POR ITZEL LARA *

No es novedad que Roma, de Alfonso Cuarón, ha sido un fenómeno mundial por varias razones, entre ellas que es una producción de Netflix cuyo estreno no se realizó en dicha plataforma sino en festivales y salas de cine; que está basada en la infancia del director y cuya meticulosidad en las recreaciones de la época y particularmente de su casa incluía, entre otras cosas, el recetario de Libo, la nana de Cuarón; y por último, porque fue merecedora al galardón de Mejor Película Extranjera en los Critic’s Choice Awards, convirtiéndose en la primer cinta en habla hispana en recibirlo.
Todo esto es muy loable, enaltece al cine mexicano y claro que hay que festejarlo, vamos por buen camino…
Pero alejándonos un poco de la emoción del momento, también es necesario señalar que Roma ha generado reacciones opuestas y algunas opiniones difieren de la afirmación de que se está frente a una obra maestra. Lo confieso, pertenezco a ese sector del público que no fue conmovido por la cinta y abro un espacio para la franqueza: encuentro una sensación de condescendencia por parte del autor hacia su personaje principal y esto me aleja por completo del terreno de lo entrañable, e incluso me molesta.
Se diseña un personaje buscando una tridimensionalidad que lo convierta en humano; por ejemplo, el bueno no puede ser tan bueno y el malo no puede ser tan malo, y aquí hablo específicamente de la dramaturgia actual, dejando de lado algunos géneros dramáticos que nos exigen el uso de estereotipos para su eficacia.
Al partir de dicha base, llegamos a personajes complejos con debilidades y fortalezas que los hacen interesantes, los alejan de la pasividad. Cleo no es así, es una sirvienta a la que en realidad nosotros como espectadores no conocemos. Cuarón nos coloca en el mismo plano que “los patrones”: la observamos, sabemos que existe e incluso podemos decirle “te queremos, Cleo”, pero todo desde un tratamiento meramente superficial, igual que ellos.
Habrá quien en este punto de la lectura opine que esa era la intención del director; permítanme diferir. La cinta busca ser un homenaje a una de las mujeres más importantes en la vida de Cuarón y busca visibilizar, dignificar la importancia del trabajo de la servidumbre, él mismo lo ha dicho y, por ende, quien ha puesto la vara con la que debe ser medida Roma. Partiendo de esto, puedo decir que en esta pieza cinematográfica hay carencia de empatía del autor hacia su protagonista y nos quedó mucho a deber en lo que atañe a dramaturgia.
Hay elementos dramáticos a los que se les notan las costuras, demasiada “mano del guionista”. ¿De verdad nadie siente como “metido con calzador” que de entre todas las mueblerías que existen en la ciudad, Fermín (el hombre que ha abandonado a la protagonista) llegue justo a esa donde Cleo está comprando la cuna de su bebé? ¿No sienten que las cosas se “cantan” demasiado antes de que ocurran? Si la mención de al menos ¿tres veces? de que Cleo no sabe nadar, mientras están en la playa, no les alerta de que algo va a ocurrir con eso, entonces definitivamente el oficio ya me tiene muy maleada.
Cosa aparte es el lenguaje cinematográfico: Roma es magistral en ese sentido. Hay emplazamientos hermosos, como la presentación del padre, pero hay otros que al buscar una justificación “poética” desde el plano dramático, resultan pretenciosos y carentes de profundidad, pienso específicamente en el tarro que se rompe. La imagen es bella como unidad, pero un lugar común en el conjunto.
La crítica de la película en un blog llamado “Tierra Baldía” me resultó por demás lúcida, en el texto titulado “Roma o lo bonito de ser pobre” habla de las obras maestras partiendo de la postura de Walter Benjamin en su discurso “El autor como productor” y cómo Roma no lo era.
¿Qué es lo que Walter Benjamin expone en dicho discurso? habla, entre otras cosas, del artista pequeño burgués de izquierda y de su papel en la sociedad.
Para el filósofo alemán, dicho artista es aquel que dedica su obra a hacer una denuncia de desigualdad o pobreza, pero el enfoque dado puede resultar peligroso ya que es capaz de “hacer incluso de la miseria un objeto de disfrute”, y esto, lejos de cumplir con el objetivo de denunciar, normaliza.
Nada encaja mejor en lo que me evoca dicha cinta: Roma es belleza en imagen, pero pobreza en creación de personajes y en postura ética.
* Itzel Lara es dramaturga y guionista.
POR RODRIGO ORTIZ CARRILLO *

