolce Vita (1960), (1964), Roma (1972), Amarcord (1973), Julieta de los espíritus (1965), Casanova (1976), Ensayo de orquesta (1978), Y la nave va… (1983).

En cada una de sus películas utiliza los mismos elementos y resalta el protagonismo de sus personajes “de circo, payasos, mujeres gordas, porque justamente de esto se trataba el cine de Fellini, de tener ahí la presencia de estos personajes que él veía como de la vida real y cotidiana, para meter una dosis de burla, de divertimento, pero también otra forma de ver lo cotidiano”, como lo explica en entrevista para CineAdictos (CA) el profesor José Antonio Íñiguez Martínez (JAIM), quien por más de tres décadas ha formado a generaciones de profesionales de las licenciaturas de Comunicación y Diseño Gráfico.

José Antonio Iñiguez Martínez, experto en materias como Fotografía, Diseño Editorial por Computadora, Cine y Literatura, Arte y Comunicación, nos guía para comprender un poco más sobre la trascendencia de Federico Fellini en el cine.

CA: ¿Qué opina del cine de Federico Fellini, de la música que seleccionaba, los actores a los que recurría, guiones, fotografías?

JAIM: Fellini es uno de los grandes emblemáticos del cine, de los incuestionables y de los que marcó pauta en un cine diferente; para cualquier interesado en el cine Fellini es un imprescindible, un tipo que hay que ver, conocer, disfrutar, porque es el generador de un estilo en muchos sentidos.

CA: ¿El circo como elemento de sus obras?

JAIM: Se convirtió en un clásico de él, porque empezó a utilizar personajes de circo, payasos, mujeres gordas, porque justamente de esto se trataba el cine de Fellini, de tener ahí la presencia de estos personajes que él veía como de la vida real y cotidiana, para meter una dosis de burla, de divertimento, pero también otra forma de ver lo cotidiano.

CA: ¿Qué hay del acompañamiento musical de Nino Rota en todas sus películas?

JAIM: En el cine la música es casi siempre indispensable y así como Fellini otros muchos directores que hacen cine de autor forman sus propios grupos de trabajo, trabajan casi siempre con los mismos actores, con el mismo fotógrafo, esto lo podemos ver en Bergman, con Markovsky, así que Fellini no hace la diferencia, forma un grupo muy sólido de trabajo; en el ámbito musical también logra impregnar con su estilo cada una de sus películas que, por supuesto, apoya al discurso cinematográfico.

CA: ¿Cómo asimilar o explicar las razones que lo llevaban a declarar abiertamente que era un cineasta que nunca iba al cine?

JAIM: No es un caso único, hace poco veía una entrevista a un director quien decía: “no veo mucho cine, ni leo muchas cosas de cine, no me lleno la cabeza de otro tipo de historias, yo nomás me la paso con mi esposa”. No es la excepción, hay quien no ve sus propias películas, hay quien trabaja en ellas, las ve, por supuesto, pero no está haciendo un comparativo ni un análisis con otros directores, ni nada de esto.

CA: «Hablar de sueños es como hablar de películas, ya que el cine utiliza el lenguaje de los sueños: años pueden pasar en segundos y se puede saltar en un lugar a otro», ¿qué opina de esto que decía Federico Fellini?

JAIM: Que tiene toda la razón; hay quien dice que el cine es mejor que la vida y esto se aplica ahí. Esto lo decía François Truffaut, si no mal recuerdo, y efectivamente, gracias al lenguaje cinematográfico es posible jugar con el tiempo y el espacio todo el tiempo.
Mucho más fácil que en otras manifestaciones artísticas.

CA: ¿Cómo rescatar la trascendencia del trabajo y de los logros de Fellini?

JAIM: Es una labor universitaria; hablo de preparatoria y universidad, y por otro lado es una encomienda para el Estado, que debería hacer festivales. En la Cineteca (Nacional) se hace, en la UNAM también, pero digamos que hacer campañas para nuevas generaciones, para irlos introduciendo al mundo del cine, del buen cine.

CA: ¿Qué elementos de Fellini cree que encontramos en el cine actual?, ¿en qué películas concentraríamos ejemplos?

