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• Impulsó la transición de ENEP a FES Acatlán

• Trabajó en fortalecer el espíritu universitario en la Facultad

• “Concebí la dirección como una oportunidad para servir, no para servirme”, aseguró

Hermelinda Osorio Carranza se retira de la academia. Deja 47 años de servicio en la UNAM y, principalmente en Acatlán, campus al que no solamente ha visto crecer, sino que ha impulsado en su ruta de ascenso hasta, por ejemplo, haber logrado la transición de la Escuela Nacional de Estudios Profesionales (ENEP) a Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán.

Lejos de ser alguna frase trillada, dice “yo la vi nacer y crecí con ella”. Refiriéndose a cuando llegó como estudiante a la primera generación de la licenciatura de Periodismo y Comunicación Colectiva, como se llamaba Comunicación en 1975. “Toda la ENEP tenía cuatro mil estudiantes, los edificios eran apenas cuatro, las cafeterías no existían y ningún camión venía para acá; subíamos caminando desde periférico”.

Rememora que cuando la asignaron a la ENEP Acatlán significó cierta frustración pues anhelaba estudiar en Ciudad Universitaria. “Poco después comprendí que esto respondía a un proyecto importantísimo en la UNAM, que era la descentralización. Lo interesante ahí fue que a pesar de la situación, se fue generando un espíritu universitario”.

Llegó a este desolado territorio de San Mateo, en Naucalpan, Estado de México después de haber cursado la educación media en el Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Azcapotzalco.

En la ENEP Acatlán fue una excelente estudiante merecedora de la medalla Gabino Barreda por mejor promedio de la primera generación. Ya en octavo semestre de la licenciatura, la invitaron como ayudante de profesor, lo que aceptó sin dudar.

“Desde muy pequeña, por ahí de cuarto grado de primaria jugaba con mis amiguitas a ser la maestra, la organizadora de eventos, de concursos; siempre tuve la inclinación y el gusto por enseñar”, relata Osorio Carranza quien también es egresada de la Escuela Nacional de Maestros, donde gracias a la formación integral recibida formó parte de un grupo musical con otros amigos y con quien más tarde sería su esposo.

“Esto casi nadie lo sabe –revela—pero fue un grupo con cierto éxito, tuvimos giras, presentaciones y hasta discos”. La industria musical también le mostró el universo que le fascinaría: “trabajé en el área de prensa de la empresa discográfica CBS y creo que en parte ahí se reforzó mi gusto por el periodismo”, añade en la charla.

Como ayudante de maestros “empecé dando clases de Organización y Funcionamiento de Empresas y también con la entrañable maestra Lourdes López Arizpe, la materia de Adaptación de textos literarios, que era guionismo. Poco después el maestro Raúl Béjar Navarro, director de la ENEP (1975-1980) me preguntó si me gustaría ser secretaria técnica de la carrera y dije que sí”.

Como director, Francisco Casanova Álvarez (1981-1985), nombró a Osorio Carranza Jefa de Información de Acatlán, lo que “me permitió conocer a fondo esta escuela. Y luego me fui a Ciudad Universitaria, como Jefa de Información de la Secretaría General de la UNAM, en la Dirección General de Proyectos Académicos. La labor de ese tiempo fue muy interesante, entrar a los hogares de los grandes personajes de la Universidad, entrevistarlos, conocer a fondo todo este mundo. Fue algo que disfruté mucho”, acota.

Al dejar los cargos anteriores regresó a Acatlán, para fungir por dos años como Coordinadora de la licenciatura de Comunicación, mientras continuaba como docente. “Hice mis concursos de oposición, como profesora de asignatura y como profesora de carrera; se abrió una plaza, concursé, la obtuve. Al tener mi primer año sabático lo aproveché para hacer un posgrado. Y entonces, con mucho entusiasmo ingresé a la  Maestría en Comunicación del Posgrado Único de Ciencias Políticas y Sociales. Aunque se vino el paro de 1990 nosotros continuamos estudiando en una sede alterna en la calle de Ortega, en Coyoacán. Regreso del sabático y recuerdo bien que un viernes en mi clase del taller de radio, en el edificio A-6, llegó un grupo de colegas a decirme ‘¿cómo ves?, queremos proponerte para la dirección’”.

