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• Las rupturas, continuidades y desplazamientos hacia el voto femenino

“Antes de la conquista del sufragio hubo un proyecto más profundo y en muchos sentidos más radical: la educación”, sostuvo Guadalupe Sánchez Álvarez, profesora-investigadora de la Universidad Veracruzana, “fue en las aulas donde las mujeres empezaron a desafiar los límites que la sociedad patriarcal les imponía”.

En la conferencia moderada por Rosa Evelia Almanza Montañez, maestra de la División de Diseño y Edificación, la doctora invitó a recorrer la genealogía educativa del feminismo mexicano “no como una secuencia lineal de hechos, sino como un entramado de rupturas, continuidades y desplazamientos que configuraron el horizonte de la emancipación femenina”.

Apuntó que la tesis de la ponencia Antes del voto fue la escuela: educación y construcción del feminismo mexicano es la clara reflexión de que la formación “constituyó el primer espacio de ruptura donde se gestaron los cimientos intelectuales, políticos y sociales” de este movimiento. “Comprenderlo nos permite no solo valorar los derechos conquistados, también reconocer los desafíos que persisten”, afirmó.

En 1861, a pesar de que las mujeres ni siquiera tenían el derecho a estudiar la educación primaria, el tema de la educación femenina apareció por primera vez como un problema público en la prensa de la pluma de Micaela Hernández en El Monitor Republicano, diario editado en Querétaro, relató Sánchez Álvarez.

“Algunas autoras comenzaron a cuestionar la realidad ampliamente aceptada de que las mujeres no necesitaban educación más allá de la formación doméstica”, puntualizó, “este tipo de textos abrió un debate fundamental porque si las mujeres eran capaces de aprender, entonces también debían tener acceso a los espacios donde se producía y transmitía el conocimiento. No se trataba únicamente de enseñar a leer, sino reconocer que podían participar en la vida intelectual del país”.

Posteriormente, el proyecto La Siempreviva, presentado por Rita Cetina Gutiérrez en Mérida, Yucatán, en 1870, buscó “la emancipación de la mujer por medio del estudio” con la creación de la escuela para niñas pobres, además de la sociedad literaria femenina y una revista. Aunque llegó a ser publicado en el órgano oficial del gobierno, la muerte del presidente Benito Juárez frenó este esfuerzo.

A través de una línea del tiempo, compartió sobre las iniciativas pedagógicas de las siguientes décadas y la consolidación institucional del normalismo en México antes de 1900. Habló además de la feminización de la pedagogía a comienzos del siglo XX, “que permitiría que las maestras se conviertan en sujetos políticos”, así como las combatientes de la Revolución mexicana, “mujeres a las que la historia no les ha dado su lugar”.

La lucha y los congresos feministas crearon cada vez más consciencia al punto de encontrarse con el aspirante a la presidencia Miguel Alemán Valdés a mediados de 1945 y más tarde concentrar 20 mil personas para protestar por el derecho al voto, el 6 de abril de 1952.

Finalmente, con la llegada del sufragio en 1956, evidenció cómo se introdujo esta conquista desde la prensa: con un encabezado donde puede leerse: “¡Que voten las ‘viejas!’”.

Categoría(s): Boletines

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