JAIM: Hay muchos directores que toman estos elementos, el mismo Tim Burton, en muchas de sus películas, pero hablar de un cine, en general, con el influjo de Fellini, creo que me cuesta trabajo decir puntualmente qué sí y qué no, yo creo que su cine fue producto de una época, es único y probablemente irrepetible.

CA: ¿Cuáles son las principales aportaciones de Fellini?

JAIM: Su forma narrativa, personajes grotescos, circenses, su música, el ritmo que le da a sus películas, su genialidad, yo diría. Aunque él alguna vez dijo “no siempre se puede ser genio”, yo creo que él sí era un genio con sus altibajos, pero era un tipo capaz de hacer lo que le pegaba la gana y que a la gente le gustaba e interesaba.

CA: ¿Cuál es su película favorita de este director?

JAIM: Conozco toda su obra y yo diría que me gustan todas. Si tuviera que escoger, la emblemática 8 ½ que me parece una película súper interesante, bien estructurada, nos cuenta cómo se hace el cine, de alguna manera.

CA: ¿José Antonio Iñiguez ha recibido la influencia de Federico Fellini?

JAIM: Uno es producto de muchos influjos, sobre todo en materias de arte y humanistas, pero probablemente en saber que un proceso creativo puede ser muy divertido y le puede gustar a todo mundo por más complicado que sea. Yo creo que esa sería una gran lección de Fellini, para los que somos asiduos al cine y al arte en general.

* Raquel Ileana Alejandro Juárez y Alexandra Enríquez Roque realizan Servicio Social en el Programa de Promotoría Cultural.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en febrero de 2020, edición 187 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

Categoría(s): Sin categoría

POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA

Filmada en un gran plano secuencia que parece no tener fin, con 1917 Sam Mendes logra un retrato intimista que sigue la misión de un par de soldados del ejército inglés, a quienes se les ordena abandonar las trincheras y salir a campo abierto para avisar a otro batallón que los soldados alemanes han fingido una retirada, ello podría ser una trampa y ocasionaría mil 600 muertos.

A partir de esta misión: entregar una carta que evite miles de bajas en la Primera Guerra Mundial, Sam Mendes narra el heroico calvario de dos jóvenes con escasas posibilidades de supervivencia. Con profundas tomas en las que se captan infinidad de detalles del frente de batalla, logra sumergir a los espectadores en los miedos, la incertidumbre y el deseo de sobrevivir. En los 119 minutos que dura este largometraje no se perciben los cortes de edición.

La proeza técnica alcanzada por el realizador británico, acompañado por la asesoría del experimentado director de fotografía Roger Deakins y de la empresa Arriflex, vieja aliada de la industria cinematográfica, especialmente de las grandes productoras de Hollywood, representa un hito en la historia contemporánea del Séptimo Arte.

El largometraje conjuga el talento de estos dos grandes de la cinematografía con el desarrollo de una cámara que les permite conseguir escenas que rayan en la perfección técnica y que van más allá de un objetivo meramente estético.

Gracias a la ayuda de esta cámara, Sam Mendes consigue retratar, de manera muy cercana, a los persona-jes en el campo de batalla, tal y como lo tenía previsto desde la planeación del rodaje. La cámara, especialmente creada para la filmación de 1917, está equipada con un sensor óptico capaz de registrar hasta el más mínimo detalle, logrando efectos de profundidad inéditos.

El gran plano secuencia permite al espectador seguir la travesía de los protagonistas desde las trincheras fangosas, los valles, los sótanos infestados de ratas, bosques y ríos hasta las batallas que se libran en el aire por los ejércitos combatientes, sin descartar aquellos escenarios un tanto inverosímiles, que el realizador comparte en gran complicidad con su público. Necesario es remarcar que el peso de la película recae en las interpretaciones de Georges MacKay y Dean-Charles Chapman.

Sam Mendes ha logrado una película redonda, no sólo por el dominio del lenguaje cinematográfico, basado en ese gran plano secuencia del que ya se habló, sino también por el manejo de la luz, el sonido, color y ritmo que imprime a cada una de las escenas que va mostrando de manera calculada y sistemática. Ante la lente aparecen expresiones de alegría, desesperación, dolor y esperanza que transmiten los personajes.

