Luis Kulub, de la nación Tseltal de Chiapas, José Jesús Hernández Moreno Hñañhú de Hidalgo y José Isoteco Palemón de la nación Nahua de Guerrero fueron respectivamente el primer, segundo y tercer lugar del concurso de narrativa y poesía organizado en 2025 por el blog, a continuación compartimos una breve semblanza de cada uno.
Luis Kulub

José Luis Gómez López (Oxchuc, Chiapas, 1984) es hablante de la lengua tseltal y Maestro en Didáctica de las Lenguas por la Universidad Autónoma de Chiapas. Cursó el taller de creación literaria tseltal-tsotsil “Jacinto arias”, en la Unidad de Escritores Mayas-Zoques (UNEMAZ), 2021, autor del cuento moderno “Pancho el Culebras” dentro de la antología de cuentos: tsotsil-tseltal, Sk’op Bolom Sk’op Choj Palabra de Jaguar, Volumen II. Coautor del libro Xcholjibal Chanbalametik te chajbikxanixae. Participó como interprete en la cumbre de Activismo Digital de Lenguas Mayenses organizado por Rising Voices llevado a cabo en la ciudad de San Cristóbal de las casas en enero de 2024, ha realizada diversas traducciones de texto desde la plataforma de storyweaver, tradujo el texto de Javier Alcocer Las lagunas de Montebello: un tesoro chiapaneco por la Universidad Autónoma de México al tseltal; dentro de la UNEMAZ ha realizado taller básico de la lengua tseltal con duración de 30 horas.
SUEÑO
Sueño
Marcos se esfuerza día tras día, llevando consigo el peso del trabajo y la responsabilidad de contribuir a su comunidad. Su compromiso con cada asamblea muestra su deseo genuino de mejorar su pueblo, de ser parte del cambio. Esa dedicación, aunque agotadora, también le llena de propósito.
Al caer la noche, cuando por fin se viste con su pijama, hay un instante en el que todo se calma. Es un momento suyo, lejos de las discusiones, lejos del deber. Ahí, entre el cansancio y la satisfacción, seguramente piensa en lo que ha logrado y en lo que aún falta por hacer.
Aquella noche, el joven se encontraba lejos de su pueblo, en un lugar que apenas lograba describir. Había recibido la invitación de unos amigos para asistir a una fiesta. Aunque su trabajo le ocupaba buena parte del tiempo, también sabia regalarse momentos para disfrutar. así que aceptó, y emprendió la búsqueda de una prenda que lo hiciera lucir presentable. Llegó a la fiesta impecable, como todo un licenciado.
Al dirigirse a la fiesta, Marcos salió de casa sin probar un bocado, sabia a lo que iba: una celebración con abundante comida y bebida, como toda una fiesta. Iba muy sonriente, hacía días que no salía a divertirse.
Al llegar al lugar, se sorprendió por la cantidad de personas reunidas. Nunca había estado en una fiesta tan concurrida. Justo en la entrada lo recibió su amigo, el mismo que lo había invitado:
—¡Qué tal, cuate! ya estoy aquí, —dijo entusiasmado.
Sin embargo, algo en el ambiente lo hizo sentir extraño. Un escalofrío recorrió su espalda. Malabaristas y payasos recorrían el lugar, entreteniendo a las parejas con sus actos cómicos. Desde lejos se oía risa de quienes se dejaban envolver por el espectáculo.
Pero su estómago no podía ignorar el hambre. Se dirigió a la cocina, donde largas mesas cubiertas con manteles blancos ofrecían una gran variedad de
platillos. No esperó más: se sirvió con gusto y comió hasta sentirse satisfecho. Luego volvió al área principal, donde el ambiente ya se tornaba más descontrolado.
Algunas personas estaban ebrias, bailaban sin coordinación, reían demasiado fuerte. Lo más insólito era que incluso los malabaristas, visiblemente embriagados, seguían manipulando sus materiales con fuego. Uno de ellos, por accidente, derramó gasolina… y en segundos, el fuego se extendió iniciando un incendio. La multitud quedó atrapada. Marcos no sabía qué hacer.
Sacó su teléfono para llamar a sus amigos, pero nadie respondía. Algunos intentaban sofocar las llamas, sin éxito. De pronto, sintió un empujón por detrás, estuvo a punto de caer al fuego, pero no logró ver quién lo empujó.
