Cine Adictos

POR LUIS ARTURO BÁRCENAS PÉREZ *

A la sombra de la industria cinematográfica de Hollywood y de Europa, subsisten producciones fílmicas de gran calidad que, a menudo, no están tan presentes en la memoria de los espectadores, en gran medida porque existe poca difusión sobre ellas, tal es el caso de Canadá, país cuya filmografía ha ido de menos a más en años recientes.

El origen de la cinematografía canadiense se remonta al estreno de la gran película muda Evangeline (Edward P. Sullivan y William Cavanaugh, 1914) basada en el poema épico de Henry Wadsworth Longfellow, del mismo nombre.

Luego de este éxito, el cine de ficción estuvo marginado durante más de cuatro décadas y quienes se interesaron en filmar no tuvieron más opción que desarrollarse en documentales. En este rubro cobró especial importancia John Grierson, el llamado padre de la escuela documental inglesa, quien en 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, llegó a Canadá y encabezó la National Film Board (NFB), para revolucionar la cinematografía documental canadiense.

Con Grierson frente a la NFB se estrenaron producciones propagandísticas como Canada Carries On (Stuart Legg, Jane Marsh Beveridge, Tom Daly y otros. 1944-1949) y The World in Action, programa que incluyó una amplia lista de títulos, entre ellos: Our Northern Neighbour (Tom Daly, 1944), When Asia Speaks (Gordon Weisenborn, 1944) y Now- The Peace (Stuart Legg, 1945).

Los filmes antes señalados permitieron abrir la discusión y el análisis de temas milita-res, educativos e industriales. Se trabajaron también cortometrajes y animaciones que, por primera vez, pusieron a Canadá en las grandes ligas.

Sin embargo, cuando concluyó la guerra, muchas de las mentes detrás del éxito de la National Film Board abandonaron Canadá y se instalaron en Hollywood, lo que repercutió en el retroceso de las producciones canadienses.

Entre 1950 y 1967 se intentó impulsar el cine de ficción, pero los ingresos en taquilla solamente permitían realizar un promedio de seis largometrajes al año. Así que el gobierno decidió impulsar la producción cinematográfica por medio de financiamientos, becas y préstamos, lo que generó que 25 películas de ficción se produjeran en la década de los 70, cantidad significativa si se compara con la década anterior, donde solamente se filmaron tres títulos del mismo género.

En los años 80, directores y actores formados con los programas implementados en 1967 se dieron a conocer de manera internacional y fue así como en otros países se empezó a hablar de Claude Jutra, Patricia Rozema, Norman Jewison, Arthur Hiller, Ted Kotcheff, James Cameron, David Cronenberg y Atom Egoyan, estos dos últimos muy relevantes por sus propuestas estéticas que han alternado entre Canadá, Hollywood y Europa.

La filmografía canadiense no resulta ajena para los cinéfilos mexicanos, quienes en diversas ediciones de la Muestra Internacional de Cine han atestiguado su calidad en títulos como: Jesús de Montreal (Denys Arcand, 1989. Edición 22 de la Muestra-); Amor y restos humanos (Denys Arcand, 1993. Edición 27 de la Muestra); Exótica (Atom Egoyan, 1994. Edición 27 de la Muestra); Crash, extraños placeres (David Cronenberg, 1996. Edición 29 de la Muestra) y Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003. Edición 43 de la Muestra).

Actualmente podría hablarse de un renacimiento del cine canadiense, el cual se debe a varios factores, entre ellos destacan el apoyo gubernamental y el impulso educativo o cultural que se ha reconocido en el cine.

Por otra parte, es innegable la calidad de sus escuelas o cursos especializados, que van de lo más sofisticado de la técnica fotográfica y de animación hasta el guionismo, ello ha propiciado una demanda de técnicos y creativos canadienses en la industria norteamericana por la calidad de su preparación.

Las miradas de los especialistas en cine voltean constantemente a Canadá, en gran medida gracias a que dos de los festivales más importantes del mundo se realizan en Toronto y Montreal.

El Festival Internacional de Cine de Toronto es el más importante de Canadá y se ha posicionado como uno de los cuatro más significativos a nivel internacional.

Comenzó en 1976 y se caracteriza por la gran cantidad de estrellas del cine que acuden a cientos de películas que compiten en diferentes categorías. Tiene especial importancia para el mercado de distribución de películas independientes.

Este encuentro anual también es famoso porque muchas obras de autor se dan a conocer ahí y después compiten en los Oscar. El premio que se otorga en este festival lo determina el público, no un jurado de expertos, y por medio de votos se eligen los mejores filmes del año.

