Comidas rituales en el mundo nahua I

Un acercamiento histórico a los manjares rituales

La gastronomía es uno de los elementos más importantes dentro de cualquier cultura del mundo, pues a través de los diversos ingredientes usados en la creación de los alimentos, el hombre ha expresado la diversidad y riqueza culinaria propias de una época. Además, existe todo un imaginario cultural en torno a la comida por sus usos y costumbres, mismos que la sociedad ha creado y por los que está determinada, por ejemplo: si es pertinente o no comer algunos animales y plantas que pueden considerarse prohibidos culturalmente; si los alimentos proveen de alguna esencia mágica beneficiosa o maléfica para el ser humano; o bien, que la comida por su elaboración e ingredientes, pueda ser considerada como elemento suntuoso, propio de la élite, etc.

  Durante la época prehispánica la cultura nahua construyó una gran variedad de conceptos rituales, mágicos y religiosos alrededor de la comida, pues no sólo era para calmar la necesidad natural de las personas, sino que la fuerza del alimento satisfacía a los seres humanos y también a los dioses: “los actos humanos, naturalmente […] los que no dependen del puro automatismo; su significación, su valor, no están vinculados a su magnitud física bruta, sino a la calidad que les da el ser reproducción de un acto primordial, repetición de un ejemplar mítico”[1]; de esta manera, a través de los alimentos, se crea una comunión entre las diversas esencias divinas y el sentido de existencia de estos pueblos.

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Fig. 1. Danza en la que se ofrece comida a una divinidad. Códice Borbonico, fol. 31

En la mitología de las culturas nahuas aparecen relatos que justifican la obtención de los alimentos, uno de ellos menciona que se encontraban guardados en un cerro llamado Tonacatepetl, en donde Quetzalcoatl al buscar con que alimentar a los primeros humanos se encontró con una hormiga que cargaba un grano de maíz, así que el dios creador para conseguir el alimento se transformó en hormiga y entró al cerro, pero cuando intentó cargar sobre su espalda al cerro, pesaba demasiado y no consiguió la preciosa recompensa, por lo que decide pedir ayuda a Oxomoco y Cipactonal, dos dioses antiguos que conocían las artes adivinatorias,  quienes deciden ayudar a Quetzalcoatl:

Después dijeron: “¿Qué haremos del Tonacatépetl?”. Fue solo Quetzalcóhuatl, lo ató con cordeles y lo quiso llevar a cuestas, pero no lo alzó. A continuación, Oxomoco echó suertes con maíz; agoró Cipactónal, la mujer de Oxomoco. […] Luego dijeron Oxomoco y Cipactónal que solamente Nanáhuatl (el buboso) desgranaría a palos el Tonacatépetl, porque lo habían adivinado. Se apercibió a los tlaloque (dioses de la lluvia), los tlaloque azules, los tlaloque blancos, los tlaloque amarillos y los tlaloque rojos; y Nanáhuatl desgranó el maíz a palos. Luego es arrebatado por los tlaloque el alimento: el blanco, el negro, el amarillo, el maíz colorado, el frijol, los bledos, la chía, […] todo el alimento fue arrebatado.[2]

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Fig. 2 Quetzalcoatl, Códice borbónico, fol. 20.

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Fig.3 Cipactonal y Oxomoco, Códice borbónico, fol. 19.

Como puede apreciarse al final del relato, los granos son tomados por los ministros de Tlaloc, así el favor de los alimentos estaba condicionado por el capricho divino, ya que los dioses se encargarían de repartir los mantenimientos. También observamos la estrecha relación entre la lluvia y las cosechas, misma para la que los pueblos nahuas necesitaron de una pléyade de dioses que se encargaban (dentro de su pensamiento mágico) de ayudar a la crecida de las cosechas y la posterior preparación de alimentos.

A su vez, la tierra, representada en ocasiones con la efigie de Tlaltecuhtli, no sólo era el medio en el que las simientes y verduras crecían, o donde habitaban los animales de consumo, sino que ella misma exigía tributo y grandes ofrendas para  dar sus frutos a los pueblos: “esta diosa lloraba algunas veces por la noche, deseando comer corazones de hombres, y no se quería callar, en tanto que no se los daban, ni quería dar fruto, sino era regada con sangre de hombres”.[3]

Algunos dioses que actuaban en estos rubros son los siguientes:

  1. Tlaltecuhtli: Diosa/dios de la tierra, quien proveía todos los alimentos agrícolas.
  2. Tlaloc: Dios de la lluvia.
  3. Ehecatl-Quetzalcoatl: Dios del viento, que según la creencia, barría los campos antes de que inicie la lluvia.
  4. Tlaloques: Dioses ayudantes de Tlaloc, que repartían las esencias de las semillas y se encargaban de romper las ollas que contenían las lluvias.
  5. Huixtocihuatl: Diosa de la sal.
  6. Xilonen: Diosa que representaba al maíz tierno, los jilotes.
  7. Chicomecoatl: Diosa que representaba al maíz maduro y listo para el consumo.
  8. Cihuacoatl-Quilaztli: Diosa de la tierra que fomentaba el crecimiento de las cosechas.
  9. Xiuhtecuhtli-Huehueteotl: Dios del fuego.
  10. Chantico: Diosa del fogón donde se preparaban las comidas.

