Cine Adictos

POR CARMEN CANO GORDÓN

Nuestro personaje, porque no podemos negar que es todo un personaje, nace en Jiquilpan, Michoacán, el 8 de marzo de l953. Es considerado uno de los actores más talentosos e importantes dentro del universo fílmico nacional. Estudió la Licenciatura en Actuación en el Instituto Nacional de Bellas Artes y realizó estudios en el Centro de Experimentación Teatral, así como en la Facultad de Teatro de la Universidad Veracruzana, donde posteriormente impartiría clases de actuación.

Trabajó como actor de teatro durante ocho años en dos compañías teatrales con los más prestigiados directores. Ha aparecido en seis películas extranjeras, entre las que destaca, por renombre, Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (Andrew Adamson, EU, 2008) y en gran cantidad de cintas mexicanas como: Lolo (Francisco Athié, 1993); Dos crímenes (Roberto Sneider, 1995); El anzuelo (Ernesto Rimoch, 1996); Bajo California: el límite del tiempo (Carlos Bolado, 1998), La Ley de Herodes (Luis Estrada, 1999); La habitación azul (Walter Doehner, 2002); El crimen del Padre Amaro, (Carlos Carrera, 2002); Un mundo maravilloso (Luis Estrada, 2006); Chicogrande (Felipe Cazals, 2010) y Del amor y otros demonios (Hilda Hidalgo, 2010), por mencionar algunas. Sin duda, tanto La Ley de Herodes, como El infierno (Luis Estrada, 2010) representan un parteaguas en la vida artística de este estupendo actor.

También se ha desempeñado como actor de televisión, aunque esporádicamente, pues es muy selectivo. Las telenovelas no son lo suyo y prefiere las series de calidad como las producidas por Argos, por ejemplo Las Aparicio (2010). De las series televisivas dice: “Con las series nos acercamos mucho más a la realidad mexicana y a las dificultades que tiene la gente común en las calles y en sus familias”.

Podríamos hablar mucho más de su trayectoria, de su filmografía, de los premios que ha obtenido y de los años más importantes tanto en su desempeño profesional como en su desarrollo personal, pero lo que más nos interesa es transmitir a nuestros lectores el perfil íntimo de este actor diferente, perfil poco común que ha compartido, de varias maneras, con otros histriones como: Héctor Bonilla, Angélica Aragón, Daniel Giménez Cacho, Jesús Ochoa, Pedro Armendáriz, María Rojo, Delia Casanova, Fernando Luján, por mencionar a los más connotados.

Este perfil, esta forma de pensar, su congruencia entre lo que se dice y lo que se hace y el cómo se hace, son sólo facetas de este personaje singular que hemos entresacado de entrevistas a las que hemos tenido acceso. Por eso, vamos a dejar que sea él quien hable:

“Creo que me gusta cada vez más hacer cine… y me preocupa el no alcanzar cada vez más un mejor nivel. Me gusta mucho el trabajo que hago, pero no hay magia. Si elijo buenas historias, éstas siempre tendrán buenos personajes: Las historias mediocres, personajes mediocres y las malas ya ni se diga”.

A la pregunta de qué es lo que hace para representar roles tan distintos: cura, asesino a sueldo, revolucionario, nuestro personaje responde: “Hay una responsabilidad al hacer una historia nueva y la gente confía en lo que uno va a hacer. Entonces, cuando uno está solo con el guion, enfrentándose al texto, comienza a gestarse la película y la manera de hacerlo crece con la experiencia”.

Con respecto a su trabajo en la película García (José Luis Rugeles, Colombia, 2010) señala: “Esta película me encantó y creo que conseguí lo que pretendía: para este papel varias veces tuve que meterme y encontrar cosas para tomar y desechar otras, pero todo está en el guion y en la calle… Yo sí creo que cada uno de los personajes es un hombre absolutamente diferente, entonces no se puede parecer a mí, no se puede parecer al personaje anterior o a alguno de ellos”.

En otra entrevista se le cuestionó sobre su película Crónicas (Sebastián Cordero, Ecuador, 2004) producción mexicano-ecuatoriana, donde da vida a Vinicio Cepeda, un enigmático vendedor itinerante, acusado de ser un violador de niños y asesino en serie que asola varios poblados del Ecuador: “Hay que conocer gente, mirarla para ver las cosas verdaderamente, para ir entendiendo quien es ése que está ahí… se trata siempre de personajes diferentes que no tienen nada que ver con el anterior o con alguno de ellos…, ubicarlo, darle su espacio, encontrar su propia manera de respirar y así irlo ubicando, imaginarlo”.*

De todo esto se deduce que a Damián Alcázar le gustan los personajes complejos, porque “no existen las personas simples, todos tenemos algo que nos hace complejos, diferentes a los demás, que nos define como seres humanos”. De ahí y en relación con lo expresado anteriormente, brinquemos ahora a hablar de El infierno, película emblemática en muchos sentidos, ya que esta cinta no es nada complaciente al presentar de manera descarnada lo que ocurre en el norte del país en relación con la violencia: “Luis Estrada, en este filme, se permitió enfrentar el trauma mexicano de manera festiva para, de alguna manera, quitarle lo espeluznante, hacer escarnio de la situación, una caricatura de la misma”.

Podríamos hablar mucho más de Damián Alcázar, pero con lo expuesto hasta aquí ojalá hayamos logrado que tú lector te intereses por ver lo que ha hecho, por su congruente trayectoria.

* Algunos conceptos se repiten en entrevistas diferentes, pero sirven para enfatizar su forma de ver y acercarse a los personajes.
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POR ROGELIO RAMÍREZ ARAMBURU *

Durante la primavera de 2019 Chernobyl causó gran impacto desde el momento de su estreno. Esta miniserie aportó una particular versión sobre la ambición e ingenuidad de la raza humana expuestas por un accidente nuclear que provocó uno de los desastres ambientales más grandes del siglo XX y que, hasta hoy, es el referente de un lugar donde ya no es posible habitar.

Por la calidad de sus cinco episodios, Chernobyl se equipara con lo mejor de la cinematografía, bajo la dirección de John Renck, quien se hizo famoso por series como Breaking Bad y The Walking Dead.

Se centra en la historia del doctor Valery Legasov (Jared Harris) físico que en 1986, después de la explosión de un reactor nuclear en la central Vladimir Ilich Lenin, al norte de Ucrania, debe acudir para resolver el problema, al lado de Boris Scherbina (Stellan Skarsgard) como vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS.

En Chernobyl destaca la ambientación y tensa atmósfera que permea cada escena. Esto lo podemos dividir con tres rubros y la forma en que se conectan: música, ambientación e imagen.