Por otro lado, está el Festival Internacional de Cine de Montreal, el cual también exhibe cientos de filmes procedentes de todo el mundo. Se celebra desde 1977 y otorga como máxima distinción el Grand Prix des Amériques, galardón destinado a la película que obtenga la mayoría de los ocho votos ejercidos por especialistas en la realización cinematográfica.

Realizadores

Entre los más destacados cineastas canadienses está Claude Jutra (1930-1986), quien ganó varios premios a la mejor dirección y mejor película en festivales locales. Obtuvo el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia por el documental Comment Savoir, en 1966.

Es indispensable mencionar a Neil Blomkamp (1979-), director de numerosos proyectos que abarcan desde la serie de anuncios del videojuego Halo 3, en 2009, hasta la realización de obras distópicas como Elysium (2013).

Denis Villeneuve (Trois-Rivières. Canadá, 1967- ). Apreciado como uno de los mayores talentos canadienses tanto por sus trabajos de dirección como de guionismo, saltó a la fama por cintas como Incendies (2010), Enemy (2014) y por la multipremiada Blade Runner 2049 (2017). Fue nominado al Oscar en 2016 por Arrival.

Atom Egoyan (El Cairo, Egipto. 1960- ). Nacionalizado canadiense. Desde la década de los años 80 ha sido decisivo para fomentar al cine de ficción en cintas como Next of Kin (1984), Family Viewing (1987), Speaking Parts (1989) y Exótica (1994), todas consideradas obras maestras, con temas recurrentes como: alineación, soledad, personajes inmersos en estructuras de poder, burocracia y temas tecnológicos.

Jacques Leduc (Montreal, Canadá. 1941- ). Ha sido uno de los mayores defensores de la industria fílmica de su país, en especial se reconoce el interés que ha tenido por descolonizar los productos audiovisuales canadienses de la carga cultural británica. Comenzó su carrera en 1961 como crítico de cine para la revista “Objetif”. A partir de 1965 empezó a dirigir; su primera película fue el cortometraje documental Chantal en vrac y de su filmografía es obligado mencionar los títulos aclamados por la crítica: On est loin du soleil (1970), Tendresse ordinaire (1973), Trois pommes à côté du sommeil (1988) y La vie fantôme (1992).

David Cronenberg (Toronto, Canadá. 1943- ). Maestro del horror y del Séptimo Arte en general, se caracteriza por no titubear al momento de llevar cualquier temática a la pantalla grande. Se le ha definido como el creador de un estilo propio, que lo ha llevado a ser uno de los realizadores más importantes a nivel internacional.

Entre su filmografía destacan: Videodrome (1983), The Fly (1986), Crash (1996), Cosmópolis (2012), A Dangerous Method (2011) y Maps to the Stars (2014), esta última con un relato cargado de humor negro sobre la vida de la industria hollywoodense. Ha incursionado en nuevas producciones para plataformas como Netflix, por ejemplo la serie Rick and Morty (2013) inspirada en personajes creados por Cronenberg.

James Cameron (Kapuskasing, Ontario. 1954- ). Se destaca por el desarrollo de tecnología que permite avances significativos en los efectos especiales para cine. Inició su desarrollo profesional como técnico, después incursionó como guionista y más adelante como director de acción y ciencia ficción. Se catapultó a la fama por The Terminator (1984), posteriormente Titanic (1997) y Avatar (2009). La mayor parte de su desarrollo profesional lo ha tenido en Hollywood, donde ha impulsado el uso generalizado del 3D.

Xavier Dolan (Montreal, Canadá. 1989- ). Seguramente el más polémico, aclamado y joven director del cine canadiense. Su carrera comenzó desde temprana edad participando como actor en películas, series de televisión y comerciales. J’ai tué ma mère (2009), su primer largometraje, fue presentado en el 62 Festival de Cine de Cannes. Luego estrenó Mommy (2014) y Juste la fin du Monde (2016), donde reitera tintes autobiográficos, influencia de la música pop y arriesgadas propuestas estilísticas.

Histriones

Es indispensable hacer referencia a los rostros más emblemáticos del cine de Canadá, pues gracias a sus actuaciones las películas han quedado en la memoria de los espectadores.

Geneviève Bujold (Montreal, Canadá. 1942- ). Considerada como la primera estrella del cine de ficción canadiense, hizo retumbar su nombre en el mundo cinematográfico gracias a grandes actuaciones en películas como Isabel (Paul Almond, 1968), Ana de los mil días (Charles Jarrott, 1969) y Act of the Heart (Paul Almond, 1970), junto a Donald Sutherland.

Mia Kirshner (Toronto, Canadá. 1976- ). Se ganó el reconocimiento del público, además del respeto de los críticos por sus actuaciones en Exótica (Atom Egoyan, 1994), Mad City (Costa Gavras, 1997) y The Crow (Tim Pope, 1996). Es consi-derada como una de las estrellas que consiguió atraer los reflectores a la industria fílmica de su nación.

