Comidas rituales en el mundo nahua III

El amaranto en la comida ritual nahua

En el pensamiento de los pueblos precolombinos mesoamericanos, los mantenimientos eran dones otorgados por las divinidades.  Fueron los dioses quienes dispusieron sobre la tierra los elementos que nutrirían a la humanidad. Por tal motivo, en época prehispánica se buscaba complacer a las deidades a través de rituales y ceremonias que propiciaran la correcta continuidad del ciclo agrícola. Así, de manera empírica, se aseguraba el éxito de las cosechas.

En el libro Los Coloquios de los doce, que relata como los sabios nahuas defendieron sus creencias religiosas frente a las impugnaciones de los doce primeros frailes enviados para evangelizarlos, encontramos  un párrafo que ilustra con claridad la relación de los dioses con la disponibilidad de alimentos para los hombres:

Era doctrina de nuestros mayores

que son los dioses por quien se vive,

ellos nos merecieron, (con su sacrificio nos dieron vida).

¿En qué forma, cuándo, dónde?

Cuando  aún era de noche.

Era su doctrina

que ellos nos dan nuestro sustento,

todo cuanto se bebe y se come,

lo que conserva la vida, el maíz, el frijol,

los bledos, la chía.

Ellos son a quienes pedimos agua, lluvia,

por las que se producen las cosas en la tierra.[i]

En la Leyenda de los soles se relata que después de crear al hombre y de haberlo robustecido con el maíz traído del  Tonacatepetl por Quetzalcóatl, los dioses preguntaron qué harían con este cerro cuyo interior contenía todos los sustentos de los hombres, entonces:

Fué solo Quetzalcóhuatl, lo ató con cordeles y lo quiso llevar a cuestas, pero no lo alzó. A continuación Oxomoco echó suertes con maíz; también agoró Cipactónal, la mujer de Oxomoco. Porque Cipactónal es mujer. Luego dijeron Oxomoco y Cipactónal que solamente Nanáhuatl (el buboso) desgranaría a palos el Tonacatépetl, porque lo había adivinado. Se apercibió a los tlaloque (dioses de la lluvia),  los tlaloque azules, los tlaloque blancos, los tlaloque amarillos y los tlaloque rojos; y Nanáhuatl desgranó el maíz a palos. Luego es arrebatado por los tlaloque el alimento: el blanco, el negro, el amarillo, el maíz colorado, el frijol, los bledos, la chía, el michihuauhtli (especie de bledos); todo el alimento fue arrebatado.[ii]

 En ambos relatos podemos notar que entre los mantenimientos primordiales del hombre se consideraba  el maíz, el frijol, la chía  y los bledos. Éstos, junto con la calabaza y el chile, formaban parte de la dieta básica de los pueblos prehispánicos del altiplano central en tiempos cercanos a la llegada de los españoles.

En las fuentes etnohistóricas escritas en español el término bledo es usado como traducción de la palabra náhuatl huauhtli.[iii]

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Láminas 99 y 100 del Códice Florentino. Se observa la cosecha del huauhtli.

De acuerdo con algunos investigadores este vocablo se utilizaba para designar un amplio número de plantas con rasgos similares que en su mayoría pertenecen al género Amaranthus.[iv] Dependiendo de las características de cada planta, a esta raíz náhuatl se agregaban partículas que resaltaban su uso, forma, color, edad e incluso su  parecido con algún objeto, animal u otra planta.[v] Por tal motivo en las fuentes encontramos varios tipos de huauhtli o amaranto como comúnmente lo nombramos hoy en día.[vi]

Uno de los registros más tempranos del consumo de amaranto en México proviene de la cueva Coxcatlan, ubicada en el Valle de Tehuacán. En esta se encontraron restos de amaranto tentativamente identificados como Amaranthus cruentus en un estrato arqueológico que data de aproximadamente 4000 años antes de Cristo.[vii]

La continuidad en el consumo del amaranto a lo largo del tiempo evidencia su trascendencia en la dieta de los antiguos pueblos mesoaméricanos, lo cual resulta lógico ya que contiene propiedades alimenticias excepcionales. Tanto las hojas como la semillas son comestibles, permitiendo así el aprovechamiento casi total de la planta en los diferentes estados de maduración de la misma.