Se debe resaltar la labor de Hildur Gudnadottir, encargada de la música, quien trabajó en películas como The Bleending House (Philip Gelatt. EU, 2011) y The Revenant (Alejandro Gonzá-lez Iñarritu. EU, 2015), donde demostró su maestría musical en todo momento.

Gracias a ella, en cada escena de Chernobyl se siente la pesadez y el misterio que rodea el acontecimiento, la angustia que cargan los personajes. Muchas veces son notas sutiles, casi imperceptibles; sin embargo, en los momentos de tensión la música lleva de la mano al espectador para adentrarse en lo sucedido.

Los efectos ambientales son muy importantes y junto con la música crean una atmósfera de opresión, casi de asfixia, en algunas partes; por ejemplo, los primeros intentos de apagar el fuego con los helicópteros o un viaje entre tuberías que obreros de la planta emprenden como recurso esperanzador para la situación que enfrentan.

Las imágenes corrieron a cargo de Jacob Ihre, fotógrafo conocido por Thelma (Joachim Trier, Noruega, 2017), Louder Than Bombs (Joachim Trier, Alemania, 2016) y The End of the Tour (James Ponsoldt, EU, 2015) quien logra retratar historias con alta carga emocional, con su mira puesta en encuadres profundos, como si buscara que el espectador se tomara un tiempo antes de pasar al siguiente. Inolvidables son escenas como la evacuación de Pripyat, las reuniones con mandatarios bielorrusos y escenas del hospital, cargadas de fuerza visual, sin ser resultado de una proeza técnica.

El color es la pieza que cierra el círculo. Los tonos son pálidos; verde y naranja forman una paleta que ayuda a adentrarse en la situación de Chernobyl que, por su calidad, aspectos técnicos y narrativos, ha sido reconocida como una de las mejores series de la última década.

Como producto audiovisual es equiparable a los mejores títulos generados por la industria cinematográfica; demuestra que, más que cuantiosos recursos en efectos especiales, basta un sólido argumento y un guion bien trabajado para una ambientación perfecta.

Chernobyl logra conectar con los espectadores y, sin lugar a dudas, compite con grandes obras audiovisuales. HBO se encargó del lanzamiento mundial en televisión restringida, pronto logró ser considerada como una de las miniseries más influyentes y mejor realizadas.

* Rogelio Ramírez Aramburu realizó su Servicio Social en el Programa de Promotoría Cultural.
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POR ADRIÁN ALEJANDRO VELÁZQUEZ BAUTISTA

En el cine esencialmente existen dos modos para integrar la música: en forma extradiegética, con sonidos que ocurren mientras suceden acciones en escena, pero los personajes “no la escuchan”, debido a que no pertenece a la narración; ésta se enfoca en la percepción de los espectadores.

La otra es la intradiegética, la cual “sí se escucha” en el entorno donde transcurren las escenas o los hechos: los personajes la perciben, es parte de la realidad representada en la secuencia.

De manera simultánea, la música extradiegética puede introducir elementos estilísticos de época o región cultural, jugando así una función adicional de contextualización, con ello contribuye a la definición o construcción de la diégesis: lo que conforma un mundo, su historia, leyes, reglas, problemas, criaturas, entre otros elementos; se le atribuye una carga emocional, no pretende introducir asociaciones extramusicales.

En cada filme la música incide en su sentido estético, en el enfoque comercial o cultural en que se contextualice, abarcando desde aspectos tecnológicos hasta políticos, por mencionar algunos. Los componentes sonoros se integran con voces, ruidos y sonidos musicales*.

La función principal de la música suele ser la de proveer apoyo y sustento emocional a las historias; también puede establecer o clarificar el tono, el carácter dramático, apoyar y sostener el ritmo, agregar o modificar sentidos y significados. Además puede ser parte de la narrativa, contener en sí misma un personaje o parte del fondo, de las atmósferas.

La trilogía de El señor de los anillos (El señor de los anillos: la comunidad del anillo, 2001; El señor de los anillos: las dos torres, 2002 y El señor de los anillos: el retorno del rey, 2003) representa un claro ejemplo de música extradiegética; en estos filmes el multipremiado compositor Howard Shore desarrolla la que, quizá, sea la más completa exploración de leitmotiv (tema musical dominante y recurrente en una composición o motivo central como asunto que se repite) en la historia del cine, dando como resultado partituras tan vivas y emotivas como el ficticio mundo que imaginó en sus historias J.R.R. Tolkien.

La también llamada técnica de Leitmotifs proviene del estilo operístico popularizado por Richard Wagner, que fusiona melodías, personas, eventos o lugares, para ayudar al desarrollo dramático de la historia. Entre sus funciones destaca la unión de encuadres entre sí o de manera opuesta, para señalar su separación.

En el caso de El señor de los anillos: la comunidad del anillo se observa la transición de la imagen en negro con la narración del origen de los anillos de la Tierra Media, el tema simboliza a los elfos de Lothlorien, específicamente al personaje de Galadriel, quien narra la historia a modo de prólogo.

Posteriormente, la música enmarca la aparición de los personajes de Galadriel y Bilbo, cambiando el tono conforme uno sale de escena y el otro entra. Se escucha el tema La Comarca, mientras Bilbo sitúa al público en el mapa de la Tierra Media y nuevamente la melodía de La Comunidad concluye la introducción al filme.

El tema de La Comunidad presenta mayor número de variaciones, dando como resultado un tono heroico. En escena aparecen Frodo y Sam, quienes dejan la Comarca de camino a Rivendel. Shore introduce un fragmento de La Comarca como anticipo de la variación, para luego convertirla en un simple motivo de la melodía de La Comunidad.

La sencillez de este tema contrasta con otra variación más oscura, mientras Gandalf se adentra en Isengard para pedir el consejo de Saruman. El compositor añadió platillos y la melodía acompaña el galope de Galdalf. Estas dos variaciones se enfrentan entre sí y anticipan la ruptura final de La Comunidad.

La siguiente vez que se escucha el tema Frodo y los hobbits han aceptado a Trancos, o Aragorn, como su líder temporal. La Comunidad está creciendo, así como la sección de metales. Primero se utilizó un corno francés, con la intención de acrecentar la tensión ahora se escuchan tres. A la majestuosa melodía se la añaden los timbales para un efecto de “urgencia”.

El leitmotiv de La Comunidad reaparece cuando Frodo ha sido capturado por los espectros del anillo. Mientras Arwen los lleva a Rivendel, esta pieza se mezcla con otras de forma vehemente, a fin de imponerse.

Otro pasaje apasionante, gracias a la música, ocurre en las minas de Moria, el único momento en que los nueve miembros de la Comunidad forman parte de una acción conjunta. Se percibe un compás de 3/4 de La Comunidad que inmediatamente es absorbido por el compás de 5/4 de los Orcos. Desde ese momento, tras perder a Gandalf, el leitmotiv sólo aparecerá de forma fragmentada.