Nada escapa al ojo de este director que, con gran agudeza, retrata una historia intimista, alejada de todo cliché, sobre todo cuando se tiene como telón de fondo un hecho histórico. No es una película más de cine bélico, estamos ante una cinta poderosa, entrañable, emotiva, relacionada con valores como la solidaridad, amistad y el deber cumplido.

La supervivencia se vuelve una premisa a lo largo del filme. El ser humano y su circunstancia son los ejes. La voluntad inquebrantable por seguir existiendo, a pesar de estar en un mundo cruel, caótico y violento, donde la esperanza no termina, a pesar de las trincheras, las ciudades derruidas y cientos de cadáveres semienterrados.

A cada instante los protagonistas se hacen las mismas preguntas: ¿Vale la pena seguir adelante con una guerra absurda que terminará con los sueños de hombres y mujeres? ¿Es mejor dar media vuelta y regresar a casa con los suyos?

Como en toda conflagración, el ser humano es visto como carne de cañón, mientras los “dueños” del mundo mueven sus piezas a su antojo sobre el tablero, a manera de un juego perverso de ajedrez, decidiendo en qué momento viven o mueren sus peones.

Hasta ahora, 1917 es la mejor película que ha filmado Sam Mendes, por encima de su gran éxito Belleza Americana (American Beauty, 1999).

Para los amantes del cine de autor, 1917 representa un poema visual de principio a fin.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en febrero de 2020, edición 187 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR CARMEN CANO GORDÓN *

Judy (Reino Unido, 2019),  el más reciente filme del director Rupert Goold, se centra en la vida de Judy Garland durante el invierno de 1968, época en que, por necesidades económicas, la estrella de cine y televisión tuvo que trasladarse a Londres para dar una serie de exitosos conciertos, pero fue ésta la etapa más dura de su vida: arruinada, sin poder ver a sus hijos y con un severo problema de adicciones.

Tan sólo seis meses después de esa serie de conciertos con entradas agotadas, el 22 de junio de 1969, Judy muere accidentalmente por una sobredosis; tenía solamente 47 años de edad, aquella exitosa mujer que nunca dejó de ser Dorothy en El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939).

Ahora, quizá un poco tarde, Hollywood decide rendirle un merecido tributo con este filme, con una Judy interpretada por la magnífica Reneé Zellwegeer, quien, después de ausencias, operaciones y demás vicisitudes, decide regresar al cine para dar vida a Judy Garland y cosechar nuevos triunfos como los de El diario de Bridget Jones (Bridget Jones’s Diary, Sharon Maguire, 2001) y Chicago (Rob Marshall, 2002).

Al cierre de esta edición Reneé Zellwegeer ha sido nominada en los principales festivales de cine, incluyendo el Oscar. Ha ganado ya en la categoría de Mejor Actriz en: British Independent Film Awards, Sindicato de Actores, Critics Choice Awards y Globos de Oro, por lo que debemos reconocer que, al menos para nosotros, es la mejor actriz de la temporada.

Habría que anotar algunos defectos de la película, pero todos quedan minimizados por la soberbia recreación del personaje que logra Reneé Zellwegeer: en numerosos momentos nos encontramos frente a frente con una atormentada mujer famosa que desde pequeña enfrentó presiones profesionales.

Para quienes tengan pocas referencias sobre quién fue Judy Garland, baste señalar que se trata de una icónica actriz cinematográfica del Hollywood de los 40, 50 y 60 del siglo pasado. Su vida fue azarosa y triste, manipulada por todos, empezando por su madre, Ethel Milne una mujer manipuladora; ambicionaba fama y riqueza a costa de lo que fuera, principalmente de su hija, Judy, quien a pesar de no contar con un físico agraciado poseía una sublime e inigualable voz.

Ethel, en contubernio con Louis B. Mayer, el productor ambicioso e insaciable, se dedicó a hacer de Judy alguien sin voluntad, llena de complejos, dispuesta a obedecer en todo: no comía para no alterar la delgadez que querían para ella; le daban a tomar barbitúricos y anfetaminas, la hacían trabajar hasta ocho horas sin parar.