En la edición número 91 de los premios Oscar destaca la presencia de Roma, dirigida por Alfonso Cuarón. Este largometraje ha sido reconocido por la crítica especializada, pero ha tenido opiniones divididas, especialmente entre el público, que ha manifestado sus dudas respecto a si es o no merecedora de tantos elogios. Resulta oportuno analizar si realmente tiene los méritos necesarios para ser objeto de tantos premios.
La fotografía de Roma es impecable. Logra, exitosamente, enmarcar todo tipo de situaciones, desde una cena familiar hasta la represión estudiantil; funciona como hilo inductor para trasladarnos y sentir que estamos en el México de los años 70. La calidad del lenguaje audiovisual es tan poderoso que en varias escenas no resultan necesarios los diálogos, el impacto que genera es suficiente para conmover. Estéticamente, es probablemente la película más bella que ha filmado este director.
No obstante sus atributos técnicos, ha sido señalada por tener varios defectos, entre los que destaca el ritmo, considerado por muchos lento, llegando a parecer aburrida y hasta tediosa. Si bien no es pesada, se llega a sentir que se excede en sus pausas, las cuales se acentúan visualmente si se le ve en un televisor, pues fotografía y sonido pierden fuerza. Alfonso Cuarón realizó este filme para ser apreciado en salas de exhibición con lo más actual en imagen y sonido, pero la mayoría de quienes lo han hecho ha sido en pantallas de televisores, tabletas y monitores de computadora accediendo a Netflix.

Roma compite en los Oscar 2019 por Mejor Película con cintas como: A Star is Born, Bohemian Rhapsody, BlacKkKlansman y Green Book, las cuales no han sido aclamadas por parte de la crítica especializada, pero responden más al contexto sociopolítico de Estados Unidos y poco se habla de su calidad técnica.
Vale la pena recordar que en años anteriores los filmes ganadores han logrado complacer a un sector específico de los votantes al Oscar; casos concretos han sido Luz de luna, 12 años de esclavitud y Crash, gracias a que se arriesgaron a tratar temas “sensibles” y derrotaron en las premiaciones a cintas que dejaron más huella en el público.
Alfonso Cuarón, al igual que Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, ya forman parte de la industria de Hollywood; su trayectoria y peso como directores les permiten tener más posibilidad de contar con la benevolencia de los miembros de la Academia, algo que antes no sucedió con cintas como: Hijos del hombre o El laberinto del fauno, pero una vez que ya fueron más conocidos se llevaron los premios por Gravedad y La forma del agua.
Todo indica que se repetirá la tendencia: Roma cumple los estándares que la Academia toma en cuenta para la votación, no se vislumbra una película que rivalice con el impacto que ha generado.
Es innegable, este filme tiene errores: no es la mejor película de Alfonso Cuarón y se le pueden restar unos 30 minutos a la cinta, pero está muy lejos de considerarse mala, tiene puntos muy fuertes como el espectacular diseño de producción y un sólido guión, haciéndola excelente, sin llegar a ser una obra maestra.
¿Es merecedora del premio a Mejor Película? Si tomamos en cuenta la competencia de este año, es la favorita por el impacto cinematográfico y sociocultural que contiene el filme. No se pase por alto la cantidad de premios que ha ganado, las cuales se convierten en una tendencia de lo que sucederá en la premiación.
* Rodrigo Ortiz es estudiante de la FES Acatlán y realiza su Servicio Social en el CCA.

La 65 Muestra Internacional de Cine
POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO
El encuentro de mayor tradición entre los cinéfilos llega a su edición 65 y se debe remarcar que es mucho más que la exhibición de filmes “de arte”: durante toda su existencia ha servido para educar, formar gustos y, sobre todo, buen público que aprecia el cine de excelencia.
En la Muestra, espectadores nuevos y experimentados encontrarán motivos para asombrarse con lo más reciente, lo más célebre o lo más polémico de la industria cinematográfica internacional. Esta vez los encargados de integrar la programación han incluido filmes de directores reconocidos de alto perfil: Lars von Trier, Jean-Luc Godard, Hirokazu Kore-eda, Jafar Panahi, Margarethe von Trotta y Spike Lee, quienes han sido multipremiados en los principales festivales de cine.
La crudeza y violencia gráfica llega con La casa de Jack; añejos conflictos que enfrenta la comunidad afroamericana en Estados Unidos se ven reflejados en El infiltrado del KKKlan; abandono infantil e integración a una nuevo clan están presentes en Un asunto de familia; el homenaje a uno de los más grandes cineastas llega abriendo nuevas ventanas que permiten entrar al universo bermagniano en Buscando a Ingmar Bergman.
Los cambios culturales en Irán se presentan desde la perspectiva de reconocidas actrices en Tres rostros; la vida de una sexoservidora que debe salir adelante en su rol de madre y jefa de familia puede ser vista en Alanis; conflictos verídicos originados por narcotráfico en las décadas de los años 70 y 80 en la región de los wayúu, en Colombia, están retratados en Pájaros de verano; mujeres que no pueden salir de su realidad patriarcal, agresiones sexuales y el silencio que solamente deriva en más problemas se observan en Los ángeles visten de blanco. Imperdible resulta Hannah, con Charlotte Rampling en el papel de una mujer obligada a reiniciar después de que su esposo es enviado a la cárcel.
La Muestra Internacional de Cine debiera ser vista como una asignatura más y sería ideal que más profesores se dieran a la tarea de realizar dinámicas grupales que inviten a los alumnos a ver estas películas. Muchos de los que hoy nos consideramos cinéfilos así empezamos nuestro acercamiento al cine de excelencia, viendo casi por obligación las películas de la Muestra, abriendo nuestras miradas a historias provenientes de países tan distintos como Dinamarca, Japón, Australia, Colombia, Paraguay, Irán, China, Argentina, Polonia, Suiza, Italia y Estados Unidos.













