
POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA
Paul Leduc Rosenzweig, (Ciudad de México, 11 de marzo de 1942-21 de octubre de 2020), fue un cineasta que, en todo momento, se caracterizó por realizar filmes de vanguardia, siempre apegado a lo que se denominó cine de carácter social y de denuncia.
Para Leduc el cine constituyó una herramienta de cambio y de transformación, más allá del entretenimiento. Desde finales de la década de los años 60 convirtió el Séptimo Arte en su trinchera y forma de vida, al documentar el movimiento estudiantil de México en 1968, poco después de abandonar sus estudios en la Facultad de Arquitectura en la UNAM. Su formación académica la continuó matriculándose en la Facultad de Filosofía y Letras; a la par estudió en la Escuela de Artes de Seki Sano, considerado como uno de los precursores del teatro de vanguardia en nuestro país.
Hacer cine significó para Leduc la construcción de una utopía que le permitió romper con las reglas impuestas por las tendencias y corrientes de aquella época. Su afinidad por las artes y la cinematografía, lo llevó a organizar y programar, dentro y fuera de la Universidad, numerosos cineclubes.
Tuvo la oportunidad de acudir a un ciclo de conferencias que llevó por título: “50 lecciones de cine”, impartidas por Manuel González Casanova y marcaron un precedente importante en su forma de concebir el Séptimo Arte. Años más tarde Leduc señaló que el problema no era aprender cine, sino hacerlo en un país donde no se contaba con los apoyos suficientes para los proyectos artísticos.
A los 23 años de edad, obtuvo una beca para estudiar en el Institut Des Hautes Études Cinématographiques, en Francia; ahí aprendió que el cine era una herramienta de investigación y difusión, lo que le permitió, a la postre, imprimir un sello muy particular a todos sus trabajos.
Su talento natural detrás de la lente lo llevó a participar en algunos proyectos de la televisión francesa que lo hicieron madurar como artista visual y crear obras memorables que, hasta la fecha, son referentes obligados.
Paul Leduc formó parte de una de las agrupaciones más emblemáticas del ambiente cultural, el denominado Grupo Nuevo Cine que tenía entre sus miembros a figuras de la talla de Emilio García Riera, Alberto Isaac, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis y José de la Colina, entre muchos otros.

La trayectoria de Paul Leduc como director de cine inició en 1972 con una de las cintas más elogiadas por la crítica especializada Reed, México Insurgente, cuya base es el libro “Insurgent Mexico” del periodista norteamericano John Reed; el texto narra los pormenores de lo vivido por este corresponsal durante la Revolución Mexicana.
El interés por filmar esta película surgió, en primera instancia, porque su tío, el destacado escritor Renato Leduc, conoció en su juventud al reportero John Reed, cuando era telegrafista de la División del Norte, encabezada por Pancho Villa.
Reed, México Insurgente unificó las opiniones del público y la crítica, la cual no reparó en elogios hacia la ópera prima de Leduc. Este largometraje desmitifica la lucha armada, al retirarle ese glamour que producciones anteriores le habían concedido y la convirtió en una cinta que se construye a partir de historias cotidianas de los protagonistas de la conflagración.
Para los especialistas en la materia, la cinta de Leduc está entre las mejores 30 producciones mexicanas de todos los tiempos. Reed, México Insurgente obtuvo el Premio Ariel en 1973 a la Mejor Película y Mejor Dirección. Fue seleccionada para representar a nuestro país en los Premios Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera; se exhibió en los festivales más importantes del mundo, destacando su paso por Cannes, Berlín, Nueva York, Varsovia y Praga.
En 1976 filmó Etnocidio: Notas sobre El Mezquital, uno de sus trabajos más apreciados; éste se basa en una investigación antropológica de Roger Bartra y retrata con gran nitidez la pobreza y explotación que sufren los pobladores de origen otomí, aunado al proceso de exterminio gradual de su cultura.
La consagración de Leduc llegó en 1984 de la mano de la película Frida, naturaleza viva, donde redescubrió y lanzó a la escena mundial a una de las figuras más emblemáticas del ambiente artístico y cultural en México, la pintora Frida Kahlo. Esta película está narrada desde el lecho de muerte de la artista y se centra en la recreación estética de algunos de sus cuadros más emblemáticos.

Frida, naturaleza viva obtuvo el Ariel por Mejor Actriz gracias a extraordinaria interpretación Ofelia Medina y también fue galardonado en las categorías de Mejor Película y, desde luego, Mejor Dirección. El elenco cuenta con histriones de primer orden como Juan José Gurrola, Claudio Brook, Salvador Sánchez, Gina Morett, Margarita Sanz, los hermanos Odiseo y Bruno Bichir, además de Valentina Leduc que, a la postre, se consolidó como una de las editoras con mayor reconocimiento en la cinematografía nacional.
Con dos éxitos consecutivos bajo el brazo, Renato Leduc presentó en 1986 ¿Cómo ves?, probablemente uno de sus trabajos con mayor crítica social e incluso incomodó a los círculos de poder. Leduc puso el dedo en la llaga al contradecir el discurso oficialista que argumentaba que México se enfilaba hacia el progreso y el crecimiento económico.
Teniendo como marco la Ciudad de México y su zona conurbada ¿Cómo ves? retrató, como ningún otro largometraje, la marginación, pobreza, violencia familiar y falta de oportunidades en un sistema capitalista deshumanizado. El guion estuvo basado en textos de José Revueltas y de José Agustín; contó con la participación de agrupaciones musicales como El Tri, Son de Merengue, Cecilia Toussaint, Rockdrigo y Jaime López.