La madre de Judy Garland “estaba encima” de la joven las 24 horas del día, vigilando lo que comía, su peso, dándole más pastillas de las indicadas por un médico, – a quien le compraba las recetas-, preguntándole repetidamente sobre sus parlamentos, la letra de las canciones, los pasos de baile. Con todo esto la estrella juvenil no podía dormir cuando tenía que hacerlo ni despertar cuando era necesario. Prácticamente era un zombie.

En 1939 se filma El Mago de Oz, gran éxito de público y de crítica que hizo a Garland ganadora del Oscar especial a la Mejor Actriz Juvenil, dando con ello un cambio radical en su vida. La llevó a los cuernos de la luna, pero siempre bajo la supervisión de Ethel y de Mayer.

A partir de entonces se formó una triada indisoluble: Judy Garland la actriz de El Mago de Oz que canta Over the Rainbow. El éxito de este filme la llevó a actuar un total de 18 películas para 1944, todas ellas acompañadas de miles de pastillas procuradas con recetas falsas, controles apócrifos y médicos comprados.

Es necesario mencionar que, para bien, en su carrera cinematográfica fue muy importante el inefable y extraño Mickey Rooney, pareja en muchas de sus películas y amigo entrañable en su vida.

Por todos los abusos a que fue obligada, Judy Garland se volvió anoréxica, insegura, incumplida… Como dice la escritora Guadalupe Loaeza en su columna del periódico Reforma del 16 de enero de 2020: “Para colmo empezó a llegar muy muy tarde a los rodajes, ensayos y clase de canto y baile. Todo el mundo se quejaba…”

Se casó cinco veces, la primera con Vincent Minnelli, padre de la también estrella de Hollywood Liza Minnelli, quien heredó el talento de su madre. Vincent fue un absoluto fiasco, por su comportamiento la orilló a entregarse aún más a las drogas y al alcohol, obligándola a entrar y salir a clínicas de desintoxicación. Sufrió un aborto y tuvo tres hijos que eran su vida entera.

A pesar de todos sus problemas, el público la seguía y veneraba. Ganaba fortunas, pero de la misma forma las despilfarraba y sus maridos la explotaban. Es muy recomendable ver con detenimiento la ambientación de este filme y darse el gusto con este banquete de un icónico personaje del Hollywood, que será siempre el emblema del género musical de la Meca del Cine. Conocer más detalles de la vida de esta icónica y emblemática actriz que no dejó de ser Dorothy, a quien dio vida de forma magistral en El mago de Oz.

* Carmen Cano Gordón, maestra cofundadora de CineAdictos.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en febrero de 2020, edición 187 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

Categoría(s): DE RODAJE EN RODAJE

POR LUCÍA ELENA ACOSTA UGALDE *

En Parásitos (Gisaengchung / Parasite. Corea del Sur, 2019, 132 minutos) el director Bong Joon-ho desarrolla una trama donde convergen las historias de dos familias, aparentemente opuestas pero, en el fondo, muy parecidas, con una mezcla de drama, comedia de humor negro, thriller y terror.

Por un lado están los Kim, pobres, unidos por las circunstancias que los obligan a vivir en el semisótano de un barrio marginal en condiciones deplorables. Por otro los Park, familia adinerada dueños de una residencia donde privan lujo y ostentación, pero también el vacío.

Los Kim, uno tras otro, se van infiltrando en la casa y en la vida de los Park, como tuto-res de sus hijos o empleados del hogar, con la intención de beneficiarse de la evidente riqueza económica. A partir de este pretexto Bong Joon-ho crea una obra maestra.

Parásitos ha sido alabada por la crítica internacional; en 2019 ganó, entre otros premios de festivales internacionales: Mejor Película Internacional en British Independent Film Awards; Mejor Película de Habla no Inglesa en los Globos de Oro y la prestigiada Palma de Oro al Mejor Largometraje en el Festival de Cannes.

En 2020 podría continuar la buena racha debido a las seis nominaciones a los premios Oscar en las catego-rías de Mejor Dirección, Mejor Diseño de Producción, Mejor Guion, Mejor Edición, Mejor Película Extranjera y Mejor Película.