Desde otra esquina de la casa, voces desesperadas clamaban ayuda. Algunos ya se estaban quemando. Gritaban:
—¡¡¡Auxilio!!! ¡¡¡Ayúdenme!!!
Pero nadie atendía sus llamados. Todos corrían por salvarse. Algunos simplemente… desaparecieron entre las llamas.
Marcos luchaba por alejarse del fuego y de quien lo empujaba. Agotado, tropezó y cayó directamente en las llamas. El fuego lo envolvió al instante.
Marcos se agitaba en la cama. Intentaba abrir los ojos, moverse, escapar… pero algo lo retenía. Las llamas lo rodeaban, el fuego lo cercaba. Finalmente, despertó. Estaba empapado en sudor, con el corazón acelerado y el pecho temblando. Todo había sido un sueño.
Eran las 4:30 de la madrugada. Permaneció unos minutos en silencio, tratando de entender por qué su mente le había mostrado algo tan aterrador. Jamás había soñado algo así. Reflexionaba sobre su pueblo, sobre la tensión que se vivía allí. Marcos era un joven comprometido, opinaba, alzaba la voz, denunciaba. Pero no todos compartían su visión. Pensó: “Tal vez alguien ha hablado mal de mí… por eso soñé algo tan horrible.”
Al amanecer, se levantó, se lavó la cara y fue a la cocina. Saludó a su madre, tomó café caliente acompañado de dobladas con frijol. Después se dirigió a la asamblea a la que las autoridades habían convocado. Allí estarían reunidos agentes y comités de los distintos parajes para organizarse y discutir lo que estaba ocurriendo.
El ambiente era tenso. Corrían rumores de que grupos externos intentaban desestabilizar la reunión. Mientras los líderes informaban sobre el mal manejo del erario público, las caras reflejaban preocupación e impotencia. Y entonces… todo se descontroló.
Los adversarios irrumpieron violentamente. Golpes, gritos, caos. La gente corrió buscando refugio; algunos fueron retenidos y agredidos. Marcos no entendía lo que estaba pasando, pero pronto llegó una noticia desgarradora: su casa había sido incendiada. Las llamas la consumían. Entre el horror, recibió un mensaje: su familia había logrado escapar, huyendo sin ropa, sin documentos, sin pertenencias.
Se inclinó, se sentó en el suelo. Las lágrimas cayeron silenciosamente mientras recordaba el sueño… aquel fuego que le había visitado en la noche. No lo había compartido con nadie. Y ahora, sentía que se había cumplido.
Al día siguiente, movido por la desesperación y la rabia, decidió no quedarse de brazos cruzados. Convocó a otros jóvenes que también habían sido afectados. Fueron a confrontar a quienes habían sido identificados como agresores… pero no contaban con que estaban armados.
En medio del caos, la balacera y el dolor, Marcos cayó al suelo. El mundo se volvió lento, borroso. Sus compañeros lo llevaron al hospital, y durante horas peleó entre la vida y la muerte. Pero contra todo pronóstico… despertó.
Cuando abrió los ojos, el techo no era el del hospital, ni el de su casa. Estaba en un lugar que no reconocía: paredes de adobe, murales pintados con figuras antiguas, y un grupo de personas que lo miraban con cuidado. Era una comunidad en las montañas, exiliada, donde otros jóvenes como él se refugiaban para continuar la lucha desde las sombras.
Le dijeron que lo habían rescatado. Que sabían quién era. Que sus ideas habían tocado más almas de las que imaginaba. Marcos, con la herida aún fresca, entendió que su misión no había terminado. Era hora de reconstruir, de sembrar desde otro terreno.
Pasaron semanas, y su voz volvió. No como antes. Ahora era más pausada, pero más profunda. Empezó a compartir lo que había vivido, y cada noche, antes de dormir, escribía cartas que eran enviadas a jóvenes de todo el país. Muchos decían que lo soñaban. Que sentían su voz en la madrugada diciendo: “No tengas miedo, lo que piensas vale.”
Marcos había muerto en el mundo que lo rechazó… pero renació en uno que lo necesitaba. Ya no era solo un joven que opinaba. Era el eco de una conciencia colectiva.
Autor: Luis K’ulub Hablante de la lengua tseltal del estado de Chiapas.