Fue, precisamente por su gusto musical, que Paul Leduc se dio a la tarea de filmar la trilogía conformada por Barroco (1988), basada en la novela de Alejo Carpentier; Latino Bar (1991) y Dollar Mambo (1993). A partir de ese momento se retiró del cine durante casi 10 años, pero incursionó en la animación con los cortometrajes: Los animales 1850-1950 (1995) y La flauta de Bartolo o la invención de la música (1997), considerado el primer corto realizado en México con la técnica de gráficos en 3D.
En 2006 Paul Leduc volvió con la película Cobrador: In God We Trust. En 2013 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 2016 se hizo acreedor al Ariel de Oro por su destacada trayectoria; sin embargo, esa entrega estuvo marcada por la controversia, debido a que, aparentemente, el discurso del realizador fue censurado por Canal 11, televisora cultural del Estado mexicano encargada de la transmisión. Luego del escándalo, los organizadores argumentaron que, por cuestiones de tiempo, había sido imposible incluir completo el discurso del cineasta.

En aquella velada Paul Leduc, fiel a sus convicciones, lanzó una dura crítica a las instituciones del Estado encargadas de apoyar a la cinematografía nacional y las culpó porque las producciones mexicanas no ocupan espacios preponderantes en las salas de exhibición, teniendo como resultado la caída de espectadores para las cintas producidas en territorio nacional.
Paul Leduc nunca claudicó en sus ideales, tampoco fue rehén de modas: siempre figura controversial por la forma de expresar sus opiniones. Construyó un lenguaje propio a través del cual se permitió reflexionar sobre los más diversos temas al concebir al cine no sólo como medio de denuncia social, sino como agente de cambio.

POR ADRIANA CERVANTES SOTO
El lobo de Wall Street (2014), dirigida por Martin Scorsese, se basa en el libro homónimo de Jordan Belfort. Es una propuesta diferente al tema del fraude financiero en el mercado de valores y los abusos de Gordon Gekko, tocado con anterioridad por Oliver Stone en Wall Street.
Leonardo Di Caprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey y Kyle Chandler conforman el reparto, el guion es del escritor de televisión Terence Winter (creador de Los Sopranos y Boardwalk Empire). Siete años tardó la filmación, después de que Leonardo Di Caprio leyera el libro y se obsesionara con la idea de llevar a la pantalla grande una historia de ambición desmedida.
No obstante el sabor de derrota que la acompaña, pues no logró ningún premio Oscar, (luego de generar gran expectativa como “segura ganadora”), nadie le quita haberse convertido en un fenómeno de taquilla, al recaudar más de 300 millones de dólares en su proyección mundial. Los 180 minutos de rodaje están plagados de imágenes extravagantes, donde se muestra el mundo de la bolsa: acumulación, avaricia y poca moral del depredador de Wall Street, Jordan Belfort.

En el Lobo de Wall Street, el todavía galán y ya no L’enfant terrible Leonardo Di Caprio da vida al excéntrico broker que decía ganar más de 50 millones de dólares al año y despilfarró su inmensa fortuna en caprichos, mujeres, sexo ocasional, autos deportivos, yates, lujosas casas de playa, drogas y alcohol, pero cayó estrepitosamente por no medir su distancia con los encargados de aplicar la justicia.
Belfort enfrentó cargos del FBI por estafa en 1998, se declaró culpable y colaboró con el gobierno estadounidense para castigar a sus cómplices, por ello le redujeron la pena carcelaria a 22 meses; eso sí, lo obligaron a pagar 100 millones de dólares a los accionistas estafados.
Jordan Belfort vive ahora en Los Ángeles, en una zona popular y solamente conserva como recordatorio de tiempos mejores un reloj Bulgari y un cuadro que decoraba uno de los dormitorios de su yate. Los detalles de sus fechorías los plasmó en dos libros, cuyas ganancias le han permitido librarse de buena parte de su deuda: El lobo de Wall Street y Atrapando al lobo de Wall Street.
En el trabajo fílmico de Scorsese se percibe un toque de humor negro, hay situaciones que rayan en lo absurdo, él la define como “la historia de una locura, de la obscena mentalidad de un negocio podrido, y así lo quise mostrar. Sin prebendas, con toda la libertad que necesitaba para dejar clara la impunidad con que se movían mis sujetos”. Sin embargo, no busca ser moralizante, ni una oda al delito, pero sí provocar controversia. Los críticos han sido implacables con el derroche de excentricidades.
Basta señalar que la vida supera la ficción y las personas no siempre se redimen, como en este caso, ya que Jordan Belfort sigue sin pagar el total de su deuda a las víctimas de sus estafas.

POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA
Más allá de la montaña (The Mountain Between Us, 2017), es una de esas películas que prometen demasiado, pero al final salen debiendo. Con un elenco encabezado por la multipremiada Kate Winslet e Idris Elba, la cinta, filmada bajo la dirección de Hany Abu-Assad, resulta un melodrama al mero estilo de Hollywood que se empeña al extremo por llevar a buen puerto a los protagonistas.
Despierta interés pues la encabezan dos de las estrellas cinematográficas más importantes de los últimos años, ambos con trabajos notables tanto en cine y televisión.
En el caso de Kate Winslet, ganadora de un premio Oscar por Mejor Actriz en 2009 debido a su notable trabajo en The Reader (Stephen Daldry, 2009); es destacable su participación en Revolutionary Road (Sam Mendes, 2009), pues con esta cinta se hizo acreedora a un Globo de Oro por Mejor Actriz; y qué decir de su intervención en la película dedicada al célebre Steve Jobs (Danny Boyle, 2015) que también le mereció otro Globo de oro, pero por Mejor Actriz de Reparto, en 2016.
En el caso de Idris Elba su trabajo actoral destaca más en la pantalla chica, gracias a miniseries de televisión como Luther (2011), producida bajo el sello de la BBC, donde encarna al detective John Luther.
El director Hany Abu Assad es un cineasta que viene precedido de un éxito notable; basta recordar en 2006 su trabajo en el largometraje Paradise Now, el cual recibió un Globo de Oro a la Mejor Película en Lengua no Inglesa y contó con una nominación al Oscar, en la misma categoría.
Sin olvidar su trabajo en Omar (2013), cinta considerada por la crítica especializada como la primera película de manufactura palestina en alcanzar repercusión internacional y ser nominada en el renglón de Mejor Película en los premios Oscar.
Con este cóctel de buenos ingredientes se esperaba que Más allá de la montaña, resultara un referente en la cartelera. Sin embargo, no fue así. Esto a pesar de estar basada en la novela homónima de Charles Martin y que tiene por argumento central el encuentro inesperado entre dos pasajeros que acaban de perder su vuelo, debido a las intensas tormentas.

La trama comienza cuando la protagonista Alex Martin (Kate Winslet) propone a Ben Bass (Idris Elba) rentar una avioneta para llegar a su destino. Ambos son pasajeros varados, pero ella, fotógrafa profesional, debe llegar urgentemente a su destino, pues está a punto de casarse.
Suben a una pequeña aeronave y sufren un aparatoso accidente que los deja aislados en lo alto de una montaña; el piloto fallece, no así el perro que lo acompaña y que ahora será la única compañía de ambos pasajeros, quienes prácticamente se quedan sin provisiones.
Incomunicados y con heridas, comienzan una larga travesía por la montaña, ello los enfrenta a todo tipo de obstáculos, el más grave de los cuales es la falta de víveres, además de bajas temperaturas y amenazas con animales salvajes.
A pesar de que el director se esmera, la situación de la pareja se vuelve insostenible, poco creíble. Si bien en el cine existe una complicidad implícita entre público y realizador para llevar por buen camino las historias, aquí dicha comunión simplemente no se da.
Los recursos utilizados por el director parecen sacados de la chistera y no logran justificarse. La historia de amor poco a poco florece entre los protagonistas, bajo un esquema de clichés que se imponen.
La historia se le escapa de las manos a Hany Abu Assad y pasa de ser un melodrama, prometedor al típico argumento que privilegia el cuento de amor descafeinado. A mitad de la película, sin demasiado esfuerzo, el espectador sabe en qué terminará el relato.
Esta cinta está lejos de otras producciones que abordaron este tipo de percances aéreos. Entre las más notables destacan Sully: hazaña en el Hudson (2016), basada en el acuatizaje logrado por el capitán Chesley Sullenberger el 15 de enero de 2009, en el río Hudson; El vuelo (2012), Un día para sobrevivir (2011), Al filo del peligro (1997) y Viven (1993), ésta última basada en el libro del mismo nombre que recoge la experiencia de los sobrevivientes de los Andes en 1972, tras el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya.

POR LUCÍA ELENA ACOSTA UGALDE *
Steve McQueen, una de las figuras más emblemáticas del cine, también conocido como The King of Cool, es a menudo recordado por películas como El Yang-tsé en llamas (The Sand Pebbles, Robert Wise. EU, 1966); Bullitt (Peter Yates- EU, 1968); Papillon (Franklin Schaffner. EU, 1973) e Infierno en la torre (The Towering Inferno, John Guillermin. EU, 1974). En su trayectoria se caracterizó por no utilizar dobles para las escenas de acción: él mismo efectuó secuencias muy arriesgadas.
Recio y calculador, pero sobre todo talentoso, pasó a la historia como una estrella fugaz, con una vida intensa dentro y fuera de los escenarios. En alguna ocasión comentó: “para inmortalizar tu trabajo debes de vivirlo con mucha intensidad” y él, sin duda, así lo hizo.