La maestra Osorio recuerda que respondió en forma automática y negativa. Estaba por presentar su examen de maestría y quería continuar con el doctorado. “Al llegar a casa, ese día le platiqué a mi esposo y me cuestionó: ‘¿por qué no? Conoces la UNAM, conoces Acatlán, has trabajado por su comunidad mucho tiempo, tienes el conocimiento, tienes la experiencia, tienes la edad, la fuerza’. Pues, que me lanzo”, afirma.

Momentos difíciles

“Eran momentos difíciles porque justo acababa de ocurrir el paro de nueve meses, el más largo registrado. Trabajamos desde regar y plantar árboles, arbustos; revivir el plantel, los edificios, Acatlán estaba destruida, saqueada; en el teatro toda la mecánica teatral, por otro lado, las computadoras, las lámparas, los baños rotos. Recuperar la planta física, el espíritu universitario, había mucha desconfianza, había incredulidad, esa pérdida hasta cierto grado, del orgullo universitario”, rememora.

Así, en marzo de 2001 se convirtió en la primera mujer directora de la ENEP Acatlán, para el periodo de 2001-2005. Tres años después El Consejo Universitario en sesión celebrada el día 5 de marzo de 2004 acordó, para la ENEP Acatlán “otorgar el carácter y denominación de Facultad de Estudios Superiores en reconocimiento a su madurez académica y consolidada participación en los programas de posgrado de la UNAM”. Santa Cruz Acatlán, Naucalpan, marzo 2004, de acuerdo con la placa conmemorativa que está en el Edificio de Gobierno del plantel.

“Siempre tuve la claridad de que uno de mis proyectos era convertir en Facultad esta escuela. Ya entonces había otras, para mí era un reto, ¿cómo voy a dejar que mi alma mater, donde yo estudié no lo fuera? También tenía claros los campos que se debían impulsar: el académico, el físico, el tecnológico, el de comunicación institucional y el de identidad institucional”, describe.

Un año más tarde la eligieron para el segundo periodo (2005-2009), con propuestas donde destacaron los proyectos para posicionar al campus como escala nacional e internacional.

En la toma de posesión Osorio Carranza indicó que se proponía “avanzar con pasos firmes en áreas tan importantes como la consolidación de la academia, el impulso a la investigación y al programa de posgrado; así como el fortalecimiento de las licenciaturas, con el fin de lograr la acreditación de muchas de ellas”, puede leerse en el boletín de la UNAM, del 8 de marzo de 2005.

“Fueron muchos frentes donde se crearon, se mejoraron, se impulsaron proyectos. En la investigación logramos recursos para construir la Unidad de Investigación Multidisciplinaria (UIM); arrancamos la creación del Centro Tecnológico de Educación a Distancia (CETED) y crear la modalidad de educación a distancia, fuimos pioneros. Construimos el edificio de talleres, inicié el Estadio, la estela Alma Mater, hicimos la señalética, los símbolos, estandartes, pendones porque era muy importante la identidad de esta Facultad”, explica.

Además, afirma que “concebí la dirección como una oportunidad para servir, no para servirme. Yo no tenía la aspiración del poder, de tenerlo, se dio de manera natural, lo afronté y acercándome a la comunidad fue como todo se dio. Todo lo que se hizo fue una labor de equipo, en conjunto con los trabajadores, los docentes, colaboradores porque las personas son el elemento más valioso de las instituciones”.

Alegría, melancolía…

Ha sido periodista, productora, guionista, locutora, autora de libros, ensayista, investigadora y asesora de tesis. Brindó asesorías académicas y profesionales en universidades nacionales y del extranjero, en dependencias gubernamentales como la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la entonces Procuraduría General de la República; en 1985 diseñó el Premio Universidad Nacional y asesoró en la entrega al siguiente año.

Multifacética, imparable, Hermelinda Osorio Carranza se retira oficialmente de las aulas, pero adelanta que volverá al campus para tomar cursos, talleres, todo lo que pueda seguir dando y recibiendo de la FES Acatlán.

“Me voy con una enorme satisfacción, ciertamente nunca se está conforme porque siempre cree uno que pudo haber hecho más. Pero me voy con una enorme alegría y, también con una profunda melancolía, porque es toda una vida la que se queda aquí, casi que vine a hacer Acatlán, crecí con ella; no me voy, me la llevo en el corazón”, concluye.

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