El grano tiene un importante contenido de lisina, proteínas, vitaminas, ácidos grasos y aminoácidos que contribuyen a una buena nutrición.[viii]  Por otro lado, las hojas de amaranto contienen una cantidad de vitaminas y minerales que le dan ventajas nutricionales sobre algunas hortalizas, ya que presentan más calcio, fósforo y hierro que las espinacas o las acelgas.[ix]

En el capítulo séptimo del onceavo libro de la Historia General de las Cosas de la Nueva España, fray Bernardino de Sahagún señala que los mexicas consumían las hojas del amaranto, las cuales recibían el nombre náhuatl de uauhquilitl:

Una de las yervas que se comen cozidas se llama uauhquiílitl, que son bledos. Es muy verde. Tiene las ramas delgadillas y altillas. Tiene las hojas anchuelas. Los tallos de esta yerva se llaman uauhtli. Esta yerva cuécese para comer, sabe a ceniços. Esprímese el agua en que se cuece para comerse, y sal. Házese tamales de esta yerva, los cuales se llaman quiltamalli. Házense tortillas, el maíz mullido y hojas de esta yerva; llámanlas quillaxcalli. Esta es una yerva muy común y es como ceniços de Castilla. Cómenla mucho.[x]

Existían otros alimentos hechos con el huauhtli, la semilla del amaranto. Los uauhquiltamalli  eran tamales hechos de bledos[xi] que también recibían el nombre de chalchiuhtlamalli.[xii]

El tzoalli era una masa hecha de amaranto, maíz y miel. Al respecto de ésta, fray Diego Durán menciona que: “tzoalli son un pan que hacen estos naturales de semilla de bledos y maíz, amasado con miel negra, que hoy en día se come por golosina y cosa preciada entre ellos.”[xiii]

También se hacían atole de la harina de la semilla de una de las variedades de huauhtli llamada michiuauhtli, el cual era usado como parte del tratamiento medicinal contra la enfermedad de las bubas.[xiv]

Es claro que las características nutritivas del amaranto lo situaron entre los alimentos más importantes para los pueblos prehispánicos. Sin embargo, el huauhtli también era apreciado por su valor simbólico, así como por su amplio uso en diversas ceremonias y rituales.

Por ejemplo los uauhquiltamalli o chalchiuhtamalli eran comidos en la fiesta que llamaban uauhquiltamalcualiztli que se celebraba a los diez días del décimo octavo mes, Izcalli. Esta celebración se llevaba a cabo en honor al dios del fuego Xiuhtecutli. Los tamales eran hechos por las mujeres durante la noche y al amanecer eran ofrecidos a la estatua del dios. En todas las casas se hacían estos tamales y los convidaban unos a otros para mostrar su diligencia y urbanidad. Se comían muy calientes, acompañados de camarones acocilti preparados en un caldo llamado chamulmulli, también muy caliente.  Todos comían en sus casas tras el fuego. Las hojas de maíz de los tamales no se tiraban a las llamas sino que se juntaban para echarlas en el agua.[xv]

En cuanto al tzoalli sabemos que se usaba en varias ceremonias  dedicadas a diferentes deidades, al respecto Durán dice que el tzoalli:

Era antiguamente tenida en gran reverencia y era materia con que se fabricaban los dioses, y después, en habiéndolos adorado, y sacrificado ante ellos, y hécholes las ceremonias ordinarias los repartían entre sí a pedazos, y lo recibián en nombre de carne del dios y comulgaban con ello, todas las veces que se lavaban primero por mandato de los sacerdotes.

Y esto de lavarse era muy ordinario el mandarlo los sacerdotes, porque si alguna persona iba a dar cuenta a los sacerdotes de alguna enfermedad suya, o de su hijo, o marido, la receta que le daba era que moliese de aquella semilla y la juntase con el maíz y la amasase con la miel, y que primero se lavase y purificase de sus culpas y que luego fuese y comiese de aquello.[xvi]

Hoy en día subsiste el uso ritual del huautli muy semejante al que se describe en las fuentes históricas del siglo XVI. En la comunidad náhuatl de Temalcatzingo,  Guerrero durante la  Fiesta del Copal, orientada a la petición de lluvias, los niños elaboran figurillas de amaranto que comen al final de la ceremonia. Estas figurillas son muy parecidas a las que Durán describe que eran hechas con masa de tzoalli en la fiesta de Tepeilhuitl, para honrar a los cerros.[xvii]

En las calles de nuestro país es común encontrar a la venta diferentes tipos de alegrías, barras hechas con semillas de amaranto tostadas, mezcladas con piloncillo o miel y envueltas en papel celofán. En algunas ocasiones pueden contener cacahuates, nueces, quizá dos o tres pasas. Durante octubre y noviembre se producen calaveras de amaranto para las ofrendas de Día de Muertos que se pueden conseguir incluso en los supermercados.

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                              Calaverita y alegría de amaranto. Fotografá: Ivan Peñalosa

Últimamente se ha optado por sustituir la miel o el piloncillo por chocolate, y las alegrías pueden encontrarse en diferentes sabores, tamaños colores y formas. Sin embargo, la alegría tradicional, hecha con miel es lo más parecido al tzoalli prehispánico.

Sin duda gran parte de la comida mexicana proviene de una larga tradición que en muchos casos ha permanecido casi imperturbable a lo largo del tiempo. ¿Quién no ha disfrutado de un delicioso atole de huauhtli o de unos sabrosos tamales de amaranto? Y si no lo han hecho, ¿qué esperan para buscar un lugar donde aún se preparen? Mantengamos vivas las deliciosas tradiciones culinarias de nuestro México.