W aichajel
Ta jujun k’aal te Malkux ya yabey yipal ta at’el janix jich ta banti ay te sparajee jich k’oem te bit’il swe’el yilel. Yak’obey yot’an te yakul xlekub te slumale te bit’il ya xk’opoj ta jujuntik tsoblej. Jich te bit’il stik’osba-ae yu’un ya sk’an te yakuk xlekub te slumale.
Ochix a te ajk’ubal, jich yu’un te kereme la slap te slam sk’u ta swenta te ya xbat’ix ta wayel. Te kerem malkux, ay tebuk lujbel yaiy melel lom bayal ya smulan te at’el sok nix ta yilel te lekil kuxlejal ta banti ay te slumale.
Te kereme ay ta muk’ul pam lum, ik’ot ta spasel loil k’in sok te sjotake, melel te kereme ya smulan te k’ine jich yu’un maba la sbaj ta swenta te ik’ele, la schajban te beluk me ya slapbel yu’un leknax ya x-ilot aa-. Lekil sakil pak’ te la smulan jich te bit’il tul lisensiaro yilel te bajt’ ta banti te ik’bile.
Te k’alal bajt’ te kereme mayuk bin la stuunbel melel ya sna te ya x-ak’bot sweel ta banti ay te k’ine, sok nix te ay chajbanbil lekikal welil, sok te uch’bale, junax yot’anbel yu’un ayix bayal k’aal te mayuk banti baem ta k’in.
Ta banti yakal ta pasel te k’ine nojel nax ta pask’inetik bay te winiketik sok nix bayal ta jtul te antsetikuke, mayuk banti yiloj te nibet k’inal te kersanoetike, jich k’ot ta lek’el ta banti ay te skumparee. Bayat kumpare xi k’oel te kereme, julonix ta lok’el xi ta yalel.
Yan la yaiy te k’inale, ak’bot sik’ajk’ yu’un te bin la yile melel ay me te pas k’inetik te mach’atik ya x-ak’bot stseejik ja te winiketik te bontilabil sitik te slechikal nax te xanabike, janix jich ay me te mach’a ya yixan te k’ajk’e, in te kersanoetike xjajoniknax ta tsee mayuk banti jich k’oem ta pasel te bin yak ta pasele.
Te kereme yakal ta winal jich bajt’ sk’an te sweele, k’alal k’ot lok’el ta banti ay te snaile, yan xanix la yil a te welil te lamal ta banti mexa, jajch’ ta weel, leknax la snojestel lok’el te xch’ujte bajt’ yanwelta te banti ay te k’ine.
Jaukmeto ay te mach’atik yakubenikix yu’un te poxe, yakalik ta ajk’ot te chaoxtule, in te macha yakal ta yixtabinel te k’ajk’e janix jichuk tsakbilix yu’un te
poxe, jajch’ te yixanel te k’ajk’e, la smal te kasolina jich la stsak k’ajk’ te nae, ajk’nax joyotik yu’un te k’ajk’e lapalik jilek ta yolil, in te kereme ma sna’ bin ya spas.
Te kereme la slok’es te xch’ajantakin yu’un ya sk’an sk’opon te syamikotak, mayuk mach’a ya xjak’bot, jich jach’ik ta stubel te k’ajk’e sok chaoxtul te mach’atik sjoinesbaike, ay mach’a jajch’ ta tenel ochel ta banti ay te k’ajk’e, jujuteb mabal ya stsakot ta k’ajk’el. Ma la sta ta ilel te mach’a junuk a te yakal ta tenel yu’une.
Ta banti yan xchikin te nae ay mach’a tsakotix ta k’ajk’el, xlakaket nax ta aw, kotayawonik xixan ta yalel, mayuk mach’a x-aybot stojol te sk’ope jich laj ta k’ajk’el, in te keremuke yakal ta skoltayelsba yu’un te mach’a ya yich’ tenel ochel ta k’ajkuke, jauk meto ma xjuix yu’un ta skoltabeysba jajch’ ta k’ajk’el te sk’ue.
Te kereme yakal ta u’u’jnel ta banti swaib, yot’anuk nax te ayuk banti ya xwijk’ te site melel ya stsakotix ta k’ajk’, sts’otileynaxsba ta swaib te kerem yot’anuk nax te ayuk banti skoltaysba ta swenta te manchuk xlaj ta k’ajke.jich yu’un wijk’ xi k’axel te site, sajsonax jach’el ta banti wayal te kereme. Yakal nax ta samsam chik’ yu’un te xiwele.