Llegó el momento de disfrutar del Tour de Cine Francés en su edición número 22 que incluye, como ya es habitual, siete películas ricas en contenidos y estructuras narrativas que resultan de una forma diferente de producir, exponer y contar historias en la pantalla grande.
La Facultad de Estudios Superiores Acatlán es sede de este festín cinematográfico desde que se realizó la 6a edición y gracias a ello nuestra comunidad y púbico en general disfruta de los trabajos de grandes directores e histriones.
Como siempre, la curaduría es de primera y los cortometrajes apoyados por el IMCINE, que anteceden a cada proyección de las películas francesas, nos permiten conocer los trabajos de cineastas mexicanos que darán mucho de que hablar en los próximos años.







Todas las cinematografías del mundo miran hacia Francia: Leopoldo Jiménez
POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA
y NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO
ASESORÍA ROSA MARÍA CHÁVEZ DELGADO
El Tour de Cine Francés llega actualmente a 73 ciudades, donde se exhibe en salas comerciales y recintos culturales como el Teatro Javier Barros Sierra de la FES Acatlán, única escuela o facultad fuera de Ciudad Universitaria que lo presenta desde el año 2002, cuando inició una historia de vínculos y proyectos conjuntos entre nuestro Campus y Cinemas Nueva Era.
Se cubre el circuito gracias a la asociación entre Cinemas Nueva Era, la Embajada de Francia en México, la Alianza Francesa, el Instituto Mexicano de Cinematografía y Cinépolis.
Los cinéfilos de Acatlán conocieron el Tour en su 6ª edición y desde entonces se ha afianzado como uno de los encuentros fílmicos más destacados, con mayor arraigo en el gusto de los estudiantes y público aledaño.
De múltiples y diversas maneras, año tras año hemos presentado a los lectores de este boletín detalles de este encuentro con lo mejor del cine galo, haciendo énfasis en que se trata de una filmografía rica en contenidos y estructuras narrativas que resultan de una forma diferente de producir, exponer y contar historias en la pantalla grande.

Hemos expuesto la importancia de valorar ampliamente este acercamiento a la cultura francesa en una de sus formas más sublimes: el cine, pero hasta ahora nos damos espacio para presentar a nuestros lectores a uno de los principales responsables de que el Tour exista y se haya convertido en uno de los referentes de cine en Latinoamérica: el ingeniero Leopoldo Jiménez, director de Cinemas Nueva Era.
Con objeto de que sean las palabras del ingeniero Leopoldo Jiménez las que ayuden a entender plenamente qué es y por qué la existencia del Tour de Cine Francés en México, permítase el uso de una de las formas más simples y completas de la entrevista, la de la pregunta y respuesta, obviando en la presente toda interpretación o mayores referentes:
CA: ¿Cómo surge la idea de crear un ciclo exclusivo para promover el cine francés en México?
LJ: Hace 25 años nuestra empresa empezó con la vocación de promover el cine francés. No había mucho cine francés, como sí lo hubo en los años 50 y 60, entonces hicimos un ciclo que se llamó ‘El regreso del cine francés a México’, que funcionó muy bien y tres años después, junto con la Embajada de Francia y Cinépolis, decidimos hacer este Tour de Cine Francés. Funcionó tan bien que esta ya es la 22ª edición.