Iris del Rocío Hernández Bautista

Seminario permanente Crónicas y fuentes de origen indígena del S-XVI novohispano.

 

[i] “Los coloquios de los doce”, en Miguel León Portilla (trad.) La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, con un nuevo apendice, México, UNAM, 1997, p. 131.

[ii] “La leyenda de los soles”, en Primo Feliciano Velázquez (trad.) Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los Soles, México, UNAM, IIH, 1995, p. 121.

[iii] En algunos escritos está palabra puede encontrarse escrita de diferente manera. A veces aparece como oauhtli o uauhtli.

[iv] Salvador Reyes Esquias, “El huauhtli en la cultura náhuatl”, Tesis de maestría en estudios mesoamericanos, México, UNAM- FFL,2005,p.32.

[v] Ana María Velasco, “ Los cuerpos divinos: La utilización del amaranto en el ritual mexica”, en Yolotl González Torres (coord.)  Animales y plantas en la cosmovisión mesoamericana, México, CONACULTA-INAH,2001,p. 40. En este sentido Salvador Reyes Esquías menciona que la raíz huauhtli también estuvo subordinada a otros genéricos para formar nombres tanto de plantas como de otros organismos.

[vi] En este breve texto no entraremos en los extensos detalles sobre los diferentes tipos de huahtli que los nahuas clasificaban. Nos enfocaremos a hablar del huauhtli cuya semilla era usada para realizar, tamales, tortillas y la masa de tzoalli empleada para formar el cuerpo de los dioses en algunas ceremonias.

[vii] Jonathan D. Sauer “Identity of Archaeologic Grain Amaranths from the Valley of Tehuacan, Puebla, Mexico” en American Antiquity American Antiquity, Vol. 34, No. 1 (Jan., 1969), pp. 80-81.

[viii] Ricardo Bressani “Amaranto: composición química y valor nutritivo del grano” en  Francois Boucher y José Muchnik (eds.) Agroindustria rural: recursos técnicos y alimentación, Costa Rica, IICA-CID-CIRAD,1995, 83-114p.

[ix] Ma. Teresa Ando Hernández  “El Amaranto” en INIREB Informa, México, Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos (INIREB),1983, comunicado no. 58 sobre recursos bióticos potenciales en el país, p. 2.

[x] Fray Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, vol. II, Juan Carlos Temprano (ed.),España, Promo Libro,2003 (col. Crónicas de América), p. 980.

[xi] Ibid., I, 137.

[xii] Ibid, 280.

[xiii] Fray Diego Durán, Historia de las indias de la Nueva España e islas de la tierra firme, vol. I, Ángel Ma. Garibay K. (ed), México, Porrua,1967, p. 156.

[xiv] Sahagún, op. cit., II,p. 838.

[xv] Ibid., I,p137, 238.

[xvi] Durán, op. cit.,I,p. 156.

[xvii] Aurora Montufar López, comunicación personal, noviembre 2015.

Obras consultadas 

“La leyenda de los soles”, en Primo Feliciano Velázquez (trad.) Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los Soles, México, UNAM, IIH, 1995.

“Los coloquios de los doce”, en Miguel León Portilla (trad.) La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, con un nuevo apendice, México, UNAM, 1997.

Ando Hernández, Ma. Teresa,  “El Amaranto” en INIREB Informa, México, Instituto Nacional de Investigaciones sobre Recursos Bióticos (INIREB),1983, comunicado no. 58 sobre recursos bióticos potenciales en el país.

Bressani, Ricardo, “Amaranto: composición química y valor nutritivo del grano” en  Francois Boucher y José Muchnik (eds.) Agroindustria rural: recursos técnicos y alimentación, Costa Rica, IICA-CID-CIRAD,1995.

D. Sauer, Jonathan, “Identity of Archaeologic Grain Amaranths from the Valley of Tehuacan, Puebla, Mexico” en American Antiquity, vol. 34, núm. 1 (Jan., 1969).

Durán, Fray Diego de, Historia de las indias de la Nueva España e islas de la tierra firme, vol. I, Ángel Ma. Garibay K. (ed), México, Porrua, 1967.

Reyes Esquias, Salvador, El huauhtli en la cultura náhuatl, tesis de maestría en estudios mesoamericanos, México, UNAM-FFL, 2005.

Sahagún, Fray Bernardino de, Historia general de las cosas de la Nueva España, vol. II, Juan Carlos Temprano (ed.), España, Promo Libro(col. Crónicas de América),2003.

Velasco, Ana María, “Los cuerpos divinos: La utilización del amaranto en el ritual mexica” en Yolotl González Torres (coord.)  Animales y plantas en la cosmovisión mesoamericana, México, CONACULTA-INAH,2001.

 

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