En la salida de Lothlorien, el tema sólo reúne violines y corno inglés, para aportar una débil variación de la que el compositor ya ha abusado.

Howard Shore utiliza la instrumentación, el tempo y la armonía. El leitmotiv está en la trilogía, entrelazándo y obteniendo una compleja red entramada con la historia.

Sirva este ejemplo para mostrar una capa, muchas veces invisible, del cine.

* Casetti, F. and Di Chio, F. (2007). Cómo analizar un film. Ediciones Paidós Ibérica. Barcelona.
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POR KRISANGELA SOFÍA MURILLO CAMACHO

La gran belleza ( La grande bellezza ), película dirigida por Paolo Sorrentino, desde su debut en el Festival de Cannes en 2013 tuvo una constante: el reconocimiento de la crítica especializada y múltiples premios, entre ellos el Oscar a Mejor Película Extranjera 2014.

Ofrece una deslumbrante mirada a Roma, cuya alta sociedad está llena de pseudo-intelectuales. En ese grupo convergen nobles decadentes, políticos y artistas, entre muchos otros, quienes se dan cita en fastuosos palacios o villas que reflejan la exquisita belleza arquitectónica de Italia.

Con una cámara que danza en travelings envolventes, presenta una mezcla de carnaval y clasicismo, desenvueltos en una especie de performance, con secuencias de fiestas exuberantemente complejas. El epicentro de esta vida social es el personaje de Jep Gambardella (Toni Servillo), escritor de 65 años de edad quien, luego de sentirse dominado por la indolencia o el hastío, opta por el desfile de esas insustanciales, vanas y deprimentes personas.

Las mayoría de las locaciones ocurren en Roma, el cuarto municipio italiano más poblado de la Unión Europea. Se le conoce como la Città Eterna y fue fundada, según la tradición, por Rómulo y Remo aproximadamente en 780 a.C. Esta urbe cuenta con un invaluable catálogo de arquitectura y bienes históricos, pero me enfocaré en las construcciones que resaltan en La gran belleza, como el Coliseo y la Fontana dell’Acqua Paola.

Desde el departamento que habita Jep Gambardella se obtiene una vista privilegiada del Coliseo, monumento famoso de la antigüedad clásica construido en el siglo I, en pleno centro de Roma. Primero fue denominado Anfiteatro Flavio, en honor a la dinastía Flavia. Es Patrimonio de la Humanidad desde la declaración de la UNESCO en 1980, además de una de Las nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno, como quedó asentado el 7 de julio de 2007.

El Coliseo, más allá de ser recordado como el sitio donde sucedían peleas de gladiadores o eventos públicos marcados por la barbarie, representa un importante legado de innovaciones arquitectónicas. Es una obra grandiosa por el uso de técnicas de construcción como pilastras y arcos de travertino colocados sin argamasa, directamente sobre cimbras de madera, un descubrimiento que aligeró el peso del edificio. Los arquitectos romanos fueron los pioneros en la utilización de este método.

La Fontana dell’Acqua Paola, muchas veces reconocida como fuente de Gianicolo, fue erigida entre 1585 y 1588 por órdenes del Papa Sixto V y está inspirada en la Fontana dell’Acqua Felice. Su objetivo es suministrar agua a las zonas del Trastevere, el Vaticano y Vía Giulia. De ella destaca haber sido construida con piedras de mármol y granito extraídas de las ruinas del Foro de Nerva.

Llama la atención la Fontana dell’Acqua Paola por la simplicidad de sus ornamentos, ya que solamente resaltan las insignias papales, sostenidas por un par de ángeles, sobre los emblemas de la Casa Borghese, familia a la que pertenecía el pontífice, además de algunas águilas y dragones. El agua que cae en esta gran obra de ingeniería proviene del lago Bracciano.

La gran belleza constituye un disfrute visual con vistas panorámicas resaltando varios de los principales sitios públicos de Roma, erigidos durante el Renacimiento o el Barroco. Son testimonio de la creatividad para la exaltación humanística y del espíritu. Entre los más celebres están: Plaza España, Plaza Navona, Campo de’ Fiori, Plaza del Popolo y Plaza de San Pedro.

La capital italiana, vista a través de un filme exitoso, se presenta como el resultado del legado arquitectónico y urbanístico de diversos siglos. Nos muestra la relación de la ciudad con su pasado, en periodos tanto de desarrollo como de decadencia.

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POR  LETICIA URBINA ORDUÑA

Filmada en 2013, La jaula de oro ofrece un punto de vista sobre la migración que, hasta ese momento, no había sido abordado por el cine mexicano, centrado, como el resto del país, en la victimización de connacionales por los estadounidenses.

Esta ópera prima del español radicado en México Diego Quemada-Díez, pone el acento en otros migrantes: los centroamericanos y el miserable trato a que son sometidos por la mayoría de los mexicanos a su paso por este país.

El director no buscó hacer una mera película de denuncia, pues también aborda la historia de los otros connacionales, los que prestan la mayor ayuda posible a los migrantes de manera desinteresada, como “Las Patronas”, o el refugio del sacerdote católico Alejandro Solalinde quien, por cierto, aparece en el papel propio.

La cinta no soslaya ni trata de justificar a aquellos que explotan por igual a mexicanos y centroamericanos en su intento de llegar a Estados Unidos. La mirada del director es despiadada: asaltantes, polleros, tratantes de personas, extorsionadores, policías, el servicio migratorio mexicano y, por supuesto, “La Besti”a, el tren que cobra vidas en cada viaje, son algunos de los peligros que los migrantes deben enfrentar, sin contar lo que les espera en el país destino.

Tres adolescentes guatemaltecos, dos chicos y una chica, emprenden el viaje hacia México y tardan más en entrar que en ser deportados. Uno de los varones decide regresar su país de origen, pero la pareja de novios formada por Juan y Sara, disfrazada de chico bajo el nombre de Osvaldo, continúa su viaje hacia Estados Unidos.

Casi desde el inicio de su travesía se les une el que parece un molesto compañero, o al menos lo es para el celoso y racista Juan: Chuk, un indígena tzotzil que no habla una palabra de castellano y que le cae en gracia a Sara, quien trata de enseñarle un poco de español y le pregunta y contesta a señas lo mejor que puede.

De los tres personajes, sólo uno logrará su objetivo; sin embargo aquí vale aplicar la frase atribuida a Oscar Wilde: lo único peor que no cumplir tus sueños, es verlos cumplidos.

El excelente trabajo fotográfico ayuda a comprender desde un inicio el contexto del que provienen sus protagonistas. Vecindades miserables, el trabajo en los tiraderos de basura y la absoluta ausencia de los padres de estos adolescentes, que parecen mandarse solos, permiten explicar cómo es que acometen semejante empresa.