Terence Steve McQueen nació en Beech Grove, Indiana, el 24 de marzo de 1930. Siendo adolescente se traslada con su madre a California, donde desempeña diversos trabajos. A los 17 años de edad se alista en la Marina; sin embargo, el gusto por la milicia le dura muy poco y dirige sus pasos a la Academia de Actuación de Nueva York, donde se titula a los 20 años.
Realiza pequeños papeles en series de televisión y debuta en Broadway en sustitución del actor Ben Gazzara en la obra de teatro Halful of Kain. En ese momento estaba inconforme con su preparación actoral, por lo que decide inscribirse al Actor’s Studio de Lee Strasberg, para perfeccionar su desempeño histriónico.
Comienza en el cine con la película Marcado por el odio (Somebody Up There Likes Me, Robert Wise. EU, 1956), en la cual comparte créditos con Paul Newman. Luego consigue el rol de Josh Randall en la serie de televisión Wanted Dead or Alive, emisión que se prolongó por más de cuatro años y le dio gran popularidad a su carrera.
Justo al inicio de la añorada década de los años 60 se consagra como “megaestrella” con Los siete magníficos (The Magnificent Seven. EU, 1960), western dirigido por John Sturges, donde interpreta un temerario pistolero y tiene como coprotagonista a Yul Brinner.
En esa época demostró estar listo para los retos de las producciones hollywoodenses y declaraba: “percibo mi carrera de actor como un bólido, debes de seguir en línea ascendente y a toda velocidad”. Siempre ávido de conocimiento, incluso tomó clases de artes marciales con Bruce Lee.
Puso en práctica su filosofía de vida en la película Bullit, catalogada por la crítica especializada como la mejor cinta de persecución, donde, por supuesto, McQueen realiza las escenas peligrosas.

De la trayectoria de McQueen destaca: El Yang-tsé en llamas, filme por el que obtuvo, en 1966, su única nominación al Oscar por Mejor Actor. El gran escape (The Great Escape, John Sturges. EU, 1969), donde comparte créditos con Charles Bronson y cuya banda sonora, compuesta por Elmer Bernstein, es una de las más recordadas por el público. En Papillon las escenas con Dustin Hofman son memorables, la historia aporta una referencia sobre la vida de los prisioneros de guerra.
The Towering Inferno fue uno de sus mayores éxitos, apoyado en las interpretaciones de Paul Newman y Faye Dunaway, actriz con quien también trabajó en El caso Tomas Crown (The Thomas Crown Affair, Norman Jewison, 1968). La película que más impactó su vida privada fue La huida (The Getaway, Sam Peckinpah. EU, 1972), pues luego de la filmación él y la actriz Ali McGraw, su “bella dama,” se casaron.

Steve McQueen dejó de existir a la edad de 50 años durante una visita a Ciudad Juárez, Chihuahua, el siete de noviembre de 1980. Legó un repertorio de destacadas actuaciones donde “destila” adrenalina pura y da testimonio de su amor por el automovilismo, siempre acompañado por grandes figuras del cine.
* Lucía Elena Acosta Ugalde es Doctora en Historia del Arte. Técnico Académico Asociado C, Tiempo Completo. Definitivo.

POR KRISANGELLA SOFÍA MURILLO CAMACHO
El Festival de Cine de Arquitectura y Diseño ( Architecture & Design Film Festival ) presenta cada año una selección de documentales en categorías como: Ciudad, Arquitectura (edificios), Susten-tabilidad, Moda y Diseño. Sus organizadores lo definen como una celebración al espíritu creativo que brinda la oportunidad para entender y aprender sobre estas especialidades, alrededor del mundo.
Se caracteriza por reunir a legendarios arquitectos y diseñadores, así como productores y amantes del cine. Ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Chicago, en Estados Unidos, son sus sedes habituales, con proyecciones y conferencias en instituciones culturales, museos y teatros.
Por dar un ejemplo, entre enero y febrero de 2017 tocó el turno a Seúl, Corea del Sur; en abril de ese mismo años se realizó en Tulsa, Oklahoma; en el mismo mes estuvo en Orlando, Florida; para agosto lo vieron en Nueva Orleans, Luisiana; en septiembre fue el turno de Fisthail, Montana y finalmente, en noviembre, en Nueva York.
El Festival incluyó en 2011 el estreno un documental que llamó especialmente mi atención: Urbanized del cineasta y fotógrafo neoyorkino Gary Hustwit, realizador también de Helvetica (2007) y Objectified (2009); él integró una interesante trilogía en torno al crecimiento urbano actual.