Al observar estas potencialidades divinas, no es de sorprenderse que la rica gastronomía nahua fuera parte de la liturgia, ya que las deidades no sólo eran hematófagas, sino que posiblemente eran deleitados con los deliciosos alimentos preparados por los seres que crearon. De este modo se daba una unión entre creadores y creados; la degustación de los manjares significaba para los seres humanos la fuerza y la nutrición, y para los dioses el retorno y absorción de las esencias dadas al mundo.

El maíz, la base

El maíz tradicionalmente se ha considerado la base de la alimentación de los pueblos nahuas. Si analizamos, aunque de manera escueta, su preparación para que se transforme en las delicias que se disponían durante la comida o la ofrenda, es menester iniciar con el proceso de limpia y ablandamiento del grano: el nixtamal. Primero se desgranaba la mazorca, y una vez conseguido el grano se hervía con cal para que al enfriarse fuera molido en el metate hasta conseguir una masa fina, con la que serían preparados los alimentos.

Aunque se ha puesto de ejemplo al maíz, por su gran importancia en la cocina prehispánica,  es conveniente recordar que no era la única semilla utilizada para la elaboración de los alimentos, por ejemplo el frijol, también formaba parte de la alimentación común, se cocían y también se hacían en pasta, que serviría de relleno para tamales o servida para ser degustada con las tortillas.

El padre fray Bernardino de Sahagún en su obra de los Primeros memoriales,  proporciona el siguiente listado con diversos alimentos y bebidas que eran consumidos:

Grandes tortillas dobladas con salsa de chile picante.

Tortillas dobladas con salsa de tomate silvestre.

Tamales con una concha representada en ellos, con una salsa de chiles pequeños, y semillas molidas de calabaza.

Tortillas rotas con una salsa de pavo hembra y chiles amarillos.

Tortillas obscuras con chiles verdes picantes rebanados.

Tamales de carne [y] grandes tortillas gruesas con una salsa de semillas de calabaza.

Tamales de fruta con guisado de pavo hembra.

Tortillas de yuca cubiertas con una salsa de chile y rabadilla de pavo; pescado blanco enchilado amarillo; pequeño pez de agua dulce enchilado rojos picante; ranas enchiladas verdes picantes; renacuajos enchilados rojos picantes; “perico de agua” inmerso en salmuera.

Bebemos chocolate con flores molidas.

Bebemos chocolate con miel silvestre.

Bebemos chocolate con especias de mazorca grande.

Bebemos chocolate sin nada más batido en él.

Bebemos chocolate con hule [líquido].

Bebemos chocolate con vainilla.

Bebemos imitación de chocolate.

Chocolate con octli.

Octli; vino.

Chocolate con chiles.

Chocolate con vainilla.

Chocolate con flores de magnolia. [4]

 

Comidas de la fiesta Huey Tecuilhuitl

Durante las fiestas que se celebraban en honor de los dioses, es posible hallar gran participación de la comida, pues forma parte del parte del eje litúrgico para conmemorar un evento. Bajo este contexto, el consumo de ciertos alimentos se permite durante la celebración, aunque, también durante las veintenas se realizaban penitencias relacionadas con la comida, pues se ayunaba o se abstenían de algunos guisos.

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Fig. 4. Fiesta huey tecuilhuitl, Primeros memoriales, fol. 251r.

Sobre la celebración de la fiesta llamada huey tecuilhuitl, Sahagún menciona lo siguiente:

              Huey Tecuilhuitl, “La Gran Fiesta de los Señores” era cuando [la personificadora de la diosa] llamada Xilonen moría, y ella moría en Huitznahuac. También era cuando las mujeres cantaban por veinte días. Y en segundo lugar, [la personificadora de] Cihuacoatl también moría. También se le llamaba “El Comer Tortillas de Maíz Fresco” en el momento del sacrificio en Huey Tecuilhuitl.[5]

Es digno de resaltar que esta fiesta era consagrada a las diosas Xilonen, como representante del maíz tierno, y Cihuacoatl-Quilaztli, quien representaba el crecimiento de las cosechas, a su vez, la participación de las mujeres nahuas era de suma importancia ya que bailaban, cantaban y vestían sus mejores galas para el agrado de las divinidades.

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Fig. 5. Xilonen, Primeros memoriales, fol. 263v.

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  Fig. 6. Cihuacoatl-Quilaztli, Primeros memoriales, fol. 264r.