Cabe subrayar que las actuaciones de los jóvenes elegidos por el director son un logro de éste y de Fátima Toledo, quien los preparó en materia actoral. Ninguno de ellos había trabajado en este ámbito antes de La jaula de oro. El personaje de Juan (Brandon López) parece odioso al principio: un machito pueblerino con ínfulas de grandeza; Chuk (Rodolfo Domínguez) es en la vida real un campesino tzotzil de quince años que apenas habla el español y Sara (Karen Martínez) es cualquier niña pobre, cuyo mayor encanto reside en tener apenas dieciséis años. Y los migrantes que aparecen junto a ellos (cerca de 600) son, en realidad, migrantes.

La obtención de nueve premios Ariel y la nominación a 14 es resultado de la dirección de Quemada-Díez quien, con su ópera prima, se reveló como un talento muy prometedor.

Aunque el asunto es doloroso y terrible, hay destellos de comicidad que alivian el peso de tanta desolación, de tanto desamparo, sin restar su dimensión a la tragedia de fondo. Y hay también momentos poéticos. Tras ver a los personajes subir y bajar del lúgubre tren conocido como “La Bestia”, observar una máquina salir de un túnel en plena nevada toma por sorpresa al espectador que, de pronto, se pasma por la imagen insuficientemente real.

Un alejamiento de la cámara revela el truco del director: no es una mala toma de una maqueta, es la maqueta de una juguetería tras cuyo cristal asoman los ojos brillantes y las sonrisas infantiles de Juan y Chuk, para recordar al espectador que quienes han vivido una serie de atropellos son casi unos niños.

Menores de edad convertidos violenta, abruptamente, por la miseria, en adultos responsables de sus vidas de la noche a la mañana. Infancias truncadas por el hambre, primero, y por el mito de un sueño americano, después, que para muchos es la última pesadilla de sus vidas.

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POR LUCÍA ELENA ACOSTA UGALDE *
Ustedes cuentan con un gran
personaje como es el vampiro
encarnado por Germán Robles.
Quentin Tarantino

El cine de terror es uno de los géneros más atractivos en la industria cinematográfica mexicana. En sus inicios, estuvo anclado en seres deformes, colmilludos o peludos. A la par del cine estadounidense, estas criaturas constituyeron una ventana al universo del aliento contenido y el corazón palpitante.

Haciendo una breve retrospectiva, la cinta mexicana La Llorona, del cubano Ramón Peón, da inicio al género de terror en el año de 1938. Siendo un joven director, Juan Bustillo Oro comienza su labor fílmica con lúgubres producciones como Dos monjes (1934), cinta que se considera expresionista, y las películas El misterio del rostro pálido (1935) y Nostradamus (1937).

Al paso del tiempo el cine de terror retoma su firmeza con la llegada de la cinta de culto El vampiro (1957), bajo la dirección de Fernando Méndez y la impecable actuación de Germán Robles como un carismático y sensual conde “Lavud” , emblemático foráneo, capaz de mezclar la sangre y el vino. En dicha producción el humor involuntario lo origina otro gran actor de la época, Abel Salazar. Es majestuosa la manera como el gran Germán Robles marcaba el destino para los sucesores del mítico personaje, se filmaron diversas películas sobre el mismo tema, pero no lograron alcanzar el éxito de su antecesora.

Otra cinta correspondiente a esta temática es El castillo de los monstruos (Julián Soler, 1958), con el siempre estrafalario Antonio Espino “Clavillazo”, compartiendo créditos con Evangelina Elizondo. Con el furor de la comedia, se manufacturan parodias como La nave de los monstruos (Rogelio A. González, 1960) protagonizada por Eulalio González “Piporro”, el rey del taconazo, y las beldades de la época: Ana Bertha Lepe y la vampiresa seductora Lorena Velázquez.

El género debía cambiar y, como una neblina compuesta de nuevas propuestas llega la pluma de Carlos Enrique Taboada, con sendas producciones donde el terror mostraba una nueva faceta: un tenebroso sendero a lo desconocido y sobrenatural con gloriosas producciones como El libro de piedra (1969), considerada un clásico, con uno de los finales más bellos del cine mexicano; Hasta el viento tiene miedo (1968), Mas negro que la noche (1975) y Veneno para las hadas (1984).

Durante la década de los años 80 la calidad tiende a decrecer con producciones ancladas en las jóvenes promesas televisivas, elenco decorativo en películas como Cementerio del terror (Rubén Galindo, 1985), Vacaciones de terror (René Cardona III, 1989) y Pánico en la montaña (Pedro Galindo III, 1989).

Al inicio de los años 90 llega el llamado “Nuevo cine mexicano”. El objetivo inmediato era producir cintas de contenido y calidad, entre las cuales destacan los proyectos cinematográficos Cronos (1993), de Guillermo del Toro; Sobrenatural (1996), de Daniel Gruener y Angeluz (1998), de Leopoldo Laborde.

Con el inicio del siglo XXI la cultura de un país lleno de mitos y leyendas da pie a creaciones fílmicas como Las Lloronas (Lorena Villarreal, 2004); una de las películas más taquilleras del cine mexicano: Kilómetro 31 (Rigoberto Castañeda, 2007) y la cinta Cañitas (Julio César Estrada, 2007), basada en el popular libro de Carlos Trejo.

Para 2010, la temática sobre los muertos vivientes o zombies lleva a un relevante cortometraje llamado Apocalypze, del joven director Fernando Chávez, con el apoyo de una destacada labor en maquillaje del mexicano Jorge Siller (Resident Evil Extintión); el desolador documental se exhibió en el Festival Mórbido Film de 2010.

Para concluir este breve recorrido del cine de terror mexicano de finales de los años 30 a la primera década del siglo XXI recordemos la frase del maestro del suspenso Alfred Hitchcock: “La fantasía o la ficción literaria siempre es más insólita que la verdad o la realidad”.

* Lucía Elena Acosta Ugalde es Doctora en Historia del Arte. Técnico Académico Asociado C, Tiempo Completo. Definitivo.

Categoría(s): DE RODAJE EN RODAJE

POR CARLOS DÍAZ ROMERO

I believe we exist in a
multiverse of universes
(Creo que existimos en un
multiverso de universos)
Michio Kaku

Es común acudir al cine de Hollywood por mera diversión y dejar el ejercicio intelectual para las producciones independientes o de arte, pero en algunas ocasiones vale la pena revisitar cintas de entretenimiento ligero para explorar profundidades ocultas. The Last Action Hero (John McTiernan, 1993), protagonizada por Arnold Schwarzenegger, es una de ellas.

La nula plausibilidad de su premisa es tal que se pasa por alto; resulta una fuente de planteamientos filosóficos sobre el cuestionamiento de la realidad misma. Todo comienza cuando Danny Madigan, niño fanático del policía ficticio y héroe de acción Jack Slater, recibe un boleto mágico que le da acceso a los filmes y a la “realidad” de Slater.