Gary Hustwit presenta en Urbanized testimonios de arquitectos de gran nivel como: Udo Andriof (estudio Stuttgart 21); Alejandro Aravena (estudio Elemental); Amanda Burden (NYC Department of Planning); Yung Ho Chang (estudio Atelier FCJZ); Mark Covington (Georgia Street Community Garden); Sir Norman Foster (estudio Foster + Partners); Grady Gammage Jr. (estudio Gammage & Burnham); Jan Gehl (estudio Gehl Architects) y Rem Koolhaas (estudio OMA).
Hustwit centra la trama en la pregunta: ¿quiénes dan forma a nuestras ciudades y cómo lo hacen? Paulatinamente incluye las respuestas de los arquitectos antes señalados, protagonistas absolutos en el diseño de las metrópolis más importantes, quienes analizan diversos escenarios urbanos de países como Brasil, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, China, Colombia, India y Alemania, entre otros.
Muestra cómo con ingenio y trabajo comunitario se pueden lograr cambios en la subsistencia de las ciudades y mejorar drenaje, agua potable, transporte, vivienda, escuelas, parques y plazas públicas.
La urbanización es el lenguaje de la ciudad y todo lo que se usa en ella, desde una banca hasta una calle, pero no necesariamente se ha realizado de manera correcta y muestra de ello es que el 33 por ciento de la población de los países en desarrollo vive en barrios inadecuados para lograr una buena calidad de vida.
En Urbanized cobra especial importancia el caso de Bombay, India. Según el censo de 2015 tenía 14.5 millones de habitantes con un grave problema sanitario, pues la mayoría vive en zonas de escasos recursos, caracterizados por falta de agua potable, recolección de basura, saneamiento, vivienda y movilidad. La reflexión a que conduce es la necesidad de cambiar políticas públicas enfocadas a personas de escasos recursos.
Otro ejemplo relevante es el de Santiago de Chile, con el proyecto del arquitecto Alejandro Aravena, quien en 2016 ganó el premio Pritzker de Arquitectura, precisamente por la propuesta que aborda este documental. Se trata de diseño participativo, como él lo denomina, con módulos de vivienda social para personas de escasos recursos, financiados por el gobierno de Chile.
También resaltan los casos de Bogotá, Colombia; Brasilia, Brasil y Copenhague, Dinamarca, los cuales tienen en común proyectos de movilidad que impulsan a sus habitantes a optar por transporte masivo sustentable, usar bicicletas con objeto de sustituir el uso de los automóviles.
Urbanized invita a reflexionar: más de la mitad de la población mundial vive en una zona urbana y para 2050 será el 75 por ciento. Las ciudades experimentan un crecimiento acelerado y los desafíos se centran en lograr un equilibrio en vivienda, movilidad, espacio público, economía, sociedad y políticas ambientales.
Sin duda son grandes retos, porque en la práctica la convergencia de estos factores es más difícil de lo que cualquiera se imaginaría; sin embargo, se puede trabajar en conjunto por un futuro prometedor en cuestión urbana y condiciones de vida sustentables.

Este documental muestra los esfuerzos de especialistas de todo el mundo por mejorar las circunstancias de los habitantes del núcleo urbano. Explora los diferentes proyectos de diseño metropolitano a nivel mundial y enmarca una discusión sobre el futuro que nos espera como especie.
Una vez más vemos cómo cine y arquitectura se conjuntan con el fin de ilustrar al público sobre las mejoras que plantean arquitectos, planificadores, políticos y constructores. Vivienda, movilidad, espacio público e infraestructura son los protagonistas de las ciudades de hoy y de mañana.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en abril de 2017, edición 162 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR LETICIA URBINA ORDUÑA
La cinematografía chicana cuenta con cientos de películas de ficción, algunas basadas en hechos reales y otras con tramas que reflejan su realidad comunitaria, pero construidas sobre un tema de peso para la comunidad. Sin embargo, poco se habla de otro gran producto fílmico de esa cultura, que es el documental.
En 2014 hubo un “Primer Festival de Cine Documental Chicano” en México, pero fue el primero y el último. Y no es por falta de documentales: para esa fecha se sabía de al menos 400 producciones de ese tipo, de las que la inaugural fue I am Joaquín, basada en el poema homónimo de Rodolfo Corky Gonzales (así, con s y sin acento), que fue transmitido por la televisión pública estadounidense en plena era de la lucha por los derechos civiles.

Antes que poeta, Gonzales fue boxeador y activista. Escribió en 1967 el poema que luego produciría el Teatro Campesino en forma de documental, bajo la dirección de Luis Valdés. “Aquí estaba por fin nuestra canción colectiva, y llegó como un trueno venido del cielo” aseguró al periódico El País Juan Felipe Herrera, catedrático de la Universidad de California-Berkeley, cuando murió Corky, en 2005. La gente lo adoptó como símbolo de identidad, lo publicaron todos los diarios chicanos de Los Ángeles y la gente sacaba copias o las pegaba hasta en los postes de teléfono.
Por eso no es de extrañar que fuera elegido por Valdés apenas dos años más tarde, en plena efervescencia del Movimiento Chicano, para proyectarse en la Public Broadcasting Service, con la lectura del poema por parte del propio cineasta y la musicalización hecha por su hermano Daniel.
Las imágenes son fijas, algunas de ellas son fotografías del propio movimiento y otras fueron tomadas de pinturas sobre la historia de México, además de muchas de la Revolución Mexicana, que pueden atribuirse al archivo Casasola. La primera toma es de un sol amarillo sobre un cielo rojo, pero muchas imágenes posteriores serán en blanco y negro o en sepia.
El título alude a Joaquín Murrieta, famoso bandido desde la perspectiva anglosajona y héroe opositor si atendemos a la visión chicana. Al principio, el poema habla de la tremenda confusión de ser y no ser parte de una sociedad:
“Yo soy Joaquín,/ Perdido en un mundo de confusión,/ Atrapado en el remolino de una sociedad gringa (…) Mis padres han perdido la batalla económica/ y han ganado la lucha de supervivencia cultural”.

