• Toy Story: La apoteosis del narcicismo en la XX Semana de Comunicación
“Hay personas que solo pueden ver a los otros de dos maneras: como objetos o como enemigos”, palabras de la filóloga española Irene Vallejo que retomó Noé Sotelo Herrera, docente de la Facultad, para comenzar la conferencia Toy Story: La apoteosis del narcicismo, que marcó el inicio de la XX Semana de Comunicación Entre pantallas y principios. Desafíos de la Comunicación.
La Doctora Ericka Judith Arias Guzmán, Secretaria General de la Facultad, inauguró oficialmente la jornada académica, “una oportunidad para reflexionar de manera crítica sobre el papel de la Comunicación” en el contexto de inmediatez, sobreinformación y constante mediación tecnológica. La jefa de la División de Humanidades Nancy Picazo Villaseñor remarcó que vivimos “un cambio de época, no solo una época de cambios” donde el mercado y la sociedad exigen comunicadores “con una sólida formación humanística”.
Dulce Itzel Noguez Monroy, coordinadora del Programa de Comunicación, introdujo la ponencia y resaltó una de las frases ícono de la franquicia de Pixar: “al infinito y más allá”, debido a que no solo habla de aventura, también toca “el deseo humano de trascender, permanecer y no desaparecer de la memoria”.
La apoteosis, definió en la conferencia el doctor en Teoría, Análisis y Documentación Cinematográfica por la Universidad Complutense de Madrid, es la exaltación, glorificación o reconocimiento máximo de una persona con grandes honores, o el momento culminante y espectacular de un evento.
Nos encontramos “en una auténtica apoteosis del narcicismo, porque sabemos que este mundo está siendo gobernado por un narcisista patológico”, además de la constante presencia del espejo de las redes sociales. Sostuvo que construimos un mundo a partir de los relatos que consumimos, y actualmente “los más poderosos” se originan en las redes sociales.
“¿Dónde aprendemos a desear? En los relatos que consumimos” señaló el conferencista, y explicó que investigó a la saga animada porque ha transitado varias generaciones desde el estreno de la primera película en 1995. “Creo que Toy Story nos ordenó un sentimiento que ya teníamos allí y estaba a punto de estallar: el narcisista”, apuntó, “vivimos un momento en que todo pasa por el yo”.
Al construir una historia o un texto, “nos construimos a nosotros mismos”, puntualizó el docente de Comunicación, por lo que analizó la triple estructuración de la cinta: la narrativa, compuesta por el viejo canon retórico de planteamiento, nudo y desenlace; la dramática, que tiene al primer nudo de acción, detonante, primer punto de giro, midpoint (si es el caso), segundo punto de giro, clímax y desenlace; y la visual, referente a composición cinematográfica.
En el filme, el vaquero Woody, juguete preferido y líder de los muñecos de Andy, se ve reemplazado por Buzz Lightyear. Sus celos provocan que ambos queden varados a merced del vecino Sid, quien planea destruirlos, por lo que debe hacer al lado su ego lastimado y trabajar con el astronauta para llegar a tiempo a casa.
Sotelo Herrera enfatizó el momento en que Woody, atrapado en una caja y sin posibilidad de escape, confiesa su herida narcisista. “Solo cuando nos confesamos somos sujetos”, recordó el presentador desde la filosofía de Michel Foucault. Igualmente subrayó el diálogo “Oye Buzz estás volando/No estoy volando, estoy cayendo con estilo” durante el escape como símbolo de perdón y reconocimiento mutuo entre los juguetes, resultado de los subtextos del guion.
A diferencia de Woody y Buzz, quienes superan la prueba y vuelven a los brazos de su niño, Lotso, el antagonista Toy Story 3, no llegó a tiempo a casa y fue sustituido. “Esa huella tan profunda que es la carencia es la que lo convierte en villano”, similar a otros grandes personajes como el Drácula de Francis Ford Coppola, quien regresa demasiado tarde de las cruzadas y encuentra muerta a su esposa, lo que hace que reniegue a Dios y clave la espada en la cruz.
“Todos fallamos las pruebas, todos nos equivocamos. A veces no sabemos cómo levantarnos de esos errores que cometemos en la vida o de esas pruebas que no superamos. ¿Cómo nos levantamos de ellas? Sin duda alguna, dejando de lado nuestro narcicismo”, detalló el especialista.
Destacó la última línea del final de Lotso. Amarrado al frente de un camión de basura, le aconsejan que “es mejor que cierres bien la boca”, conclusión que encontró satisfactoria para el narcisista que puso en riesgo a los protagonistas.