Cine Adictos

POR CARMEN CANO GORDON

Resulta una agradable sorpresa en la cartelera la más reciente película de Juan José Campanella, El cuento de las comadrejas (2019), coproducción entre Argentina y España. Está clasificada como cine de arte, sí lo es, pero en cuanto a su género resulta difícil de clasificar o, más bien, parece inclasificable.

¿Es una comedia de humor negro?, ¿un thriller?, ¿un drama?, ¿una comedia romántica?, ¿de suspenso?, ¿una tragicomedia? Difícil encasillarla porque al final es todo eso y mucho más.

Con objeto de ayudarnos a entender lo que sucede en este filme resulta indispensable recurrir a la definición de Comadreja en el Diccionario de la Lengua Española, que refiere a: un mamífero carnicero nocturno de color pardo, muy perjudicial para las aves.

Seguramente así entenderemos mejor lo que sucede en la vieja y codiciada casona donde se desarrolla la historia de esta película, en la que continuamente uno de los personajes, Norberto, no deja de tirar a matar a las comadrejas, que intentan habitar el lugar donde se desarrolla la historia. Existe una analogía entre los cuatro habitantes y las comadrejas (animales y sus similares humanas). De no ser por Norberto las comadrejas seguramente tomarían el control.

El cuento de las comadrejas es un retrato social visto desde la perspectiva de una veterana actriz proveniente de la época dorada del cine argentino, un histrión en el ocaso de su vida, un guionista cinematográfico frustrado y un viejo director; todos ellos solían trabajar juntos y conviven bajo el mismo techo. Los interpretan Graciela Borges, Luis Brandoni, Marcos Mundstock y Óscar Martínez.

Atestiguamos un duelo actoral entre cuatro grandes histriones y una pareja de jóvenes actores: Clara Lago y Nicolás Fancella en los personajes de Bárbara y Francisco completan el elenco. Todos ellos muy bien dirigidos por el argentino Juan José Campanella, a quien recordamos especialmente por la aclamada El hijo de la novia (2001).

Campanella concibe El cuento de las comadrejas como un homenaje a su maestro José Martínez Suárez, autor de la cinta de culto Los muchachos de antes no usaban arsénico (1976), comedia negra que funcionó como sátira en los tiempos de la violenta dictadura argentina. Un tributo que Campanella hace a Suárez y lo pone de manifiesto en diversas entrevistas.

Los personajes mayores son cínicos, tramposos, perversos, adorables y están dispuestos a hacer lo imposible por conservar el mundo que han creado en su vieja mansión. La aparición de los dos jóvenes, que pretenden arrebatarles todo por lo que han luchado, hace que las cosas den un giro.

Los cuatro adultos, todos mayores de 70 años, son: Pedro (Luis Brandoni), actor mediano, ya retirado, confinado a una silla de ruedas debido a un accidente; Mara Ordaz (Graciela Borges), su esposa, la diva, quien fue una actriz conocida mundialmente, pero alejada de los reflectores, lo que la acongoja y entristece, aunque con ropa, peinados y adornos de su época de mayor brillo, procura parecerse a la persona que fue en tiempos de mayor gloria.

Norberto (interpretado de manera genial por Óscar Martínez), director de cine, también retirado, es el encargado de matar y ahuyentar toda clase de comadrejas, que se presentan con demasiada frecuencia por los alrededores; es el más sensato de los cuatro y, por último, Martín (Marcos Mundstock), quien fue guionista de Norberto y Mara, y se encarga de amenizarles la vida, poniendo la música de sus recuerdos, de sus tiempos de éxito.

Todos ellos se desenvuelven y conviven con gran facilidad, como peces en el agua, capoteando el temporal que se les presenta, a veces lento, otras como una vorágine que los rebasa, pero sin lograr que pierdan el equilibrio.

Inevitable es señalar que el argumento no es del todo original e imposible evitar el recuerdo de aquella laureada película que hoy es ya un clásico: Sunset Boulevard (El ocaso de una vida, 1976), ganadora del Oscar ese mismo año, donde Gloria Swanson interpretó a una gran diva, tan sobreactuada y grandilocuente como el papel lo exigía, actuación que le valió el Oscar por Mejor Actriz; William Holden fue el protagonista masculino, logrando también una encomiable actuación. La cinta la dirigió Billy Wilder, nominado al Oscar.

La casona donde viven los cuatro protagonistas es propiedad de Mara y su marido, aunque a él se le ha ocultado mañosamente que es copropietario para que pueda ser ella quien haga y deshaga, ordene y ejecute. Tanto Norberto como Martín llegaron a vivir con ellos por azahares del destino.

Como toda vivienda de época, que remite a las décadas de los años 50, 60 y 70, guarda en su interior muebles antiguos, tapices, gobelinos, espejos, lámparas, objetos de arte, cuadros de autores famosos, esculturas de gran valor estimativo para la diva, pero también real.

Los cuatro viven “contentos”, tranquilos, gozando de los beneficios que ofrece el lugar. Sostienen todo tipo de diálogos: algunos irónicos, otros mordaces, la mayoría festivos y una gran cantidad críticos. Como dice la publicidad del filme, son cuatro personajes cínicos, tramposos, perversos, adorables.

Todo camina en paz y sin demasiados tropiezos hasta que un día llegan en un automóvil, al filo del atardecer, Bárbara y Francisco, pareja de jóvenes aduladores y mal intencionados que dicen haberse extraviado y piden les permitan usar el teléfono.

Amablemente los dejan entrar, aunque les advierten que hay mala señal, pero insisten y así, como la humedad, van entronizándose en la casona y en la vida de los cuatro protagonistas.

A los jóvenes les gusta el lugar, se sienten bien acogidos y, cada vez con mayor frecuencia, tratan de convencer a Mara de que venda la propiedad, alegando que así podría obtener un buen dinero y su esposo recobraría la movilidad, incluso podrían viajar. También les “sugieren” que les den a Norberto y a Martín una indemnización para que abandonen la casa.

Todo esto lo van tramando los dos jóvenes, cada uno por su lado, adulando a la diva, trabajando su voluntad para que acepte vender la casa, siendo ellos quienes realicen la operación.

No se vale seguir contando la historia, menos hablar del desenlace, baste decir que se trata de una buena película que regala una muy agradable función. Salimos con buen sabor de boca, pues acaba siendo un filme con un sabroso toque romántico.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en septiembre de 2019, edición 184 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

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