Ryan Gosling (London, Canadá, 1980- ). Es uno de los actores de Hollywood más reconocidos en los últimos años gracias a sus participaciones en produc-ciones como The Notebook (Nick Cassavetes, 2004), LaLaLand (Damien Chazelle, 2016) y Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017).

Donald Sutherland (Saint John, Nuevo Brunswick, Canadá. 1935- ). Actor veterano que vivió su época de oro en las décadas de los años 60 y 70, ha estado vigente en la mente del público a lo largo del tiempo con películas como Casanova (Federico Fellini, 1976), Lock Up (John Flynn, 1989), JFK (Oliver Stone, 1991), A Time to Kill (Joel Schumacher, 1996), Space Cowboys (Clint Eastwood, 2000), Cold Mountain (Anthony Minghella, 2003) y Pride & Prejudice (Joe Wright, 2005).

En particular se le recuerda por la saga de The Hunger Games en el papel del presidente Snow: The Hunger Games (Gary Ross, 2012), The Hunger Games: Catching Fire (Francis Lawrence, 2013), The Hunger Games: Mockingjay –Part 1 (Francis Lawrence, 2014) y The Hunger Games: Mockingjay –Part 2 (Francis Lawrence, 2013).

Rachel McAdams (London, Canadá, 1978- ). Famosa por sus actuaciones en The Notebook (Nick Cassavetes, 2004), Mean Girls (Mark Waters, 2004), At Midnight in Paris (Woody Allen, 2011), y Spotlight (Tom McCarthy, 2016). McAdams es la actriz canadiense más reconocida en la actualidad.

Principales productoras

Alliance Films. Fue fundada en 2007 para sustituir a su predecesora Alliance-Atlantis, desde entonces se ha posicionado como la de mayor renombre en Canadá, teniendo importantes participaciones con empresas extranjeras como New Line Cinema, Original Film, Infinity Features Entertainment o la Mob Film.

Infinity Films. Opera desde 1996 y se destaca por la calidad y maestría que poseen los guionistas a su cargo. Funciona como la mayor productora y distribuidora a nivel nacional, cooperando en diversos proyectos con cadenas como History Channel, BBC de Londres o Discovery Channel.

Cinémaginaire Inc. Creada en 1988 por Denis Robert y Daniel Louis, se ha centrado en el apoyo de filmes independientes. Suma más de 45 películas reconocidas a nivel mundial y ganadoras de numerosos premios en festivales internacionales, como The Barbarian Invasions (Denys Arcand, 2003), cinta ganadora del Oscar por Mejor Película extranjera en 2003, el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, Premio César a Mejor Película, Premio al Mejor Guion y Mejor Película en el Festival de Cannes, entre otros.

Canadá ofrece maestría y calidad cinematográfica de primer nivel por donde quiera que se mire: producción, guionismo, actuación, dirección, locaciones, festivales y mucho más. Merece, sin lugar a dudas, el mayor de los reconocimientos por parte de todos aquellos que se digan aficionados o expertos del Séptimo Arte.

Así que la próxima vez que se piense en el cine como algo increíble y fabuloso, no habría que detener la imaginación en Hollywood, sino que será necesario colocar la mirada un poco más al norte; allá en donde la policía va a caballo y la hoja de arce gobierna. Habrá que evocar siempre al cineasta, actor o director formado en Canadá.

* Luis Arturo Bárcenas Pérez es prestador de Servicio Social en Promotoría Cultural.

POR LAURA PAOLA SUÁREZ LÓPEZ *

Descubrir un país y sus habitantes a través del cine es siempre una grata experiencia, sobre todo cuando tenemos la oportunidad de poder visualizar decenas de obras antiguas y a menudo raras.

M. Mcluhan

La industria cinematográfica canadiense representa un ejemplo muy particular al existir dos tipos de cine nacional: el francoparlante de Quebec y el angloparlante del resto del país.

Al cine de Canadá le ha costado consolidarse como industria nacional y ganar terreno internacional. La población de habla inglesa supera a la francesa por casi 77 por ciento y la audiencia angloparlante recibe influencia permanente por parte de las películas estadounidenses.

Para contrarrestar esta situación y fortalecer la riqueza y diversidad cultural de ese país, se han realizado diversos esfuerzos por parte del gobierno a través de Telefilm Canada, encargada de la división cultural correspondiente a los dos idiomas oficiales, ya que lejos de ser una barrera se ha convertido en todo un motor de crecimiento para la oferta narrativa dotada de diversidad temática.

De la misma manera en que destacan directores y actores quebequenses, lo hacen también iniciativas como el Estudio D, primer proyecto cinematográfico feminista del mundo, donde se da espacio para producir cine de mujeres para mujeres, tratando tópicos sociales retratados desde la óptica del mismo género.