CA: ¿Por qué específicamente cine francés y no cine nórdico, oriental o de cualquier otra región? ¿Por qué el interés de Cinemas Nueva Era por la cinematografía francesa?
LJ: Francia es la cuna del cine y siempre ha tenido un papel muy relevante en el ámbito mundial. Pensamos que a pesar de que la cultura francesa no es tan cercana a nosotros, cuenta con una oferta muy variada, sobre todo en cuanto a cine se refiere, en gran medida gracias al apoyo que su gobierno le ha dado durante décadas. Existe mucho respeto, tanto para los filmes de corte comercial como para el de autor. De ahí que todas las cinematografías del mundo miren hacia Francia y traten de asimilar la organización de la industria fílmica francesa.
CA: ¿Cuál es el proceso para la selección de los títulos que se exhiben en el Tour de Cine Francés y de los cortometrajes?
LJ: La parte más padre de este trabajo es, precisamente, ver cine con mi equipo de trabajo. La decisión final siempre recae en mí, por ser el director. Vemos alrededor de 150 películas al año. De esa cifra, no todas son de la calidad que estamos buscando, por lo que regularmente terminamos con una lista final de 30 títulos. Con tantos años de estar viendo y escogiendo cine francés seleccionamos siete que cumplan con el objetivo de ser de interés del público mexicano, que sean populares, en el buen sentido de la palabra, y contar con dos o tres cintas de autor, buscar variedad en cuanto a géneros, directores y actores. Es una labor de todo el año, apenas terminamos la selección de este Tour en junio y en ese momento empezamos a trabajar para el año que entra.

CA: ¿Cómo se da la alianza estratégica entre Cinépolis y Cinemas Nueva Era?
LJ: Cinépolis desde el principio estuvo interesado en dar variedad a su programación, entendieron que no podían únicamente estar exhibiendo cine norteamericano. Alejandro Ramírez, su presidente, quien estudió en Francia, posee un gusto natural por este tipo de cine, por lo que estuvo siempre de acuerdo en apoyar la propuesta, básicamente por ello inicio esta alianza con Cinépolis.
CA: ¿Por qué el número específico de siete películas y la idea de mantener este número?
LJ: En los festivales regularmente se presentan 150 o 200 películas, pero al final el espectador promedio sólo tiene la oportunidad de ver dos o tres. A partir de ello, nosotros decidimos que fueran siete largometrajes, preferimos tener un programa muy bien curado y que fuera el mismo en toda la república, no que tuviéramos en la Ciudad de México 20 o 30 películas y en el interior del país sólo ocho títulos. Para nosotros es tan importante el público de la Ciudad de México como el del resto del país. Este número funciona y es manejable, hemos visto que la formula resulta muy bien de esta manera.
CA: Por temas y contenidos ¿cuáles son los más recurrentes que se han presentado en el Tour? ¿Existe algún director consentido para poderlo integrar al Tour?

LJ: En particular dos directores han sido recurrentes en la programación del Tour: François Ozon y Cédric Klaplich. Tratamos de que cada año sea muy atractivo, pero no nos fijamos en qué hicimos en ediciones anteriores, es tan rico el cine francés, tantos temas, directores y actores nuevos. El Tour es muy dinámico, entonces casi nos dejamos llevar por lo que vamos viendo, por lo que creemos que puede ser atractivo para nuestro país.
CA: ¿De dónde viene la idea de combinar el cine francés con cortometrajes mexicanos, además de premiar a los cineastas nacionales con “La Palmita”?
LJ: Hace aproximadamente 17 o 18 años IMCINE y UNIFRANCE, el organismo que tiene por misión promover el cine francés en todo el mundo, organizaban el Festival Franco-Mexicano. Este festival franco-mexicano terminó en 2011 y vimos la oportunidad de este trabajo que se había hecho con los cortometrajes y reunía tanto al cine galo como a las producciones mexicanas durante una semana. De ahí que al concluir este festival nosotros retomamos esta iniciativa: le pedimos a IMCINE que nos permitiera sumar estos trabajos al Tour de Cine Francés. Esto lo venimos haciendo desde la edición número 12 del Tour, con bastante éxito.
CA: ¿Qué seguimiento se da a los ganadores de “La Palmita”?

LJ: Al ganador de “La Palmita” se le premia con su asistencia al “Clermont-Ferrand International Short Film Festival”, el certamen de cortometrajes más importante en el mundo. Para los chicos representa una oportunidad increíble el estar codeándose con realizadores del todo el orbe con trabajos también muy interesantes. Podemos decir, con mucho orgullo, que algunos de estos jóvenes mexicanos ya han podido filmar su Ópera prima, mientras que otros están en proceso, por lo que siempre es importante estar con ellos en esta nueva aventura.
CA: ¿Qué respuesta ha tenido el Tour de Cine Francés en sus exhibiciones más allá de las fronteras de México?
LJ: En el extranjero nos dimos cuenta, sobre todo con las redes sociales, que esto tenía repercusión en Sudamérica; de hecho en Argentina teníamos personas que preguntaban cuándo iba a llegar a ese país. En Centroamérica lo hemos organizado desde hace 16 años (a excepción de Belice). En 2018 vamos por primera vez a Chile y Argentina. Entonces el Tour de Cine Francés se ha convertido en el festival francés más importante de todo el mundo, uno de los que más público atrae también, por lo que es un reconocimiento al trabajo que hemos hecho durante tantos años.
Evidentemente esto también responde a la red de Cinépolis, que ya tiene mucho tiempo en Centroamérica y ahora está creciendo hacia todo Sudamérica. Es la oportunidad de darle al público algo diferente de lo que las cadenas de cine comerciales le ofrecen.

