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• Atención: Primer simulacro de sismo del 2026 para CDMX y EdoMex

“Un simulacro es como entrenar un deporte. Cuando se practica un deporte aparte de hacer ejercicio físico, diseñas jugadas, planteas diferentes escenarios, para que cuando se esté en un evento real se responda casi de manera instintiva”, dice el ingeniero Carlos Arce León, docente y miembro del Departamento de Análisis de Riesgos Naturales y Antropogénicos, de la FES Acatlán.

El profesor comparte su opinión a propósito del primer simulacro de sismo en la Ciudad de México y el Estado de México 2026, al que se suma la Facultad de Estudios Superiores (FES) y que está programado para el miércoles 18 de febrero a las 11:00 horas (con alarma sísmica) y a las 17:30 horas (sin alarma sísmica).

Información difundida por las autoridades de ambas entidades donde se realizará el simulacro, indica que la hipótesis será de un sismo de 7.2 grados, con epicentro ubicado a 11 kilómetros al sur de Pinotepa Nacional, Oaxaca, con profundidad de 12 kilómetros. Señala también que “en el Valle de México, se estima que este movimiento telúrico tendría una percepción diferenciada según el tipo de suelo: se espera una intensidad fuerte en las zonas lacustre y de transición, mientras que en la zona de lomas la percepción sería moderada”.

De acuerdo con el catedrático, lo anterior significa que el parámetro de la profundidad indica a qué distancia de la superficie se ubica el fenómeno, mientras más profundo esté, sus efectos impactarán menos.

“Otro parámetro –dice – es la distancia a la que estamos desde la fuente sísmica, Pinotepa Nacional es parte de la Costa Chica de Oaxaca, está alrededor de 50 kilómetros de distancia, lo que significa que un sismo de 7.2 ya tiene la potencia suficiente para ser percibido en la Ciudad de México”.

Respecto a la diferenciación por suelo, explica que el suelo blando responde de una forma que amplifica los movimientos del terreno, por lo que serían más perceptibles los efectos de la zona; por ejemplo en colonias como la Roma, Condesa y Álamos en la Ciudad de México.

“Si estamos en la FES Acatlán el suelo es más firme, aunque aquí llegamos un poco a la transición. No es necesario tener un curso de geología o geotecnia pero sí debemos conocer los diferentes parámetros por los que un sismo como el del domingo (8 de febrero), que parece no haberse sentido o el del 19 de septiembre de 2017 de magnitud 7.1 a 100 kilómetros de distancia que causó los daños que conocemos”.

No obstante ejercicios como el siguiente simulacro han fortalecido la cultura de la prevención sísmica. “Desde los sismos de 1985 se vio que era necesario contar con mejores elementos para responder, de ahí surgió la Protección Civil y empezó a diseñarse el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano (SASMEX) para la Ciudad de México y, con el paso del tiempo ha ido mejorando”, dice el especialista.

Arce León acota que en Acatlán se han desarrollado diferentes protocolos para atender a la comunidad y dar respuesta certera en tales situaciones. “Nos integramos a los simulacros nacionales, locales o del Estado de México y el campus dice sumémonos al de las 11, pero hagamos otro en la tarde o el sábado, porque tenemos poblaciones diferentes y todos deben contar. Se ha contribuido a visualizar el entorno, a veces los estudiantes van cambiando de manera natural, avanzan los semestres; ingresan nuevos y es necesario que las nuevas generaciones se vayan sumando y conociendo los diferentes escenarios que se puedan presentar”, apunta en entrevista.

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