De acuerdo con datos del “Annual Report 2017-2018” de Telefilm Canada, a partir de 2013 la cinematografía canadiense mantiene ganancias que van desde los tres hasta los 10 millones de dólares canadienses por película. Algunos de los títulos populares con más ventas durante el periodo señalado fueron The F Word (Michael Dowse, 2013) con el reconocido actor Daniel Radcliffe y Brooklyn: un nuevo hogar (John Crowley, 2015).

La misma Telefilm Canada reporta que en la última década la intención de incrementar la inversión en el cine nacional canadiense ha rendido frutos y las ganancias van en aumento. En el último año el ingreso taquillero incrementó un ocho por ciento, lo que se traduce en la entrada de 220 millones de dólares y por ello representa una industria competitiva en la escena internacional.

Gracias a los programas implementados por el gobierno, junto a organismos como Telefilm Canada, las cifras han aumentado exponencialmente, tanto en ganancias económicas como en inversiones para producir cine nacional, además de alianzas que resultan del interés de productoras estadounidenses.

A principios de la actual década, Telefilm Canada puso en marcha un plan integral para designar espacios donde se incluyan minorías talentosas y temáticas alternativas, como es el caso de los largometrajes The Breadwinner (Nora Twomey, 2017), nominada al Oscar por Mejor Película Animada y Meditation Park (Mina Shum, 2017), nominada por Mejor Interpretación Masculina en Canadian Screen Award.

Con alianzas de distribución, tanto en Quebec como en el resto de Canadá, Pinewood Toronto Records reporta tres mil 144 salas de exhibición en el país, lo que representa 10 salas por cada 100 mil habitantes. Las principales distribuidoras en ese país son Universal, Disney y Warner Bros.

El consumo de productos audiovisuales, a partir de 2016, se ha incrementado 24.3 por ciento, con respecto a años anteriores, lo que se traduce en ganancias por 8.4 billones de dólares canadienses de 2016 a 2017, aumento que no sólo se traduce en dinero sino en generación de al menos 171 mil 700 empleos de tiempo completo.

La industria cinematográfica de Canadá reporta 6 mil 600 empleados dedicados exclusivamente a la difusión. En 2017 se reportaron 105 producciones, mientras que en 2018 fueron 92, las ganancias incrementaron 16 por ciento para los filmes de habla inglesa y casi un 10 por ciento para las de habla francesa.

La forma de ver cine en Canadá se adaptó al fenómeno mundial de las plataformas de streaming, siendo la vía por donde se consumen más productos audiovisuales, seguida por la tradicional, mediante proyecciones en salas de cine.

El 60 por ciento de las producciones realizadas en Canadá corresponde al cine comercial, se distribuye en salas y plataformas de internet; el 30 por ciento es de carácter cultural, se destina a salas de arte, sobre todo a festivales nacionales e internacionales y el 10 por ciento restante es fondeado por organismos canadienses interesados en retratar temas de identidad nacional y documentales.

En mayo de 2018 se creó un programa para asegurar el acceso al contenido en que participa Telefilm Canada, con una distribución más ágil y efectiva para que los títulos lleguen a todos los exhibidores canadienses, se llama Theatrical Exhibition Program y se espera que coadyuve a posicionar mejor el cine de Canadá a nivel global.

Sin duda, se trata de una industria que apuesta por crecer y fortalece su identidad nacional, al abordar temas y problemas universales, así como incursionar en tópicos y formas de distribución alternativas a fin de captar más espectadores.

* Laura Paola Suárez López es prestadora de Servicio Social en Promotoría Cultural.
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POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

En las páginas de este boletín nos hemos dedicado a dar testimonio de los constantes cambios de la industria del cine y ahora, con la irrupción de Roma (Alfonso Cuarón, 2018) se nos plantea otro reto para comprender las nuevas dinámicas que enfrenta la realización del Séptimo Arte con proyectos personales o visiones muy particulares.

Roma es, indudablemente, una película sui géneris; destaca por su fuerza visual contundente que es resultado, en gran medida, de haber sido filmada en formato panorámico de 70 milímetros y audio 7.1, donde los diálogos, efectos, música y detalles tienen asignados canales por separado para escuchar hasta el más mínimo detalle en un sonido envolvente.

Es atípica por la forma en que Cuarón la pudo realizar, con un presupuesto de 17 millones de dólares financiados por Netflix, pero siguiendo un proyecto muy íntimo que lo acompañó durante décadas: rendir homenaje a Libo, su propia nana.

Por un lado, el director consagrado logra una película basada en su infancia y, por otro, la trasnacional se afianza en la cima de la industria cinematográfica, con esquemas nada tradicionales.