CA: ¿Qué significado tiene para Cinemas Nueva Era que el Tour de Cine Francés no sólo se vea a través de las pantallas de Cinépolis, sino también a través de los recintos universitarios, concretamente en la FES Acatlán?
LJ: Para nosotros es muy importante. Debemos entender que el estudiante en muchas ocasiones no tiene 70 u 80 pesos para acudir a un cine de una cadena comercial; pensamos que el cine es cultura y es parte importante de la formación académica, sobre todo de los alumnos y es un sector del público al que nosotros vamos. Nos da muchísimo orgullo que el Tour vaya a más de 30 salas del circuito cultural de todo el país; el cine hay que difundirlo. Sobre todo cuando se habla de este tipo de largometrajes que no es fácil que encuentren un lugar de exhibición. Por ello es importante la vocación del Tour de ir a todos los recintos culturales y universitarios.
Por lo que toca a los cortometrajes, es una curaduría que hace el IMCINE de todos los concursos que realiza a lo largo del año, por lo que regularmente tenemos muy buenas sorpresas por parte de los chavos mexicanos que están iniciándose en el mundo del cine. Es un orgullo para nosotros poder mostrar estos trabajos en todo el país y ser su único medio de salida para que el público los pueda apreciar.
CA: ¿Cuáles son los planes para que el Tour siga creciendo?

LJ: Que siga creciendo el circuito de Cinépolis. Tenemos con ellos el compromiso de que cada vez que haya un nuevo cine en una ciudad el Tour también participe en esos lugares. Crecemos de la misma manera con Cinépolis. A final de cuentas en el Tour son las películas la que hablan por sí mismas.
CA: ¿De las ediciones del Tour de Cine Francés cuál ha sido la más exitosa?
LJ: La edición que más público ha tenido fue la de 2016, es decir, el Tour número 20. Nosotros ponemos a consideración del público las películas que puedan ser atractivas e interesantes. Sin embargo, quienes tienen la última palabra son los espectadores. La selección del Tour número 20 fue muy bien recibida, rompimos records en todo el país al llevar nuestra programación a más de 70 ciudades y 150 salas, además de Centroamérica.

CA: ¿Cinemas Nueva Era ha considerado exhibir propuestas cinematográficas de otros países?
LJ: Estuvimos a punto de hacerlo con otro país europeo, sin embargo es muy complicado por el tema de los derechos de las películas. Tenemos muchos planes, ojalá pronto podamos anunciar que estamos por lanzar otro tour de otro país, pero estas cosas toman mucho tiempo. En cuanto a nuestra distribución, este año vamos a tener una película paraguaya, una japonesa, una rumana. No sólo en el Tour trabajamos para darle opciones interesantes al público, películas que sean diferentes; en las muestras de la Cineteca siempre traemos películas de otras nacionalidades.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en septiembre-octubre de 2018, edición 175 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.
Muestra Fílmica del CUEC 2018
DEL 28 AL 30 DE AGOSTO EN LA SALA DEL TEATRO JAVIER BARROS SIERRA DEL CENTRO CULTURAL ACATLÁN
13:00 y 18:00 horas, entrada libre
Seamos testigos de otra etapa en la evolución del quehacer cinematográfico de nuestro país con la Muestra Fílmica del CUEC 2018, dividida en seis programas con cortometrajes de documental y ficción realizados recientemente por alumnos del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM.
Se trata de 35 filmes, los cuales, a decir de los propios estudiantes del CUEC, se centran en temas como: amor, bullying, diversidad sexual y conciencia social. Les caracteriza la plena libertad creativa y el disfrute fílmico propio del periodo estudiantil.
Con estos trabajos se concluye un encargo fílmico como parte de un ciclo escolar y con ellos el público puede apreciar retratos, desde diversas aristas, de la sociedad mexicana, compleja y multifacética, acorde con la visión de cada uno de estos cineastas o creativos que los acompañan en el proceso artístico.