Luego se enfoca en la historia de México, desde el mundo indígena hasta la pérdida de la mitad del territorio para enfocarse, a partir de ese momento, en la historia del pueblo chicano. Se suceden entonces las fotografías de los Brown Berets (Boinas Cafés, brazo armado del movimiento al estilo del Black Power), de la Marcha a Sacramento, de César Chávez y de otros activistas chicanos como Reies Lopez Tijerina y los miembros del Partido de la Raza Unida.
Muchas de esas fotografías tienen un enorme valor testimonial, pero muy baja calidad para ser llevadas a la pantalla; aun así, su fuerza emotiva es tremenda cuando se conoce el sufrimiento del México de allá: la muerte de los chicanos en Vietnam por defender a un país que luego los rechaza, la persecución del hispanohablante, los humillantes letreros en comercios anglosajones que avisan no atender a negros, perros y mexicanos –en ese orden– y un largo listado de querellas que hay que tener presentes en la era Trump.

Para los ojos jóvenes puede resultar un tanto lento y las imágenes poco significativas si no les son explicadas; sin embargo, cabe recordar que el poema y el documental le dieron forma, además de sentido a la lucha de un pueblo cuyo delito fue tener raíces en México: una canción colectiva, como un trueno venido del cielo.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en septiembre de 2018, edición 174 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO
Cuando el cine abolió la muerte…así tituló José de la Colina un artículo en el periódico Milenio el 30 de diciembre de 2012; en su texto aborda una profunda reflexión en torno al Séptimo Arte visto como una verdadera máquina del tiempo, inmortalizadora de todo lo que vive y habrá de morir.
Mucho antes había aparecido la profecía de un reportero del diario francés La Poste el 30 de diciembre de 1895: cuando todos podamos fotografiar a los seres queridos en movimiento y con la palabra en los labios, la muerte dejará de ser absoluta, frase que escribió luego de haber asistido a una de las primeras exhibiciones públicas del Cinématographe Lumière.
Explica José de la Colina los motivos por los que, gracias al cine, seguirán viviendo los actores, estrellas de cine, personajes reales o ficticios que han hecho historia, seres queridos o, en contraparte, hasta detestados, a quienes se puede ver infinidad de veces en las salas cinematográficas, pantallas de televisión, computadoras u otros medios electrónicos, como sucede ahora en los teléfonos celulares.
Lo anterior invita a pensar en la certeza de sus palabras, pero también a ir más allá, pues el registro de imágenes en movimiento y con audio, visto desde el punto de vista técnico, no hace al cine el único medio donde la muerte deja de ser absoluta, existen infinitas posibilidades de inmortalizar a cualquier ser vivo con el video o equipos de registro audiovisual.
Sobre esta idea agreguemos algunos elementos para redondear las particularidades del cine: es un medio de entretenimiento capaz de lograr que el espectador olvide por un rato su propia vida y crea que lo expuesto en la pantalla realmente ocurrió.

Es una ventana a otros mundos, a narrativas distintas; es la observación de imágenes continuas, las cuales implican un proceso de compenetración con los personajes, de imbuirse en la fotografía y en la sonorización de las historias contadas.
El cine es un modo de expresión único para el ser humano: hace uso de la literatura para tener un guion; del teatro toma la representación de los personajes; la música le sirve para ambientar escenas o tener bandas sonoras propias; con la pintura y su derivación, la fotografía, se convierte en un deleite para los sentidos.
Más allá de su poder para la vida eterna, apreciemos la experiencia multifactorial del cine, cuya capacidad rebasa los cinco sentidos, pues nos hace vivir cada película.
Cuando vemos un filme pasamos por alto el proceso frío y técnico detrás del proyector, donde solamente hay miles de imágenes estáticas que avanzan a una velocidad de 24 cuadros por segundo; es el resultado de un efecto óptico, pero no nos decepcionemos, es el más delicioso de los autoengaños y estamos dispuestos a entregarnos a él infinidad de veces, así sea sólo por una de sus cualidades: abolir la muerte.

POR MARIO SOTO GONZÁLEZ
El futbol es un milagro
que le permitió a Europa
odiarse sin destruirse.
Paul Auster
(Escritor y director de cine)
El futbol es el deporte más popular del mundo. La anterior es una sentencia que no debemos descartar de forma inmediata sin meternos en un enredo; tampoco negar la relevancia de un juego que va más allá del perímetro de su cancha y permea múltiples aspectos sociales.
Por ello, el futbol no podía escapar de la vista curiosa del mundo del cine. Hablar sobre la relación entre el Séptimo Arte y una de las actividades físicas más arraigadas en la sociedad, generalmente refiere a películas que son intentos por hacer una muestra y, a la vez, una cosificación de los elementos o las pasiones que confluyen en este mundo.
Probablemente el mayor error en los filmes que versan sobre las canchas de balompié es caer en una generalización burda del comportamiento de los aficionados, la vida y problemas de quienes lo practican, los sinsabores del mismo.
Aunque el deporte es un idioma universal (como el cine), a menudo se olvida que es un monstruo de millones de cabezas pensando y aprehendiendo las cosas de forma distinta; el código común sufre modificaciones en todas las regiones del mundo y no todos lo entienden de la misma manera: en España prima la practicidad, en Inglaterra el espectáculo y en Argentina la tribuna tiene más influencia que el deporte mismo.
Es difícil que la estética del cine se dé el lujo de retratarlo de forma diferente. Su labor es más complicada: abordar el aspecto humano por encima del atlético o competitivo. Las películas, si bien tienen un público específico como objetivo, poseen también la cualidad y necesidad de llegar a mayor audiencia. Más que hacer un retrato del futbol, se debe encontrar el modo de dar a los personajes la capacidad de ser entrañables y pasar de agentes que enaltecen el deporte a humanos identificándose con los aficionados y también con todos aquellos que no lo son.

