•Proponen a los actuarios considerar en sus análisis la variable psicosocial
La Doctora María Montero y López-Lena, académica de la Facultad de Psicología y del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez (SUIEV) de la UNAM, participó en el 2.º Seminario Bienestar Económico, Pensiones y Retiro Saludable, organizado por el Programa de Actuaría de la FES Acatlán.
La especialista dictó la conferencia “Bienestar Integral en la Vejez: Salud mental para el bienestar en la vejez”, a través de la cual exhortó a las y los profesionales de las ciencias exactas a incorporar la variable psicosocial en la evaluación de riesgos del envejecimiento poblacional.
La investigadora propuso un modelo de atención pública de los padecimientos emocionales en México, mediante el cual señaló la desconexión entre el aumento del gasto estatal y la efectividad real en la atención. Montero y López-Lena advirtió que la depresión y la ansiedad mostraron un repunte tras la emergencia sanitaria por la COVID-19, a la vez que las partidas destinadas a la investigación científica experimentaron contracciones presupuestales.
“Estamos otra vez atendiendo por reactancia y no por previsión. Y ahí es donde ustedes van a tener un papel muy importante, porque pueden evaluar el riesgo no solamente económico, sino también el riesgo de salud y bienestar que ello implica”, manifestó a los asistentes.
Al abordar la transición demográfica del país, la ponente destacó la estrecha relación entre la salud mental y la preservación de la autonomía funcional en las etapas avanzadas de la vida. Explicó que el deterioro cognitivo no es un destino inevitable, sino una condición susceptible de ralentizarse mediante la estimulación continua y el combate al aislamiento social en los adultos mayores.
“El punto de inflexión es la falta de estimulación cognitiva: cuando a la persona mayor se le ve como alguien que ya no puede opinar ni ejercer su autonomía, se cumple la profecía de que deja de ser un ser funcional”, detalló en la ponencia.
Ante las deficiencias documentadas en la instrumentación de las políticas públicas de salud, la catedrática expuso un modelo de intervención multidimensional fundamentado en la evidencia científica. La propuesta sintetiza la complejidad del bienestar geriátrico en cinco funciones interconectadas: física, social, cognitiva, afectiva y espiritual, diseñadas para fortalecer el tejido comunitario y la resiliencia individual.
“Hacer las cosas complejas de la manera más sencilla es lo que pretende la ciencia. Lo que estamos proponiendo es que el concepto de bienestar está en función de cinco componentes: la función cognitiva, la física, la social, la afectiva y la espiritual”, explicó la catedrática.
En el plano social y afectivo, la investigadora enfatizó que la evidencia científica internacional sitúa a las redes de apoyo interpersonal como el factor determinante para la longevidad saludable. Asimismo, definió la dimensión espiritual como la toma de conciencia sobre la impermanencia y la construcción de un sentido de vida diario, elementos indispensables para el equilibrio psíquico en el retiro.
“Lo más importante para mantener la salud en general y específicamente un sentido de bienestar es la red social: hacer vínculos y tener personas a las que podamos recurrir en un momento de crisis”, apuntó.
Para concluir, Montero y López-Lena instó a la comunidad universitaria a mantener un sentido crítico frente a las metas gubernamentales y a construir conocimiento interdisciplinario que traduzca las proyecciones estadísticas en estrategias tangibles de prevención y atención primaria para la vejez.
“Tenemos que luchar desde nuestras trincheras para que nuestro ejercicio profesional contribuya al bienestar de la población y que los programas realmente aterricen con una cotidianidad eficiente y verdadera”, concluyó.