Muestra Fílmica del CUEC 2018
Amor, bullyng, diversidad sexual, conciencia social…
POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

Ha llegado el momento de atestiguar otra etapa en la evolución del quehacer cinematográfico de nuestro país con la Muestra Fílmica del CUEC 2018, la cual consta de seis programas con cortometrajes de documental y ficción realizados recientemente por alumnos del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM y un largometraje del Programa de Óperas Primas en conjunto con el Instituto Mexicano de Cinematografía: La historia negra del cine mexicano, de Andrés García Franco.
Obligado es referir, para quienes aún no cuenten con este dato, que el CUEC es la escuela de cine más antigua de América Latina y una de las principales en la formación de cineastas, de donde egresan licenciados en Cinematografía y maestros en Cine Documental, quienes encuentran en reconocidos directores el ejemplo o motivación para seguir sus pasos.
Realizadores como Jorge Fons, Alfonso Cuarón, Emmanuel Lubezki, Mitl Valdez, María Novaro, Marcela Fernández Violante, Graciela Iturbide, Paulina Lavista, Carlos Markovich, Luis Estrada, Alejandro Gamboa, Fernando Eimbcke, Julián Hernández, Jaime Humberto Hermosillo, Alfredo Joskowicz y Ernesto Contreras pasaron por las aulas del CUEC y a lo largo de sus trayectorias han merecido diversos reconocimientos, tanto en México como en festivales internacionales, dejado su huella en la historia del cine.
Ernesto Contreras, también egresado del CUEC, recientemente fue galardonado por Sueño en otro idioma, con el cual ganó el Premio del Público en el Festival de Cine de Sundance 2017 y el Ariel 2018 por Mejor Película. La Universidad Nacional Autónoma de México asumió este triunfo como propio al igual que las otras cuatro estatuillas logradas por egresados y profesores de nuestra institución (Gaceta UNAM núm. 4969, 7 de junio de 2018).
El primer largometraje de Ernesto Contreras, Párpados Azules (2007), le llevó a la nominación para la Cámara de Oro en la edición 60 del Festival de Cannes. En 2010 estrenó el documental Seguir Siendo: Café Tacvba y en 2015 Las oscuras primaveras, filme que obtuvo tres premios Ariel y el Gran Premio del Jurado a la Mejor Película y Mejor Actuación en el Festival Internacional de Cine de Miami.
Su ejemplo sirve para puntualizar la perseverancia y tenacidad de quienes se forman como cineastas en México, y encuentran en exhibiciones como la Muestra Fílmica del CUEC su primer escaparate para darse a conocer, recibir las opiniones positivas o adversas del público, así como de la crítica especializada.
En la FES Acatlán disfrutamos la Muestra Fílmica del CUEC desde 2011, cuando se presentó por primera vez en el Teatro Javier Barros Sierra. Desde ese año nuestra comunidad y público aledaño han sido testigos de los objetivos académicos del CUEC, de las inquietudes de quienes se especializan en la realización de cine de animación, de ficción y documental, diseño de sonido, producción, guión, montaje, dirección de fotografía y de arte.
En la edición 2018 se presentan 35 filmes, los cuales, a decir de los propios estudiantes del CUEC, se centran en temas como: amor, bullying, diversidad sexual y conciencia social. Les caracteriza la plena libertad creativa y el disfrute fílmico propio del periodo estudiantil, incluso con ejercicios atípicos donde participan tres directores, no obstante la dificultad que conlleva, pues es común que siempre se imponga la visión personal en la realización, aportando un estilo irreverente, intimista, sensorial, entre otros, pero ¿cuál es el resultado de tres modos de pensar?

Estos trabajos tienen un objetivo común: concluir un encargo fílmico como parte de un ciclo escolar, pero coinciden en ser retratos, desde diversas aristas, de la sociedad mexicana, compleja y multifacética, acorde con la visión de cada uno de estos cineastas o creativos que los acompañan en el proceso artístico.
También permiten distinguir el uso de las nuevas herramientas que aprovecha el cine a partir de la tecnología, con teléfonos celulares inteligentes, capturas de pantalla de computadora, relativa sencillez para la filmación con menores costos, pero que obliga a los estudiantes a hacer más atractivo cualquier material audiovisual que se precie de ser llamado cine.
Sin dudarlo resulta ampliamente recomendable destinar tiempo para ver los seis programas y descubrir en estos trabajos las expectativas a corto y mediano plazo para el cine mexicano, en la o las plataformas en que se lleguen a dar a conocer.
Se suma a nuestra comunidad una nueva generación de estudiantes, a quienes damos la bienvenida con esta primera actividad cinematográfica del semestre. A ellos, en particular, debemos decirles que el CUEC lleva 55 años de labor ininterrumpida encaminando el talento y creatividad de cineastas, por ello la importancia de observar con detenimiento, en la Muestra Fílmica del CUEC, los trabajos iniciales de quienes próximamente serán profesionales del cine.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en agosto de 2018, edición 173 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