Existen algunas películas que han sabido abordar el tema, sin dejar de poner en primer lugar a los protagonistas del mismo: los seres humanos, con sus diferencias y virtudes. Son, en efecto, la excepción a la regla y el resultado de la suma del futbol y el Séptimo Arte.
Aquí la recomendación de un par de ellas, que seguro gustarán hasta al más reacio crítico del soccer y deleitarán al cinéfilo.
The Damned United. Dirigida por Tom Hooper (Reino Unido, 2009), se sitúa a finales de los años 60 y principios de la década de los 70 en las frías tierras de Inglaterra. La estrella es un revolucionario del futbol, Brian Clough (Michael Sheen), brillante entrenador británico. La historia narra el proceso fatídico de los 44 días en que dirigió al club más exitoso del momento, el Leeds United. Después de un gran paso por modestos
equipos llamó la atención de la escuadra, y en su incorporación a la misma Clough sufrió el rechazo de los jugadores, quienes vivían aún con el recuerdo y las formas antideportivas de su estratega anterior, Don Revie (Colm Meaney). Explora la soledad, la irreverencia y el compromiso entre un hombre y sus principios, todo eso mientras rueda el balón.
Pequeños príncipes (Les petit princes, Vianney Lebasque. Francia, 2012), se trata de un filme que nos acerca a la vida de un talentoso joven francés, de apenas 16 años de edad, conocido como JB (Paul Bartel). Tras haber sido aceptado en una importante academia de futbol, cuyo interés, además de pulir a las futuras estrellas, es también la formación integral del ser humano. El protagonista tiene que atravesar por más de un problema, pues debe lidiar con nuevas experiencias, todas ellas desconocidas para él, pero comunes a todo adolescente. JB es un pretexto para hablar de un crecimiento personal al amparo de este deporte.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en abril de 2015, edición 142 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR YOLANDA SOLORIO GARCÍA
Mundialmente conocido por su papel de George Valentine en El artista (2012), por la cual se hizo acreedor a varios premios, entre ellos el Oscar por Mejor Actor, Jean Dujardin (Rueil-Mailmaison, Francia,1972) comenzó su carrera en 1998 con la serie Nous Ç Nous. Junto a los actores Bruno Salomone, Eric Collado, Sonia Mathieu y Luc Antoni, hacía parodias de videojuegos, acontecimientos históricos y películas.
El éxito le volvió a sonreír con Un gars, une fille (1999-2003), programa de televisión que retrataba de manera humorística la vida cotidiana de una pareja: Alex “Chouchou” (Alexandra Lamy) y Jean “Loulou” (Jean Dujardin); cada episodio duraba seis minutos y la temática era variada. La serie fue tan exitosa que tuvo varias repeticiones.
En 2003 tuvo su primer papel protagónico en cine con el filme Toutes les filles sont folles, dirigido por Pascale Pouzadoux, pero sería dos años más tarde con la película Brice de Nice (James Huth, 2005) que se posicionaría como uno de los actores franceses más rentables y encantadores de su generación.

El personaje Brice es un surfer de treinta y tantos años cuya mayor aspiración en la vida es montar la mayor ola, pero mientras espera su oportunidad derrocha el dinero de su padre en grandes fiestas, sin saber que éste se dedica a lavar dinero.
Un día la suerte lo abandona y todos sus bienes son confiscados. Sin recursos y sin amigos, Brice se ve obligado a ¡trabajar! Sin embargo, es incapaz de hacerlo, así que decide –sin éxito– robar un banco.
La primera colaboración con el miltipremiado director, actor y guionista francés Michel Hazanavicius fue en 2006 con la película OSS 117: Nido de espías, adaptación de la novela homónima escrita en 1949 por Jean Bruce. Tanto el filme como el libro parodian al famoso agente 007.
La dupla Hazanavicius-Dujardin se repetiría en tres ocasiones: OSS 117: Perdido en Río (2009), El artista (2012) y Los infieles (2012). Ésta última formó parte de la edición número 16 del Tour de Cine Francés.
De los 29 filmes en que ha trabajado, destacan sus actuaciones en: Un homme et son chien (Francis Huster, 2009), al lado del emeblemático Jean-Paul Belmondo; Les petits mouchoirs, (Guillaume Canet, 2010) con los también talentosos Francois Cluzet, Marion Cotillard, Benoît Magimel y Gilles Lellouche.
Le bruit des glaçons (Bertrand Blier, 2010) coprotagonizada con Albert Duponel, donde ambos desarrollan magistrales actuaciones, Dujardin en el papel de un enfermo de cáncer y Duponel encarnando al tumor que le acosa y le quita la vida con total desparpajo.
En The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013) tiene breves, pero significativas, apariciones como el banquero suizo que traiciona a Leonardo DiCaprio.