Chaneb ora sok alil sakubel a te k’inale, jach’ ta ayej te yotane. Bin swentail te beluk la jwaichinej mayuk banti jich ya jwaichajonameto xi ta yalel stukel, bayal beluk tal ta sjol melel te kereme ya smulan te lekuk ay te kuxinel ta banti te slumale, jauk meto maba jich ya snopik ta spisil sok te slumale.
Ya smulan te ya yak’ ta nael stojol te beluk ya snope sok nix ya yal ta jamal te ay beluk ya sta ta ilel te ma bal lekuk ya spas te yaj túnele, janiwan ma lekuk ya yilonik yu’un te beluk jnope jixan ta yalel.
Sakub te k’inale, jajch’ spok te site, la yuch’ kapel sok la swe lok’el chapejch’uk’ waj jich bajt’ ta banti nix ik’bil yu’un te sjotake, ay te tsobajel ta banti slumal sok te tuneletik ta jujun pam lum ta yayel stojol te bin ut’il ya xchajbaj te k’opetike.
Mayuk mach’a sna’o teme ay banti ay chajb winiketik sok keremetik te yakalik nanix schajbanelsbaikae ta swenta yu’un ya yich’ik majel. Te k’alal yakalik ta xcholel
te ayejetike, ay te mach’a ya smel yot’an yu’un te bila yakal ta k’oel ta pasele jauk meto ochiktel te skontrojike.
Lok’ik ta anel. Ay mach’atik te tsakotik jilel jich jach’ ta chik’el te snaike te machatik ya smulan te xk’opojike, in te Malkuxe mayuk banti snopo teme yayich’ chik’el te snae melel mayuk banti yayoj majaw, mayuk banti yayoj utaw sok nix mayuk banti sleo smul ta stojol te slumale janax yu’un te ya yal ta nael stojol te bila ma lekuk yakalik ta spasel te at’el patanetike.
Yakaliknax ta aw sok ta majaw te konjtrailetike. Inte winiketike la sleik banti la snak’sbaik, ay mach’atik la yichi’k tsakel sok la yich’ik majel. Te Malkux ma xch’u-un te beluk yakal ta k’oel pasele. K’alal la yaiy stojol te yakal ta k’ajk’el te snae la skuy te le k’ajk’ik a te sme ́state, jauk meto lo’ik ta aneluk, mayuk binti la yich’ik lok’el, ni jauk sk’uspak’, ni jauk te junetik yu’une, mayuk bi la yich’ik lok’el.
Te malkuxe la stinansba jajch’ ta lok’el te yalel sit, kumts’ekoel la snajk’ansba jich la spon yu’un te bina la swaichine, janax yu’un te ma bal ya xcholbey yaiy te sme’state sok xan yakalix ta sakubel k’inalaa k’ot ta pasel te bina la swaichine.
Ta yan k’aalil te kerem Malkuxe la snop te ya na nix spasuk a te bin pasbote. La stsob te sjotakuke te mach’atik la yich’ik uts’ineluke. Jich bajt’ik ta kerajel sok ta mach’atik la snabeysbaikuke, manix saik a teme chapatiknax sok stujk’ik’e.
Ka’lal jajch’ix a te kerajele, ta st’omesel te tujk’e, te Malkuxe bot’k’ejbel, into bit’il ts’eel k’oel. Sutetnax k’inal la yaiy, ijk’maxantiknax la yil te k’ianle. Te sjotake la yik’ikbel ta snail poxil, k’ax bayal ora te ma’ sujt’ k’inal yaiy. Manix xna’baj-a te xkuxe. Jultel te xch’ulele.
La swik’ te site. La yil te mabal ay ta snail poxil, sok te ma’ ayuk ta snae. Ma sna te banti ay: ajch’al te spajk’ul nae, bontiklanbilnax, sok te tsojb wineketik te la sta ta ilel. ja jun parajeil te ay ta yutik ja’mal, ik’bilbel lea, sok ay xan yantik keremetik te stsojbojsbaik lea yu’un xchajbansbelsbaik ta ya’antayel te bit’i ya yu’tsbaik.
Albot te koltaybil yu’unike. Ya snabey sbaik. Te snopjibal yu’une ja tijbil yot’anik yu’unuk. Jich k’on ta yot’an te Malkux te ma bal lajem te yip ya’yeje. Jich jajch’ik ta snopel binix lek ya yutsbaik ta slekubtesel te slumalike.