por VICTORIA HERNÁNDEZ*
The Devil Wears Prada (El diablo viste a la moda, 2006) es un filme basado en el best seller homónimo escrito por Lauren Weisberger, quien se inspiró en sus experiencias como ayudante de la redactora en jefe de Vogue USA, Anna Wintour, para la creación de su novela.
Dirigida por David Frankel, narra la vida de Andrea Sachs (Anne Hathaway), una joven recién egresada de la universidad con aspiraciones de convertirse en periodista, quien en su búsqueda de oportunidades laborales consigue su primer trabajo como segunda asistente de Miranda Priestly (Meryl Streep), redactora en jefe de la revista de moda más importante del mundo: Runway.
Andrea se enfrenta a la difícil situación de equilibrar su vida personal con un trabajo por el que un millón de chicas matarían, el cual la obliga a lidiar con el carácter fuerte y demandante de su jefa, así como enfrentar discrepancias con la primera asistente de Miranda Priestly, Emily (Emily Blunt).
Han pasado más de 12 años de su estreno y este filme sigue siendo un referente cinematográfico e icono para referirse al mundo de la moda. Como espectadores, nos adentra en un espacio muy cerrado, desconocido y artístico, casi “mágico”, del mundo editorial de la moda.
Contó con uno de los vestuarios más caros de la historia del cine: aunque su presupuesto inicial era de 100 mil dólares, gracias a Patricia Field, estilista, diseñadora y encargada del vestuario, y a su amistad con otros diseñadores de renombre, consiguió el préstamo de lujosas y exclusivas piezas de firmas como Valentino, Chanel, Donna Karan y Prada, por ello el presupuesto final del guardarropa ascendió a más de un millón de dólares.
El filme incluye cameos de celebridades en la industria de la moda, como la supermodelo Gisel Bündchen, quien aceptó estar en la película siempre y cuando interpretara un papel distinto al de una modelo, así que aparece brevemente en la cinta como Serena, trabajadora en Runway y amiga de Emily. También participó la modelo argentina Inés Rivero en el papel de una clacker y el diseñador Valentino Garavani se interpretó a sí mismo en el Fashion Week París.
Parte fundamental de El diablo viste a la moda es la interpretación de Meryl Streep como Miranda Priestly. Por esta cinta la ya legendaria Streep estuvo nominada al Oscar por Mejor Actriz.
Muchos ignoran que estuvo cerca de no participar, ya que los honorarios ofrecidos en un principio eran insuficientes. Tras un acuerdo aceptable para ambas partes, ella se quedó con el papel.
No obstante que los productores tenían dudas respecto al uso de cabello blanco para el personaje de Miranda, se impuso la decisión de Meryl de aparecer con ese estilo platinado. Se pensaba que podría representarle más edad, pero su inspiración provino de los looks de la modelo Carmen Dell’Orefice y de Chistine Lagarde, directora del Fondo Monetario Internacional, así que estaba comprobado que sería de buen gusto.
También fue Streep quien impuso la frase “todas quieren ser nosotras”, pues sentía que Miranda representaba más el glamour, moda y trabajo. La frase original del guion era “todos quieren ser yo”; a los productores les fascinó el cambio.
Otro dato interesante es que Anne Hathaway no era la primera opción para interpretar el papel de la audaz Andrea Sachs, ya que la producción quería a la actriz Rachel McAdams para interpretar al personaje, pero ella se negó ya que no quería realizar tantos personajes “comerciales”.
El diablo viste a la moda marcó a una generación no sólo por la belleza de las prendas o la arquitectura en movimiento; también capturó emociones con las situaciones más convencionales que todos hemos pasado: presiones en el trabajo, rechazo por nuestra imagen, problemas de pareja, conflictos con los jefes y sus demandas de desempeño laboral, el quiebre de nuestros ideales y la lucha interna de lo que uno quiere conseguir. Nos llevó a crear una identificación con cada uno de los personajes y a convertirse en parte de nuestra vida diaria.
De esta cinta perduran frases como el repetirse “amo mi trabajo” cuando nos sentimos desesperad@s por el mismo; “los detalles de tu incompetencia no me interesan”, o el diálogo entre Andrea y Nigel (Stanley Tucci), donde Andrea dice que su vida personal pende de un hilo, a lo que Nigel responde: “Te estás uniendo al club, sucede cuando haces bien tu trabajo; avísame cuando toda tu vida esté arruinada, será el momento de un ascenso”.
El diablo viste a la moda se convirtió en una película de culto con una historia atemporal. Forma ya parte de la cultura pop que nos muestra la dualidad del mundo de la moda, desde su lado más frívolo y lujoso hasta el lado más humano, en donde nos pregunta constantemente: ¿qué está dispuesto a arriesgar y defender con tal de conseguir el éxito?
* (J. E. HERNÁNDEZ PIÑA)
Esta colaboración se publicó de manera impresa en mayo de 2018, edición 172 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR VIANEY ARIADNA ÁLVAREZ MARTÍNEZ
Las elegidas (David Pablos, 2015) se basa en la idea del escritor Jorge Volpi a partir de los datos de una investigación periodística sobre Tenancingo, Tlaxcala, poblado rural identificado como la capital de la esclavitud sexual en México, la cual revela que uno de cada tres hombres en el lugar se dedica a ser proxeneta o “padrote”.
Mientras el texto de Jorge Volpi explora el potencial de la palabra escrita, la película dirigida por David Pablos, cineasta egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, hace uso del lenguaje audiovisual. En esencia, ambas narraciones logran un retrato naturalista de la explotación sexual femenina en México.
La historia de Volpi está relatada de manera casi poética: estrofas y versos forman un capítulo completo del libro, que sin ser muy detallado permite entender la historia. Al leerlo se genera un ritmo que hace innecesaria mayor descripción para entender el sufrimiento de esas mujeres convertidas en sexoservidoras.
David Pablos tampoco precisa mostrar a Sofía, la joven protagonista, en cada uno de sus encuentros sexuales para conocer el dolor que esto le provoca; simplemente lo resume con esos sonidos que se vuelven más fuertes e intensos en la medida que entran los hombres al cuarto con Sofía.
Tanto en la película como en el libro las mujeres no están en la calle ofreciendo sus servicios: los hombres van a buscarlas a una casa donde les asignan una habitación y ahí deben “trabajar”. Los lectores pueden imaginar algún lugar en mal estado, sucio, descuidado, solamente con unos catres. Las locaciones del filme muestran la vivienda tal cual una casa “normal”, como si al interior de esas paredes no pasará nada extraordinario.
David Pablos se apropia de uno de los nombres del libro, Ulises, hijo de El Chino y conserva el apellido, Camargo, para mantener la referencia al texto de Volpi, sin embargo presenta una adaptación libre de esta historia, solamente toma ciertos fragmentos para exponer el tráfico de mujeres y ubica a los personajes en Tijuana, Baja California.