Roma, por su particular estrategia de promoción y distribución, se ha convertido en un producto de deseo masivo y con ella Alfonso Cuarón ha demostrado su maestría como realizador y promotor de sus propios productos cinematográficos.

Al cierre de edición, compite en los premios Oscar 2019 con 10 nominaciones y los pronósticos, plenos de optimismo, permiten esperar que Alfonso Cuarón salga triunfante en la ceremonia del domingo 24 de febrero. Si la crítica acierta obtendría la primera estatuilla para México por Mejor Película en Lengua Extrajera y también podría llevarse los premios por Mejor Fotografía, Mejor Director y Mejor Película.

No podemos, ni debemos pasar de largo el “fenómeno” Roma. Por ello, la FES Acatlán será testigo de la exhibición de esta película como debe verse, en pantalla de cine. En las siguientes páginas, a favor o en contra, se incluyen puntos de vista de académicos y especialistas, a fin de aportar elementos para verla desde diversos ángulos.

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POR GLORIA DE LA GARZA *

Alfonso Cuarón ha insistido en que su más reciente película, Roma, no es una historia nostálgica. Sin embargo, activa la nostalgia de los espectadores, en especial de los de 50 o más
años, pues trae ecos de infancia y adolescencia; es
un entrañable retrato costum-brista del inicio de la década de los 70 del siglo XX.

La cinta es una reconstruc-ción preciosista que se solaza en los detalles de una época: desde calles y edificios hasta la decoración de interiores, prendas de vestir, juguetes, programas de televisión, entre otros.

Los protagonistas se mueven entre los cines Estadio y Las Américas, Banca Serfín, taxis “cocodrilos”, autos Galaxy, se ríen con los comediantes de “Ensalada de Locos”, se apresuran con el control del tiempo de “Haste, Haste, la hora de México”…

La colonia Roma es el espacio en que se desarrolla un drama familiar tan cotidiano, que parece demasiado simple para la grandilocuencia de la dirección de arte y de los recursos técnicos invertidos en ella.

La fotografía en blanco y negro remite al pasado, pero también a los contrastes de una sociedad que ha cambiado fisonomía y en la que, sin embargo, persisten problemas de fondo: pobreza, violencia, inseguridad, discriminación de los pueblos indígenas, inequidad de género.

En una trama aparentemente sencilla, dos mujeres de distinto origen, clase social y educación, sufren juntas un dolor similar de decepción, abandono y soledad a causa de una sociedad machista que las margina y las limita.

Comparten una casa y el amor de una misma familia; se acompañan en la pérdida de lo que aman y en la resiliencia. Cuarón propone a Cleo, la joven empleada doméstica, para que sea la guía del espectador en el laberinto de su memoria, con la incertidumbre de encontrar al Minotauro y la esperanza del hilo de amor de Ariadna que nos muestre cómo reconciliar el pasado y el presente.

Roma es la travesía, por momentos surrealista, en los recuerdos de una ciudad y de un México que parece transformarse hacia el “progreso” y la modernidad, pero donde se arraigan heridas, errores y deudas históricas.

* Gloria de la Garza es Profesora de Carrera Titular A en Italiano, FES Acatlán.

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POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA

Sobre Roma, la más reciente cinta del director mexicano Alfonso Cuarón, se ha escrito mucho, podría decirse que en exceso. Para la crítica especializada, este largometraje representa una obra maestra, filmada en los albores del siglo XXI en blanco y negro, con un ritmo y estética prodigiosos, plagada de metáforas que el espectador tiene que ir descubriendo poco a poco.

Desde su estreno generó opiniones encontradas; en sectores acostumbrados al cine independiente y de autor, resultó toda una joya que destacó entre la mediocridad que permea la cartelera comercial.

Sin embargo, para aquellos que disfrutan el cine como un simple acto de esparcimiento, se trata de una cinta que no merece más que una que otra crítica positiva, principalmente por su espléndida fotografía.

Más allá de la controversia por gustos y visiones personales, resulta una película sumamente interesante al llevarnos de la mano por un México que, para muchos es prácticamente desconocido o simplemente una referencia que se ha ido diluyendo con el paso del tiempo.

La obra de Alfonso Cuarón es una alegoría y retrata con suma nitidez los distintos Méxicos que convergen a principios de la década de los 70, bajo el manto del denominado Desarrollo Estabilizador que, durante 30 años, permeó las políticas públicas.

El señalado modelo pretendía sentar las bases de una nación moderna e industrializada, teniendo como premisa la estabilidad macroeconómica, por medio del manejo responsable de inflación, tipo de cambio y balanza de pagos, entre otras variables. A lo largo de tres décadas, el sistema implementado por Adolfo Ruiz Cortines gozó de un “éxito” sostenido, al lograr que se tuviera un crecimiento promedio anual de más del seis por ciento, con inflación que no rebasaba el 2.2 por ciento.