Aunado a que Parásitos ha arrasado con las opiniones de la crítica internacional, también ha merecido el apoyo de un grande de la industria, Guillermo del Toro, quien anotó en su cuenta de twitter: “He amado y admirado a Bong Joon-ho desde Memories of murder (2003) y me sorprende, me deleita y me conmueve en cada ocasión. Entonces, decir que esta es su mejor película significa mucho para mí. Y lo es. Un filme lleno de tristeza, ingenio y profundidad. Irreverente pero compasivo. Asombroso”.

Parásitos ofrece multiplicidad de lecturas. Los personajes son redondos, están tejidos de manera excepcional y fueron construidos desde las vicisitudes de todos los seres humanos: la familia pobre nos traslada al universo de la desesperación ante la carencia, mientras la familia rica detona la indignación ante el derroche y la opulencia en el que el dinero se gasta solamente en trivialidades.

Existen elementos alternos al relato: mientras que la torrencial lluvia es una tragedia para la familia pobre e inunda su precaria vivienda, para la familia rica es un mínimo contratiempo, la causante de la interrupción de un viaje familiar, que encuentra una fácil solución haciendo que el maleducado hijo menor instale su tienda de campaña en el jardín de la casa.

Bong Joon-ho ha reconocido que en todas las sociedades existen contrastes sociales y
él mismo las vivió/padeció en una etapa de su vida, al dar clases a una familia adinerada en su juventud; en ese momento se sintió excluido. Las familias coexisten entre sí y marcan elementos que nos llevan a la reflexión.

Aunque se trata de un tema universal, en Parásitos el relato está perfectamente estructurado. En las poco más de dos horas que dura la proyección, en ningún momento se pierde el interés por lo que sucede en la pantalla y se disfruta del maravilloso valor estético de la cinta, los objetos cotidianos se convierten en personajes: la lluvia, el sótano, los pasadizos, la despensa.

Respecto a los escenarios destaca la elegante residencia de la familia Park, una casa construida ex profeso a petición del director. Para ello Bong Joon-ho y su diseñador de producción Lee Ha Jun crearon el proyecto desde los cimientos, con objeto de que cada personaje de la familia pobre contara con espacios arquitectónicos ideales para infiltrarse en la vida de la familia rica, especialmente para que los intrusos se escondieran y observaran sin ser vistos.

La casa fue diseñada en dos niveles, cada habitación responde a las necesidades personales de cada integran-te de la familia rica e incluye espacios que sirven para contextualizar la vida de los de arriba y los de abajo, tal y como sucede con las clases altas y bajas de forma cotidiana, en los deseos por ascender en la escala social.

Aquí no hay elementos que sobren: desde los inmensos ventanales que dan paso a un magnífico jardín, la cocina, las recámaras, los pasillos, la iluminación, el vestuario, la ambientación se concatenan para dar soporte al relato. Destacan el sótano y el búnker, en lo más profundo y secreto de la residencia, como escenarios clave para infiltrarse en la vida de la familia rica.

Los giros de tuerca en todo momento se apoyan en la iluminación y el contraste de atmósferas. Sin pretender vender la historia, el final es fenomenal e inesperado.

El gran valor de una cinta es cuando puede apreciarse desde diversos puntos de vista y admitir diversas interpretaciones y lecturas: lo sociológico, cultural, estético, literario. Al final del camino, la película se disfruta de principio a fin y detona la reflexión obligada “En esta historia, ¿quiénes son los parásitos?”.

* Lucía Elena Acosta Ugalde es Doctora en Historia del Arte. Técnico Académico Asociado C, Tiempo Completo. Definitivo.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en febrero de 2020, edición 187 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

Categoría(s): APUNTES CINEMATOGRÁFICOS

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CineAdictos, publicación periódica de la Coordinación de Difusión Cultural, nació en noviembre de 2000. Incluye reseñas de películas, trayectorias de actores, directores, críticas, comentarios sobre los principales festivales, entrevistas, avances técnicos y aspectos de los distintos géneros cinematográficos. El material impreso se distribuye entre la comunidad de la FES Acatlán; a partir del semestre 2015-II extiende sus alcances con el blog de CineAdictos. Espacio abierto a los interesados en la divulgación del séptimo arte.

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