Kax che-oxebuk semana jajch’ kaybetikxal te snopjibal yu’une. Mabal jichix te bit’il wojey-chajetele, binax yutsilix te yayeje. Jajch’ ta xcholel te beluk k’ot ta pasbeyele, la sts’ibuy junetik ta jujun ajk’ubal te k’alal ya xbajt’ix ta wayel-ae. K’alal ya stikun ta yantik lumetik ay ya sukbot te sts’ibe te manchuk ya xiw, melel lek te beluk ya snope.
Te yanax jnoptike, te Malkuxe lajem ya’el te banti ma ich’ot ta muk’ te sk’ope… janax yu’un cha’ kuxemtel yael yu’un te bayalix te keremetik te la snopbey te snopjibal yu’un te lekil kuxlejale.
Ts’ib: Luis K’ulub Te jk’op ja bats’il k’op yuún slumal Chiapas.
José Jesús Hernández Romero
Mi nombre es José Jesús Hernández Moreno, estudié en la Normal del Mexe, fue mi
salvación por la miseria en que vivíamos. Trabajé 32 años en la SEP y al jubilarme,
escribí pequeñas historias de mi vida y la de algunos vecinos, el libro se llamó 15 uñas
y otras historias.
LA MALDICIÓN (extracto)
José Jesús Hernández Romero
El semblante de la señora cambió, se puso pálida de coraje y me dijo –Entonces, si no quiere
hacerlo, tráigame el “trabajo”.
Entré a mis habitaciones, tomé el fetiche y salí a entregárselo, al recibirlo, me dijo con voz
amenazante –Está bien, maestro, usted no quiso hacer lo que le dije, pero le aseguro que
su esposa, nunca más regresará y es más, ella lo odiará toda su vida.
Subió a su camioneta y se fue, me introduje a mi casa cuando la perdí de vista, al entrar a
mi habitación di gracias a Dios por haberme librado de ese fetiche que comprometía mi vida
espiritual, por la tarde fui a la casa de la señora y me recibió con improperios que lastimaron
mi dignidad… meses más tarde fui bautizado de acuerdo con el mandato de Dios por el
pastor Francisco Zamora.
RA NT’ENTS’I (extracto)
Ra hmi ra b’ehña bi mpadi, bi hati ga cue ne bi ñengui: Nubu, ingui ne gui ot’e, ba haua ra
“befi”.
Da cut’a mbo ma ngu, da ju ra “tsobefi ne da poni da umbi” nga hñani, bi xiqui co noya
embate –Xa hño xahnate, nu’i inga ne ga ot’e nu’a da xi’i, pe xi di xi’i gue ri b’ehña, inñamu
da pengui, ra n’a nuni ma da utsa’i gatho ri te.
Bi bots’e ha ra ts’antzaboja ne bi ma, da cut’a mbo ma ngu, nga bedi ma da, nda cut’a mbo
ma aha da umba njamadi Ajua xqui hyegagui de nu’a ra “tsobefi” gue xqui datqui ma
tendahi, mi nde da ma ha ra ngu ra b’ehña ne bi zingui co ya tsonoya ne ya noya bi unga ma
mfeni… zana ma tsu nde da nxits’i ngu manga ra noya aAjua po ra ma’yo Pancho Zamora.
José Isoteco Palemón
José Isoteco Palemón es originario de la comunidad nahua de Acatlán, municipio de Chilapa de Álvarez, Guerrero. Ha hecho una trayectoria profesional como Biólogo egresado de la UNAM. Se desempeña como docente de nivel bachillerato en Guerrero. Escribe narrativa en su lengua originaria. Es Promotor de la lengua náhuatl. Autor del libro: Tlahtoltlahsomahle “Telar de voces”. Su interés es el rescate del paisaje rural y la lengua náhuatl.
Ixpolihuiliztli
José Isoteco Palemón
Ce cecec hueyicualcantipan. Ipan ce tepatlachtli, nican nehuatoc, netzelcahqui, ninoyolmatocauh, mazque yehuameh quintentilanah tlacatlahchihtli. Nican niiztoc ahmo netzitta, ahmo neznotza. Ichtacatlahtolli melahuac netzyolcocohua. Ipan notzontecon ehcoh miac ixtlacopinaltin pampa tentoc icah tlalnextli niman xihtin. Ninoyolitta niman nihxacualehui miyecpah. Ninen ipan miac camactin, aman nehhua nichanti zah inihtic inyollo, ce ilnamicquiliztli.
