• Por un envejecimiento digno y comunitario
La urgencia de desmantelar la visión dominante que subordina el valor de la vida humana a la productividad económica y al mercado laboral fue el eje central de la ponencia impartida por la maestra Valeria Itzel Espinoza Hernández.
En la segunda jornada del 2.º Seminario de Bienestar Económico, Pensiones y Retiro Saludable en la Facultad, la especialista propuso concebir el envejecimiento no como problema fiscal o un costo, más bien como proceso continuo y al mismo tiempo oportunidad para tejer nuevas formas de convivencia social.
La académica subrayó que la vejez empieza a configurarse desde la gestación y que reducir a las personas mayores a meros indicadores de gasto o pasividad vulnera sus derechos fundamentales. Explicó que medir el valor individual en función de la capacidad de generar ingresos condena a la exclusión a quienes concluyen su etapa en el mercado formal, invisibilizando el papel de los viejos en el sostenimiento de la vida diaria y la cohesión social.
“Cuidar también es contribuir, es sostener de manera cotidiana y afectiva la vida. Compartir saberes, transmitir conocimientos y memoria también es contribuir. Participar e intervenir en las decisiones de la comunidad también es contribuir. Necesitamos preguntarnos más allá de cuánto produce una persona, cómo contribuye a sostener la vida”, afirmó Espinoza Hernández.
La ponente advirtió sobre el peligro de segregación que corren las personas mayores cuando las políticas públicas privilegian la rentabilidad de las generaciones jóvenes. Criticó las tendencias que buscan “resolver” el envejecimiento mediante la exigencia de ahorro e individualismo, omitiendo las determinantes estructurales —como la clase, la precarización del tiempo, el género y el territorio— que atraviesan las trayectorias de vida.
Ante este panorama, Espinoza Hernández invitó a realizar un “brinco epistemológico” para comprender el envejecimiento desde la psicología social, la interdisciplina y los lazos comunitarios. Detalló que las personas adultas mayores continúan aportando inestimable valor a través del trabajo no remunerado, la movilización de sectores económicos locales, el cuidado de la familia, el voluntariado y la preservación de la memoria histórica, la cual resulta indispensable para que cualquier sociedad mantenga el rumbo.
Frente a la crisis de los esquemas tradicionales de cuidado familiar y la creciente soledad, la especialista expuso alternativas emergentes de habitabilidad y convivencia, tales como el cohousing o vivienda colaborativa, los modelos de cohabitación intergeneracional con estudiantes y los programas para “envejecer en la comunidad”. Estas opciones buscan garantizar la autonomía, el afecto y la reciprocidad sin aislarlos de sus entornos cotidianos.
No obstante, precisó que la organización vecinal y la resistencia comunitaria no deben romantizar ni utilizarse para eximir al Estado de sus responsabilidades de protección social y provisión de infraestructura accesible. La capacidad de las comunidades para autogestionarse representa una respuesta valiosa, pero cargarles todo el peso del bienestar perpetúa el desgaste emocional y económico de quienes sostienen las redes de cuidado sin apoyo institucional.