• Se reunieron casi dos mil 500 unidades de empatía para niños de CASASISTENCIA I.A.P.
La primera colecta “Manos que cubren corazones” de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán demostró, como lo dijo la Secretaria General del campus, Doctora Ericka Judith Arias Guzmán, “que la educación no solo se ejerce en las aulas, sino también en la forma en que respondemos a las necesidades de nuestra comunidad”.
Arias Guzmán agradeció a la Red de Responsabilidad Social del plantel, a Yunoel Tejeda Gutiérrez, representante estudiantil ante el H. Consejo Técnico, así como al coordinador de Comunicación Social, Alberto Guerrero Meneses por el compromiso, entusiasmo y tenacidad que todos mostraron en este reto. También reconoció el esfuerzo de la comunidad.
“Esta colecta –dijo Arias Guzmán– es, ante todo, una muestra de empatía, de solidaridad y de la capacidad que tenemos como comunidad universitaria para organizarnos y actuar en beneficio de todos”.
Empatía que tiene las propiedades de una onda que se fortalece y se expande rápidamente. Muy puntual, aunque con algo de timidez, una estudiante que cursa asignaturas adicionales en Comunicación para titularse por Expansión de conocimientos rondaba la carpa de acopio. Exactamente a las 10:25 horas cobró ánimo acercándose para concretar el primer acto solidario del día, con una bolsa de ropa.
“Leí la convocatoria, estuve viendo todos los videos que compartieron en redes y como soy mamá de un bebé me propuse ayudar, aunque sea con un granito pequeñito de arena”, contó Reyna Magdalena Martínez Canelo.
Los productos recibidos representan la concreción de voluntades, sentimientos, compromisos y apoyo hacia el grupo de 21 pequeños, que van desde los 15 días de vida a los 6 años, y que habitan Casasistencia IAP, espacio que ha funcionado como el hogar de niños en situación de vulnerabilidad, desde hace 27 años.
Sorprendida
“Estoy sorprendida y por supuesto, agradecida. Pensaría que los jóvenes están dispersos en sus cosas y no, han dado muestra de algo que la gente tiene muy escondido ya: la humanidad, la ayuda al prójimo.
“Me gustaría que las personas que donaron piensen que cada cosa tendrá un impacto profundo en la vida de nuestros niños, muchos tienen problemas de desnutrición, pieles deshidratadas o diferentes tipos de necesidades, así como la casa donde viven, que debe contar con todo para su desarrollo biopsicosocial”, apuntó María Edith Cadena López, directora de esta casa.
Llegaron bolsas de todos los tamaños con alimentos no perecederos, productos de limpieza, de higiene personal y ropa. Todo transcurría con normalidad hasta que llegaron unos pañaleros en sus ganchitos para colgar y un par de calcetas rosas para recién nacido: la onda expansiva duplicó su poder, la fila de alumnos y docentes con productos bajo el brazo creció y los voluntarios redoblaron esfuerzos.
“Quiero compartirles el caso de una estudiante, no sé nada de ella, nada; solo sé que está en una situación muy vulnerable económicamente y, sin embargo, vino a donar dos biberones. Dio todo lo que tenía”, comentó conmovido Yunoel Tejeda Gutiérrez, en su turno al micrófono.
Cuando más tarde las invitadas de honor, Valeria y Alexa llegaron a la explanada donde se erige la estatua en piedra de Sor Juana Inés de la Cruz, un breve silencio se dispersó, solo se escuchaba una música sorda en el ambiente y, el sonido plástico de las bolsas de productos que eran ordenados en diferentes cajas de cartón.
La gente se reunió, el micrófono reprodujo las palabras, agradecimientos y discursos, todo era alegría. En medio de todo ello, las pequeñas de cinco años encontraron la oportunidad de abalanzarse, entre risas, y abrazar a la botarga de capibara, sus ojos brillaban, ellas reían, brincaban. Entonces, para los adultos ahí reunidos todo cobró mayor sentido.
La meta se alcanzó, las manos del campus cubrieron el corazón de cada uno de los pequeños que habitan la Casasitencia IAP con casi 2 mil 500 unidades; incluyen despensa, productos de higiene, de limpieza y ropa.