Arrojado, casi literalmente, al interior de la película Jack Slater IV, Danny hace uso de sus conocimientos sobre la franquicia y los tropos del cine de acción para manejarse en una realidad exagerada, en la que un gato detective de dibujos animados y la remasterización de Humphrey Bogart conviven con personas comunes. De paso, intenta convencer a Slater de que es un personaje adorado por millones de espectadores.

La brillante deconstrucción del cine de acción de los años 90, manejada por John McTiernan, director de aclamadas cintas del género como Predator (1987), Die Hard (1988) y Hunt For Red October (1990), viene acompañada de cuestiones filosóficas y científicas del multiverso y el destino.

Cada película producida dentro de The Last Action Hero, representa un universo alterno, regido por las leyes que los escritores de cine determinan al crear historias: coches que explotan sin motivo, heridas de bala que resultan ser meros rasguños, cuando en verdad serían mortales, entre otros. Los personajes desarrollan sus vidas según los designios del director; sin embargo, esto provoca que las vidas “ficticias” de los personajes sufran las consecuencias de estas decisiones en favor del entretenimiento.

Jack Slater deja siempre un rastro de muerte y destrucción en su búsqueda por llevar ante la justicia a los criminales de su mundo, tal como demanda la trama. Se siente devastado porque él sólo desea ser un buen policía; no obstante, termina atrapado en locas aventuras, explosiones y tiroteos a los que sólo él parece capaz de sobrevivir.

En el clímax de la trama, Slater sale de su universo e ingresa a uno más realista y brutal, el de Danny Madigan, donde descubre que todas las reglas que conocía dejan de ser válidas y enfrenta una crisis existencial. Su vida, todo lo que es y será, no es más que un invento al que un hombre llamado Arnold Schwarzenegger da vida, y todas sus tragedias, como la muerte de un hijo y su primo segundo, son recursos narrativos para el entretenimiento del público. Afortunadamente, Slater llega a buenos términos con su existencia y acepta el papel de héroe en un universo donde todo está escrito para que triunfe.

Esta película genera interrogantes entre los espectadores analíticos, a partir de entender que el universo de Danny, llamado The Last Action Hero, contiene películas con universos paralelos, uno de ellos es Jack Slater IV, donde también hay filmes. Surge la duda: ¿será posible que estas cintas sean universos paralelos? De ser así, significaría que hay un agujero de conejo por el cual se puede descender, atravesando infinidad de universos alternativos, donde las leyes físicas, psicológicas y sociales sean impensablemente extrañas, un universo dentro de un universo.

En esta escalera de realidades también se puede ascender. Danny descubre que las películas son universos propios, visita uno de ellos y también lleva a un personaje hasta su propio mundo. Jamás se cuestiona la realidad o ficción, aunque nosotros, como espectadores, sabemos perfectamente que Danny es ficticio. Una decisión narrativa que da pie a una última propuesta para la metarrealidad multiversal.

¿Si Danny averiguara que aquello que considera la realidad no es más que otro nivel de multiversos ficticios/reales del que puede escapar?, ¿si nosotros desconociéramos, como Jack Slater y Danny Madigan, sobre nuestro mundo y éste no fuera más que la ficción de un escritor paralelo? ¿Qué pasaría si nuestras vidas no estuvieran regidas por la libertad o los designios de una divinidad, sino por la mente de un guionista de Hollywood?

 

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POR  NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

De pronto, una serie de fotografías en blanco y negro nos trae recuerdos de otras épocas, en las que la presentación de películas incluía un proceso de corta y pega, en una especie de imitación del “corte y queda”. Haciendo uso de lienzos de papel translúcido, como base para soportar las fotos fijas en exhibición y, de esta forma, llevar hasta el público cinéfilo las referencias generales del tipo de obra que se vería en la pantalla grande.

Nos referimos a una práctica de difusión que hace más de tres décadas quedó en desuso, pero gracias a 292 imágenes resguardadas en el Centro Cultural Acatlán, nos permite recordar viejos tiempos y compartir con ustedes otro aspecto de la historia de la cinematografía, las fotos de still.

Entre estos títulos: Canoa, dirigida por Felipe Cazals y producida por Conacine y el STPC, con las actuaciones de Enrique Lucero, Salvador Sánchez, Ernesto Gómez Cruz y Rodrigo Puebla; El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein, producida por Estudios Churubusco, con Claudio Brook, Rita Macedo, Arturo Beristain y Diana Bracho; Celestina, con el característico sello histórico de Miguel Sabido, con el apoyo de Procinmex y las actuaciones de Ofelia Gilmain, Isela Vega, Luigi Montefiore y Martha Zavaleta, y El monasterio de los buitres, bajo la dirección y producción de Francisco del Villar en los Estudios Churubusco, con Enrique Lizalde, Enrique Álvarez Félix, Irma Serrano y Enrique Rocha, son solamente algunos de los ejemplos de esta rica experiencia visual.

La mayoría de estas fotos posee medidas de 20 por 25 centímetros, (siguiendo el formato de 8 por 10 pulgadas), son horizontales o apaisadas, ya que así se cubre el campo visual del ojo humano. Aunque también las hay de menor tamaño y en formato vertical; llama la atención que se utiliza solamente una foto de cada filme que tiene los datos impresos, generalmente presenta las escenas con los protagonistas, pero también hay otras donde aparecen los histriones de reparto con pocas notas, lo que complica identificarlos por nombre artístico, al final muchos han quedado en el anonimato.

Es de suma importancia señalar que las fotos de still a las que se hace referencia en este texto, la mayoría pertenece a producciones mexicanas de la década de 1970 y principios de los años 80, es decir, cuando Luis Echeverría Álvarez era presidente y se trató de impulsar al cine nacional, teniendo a Rodolfo Echeverría, (actor y hermano del Presidente), al frente del Banco Nacional Cinematográfico. Había entonces tres productoras como eje del impulso fílmico: Conacine, Conacite 1 y Conacite 2.

Las fotos de still constituyen una fuente invaluable de la historia del cine, porque formaron parte de un estilo y una época. Bien sabemos que la base del séptimo arte son las fotografías, siendo más precisos, los fotogramas, que derivó en los mencionados still, los cuales muestran imágenes extraídas o generadas a propósito, con poses previas o posteriores al rodaje pero, esencialmente, con fines publicitarios.

Este tipo de imágenes fueron utilizadas desde los años 30 y cayeron en el olvido a partir de los años 80. Era común la participación de fotógrafos profesionales para captar estas imágenes, pues si se tomaban de los fotogramas originales la calidad era menor y la reproducción también se veía afectada. Era una estrategia publicitaria que se sumaba al diseño de los carteles y anuncios para promocionar los filmes durante su distribución y exhibición.