Ninocotehua, pehua nizatze, ¡xinetzmapalehuican! occeppa, nihtemoa pampa matlahtocan icah nehua. Ninoicxitechacuania quemmah nonhuetze.
Zah icah nocheh nihcholotiuh pampa nahciz teopan. Noicxitezazayanqui ihuan nonetzcoyohuan chicuitoltiqueh, melahuac huiyone ipan nocayotlalhuatl, mazque zan quechtzin cualli naziz; netztentilana pampa noconcaquiz itlahtol on chopixqui.
Ce mapichcenpoalxochitl, netzetilia. Ipan chicoeyi tonalli nochipa niyauh neh teopan, mazque huan panoc ahmo niyauh niman ihcon melahuac netlamauhcamicti. Tlahcon cuac otlan on teoyotlahtolli, xopichqui ihuan occiquimi, netztlapalocoh:
―¡ Ninoyolcocouh! mazque nictiltaniz in coztic xochimeh ― ¡Ihcon, nihuahtecahcayauh!.
Niquinpanolti ihtic nochanzozoltictzin niman zanimantzin on xochipizqui netztlahtolti:
― ¿ Quen tiiztoc?
― Ipan in nohxi melahuac tihuahtococoa ― Ihcon nicualilli.
Ahmo nicnemilli ichah xinetzcaquia, nitlahuelchocah, nicyecouh netzahtzic, mazque ahmo netzcauh, xoninocauh niman nicualli:
― Niquintiquiz xochimeh cuac ehcoz chicueyi. Xintoyah pampa noicxihuan, yehua netzalittac ipan notlapech niman netzatlahtolti:
― Canon tiquixtia on choximeh? tiquitta icah miac titoocah.
― Yonetzxochitlamanilicouh. Ompa melahuac zaicah ninozeuiz ―Ihcon nicualli niman niixtololohuan notzatzaqueh.
Yehua melahuac opac, niman cahcoh ce imah niman netzteochiiuh, pampa quicto icah aman quemah nitlaltpachiuz.
Ehecatzintli melahuac nahuiltiaya niman noyoltzin cholohuaya achihtzin yolic.
Postrimería
Un amanecer seboso y frio. Sobre una roca, aquí estoy descansando, me han dejado, trato de entender, pero ellos solo persiguen la vanguardia, estoy aquí y nadie voltea, ni me habla. La ausencia de las voces me pone melancólica. En mi rudimentaria cabeza se acercan unas imágenes cubiertas de polvo y rodeada por las hierbas. Me observo y me transfiguro en diminutas rompecabezas. Estuve en muchas bocas, ahora solo soy recuerdo.
Me levanto, grito, ¡auxilio! Prosigo, busco que hablen de mí. Tropiezo y caigo.
No me queda más que reanudar mi caminar rumbo al oficio dominical. Los pies rajados y piernas arqueadas, campanean mi cuerpo flácido, pero los pasos holgazanes sin cesar avanzan poco a poco; me guían a la celebración de la santa misa.
Un manojo de cempasúchil, pesa apurarme. Cada domingo guardo a la iglesia, sin embargo, el pasado no asistí y eso levantó algunas sospechas. Al término de los alegres cantos de aleluya, el sacerdote acompañado de algunos vecinos, me visitaron:
― ¡Fui atacada por unas punzadas en el corazón! pero mandaré las flores amarillentas para el santo patrón ―¡pretexté, un dolor de corazón!.
Pasaron a la pequeña choza y pronto el sacerdote preguntó:
― ¿Cómo te encuentras?
― A mi edad cualquier achaque se acepta― parafraseé diciéndole, sin imaginar que no me escuchaba.
Sentí impotencia, traté de gritar, pero ese intento fue fallido, no me rendí y dije:
―Llevaré las flores cada domingo.
Las tenía bajo mis pies, él regresó su vista a mi bulto postrado en esa cama y volvió a interrogar: ¿dónde sacas tantas flores? al parecer siembras bastante.
―Me las han traído para cumplir con mi encomienda. Será la última de mi morada, padrecito –confirmé mirándolo con mis ojos cansados y desvanecidos.
Él feliz, lanzó una cruz al aire, en señal que me había ido, murmurando, al fin ha desaparecido. La brisa del amanecer seguía jugueteando y el alma caminaba despacio hacia el altar.