Para iniciar esta fiesta, los nobles ofrecían muchos alimentos para regocijar a los macehuales, ya que, como mencionan las fuentes, durante esta veintena había gran hambre, así que se preparaban grandes cantidades de chianpinolli (mezcla de agua con harina de chía), dándole a cada persona todo lo que podría beber en una sola exhibición, y en caso que alguien se formara por segunda vez lo castigaban a varazos con una caña verde. Una vez que la gente recibía y reposaba la bebida, se preparaban grandes filas para iniciar la repartición de distintos tamales, como los siguientes:

Tenextamalli- tamal de cal, xocotamalli- tamal de fruta ó rosado, miquatamali-tamal de espiga, yacacoltamalli- tamal fino, necutamalli- tamal de miel yacacallaoyo- pastel de maíz fino, exococollotlaoyo- empanada de frijol fino (actualmente este último lo conocemos como tlacoyo).[6]

Estos alimentos eran servidos en primer lugar a los niños y niñas, así como a familiares y amigos, para después servir a las demás personas: “Ocho días duraba este convite que hacía el señor a los pobres, porque cada año en este tiempo hay falta de mantenimientos y hay fatiga de hambre, en este tiempo solían morir muchos de hambre”.[7]


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Fig. 7. Degustación de los alimentos al final de la fiesta. Códice florentino, tomo I, libro segundo, fol. 52.

Conclusiones

Sirva esta pequeña introducción para manifestar la importancia de la comida en la liturgia nahua, así como dar a conocer algunos de los guisos preparados y ofrendados durante diversos períodos del calendario. La intención de esta primera entrada en la serie sobre la comida ritual, es la de abrir el apetito del amable lector por el conocimiento de cultura nahua a través de su gastronomía, misma que quedó registrada en las fuentes de origen indígena del siglo XVI, donde podemos ver diversos ejemplos de la gran variedad de comidas que eran saboreadas. Esperamos que las próximas entradas sobre esta temática sirvan como un banquete, que ofrece un panorama colorido en torno a diversos aspectos de la cocina prehispánica, con la esperanza de que el hambre del saber quede satisfecha, mas nunca saciada. No queda más que decir…

¡Buen provecho!

Alejandro Carrera Cano

Seminario permanente Crónicas y fuentes de origen indígena del S-XVI novohispano.

 

[1] Mircea Eliade, “El mito del eterno retorno”, Madrid, Alianza Editorial, 2004, p. 15.

[2] Códice Chimalpopoca, Anales de Cuauhtitlan y la Leyenda de los soles, traducción de Primo Feliciano Vázquez, México, , UNAM, 1945, p. 121.

[3]Histoire du Mechique” en Ángel María Garibay K., Teogonía e Historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo XVI, México, Porrúa, 1973, p. 105.

[4] Fray Bernardino de Sahagún, Primeros memoriales, paleografía del texto náhuatl y traducción al inglés de T.D. Sullivan, completada y revisada con adiciones de H. B. Nicholson, A. J. O. Anderson, C. E. Dibble, E. Quiñones Keber y W. Ruwet, Norman, Oklahoma, University of Oklahoma Press, 1997, p. 201-202. Traducción del inglés al español por parte del Seminario permanente Crónicas y fuentes de origen indígena del siglo XVI novohispano.

[5] Ibid., p. 60.

[6] Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las Cosas de Nueva España, México, Porrúa (col. “Sepan cuantos…”, 300),  2006, p. 118.

[7] Ibid., p. 119.

 

Obras consultadas

Broda, Johanna, “Metodología en el estudio de culto y sociedad mexica” en Anales de Antropología, México, UNAM-IIA, vol. XIX, tomo II, 1982.

Códice Borbónico: Manuscrito mexicano de la Biblioteca del Palais Bourbon: libro adivinatorio y ritual ilustrado publicado en facsímil, México, Siglo XXI, 1979.

Códice Chimalpopoca, Anales de Cuauhtitlan y la Leyenda de los soles, traducción de Primo Feliciano Velázquez, México, UNAM, 1945.

Durán, fray Diego, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme,  2 vols., México, CONACULTA, 2002.

Eliade, Mircea, El mito del eterno retorno, Madrid, Alianza Editorial, 2004.

Graulich, Michael, Fiestas de los pueblos indígenas. Ritos aztecas. Las fiestas de las veintenas, México, INI, 1994.

Graulich, Michael, Mitos y rituales del México Antiguo, Madrid, Colegio Universitario Ediciones Istmo, 1990.

Sahagún, fray Bernardino de, Historia General de las Cosas de Nueva España, México, Porrúa (col. “Sepan cuantos…”, 300), 2006.

Sahagún, fray Bernardino de, Primeros memoriales, paleografía del texto náhuatl y traducción al inglés de T.D. Sullivan, completada y revisada con adiciones de H. B. Nicholson, A. J. O. Anderson, C. E. Dibble, E. Quiñones Keber y W. Ruwet, Norman, Oklahoma, University of Oklahoma Press,1997. Traducción del inglés al español por parte del Seminario permanente Crónicas y fuentes de origen indígena del siglo XVI novohispano.

Garibay Kintana, Ángel María, Teogonía e Historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo XVI, México, Porrúa, 1973.

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