Las fotos de still tienen la particularidad de contar la película sin contarla; dan referencias para identificar a la pareja romántica, ubicar la época o el lugar donde ocurría la historia, la clase social de los protagonistas. En esta imágenes fácilmente se logra distinguir si hay drama, ficción, si es erótica o se trata de una historia clásica, pues prevalecen los acercamientos a los rostros y, por tanto, a los gestos.

Indudablemente este tipo de trabajo fotográfico sirvió para despertar la imaginación de los espectadores y crear modelos, lecturas visuales muy personales. La experiencia se completaba al terminar exhibición de las películas, cuando el público salía y podía mirar las vitrinas del cine, en ese momento tenía la oportunidad de dar un nuevo orden a esas imágenes y empezar a formar o confirmar sus opiniones respecto a la experiencia visual.

Los archivos de still son muy apreciados entre los investigadores de cine, entre los más famosos y emblemáticos están los resguardos por Pascual Espinosa, quien dedicó su vida a sacar fotos de still y Fernando Fernández, hermano de “El Indio Fernández”, fue uno de los mayores coleccionistas de este tipo de materiales.

Por fortuna, la historia del cine mexicano es una de las más documentadas por investigadores como: Emilio García Riera, Aurelio de los Reyes, Gabriel García, Julia Tuñón, Gustavo García y Rafael Aviña, entre otros, cuyo trabajo ha permitido registrar el desarrollo de nuestro cine.

Tanto este tipo de fotografías como los carteles de época son “tesoros” por su valor histórico. No obstante, con el paso de los años muchas colecciones particulares han desaparecido o se han dispersado por el desconocimiento de su importancia histórica. Tristemente, también se les ha considerado materiales de desecho.

Las fotos de still del archivo del Centro Cultural Acatlán forman parte de la historia del cine mexicano y, en esta ocasión, nos dimos a la tarea de compartir un poco de este material.

Consideramos que las revisión de estas fotos de still serán de interés para los jóvenes cinéfilos de la FES Acatlán, más familiarizados con los posters modernos, elaborados con fotografía digitalizada e infinidad de efectos que captan su atención; seguramente les resultará hasta divertido ver la publicidad en blanco y negro. Para quienes ya llevamos más kilometraje en la apreciación del cine, esperamos sea grato recurrir a la memoria al ver algunas de estas imágenes provenientes de momentos en que prevalecían las ganas por acercar al público a las salas de cine.

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POR JORGE ESTRADA BAUTISTA *

The Queen’s Gambit se posicionó, en tan sólo 28 días de exhibición, como la “reina de las miniseries” de Netflix en 2020. El diario El País detalló en su edición del pasado 23 de noviembre que, de acuerdo con datos de esta plataforma de entretenimiento, más de 62 millones de suscriptores la habían visto. También indica que se colocó entre los 10 títulos más consultados en 92 de los 193 países donde está disponible. En 63 naciones ha sido número uno.

Para quienes hemos sido atrapados por The Queen’s Gambit el éxito reportado líneas antes no es sorpresivo, más bien algo justo y lógico, ya que cuenta con personajes atractivos, cuyas conductas invitan a conocerlos a profundidad; sus maneras de interactuar, reaccionar y evolucionar se apegan a comportamientos de la vida real, en ningún momento son aburridos ni acartonados. Uno tras otro, los relatos que acompañan a Elizabeth “Beth” Harmon, la protagonista, se enmarcan en escenas con las que se realzan sus debilidades, fortalezas y luchas internas. Por méritos propios, es una serie que deja huella y, sin duda, se hablará de ella mucho tiempo más.

The Queen’s Gambit (Scott Frank y Allan Scott, 2020), es un título que debió ser traducido como Gambito de reina, pero en español Netflix la llamó Gambito de Dama, el cual resulta algo confuso para muchos, por referirse a un tipo específico de jugada en el ajedrez. La historia se basa en la novela del mismo nombre, escrita por Walter Trevis en 1983.

Anya Taylor-Joy, actriz y modelo estadounidense, a quien antes hemos visto en películas como Split (Fragmentado. M. Night Shyamalan, EU, 2016), Glass (Cristal. M. Night Shyamalan, EU, 2019) y Emma (Autumn de Wilde, Reino Unido, 2020), interpreta magistralmente a Beth Harmon, joven huérfana, prodigio del ajedrez, que busca convertirse en la mejor jugadora del mundo, mientras lucha con problemas emocionales y codependencias.

Aunque la historia de Beth Harmon está ambientada en Lexinton, Kentucky, la mayor parte de la producción fue grabada en Berlín, Alemania, y tiene algunas escenas rodadas en Ontario, Canadá. Muchos de los escenarios y edificios de la serie fueron modificados con efectos computarizados. No obstante que los espacios no corresponden a los sitios a los que continuamente se hace referencia, la ambientación y las técnicas para lograrlo permiten mostrar excelentes referentes arquitectónicos que hacen juego, a la perfección, con el diseño de vestuario de la protagonista y la retícula en blanco y negro del tablero de ajedrez.

A los nueve años de edad, Beth Harmon, interpretada por la actriz Isla Johnston, queda huérfana y es llevada al orfanato “Hogar Methuen para niñas”. Este escenario es una mansión de estilo renacentista de finales del siglo XIX, situada a orillas de Berlín y es famosa por dos elementos arquitectónicos peculiares: la torre cuadrada de arquitectura medieval que sobresale en su fachada principal y su cristal invernadero de corriente modernista sobre el hastial del inmueble.

El trabajo de remodelación y recuperación que fue realizado en esta antigua construcción hace que, como público, nos adentremos, a través de un pasillo abovedado de cañón enmarcado por arcos de medio punto, en un lugar lúgubre pero delicado, acentuado por bellos pisos de duela y muros recubiertos hasta la mitad inferior con lambrines de madera en tono chocolate; logrando así la sensación de antigüedad, ambientada en la década de los años 40.

Este inmueble cuenta con habitaciones delimitadas por grandes puertas talladas en madera con detalles geométricos, distribuidos en dos niveles que dan escenario a salones de usos múltiples, oficinas, dormitorios y comedor. Dentro de la mansión, la pequeña Elizabeth es enviada al sótano y ahí, en medio de un pequeño espacio recubierto de azulejos antiguos, polvo y poca luz, conoce al señor Shaibel (Bill Camp), conserje del orfanato y quien se convierte en mentor para dominar su inquietud e interés por el ajedrez.

