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•Aplica un modelo de intervención integral especializado en neurodivergencias

En la Sala de Intervención y Asesoría Pedagógica (SIAP) de la FES Acatlán, la aventura no comienza con un libro, sino con un vaso de agua y gel antibacterial. “Nuestro cerebro tiene que estar hidratado para recibir información”, explica la doctora María Isabel Medina Rodríguez, responsable de este espacio que celebra 30 años de labores.

Originado el 26 de febrero de 1996 como proyecto de intercambio entre el DIF y la entonces ENEP Acatlán, ahora es pilar de compromiso social. Bajo la guía de la doctora Medina Rodríguez, la sala atiende actualmente a 20 pequeños de entre tres y 11 años que enfrentan desafíos en su desarrollo integral.

La doctora Isabel enfatiza que el modelo de la SIAP es único porque entiende que “cada niño es único e irrepetible”. “Muchos niños han logrado entrar al CCH o insertarse en el mundo laboral; es gratificante encontrar a los padres y que agradezcan porque aquí sus hijos pudieron salir adelante”, comenta.

El trabajo está dividido en cuatro programas fundamentales: motricidad, comunicación, aprendizaje y el de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). La filosofía es clara, contundente: “No hay aprendizaje si no hay movimiento”, afirma Medina Rodríguez, reconociendo que el cuerpo es el primer vehículo del pensamiento y la comunicación.

La SIAP representa un esquema de “ganar-ganar” para la comunidad universitaria. Estudiantes de Pedagogía, Comunicación, Inglés y Diseño Gráfico realizan aquí su servicio social, convirtiendo la teoría académica en una práctica humana y clínica de alto impacto social.

La licenciada Katia Monserrat Olivera Rubio, ayudante de investigación de esta área señala: “es fundamental ofrecer un espacio seguro y ayudar a otros a derribar obstáculos que no se ven en las escuelas”. Para ella la labor en la SIAP es una cuestión de derechos humanos. “Recordemos que los niños son sujetos acreedores a derechos. Aquí les ofrecemos un espacio seguro, libre de violencia y formativo”.

Las sesiones de 45 minutos exigen una planeación flexible. Si un niño llega emocionalmente indispuesto, la estrategia debe cambiar al instante. “Es sentarte a aprender del niño y generar estrategias para que se sientan felices y escuchados”, relata Olivera Rubio.

Pero el trabajo no termina en el niño. La SIAP utiliza un modelo que interviene en los “microsistemas” que rodean al menor: padres y hermanos. La intención es que el avance pedagógico permee en el hogar, transformando la angustia familiar en una paz duradera.

Este 30 de abril, la celebración del Día del Niño tendrá doble significado. No es solo la fiesta; es la conmemoración de los derechos de la infancia, una tradición que en México se ratificó en 1924 y que la SIAP utiliza para dar visibilidad a las infancias neurodivergentes.

“El evento de este año se enfocará en actividades motrices entre niños y padres”, adelanta la doctora Isabel. La meta es observar en un ambiente natural si la intervención ha funcionado, fomentando el vínculo afectivo, pues “si no hay vínculo, el proceso no funciona”.

A 30 años de actividades, la SIAP mira hacia el futuro con retos ambiciosos, como ampliar la cobertura para atender a estudiantes universitarios que, tras la pandemia, presentan altos niveles de ansiedad, estrés y barreras de aprendizaje que requieren atención especializada.

Categoría(s): Boletines

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