Con la situación a nivel macroeconómico resuelta, las clases media y media alta se fortalecieron, y son éstas las que ocupan el interés de Cuarón para ser retratadas en Roma.

La propia familia del realizador sirvió como ejemplo: encabezada por el padre, un médico exitoso, pero ausente, con los suficientes recursos para tener en su casa un flamante Cadillac, un auto adicional para transportar a los niños a la escuela y otro vehículo más como comodín, además de poder costear dos mujeres de servicio doméstico y un chofer.

Roma muestra, por un lado, a la clase media alta pujante y próspera, pero refleja, en contraparte, una visión del México olvidado, encarnado por Cleo, personaje protagónico de origen indígena, que no tiene ningún beneficio de la bonanza que viven los sectores más acomodados.

Con estas contradicciones sociales plasmadas a lo largo de la película, Alfonso Cuarón muestra la fragilidad de un sistema que durante décadas se defendió desde el gobierno federal.

En el filme destacan escenas como las visitas de Cleo y su patrona a instalaciones del Instituto Mexicano del Seguro Social, con salas atestadas de desolados derechohabientes, quienes pacientemente deben esperar la atención médica, o los llanos de Ciudad Nezahualcóyotl, donde se entrenó al grupo paramilitar Los Halcones; estas secuencias son sólo otras caras de la moneda del modelo económico a inicios de los años 70.

A la distancia se aprecia que la promesa de movilidad social para ciertos sectores no llegó, a pesar de los óptimos índices económicos que se reportaron en ese periodo de la historia.

En la trama destaca la forma de presentar las condiciones en que se desempeñaba el trabajo doméstico, actividad laboral desdeñada, en el olvido, alejada de los beneficios del sistema de seguridad social, pues Cleo resulta privilegiada porque su patrona tiene por amigos a médicos que “la cuelan” al sistema hospitalario.

Tengamos en cuenta que es hasta nuestros días, que el servicio doméstico comienza a ser reconocido como un trabajo que requiere garantías de salario digno, derecho a atención médica, vacaciones, aguinaldo y ahorro para el retiro.

En cada escena el México olvidado emerge y se vincula con las clases acomodadas. Cleo, su historia y desdichas sirven para hilvanar temas de lo particular a lo general; para presentar con crudeza, pasajes como la matanza del Jueves de Corpus, ocurrida el 10 de junio de 1971.

Es el drama de Cleo el que enmarca la presencia de un régimen represor en el que no existía espacio para la disidencia ni la prosperidad incluyente, donde se cumplían los sueños de unos y otros simplemente debían ser aplazados.

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POR  ITZEL LARA *

No es novedad que Roma, de Alfonso Cuarón, ha sido un fenómeno mundial por varias razones, entre ellas que es una producción de Netflix cuyo estreno no se realizó en dicha plataforma sino en festivales y salas de cine; que está basada en la infancia del director y cuya meticulosidad en las recreaciones de la época y particularmente de su casa incluía, entre otras cosas, el recetario de Libo, la nana de Cuarón; y por último, porque fue merecedora al galardón de Mejor Película Extranjera en los Critic’s Choice Awards, convirtiéndose en la primer cinta en habla hispana en recibirlo.

Todo esto es muy loable, enaltece al cine mexicano y claro que hay que festejarlo, vamos por buen camino…

Pero alejándonos un poco de la emoción del momento, también es necesario señalar que Roma ha generado reacciones opuestas y algunas opiniones difieren de la afirmación de que se está frente a una obra maestra. Lo confieso, pertenezco a ese sector del público que no fue conmovido por la cinta y abro un espacio para la franqueza: encuentro una sensación de condescendencia por parte del autor hacia su personaje principal y esto me aleja por completo del terreno de lo entrañable, e incluso me molesta.

Se diseña un personaje buscando una tridimensionalidad que lo convierta en humano; por ejemplo, el bueno no puede ser tan bueno y el malo no puede ser tan malo, y aquí hablo específicamente de la dramaturgia actual, dejando de lado algunos géneros dramáticos que nos exigen el uso de estereotipos para su eficacia.

Al partir de dicha base, llegamos a personajes complejos con debilidades y fortalezas que los hacen interesantes, los alejan de la pasividad. Cleo no es así, es una sirvienta a la que en realidad nosotros como espectadores no conocemos. Cuarón nos coloca en el mismo plano que “los patrones”: la observamos, sabemos que existe e incluso podemos decirle “te queremos, Cleo”, pero todo desde un tratamiento meramente superficial, igual que ellos.