Beth tiene un talento natural para entender este juego, pero desde un principio cuenta con una “ayuda” muy especial para desarrollar en su mente las jugadas maestras, se trata del efecto de las pastillas tranquilizantes (disfrazadas de vitaminas) que les hacían tomar a las niñas del Hogar Methuen. Gracias a las drogas, en el techo del dormitorio, un espacio de la antigua mansión envuelto en lambrines de madera de caoba, Beth visualiza el tablero y las piezas del juego estudiando cada movimiento aprendido y desenvolviendo su técnica en el juego.

El siguiente espacio arquitectónico que destaca en la serie es la nueva casa de Beth, luego de ser adoptada por un hombre amargado y una mujer depresiva. El rodaje de estas escenas se realizó en Cambridge, Ontario, en un barrio con casas de típico estilo colonial, muy representativo de la arquitectura habitacional de Estados Unidos y Cánada, debido a que no fue posible encontrar en Alemania un vecindario que situara al público en Kentucky.

Esta casa, recubierta en su totalidad con papel tapiz estampado con detalles orgánicos y florales, es el espacio principal donde forma lazos con su madre adoptiva, la señora Alma Wheatley (Marielle Heler). En tonos verdes, azules y aqua se enmarcan las ambiciones y pasiones de la nueva tutora de la protagonista, estos matices están aplicados en la totalidad de espacios ubicados en la planta baja del inmueble, aportan al ambiente una sensación de tranquilidad, frescura y algo de melancolía gracias a la psicología del color aplicable en estos tonos.

En contraste, los tonos de las habitaciones del primer nivel cambian rotundamente de fríos a cálidos. En particular, la recámara de Beth tiene muros con tonalidades en rosa y rojo en el papel tapiz, estampado con una retícula de líneas entrelazadas en colores cálidos, acentuando cada detalle de la decoración con luz natural que entra por una ventana larga, la cual da vista al exterior desde la fachada principal; se distinguen muebles de estilo francés, elaborados en madera y terminados en una capa de pintura color blanco y una cama de tamaño matrimonial decorada con un dosel de tela gruesa y rosada con detalles florales al centro de la habitación.

Los colores de la habitación de la joven Beth conectan con su delicadeza y apaciguan los temores iniciales al llegar a un nuevo espacio, pronto lo asume como un lugar propio; ahí encuentra refugio para todas sus inseguridades. Esos mismos colores representan su pasión y la destreza mental por el juego, ella practica varias horas del día en un tablero que compra con el dinero que gana en su primer torneo de ajedrez, dedica las repisas y muebles para apilar cada uno de los libros y revistas que estudia meticulosamente para ganar habilidades y experiencia.

Entre los escenarios importantes de la historia destaca la secundaria Henry Clay High School, dónde Beth Harmon se inscribe al campeonato estatal de ajedrez de Kentucky y conoce a los gemelos Matt y Mike (Matthew y Russell Dennis Lewis), a Townes (Jacob Fortune-Lloyd) y a Harry Beltik (Harry Melling), campeón estatal de ajedrez, a quién Beth derrota en una sorprendente jugada.

Aunque en la vida real existe una secundaria Henry Clay, ubicada en Kentucky, la filmación del señalado torneo fue realizada en la escuela Max Taut, en Berlín, Alemania, la cual recibe el nombre del arquitecto que la diseñó y cuya construcción culminó en 1932. Dentro de este inmueble de concreto armado y estilo funcionalista podemos adentrarnos en uno de los dos gimnasios construidos y ser testigos de la primera victoria de mayor rango de Beth, pues se vuelve famosa por ser talentosa a su corta edad y también ser la primera mujer en jugar contra hombres con avanzadas calificaciones de ajedrez.

Después de esta victoria en el campeonato estatal, Harmon y su madre viajan a Cincinnati para participar en un nuevo torneo donde podemos observar dos grandes edificaciones alemanas, nuevamente en Berlín, las cuales sirven como escenarios perfectos para el disfrute de las partidas de ajedrez y sentir la emoción de los enfrentamientos.

En primer lugar podemos deleitarnos con el lobby del Ayuntamiento del distrito de Spandau (Rathas Spandau) diseñado por Heinrich Reinhardt y Georg Sübemnguth e inaugurado en 1984. Este espacio sirvió para filmar las escenas de check in en un hotel supuestamente ubicado en Cincinnati y para el registro del torneo en esa ciudad de Ohio.

Los acabados en los mosaicos del piso en beige y negro, ornamentos y decoraciones en pasta blanca acompañando las columnas verde sage revelan un ambiente de elegancia y simpleza que, con ayuda de los amplios vanos de las ventanas decoradas en marcos de herrería de acero invitan a observar cada uno de los detalles de este edificio de estilo reformista. El torneo de Cincinnati ocurre, en realidad, en la Meistersaal de Berlín, una histórica sala de conciertos creada en 1910, la cual cuenta un increíble plafón decorado con paneles de madera de caoba que, para esta serie, brindan un ambiente cálido y sobrio a las partidas de ajedrez.

La historia continúa, Beth avanza y derrota a nuevos oponentes, por ello es invitada a torneos en diversas partes del mundo, uno de los más interesantes, hablando de interiores arquitectónicos y juego de edición escenográfica, es el que supuestamente se realiza en Las Vegas, Nevada. En la secuencia, destaca la arquitectura modernista del Palais am Funkturm de la Messe, en Berlín, creado por Bruno Grimmek en 1957.

En Las Vegas, Beth Harmon camina hacia la puerta de entrada de lo que fuera uno de los principales hoteles de los años 60 y en un plano secuencia se le ve entrar a un resort moderno, con grandes ventanales en acero y aluminio, un espacio lleno de luz y vida que deja expuesta la estructura para descubrir un amplio lobby donde el elemento principal es una escalera semicircular retráctil, con un candelabro que ajusta la altura de acuerdo a las necesidades del edificio.

Lamentablemente estos espectaculares elementos arquitectónicos no pertenecen al edificio diseñado por Grimmek, si no que forman parte del salón de baile de Berlín, pero gracias a las ediciones de la producción se engaña la vista del público y nos deleitamos con un escenario inexistente, pero perfecto gracias a la fusión de estos dos inmuebles alemanes.

La historia de Beth Harmon llega a un momento triste y climático, una vuelta de tuerca que aprieta los engranes de su vida, ello ocurre precisamente en la Ciudad de México. Por principio de cuentas aparece la Catedral Metropolitana, luego una gran vista aérea de la Glorieta de la Columna de la Independencia y después de un corto viaje en auto por las calles de la supuesta ciudad somos envueltos por el lobby de un gran hotel de estilo Art Deco con el que los amantes de la arquitectura nos embelesamos al observar las escaleras de acceso recubiertas en su totalidad por una alfombra en tono chocolate, muros blancos con aplanado fino y decoración en los plafones acompañados con luminarias de la época, diseño de herrería en barandales elaborados con elementos de acero, bañados en pintura negra mate y formas decorativas geométricas rematadas con elementos en tono ámbar y grandes ventanas de piso a techo a manera de vitral enmarcados con herrería de acero.