El cineasta sumerge al espectador en la relación amorosa de Ulises (Óscar Torres) y Sofía (Nancy Talamantes), adolescentes cuyo amor se ve fracturado cuando la verdad aflora: Ulises la ha conquistado para cumplir los planes de su clan, engancharla en la trata de personas, Sofía solamente será su primera víctima.
En la familia de Ulises los hombres enamoran a menores de edad, luego las manipulan para prostituirlas, las ponen a trabajar en una casa de citas y por las noches las trasladan a una vivienda donde son custodiadas hasta el siguiente día, en que las vuelven a llevar al “trabajo”.
Ulises carga con la culpa e intenta recuperar la libertad de Sofía para devolverla a su inocente vida, pero pronto se da cuenta de que no es nada fácil escapar de esa realidad, ambos deben seguir adelante, pues así lo marca el mundo en que están inmersos, el cual dicta que para mantener esa maquinaria económica los hombres deben seducir, manipular y anular a mujeres hasta esclavizarlas.
México lleva décadas enfrascado es esta situación y ahora incluso se percibe que la sociedad lo toma como algo “normal”, casi a diario salen notas en periódicos, televisión, radio o medios digitales que dan cuenta del rapto de jóvenes, hombres y mujeres, con una desaparición sin retorno.
Las elegidas expone esta herida abierta, pero no de manera explícita, llena de violencia o sometimiento; como lo reproduce el filme es perfectamente entendible todo lo que viven aquellas mujeres que son obligadas a ser sexoservidoras: el espectador bien puede imaginarse y, sobre todo, palpar el daño que esto causa en sus vidas.
El estreno de Las elegidas se llevó a cabo en la sección Una cierta mirada de la edición 68 del Festival Internacional de Cine de Cannes. Se proyectó en festivales como Zurich y San Sebastián, donde obtuvo críticas favorables, aunque no faltó quien se sintiera incómodo por ver en pantalla un fenómeno social vigente, de manera cruda, con altas dosis de deshumanización. Fue nominada en 13 categorías en los premios Ariel 2016 y ganó cuatro estatuillas por Mejor Director, Guión Original, Fotografía y Revelación Femenina.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en mayo de 2018, edición 172 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.
Miércoles 23 de mayo
La princesa Mononoke
Director: Hayao Miyazaki.
Japón, 1997. 133 minutos