Posteriormente fue dirigido por su admirado George Clooney en The Monuments Men (2014), con quien trambién trabajó en un comercial para la marca Nespresso.
Dujardin es conocido por sus imitaciones, especialmente de Sean Connery y Robert de Niro. De hecho, en los programas a los que asistió después de haber obtenido el Globo de Oro por El artista y previo a la premiación de los Oscar fue lo que más le solicitaban en sus presentaciones.
Luego de concluir el filme Un hombre a la altura (2015) y después de cuatro años de matrimonio, Dujardin se separó de su esposa, la también actriz, Alexandra Lamy.
Después se relacionó con la patinadora olímpica Nathalie Péchalat, con quien procreó un hijo. En lo profesional, al cierre de esta edición promuovía la tercera parte de Brice de Nice y se preparaba para el estreno mundial de la película Le petit joeur, del realizador Emmanuel Joucla, con una historia basada en un torneo de póker.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en diciembre de 2016, edición 159 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

POR ADRIANA CERVANTES SOTO
En una provincia costera de Japón una madre lucha para salvar a su bebé de las fuerzas malignas que los persiguen. Han quedado atrapados en la tormenta y su bote va a la deriva, olas salvajes los llevan hasta una playa solitaria, mientras una voz resuena: “Mantente atento, no parpadees, no pierdas detalle de…”, así comienza Kubo la búsqueda samurái, (Kubo and the Two Strings, 2016, EU), centrada en la historia de Kubo, el niño tuerto que encontró la fuerza en el amor y el perdón.
Se trata de una cinta animada dirigida por Travis Knight, escrita por Marc Haimes y Chris Butler. Recibió todo tipo de elogios por parte de la crítica especializada y estuvo nominada en la entrega de los premios Oscar 2017 en las categorías de Mejor Película Animada y Mejores Efectos Especiales, pero no logró ser del agrado del jurado; Zootopia (Byron Howard y Rich Moore, 2016), de los Estudios Disney, fue la premiada.

La realización de Kubo se hizo con la técnica tradicional de stop motion, que data del siglo XIX y consiste en la sucesión de imágenes fijas, foto por foto, de personas, objetos u animales, reales o creados con diversos materiales como yeso y plastilina. El aspecto clásico se suma a lo innovador: los espectadores pueden constatar el derroche en el uso tecnología de la casa productora Laika Entertainment y sus impresiones 3D, sonido y edición.
El proceso fílmico de Kubo fue artesanal. El trabajo arduo ha caracterizado a todos los animadores de Laika Entertainment. El tiempo de realización de este largometraje fue de casi 100 semanas en 80 sets con diferentes decorados. Para las secuencias de Kubo se moldearon 23 títeres de nueve pulgadas cada uno y más de 11 mil expresiones de la boca, así como 4 mil 500 de las cejas.

En 2016 los Estudios Universal se encargaron de la distribución de esta, la quinta película de los más duros competidores de Pixar. Entre los títulos que la precedieron están: Coraline y la puerta secreta (Henry Selick, 2009), ParaNorman (Chris Butler y Sam Fell, 2012) y Los Boxtrolls (Graham Annable y Anthony Stacci, 2014).
La música estuvo a cargo de Dario Marinelli, quien tuvo que empatar cada nota a cada secuencia. La canción While My Guitar Gently Weeps es una pieza escrita por George Harrison e interpretada por Regina Spektor.
Visualmente es un largometraje muy rico. Los bellos paisajes y la mórbida historia dan como resultado una atmósfera narrativa oscura, inquietante e inusual para ser de corte juvenil. Presenta múltiples referencias a la cultura nipona: música de Shamisen (guitarra tradicional japonesa), pintura, escultura, el arte tradicional de las figuras de papel u origami y las fascinantes aventuras de valientes samuráis.
Kubo es un chico huérfano de padre que vive con su madre enferma, de quien ha heredado poderes mágicos. Para llevar un poco de comida a casa, sale a la aldea cercana todos los días. Tiene prohibido regresar después de la puesta de sol. Se gana unas monedas contando las hazañas de un gran guerrero y sus enemigos.
Con magia da vida a sus personajes de papel; la gente del pueblo lo conoce, quiere y admira por su habilidad para tocar el Shamisen. Él solo tiene un deseo, saber qué paso con su padre, y en vísperas de un festival, desobedece a su madre, el mal aparece y todo cambia.
La estructura narrativa es clásica: el héroe huye para evitar que sus tías, las hermanas luna y su abuelo, el rey luna, lo dañen; la única forma de protegerse es encontrar la vieja armadura de su padre. Así inicia su recorrido lleno de peligros e incertidumbre, tiene que dejar a su madre enferma. Ella se sacrifica para que su hijo pueda seguir vivo; en el camino se le aparecen un “mono sabio” y el olvidadizo “escarabajo samurái”, ellos lo ayudarán con ingenio, amor, destreza y magia a vencer la tristeza, soledad, desesperanza y a sus malignos parientes.
Kubo es un referente de animación contemporánea. Para los amantes de este género es casi obligado tenerla en la lista de las favoritas y reconocer el gran trabajo de modeladores, fotógrafos, sonidistas y expertos en efectos especiales para crear un mundo de fantasía, hecho con plastilina, papel y mucho color.
Esta colaboración se publicó de manera impresa en abril de 2017, edición 162 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.