Habrá quien en este punto de la lectura opine que esa era la intención del director; permítanme diferir. La cinta busca ser un homenaje a una de las mujeres más importantes en la vida de Cuarón y busca visibilizar, dignificar la importancia del trabajo de la servidumbre, él mismo lo ha dicho y, por ende, quien ha puesto la vara con la que debe ser medida Roma. Partiendo de esto, puedo decir que en esta pieza cinematográfica hay carencia de empatía del autor hacia su protagonista y nos quedó mucho a deber en lo que atañe a dramaturgia.

Hay elementos dramáticos a los que se les notan las costuras, demasiada “mano del guionista”. ¿De verdad nadie siente como “metido con calzador” que de entre todas las mueblerías que existen en la ciudad, Fermín (el hombre que ha abandonado a la protagonista) llegue justo a esa donde Cleo está comprando la cuna de su bebé? ¿No sienten que las cosas se “cantan” demasiado antes de que ocurran? Si la mención de al menos ¿tres veces? de que Cleo no sabe nadar, mientras están en la playa, no les alerta de que algo va a ocurrir con eso, entonces definitivamente el oficio ya me tiene muy maleada.

Cosa aparte es el lenguaje cinematográfico: Roma es magistral en ese sentido. Hay emplazamientos hermosos, como la presentación del padre, pero hay otros que al buscar una justificación “poética” desde el plano dramático, resultan pretenciosos y carentes de profundidad, pienso específicamente en el tarro que se rompe. La imagen es bella como unidad, pero un lugar común en el conjunto.

La crítica de la película en un blog llamado “Tierra Baldía” me resultó por demás lúcida, en el texto titulado “Roma o lo bonito de ser pobre” habla de las obras maestras partiendo de la postura de Walter Benjamin en su discurso “El autor como productor” y cómo Roma no lo era.

¿Qué es lo que Walter Benjamin expone en dicho discurso? habla, entre otras cosas, del artista pequeño burgués de izquierda y de su papel en la sociedad.

Para el filósofo alemán, dicho artista es aquel que dedica su obra a hacer una denuncia de desigualdad o pobreza, pero el enfoque dado puede resultar peligroso ya que es capaz de “hacer incluso de la miseria un objeto de disfrute”, y esto, lejos de cumplir con el objetivo de denunciar, normaliza.

Nada encaja mejor en lo que me evoca dicha cinta: Roma es belleza en imagen, pero pobreza en creación de personajes y en postura ética.

* Itzel Lara es dramaturga y guionista.

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POR RODRIGO ORTIZ CARRILLO *

En la edición número 91 de los premios Oscar destaca la presencia de Roma, dirigida por Alfonso Cuarón. Este largometraje ha sido reconocido por la crítica especializada, pero ha tenido opiniones divididas, especialmente entre el público, que ha manifestado sus dudas respecto a si es o no merecedora de tantos elogios. Resulta oportuno analizar si realmente tiene los méritos necesarios para ser objeto de tantos premios.

La fotografía de Roma es impecable. Logra, exitosamente, enmarcar todo tipo de situaciones, desde una cena familiar hasta la represión estudiantil; funciona como hilo inductor para trasladarnos y sentir que estamos en el México de los años 70. La calidad del lenguaje audiovisual es tan poderoso que en varias escenas no resultan necesarios los diálogos, el impacto que genera es suficiente para conmover. Estéticamente, es probablemente la película más bella que ha filmado este director.

No obstante sus atributos técnicos, ha sido señalada por tener varios defectos, entre los que destaca el ritmo, considerado por muchos lento, llegando a parecer aburrida y hasta tediosa. Si bien no es pesada, se llega a sentir que se excede en sus pausas, las cuales se acentúan visualmente si se le ve en un televisor, pues fotografía y sonido pierden fuerza. Alfonso Cuarón realizó este filme para ser apreciado en salas de exhibición con lo más actual en imagen y sonido, pero la mayoría de quienes lo han hecho ha sido en pantallas de televisores, tabletas y monitores de computadora accediendo a Netflix.

Roma compite en los Oscar 2019 por Mejor Película con cintas como: A Star is Born, Bohemian Rhapsody, BlacKkKlansman y Green Book, las cuales no han sido aclamadas por parte de la crítica especializada, pero responden más al contexto sociopolítico de Estados Unidos y poco se habla de su calidad técnica.

Vale la pena recordar que en años anteriores los filmes ganadores han logrado complacer a un sector específico de los votantes al Oscar; casos concretos han sido Luz de luna, 12 años de esclavitud y Crash, gracias a que se arriesgaron a tratar temas “sensibles” y derrotaron en las premiaciones a cintas que dejaron más huella en el público.

Alfonso Cuarón, al igual que Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, ya forman parte de la industria de Hollywood; su trayectoria y peso como directores les permiten tener más posibilidad de contar con la benevolencia de los miembros de la Academia, algo que antes no sucedió con cintas como: Hijos del hombre o El laberinto del fauno, pero una vez que ya fueron más conocidos se llevaron los premios por Gravedad y La forma del agua.

