• Combatir actitudes arraigadas en instituciones educativas
La conducta violenta “es algo muy arraigado dentro de la construcción de la masculinidad, porque entendemos la agresividad como una manera de mostrarse viril”, apuntó el maestro Felipe de Jesús Loza Luna. La conexión entre violencia y masculinidad en el espacio escolar “es lamentablemente algo muy común”, y se puede encontrar en niveles desde preescolar hasta las universidades.
Estas conductas violentas pueden ser influenciadas por el cuerpo docente, que actúa como representante de la institución, afirmó en la mesa Masculinidades y espacio público: poder, cuerpo y territorio. “Si la institución no hace nada, no podemos esperar que el docente genere un cambio”, reflexionó el ponente del Centro de Investigación Educativa de la Universidad Autónoma de Tlaxcala.
Para la maestra Turena Graciela Souza Torres, del Colegio de México, “es interesante pensar cuáles ideales de masculinidad encarnan los gogos”, bailarines en trajes sexuales de cuero o únicamente tanga en discotecas LGBT, “porque a pesar de que la mayoría de ellos se identifica como varones gay, reproducen muchas normas de género heteronormadas”, no solo al elegir interactuar en su mayoría con mujeres, sino también “al encarnar un ideal de masculinidad hegemónica”.
Cuando la costumbre encaminada al control de los hombres sobre los cargos de administración pública se encuentra con un acuerdo electoral de 2015 para nombrar al menos a una mujer en los cabildos con sistemas normativos indígenas en Oaxaca, sucede “un fortalecimiento de las mujeres en el espacio público, pero también resistencias”, señaló la doctora Carina Galar Martínez del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“Si bien es indispensable alcanzar condiciones de igualdad sustantiva, la presión provoca conflictos electorales en los que las propias mujeres absorben los mayores costes de esta decisión”, en donde se les exigen resultados “que los hombres no han conseguido durante siglos” describió.
El licenciado Erikc Adrián Neri Ramírez de la UNAM advirtió sobre el papel que juegan las cárceles masculinas como reproductoras de violencia. “Tenemos un mandato antes de entrar a prisión que se refuerza con potencia al interior, y se conlleva o trae aparejado un mandato post carcelario. La prisión, en este sentido, logra su cometido de reproducir las conductas patriarcales”.
De la Universidad Nacional de San Luis, en Argentina, el maestro Ariel Sanabria presentó La Masculinidad como “deuda pública” donde apeló a los varones a “pensar en una manera de dejar de sostener el patriarcado”, además de la necesidad de un Estado que genere políticas públicas para que los hombres dejen la “centralidad a la que nos ha llevado la racionalidad falocéntrica”.
La maestra Martha Isabel Sánchez Mora, de la Especialidad en Género y Derecho de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Acatlán, comentó que “pareciera que cuando hablamos de feminismos, de empoderamiento de políticas públicas de igualdad, estamos enfocándolas únicamente a las mujeres, sin embargo, a veces olvidamos que también debemos incorporar a los varones”, ya que estos se benefician en cada avance al “quitarse de ciertas cargas”.
Precisó que “dentro de la masculinidad hegemónica existen varios mandatos donde tenemos precisamente los dominios de opresión, las relaciones de poder hacia con las mujeres”, las cuales generan en los varones “ciertas limitaciones tanto en el desarrollo relacional como emocional”.
Para finalizar el Primer Congreso Internacional Género y Masculinidades en el Espacio Público y Privado en la FES Acatlán, la maestra Eveline Jovana Villanueva Jiménez, de la Facultad de Derecho de la UNAM, indicó: de 271 mil 191 integrantes del Ejército, solo 42 mil 532 son mujeres, el 15.68 por ciento, y destacó la necesidad de que en las Fuerzas Armadas se den cursos “no solamente sobre feminismo”, sino para hablar sobre masculinidades.