Todo indica que se repetirá la tendencia: Roma cumple los estándares que la Academia toma en cuenta para la votación, no se vislumbra una película que rivalice con el impacto que ha generado.

Es innegable, este filme tiene errores: no es la mejor película de Alfonso Cuarón y se le pueden restar unos 30 minutos a la cinta, pero está muy lejos de considerarse mala, tiene puntos muy fuertes como el espectacular diseño de producción y un sólido guión, haciéndola excelente, sin llegar a ser una obra maestra.

¿Es merecedora del premio a Mejor Película? Si tomamos en cuenta la competencia de este año, es la favorita por el impacto cinematográfico y sociocultural que contiene el filme. No se pase por alto la cantidad de premios que ha ganado, las cuales se convierten en una tendencia de lo que sucederá en la premiación.

* Rodrigo Ortiz es estudiante de la FES Acatlán y realiza su Servicio Social en el CCA.

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La 65 Muestra Internacional de Cine

POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

El encuentro de mayor tradición entre los cinéfilos llega a su edición 65 y se debe remarcar que es mucho más que la exhibición de filmes “de arte”: durante toda su existencia ha servido para educar, formar gustos y, sobre todo, buen público que aprecia el cine de excelencia.

En la Muestra, espectadores nuevos y experimentados encontrarán motivos para asombrarse con lo más reciente, lo más célebre o lo más polémico de la industria cinematográfica internacional. Esta vez los encargados de integrar la programación han incluido filmes de directores reconocidos de alto perfil: Lars von Trier, Jean-Luc Godard, Hirokazu Kore-eda, Jafar Panahi, Margarethe von Trotta y Spike Lee, quienes han sido multipremiados en los principales festivales de cine.

La crudeza y violencia gráfica llega con La casa de Jack; añejos conflictos que enfrenta la comunidad afroamericana en Estados Unidos se ven reflejados en El infiltrado del KKKlan; abandono infantil e integración a una nuevo clan están presentes en Un asunto de familia; el homenaje a uno de los más grandes cineastas llega abriendo nuevas ventanas que permiten entrar al universo bermagniano en Buscando a Ingmar Bergman.

Los cambios culturales en Irán se presentan desde la perspectiva de reconocidas actrices en Tres rostros; la vida de una sexoservidora que debe salir adelante en su rol de madre y jefa de familia puede ser vista en Alanis; conflictos verídicos originados por narcotráfico en las décadas de los años 70 y 80 en la región de los wayúu, en Colombia, están retratados en Pájaros de verano; mujeres que no pueden salir de su realidad patriarcal, agresiones sexuales y el silencio que solamente deriva en más problemas se observan en Los ángeles visten de blanco. Imperdible resulta Hannah, con Charlotte Rampling en el papel de una mujer obligada a reiniciar después de que su esposo es enviado a la cárcel.

La Muestra Internacional de Cine debiera ser vista como una asignatura más y sería ideal que más profesores se dieran a la tarea de realizar dinámicas grupales que inviten a los alumnos a ver estas películas. Muchos de los que hoy nos consideramos cinéfilos así empezamos nuestro acercamiento al cine de excelencia, viendo casi por obligación las películas de la Muestra, abriendo nuestras miradas a historias provenientes de países tan distintos como Dinamarca, Japón, Australia, Colombia, Paraguay, Irán, China, Argentina, Polonia, Suiza, Italia y Estados Unidos.

 

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Llegó el momento de disfrutar del Tour de Cine Francés en su edición número 22 que incluye, como ya es habitual, siete películas ricas en contenidos y estructuras narrativas que resultan de una forma diferente de producir, exponer y contar historias en la pantalla grande.

La Facultad de Estudios Superiores Acatlán es sede de este festín cinematográfico desde que se realizó la 6a edición y gracias a ello nuestra comunidad y púbico en general disfruta de los trabajos de grandes directores e histriones.

Como siempre, la curaduría es de primera y los cortometrajes apoyados por el IMCINE, que anteceden a cada proyección de las películas francesas, nos permiten conocer los trabajos de cineastas mexicanos que darán mucho de que hablar en los próximos años.

 


 


 


 


 



 

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CineAdictos, publicación periódica de la Coordinación de Difusión Cultural, nació en noviembre de 2000. Incluye reseñas de películas, trayectorias de actores, directores, críticas, comentarios sobre los principales festivales, entrevistas, avances técnicos y aspectos de los distintos géneros cinematográficos. El material impreso se distribuye entre la comunidad de la FES Acatlán; a partir del semestre 2015-II extiende sus alcances con el blog de CineAdictos. Espacio abierto a los interesados en la divulgación del séptimo arte.

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