Nuevamente, la joven prodigio del ajedrez entra lentamente a la recepción de un hotel que no es hotel y tampoco está ubicado en México, pero nada hace que, como público pongamos resistencia para dejarnos llevar y creer en su veracidad. Para ambientar las escenas de este importante torneo de ajedrez fue necesario grabar en el vestíbulo principal del teatro Friedrichstadt-Palast, ubicado en Mitte, Berlín, obra de Hans Poelzig, que data de 1919 y cuyo diseño original fue demolido en los años 80, ya que fue declarada en riesgo, pues su estructura podía caer en cualquier momento. Sin embargo, este inmueble sobrevive y ahora es un palacio de espectáculos, famoso por albergar shows que utilizan avanzada iluminación y puede recibir hasta 100 artistas en escena.

Observar detenidamente cada uno de los capítulos de The Queen’s Gambit es adentrarse en ambientes que nos hacen creer que sí estamos situados en una zona específica del mundo. Resulta todo un descubrimiento su verdadera ubicación, principalmente en Alemania. Basta decir que el Museo Bode, en Berlín, sirvió para recrear un torneo en París.

La Sala del Oslo, ubicada en el interior del antiguo Ayuntamiento de Berlín, construido a principios del siglo XX, es el escenario del emocionante gran torneo de Moscú, donde Beth Harmon enfrenta al entonces campeón mundial de ajedrez Vasily Borgov (Marcin Dorocinski).

Definitivamente, los escenarios arquitectónicos ayudan a que esta serie de televisión, que no le pide nada a obras fílmicas de gran calado, nos deslumbre y envuelva en cada una de las situaciones que se muestran en pantalla. Gracias al buen uso de la paleta de colores y la elección detallada de cada uno de los lugares, como público, simple y sencillamente podemos perdernos en los espacios que nos presentan, aunque no sean del todo reales.

Sin lugar a duda, The Queen’s Gambit ha sido un deleite para aquellos que hemos disfrutado de ella, existe en cada capitulo un derroche de buen gusto en las secuencias de historia, encuadre fotográfico, moda y espacios arquitectónicos que nos hacen viajar por el mundo a través de partidas de ajedrez en compañía de la protagonista. Esperamos con ansia la nueva producción de Netflix con las ganas de que, al igual que este gran éxito, nos deje con ganas de querer más.

* Jorge Estada Bautista estudió la carrera de Ingeniero Arquitecto en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura Unidad Tecamachalco del Instituto Politécnico Nacional. Actualmente se desempeña como proyectista en la elaboración de diseños industriales especializados.
Categoría(s): De Arquitectura y Cine

POR JUAN BRAVO ZAMUDIO *

El cine se ha vuelto el arte social de nuestro tiempo, debido no sólo a que en él se juntan diversas artes, sino también al interés y aceptación que suscita en cualquier parte del mundo y entre personas de cualquier edad o condición social.

El Séptimo Arte, empleado como fuente de información, permite adentrarse en el estudio de la sociedad; conocer diferentes culturas al igual que la propia; formar visiones en torno a acontecimientos pasados, presentes y futuros; entrar en contacto con valores, ideas, pensamientos, actitudes, normas. Nos permite reflexionar, criticar y hasta juzgar.

Por estos y otros aspectos se convierte en un educador informal. Tras su dimensión lúdica esconde una faceta formativa, ello hace que el docente no solamente lo ocupe como un recurso, sino también como parte de la currícula, provocando que sea un objetivo educativo en todos los niveles de la constitución del individuo.

En este sentido, el cine puede actuar como herramienta docente debido a su contenido informativo y su tendencia reflexiva. Por su parte, el estudiante debe ser consciente de estar siendo educado, porque, para él ver cine en clase es una actividad que incrementa su interés y participación.

La imagen en movimiento, mensajes, ideas, técnicas, así como contenidos, son elementos de indiscutible valor e indispensable estudio en las aulas. Es una de las estrategias interdisciplinarias y una vía para lograr la transversalidad: al mismo tiempo puede ser el fundamento de análisis y estudio de cualquiera área de un programa de trabajo.

El cine, como comenta Herbert Marshall McLuhan es “El aula sin muros”, complementa conocimientos, integra ideas y lenguajes. Puede hacer comprender mejor una obra de teatro, un drama escrito, y al mismo tiempo incitar a leer la obra literaria que ha servido de base para realizar el filme, de ser éste el caso.

Es necesario interpretar los resultados del cine para descubrir qué es lo que nos quiere comunicar. Una película se compone de diversos elementos que, en su conjunto, forman una narración con posibilidad de múltiples y variados comentarios y reflexiones. Como todo relato, utiliza técnicas que es necesario conocer, para saber si los mensajes llegan al espectador de la forma más parecida a como pretenden quienes han realizado la obra cinematográfica.

No basta con ver un filme, hay que analizarlo con mucho cuidado, con el fin de realizar todas las críticas posibles, para comprenderlo mejor y valorarlo como contador de historias, transmisor de valores, portador de arte y de conocimientos. Pero hay que entrar en él con seriedad, además de curiosidad.

La fijación en la memoria de los conceptos aprendidos es más duradera en la medida en que asimilamos de forma más concreta, con mayores evidencias; y de ahí que lo que se aprende mediante el cine se retiene por más tiempo y aprovecha mejor. Propicia en los estudiantes la interrelación de conceptos y en general facilita el desarrollo del pensamiento.

En la actualidad debemos hablar de la educación como instrumento para potenciar una enseñanza que desarrolle la actitud crítica en los estudiantes en torno al cine y a la información que reciben a través de los medios, que les permita concebir una escala de valores personal y útil para enfrentarse a la sociedad en el futuro.

El buen cine, como la literatura, la poesía o la novela, comenzó por ser simultáneamente una reflexión sobre el lenguaje y una tendencia a producir otro lenguaje; esto es, un sistema de transparencias para provocar la aparición de la realidad que nos ocultan o nos presentan como un simulacro, en la perspectiva de Jean Baudrillard, generando una sociedad muda y atónica. Es momento de que el Séptimo Arte recobre su vocación crítica.

 

* El doctor Juan Bravo Zamudio es integrante del Comité Organizador del Cine Debate del Colegio de Personal Académico de Ciencias Sociales y Humanidades, en la FES Acatlán.

Esta colaboración se publicó en la versión impresa del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán, edición 137, septiembre 2014.
Categoría(s): APUNTES CINEMATOGRÁFICOS

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CineAdictos, publicación periódica de la Coordinación de Difusión Cultural, nació en noviembre de 2000. Incluye reseñas de películas, trayectorias de actores, directores, críticas, comentarios sobre los principales festivales, entrevistas, avances técnicos y aspectos de los distintos géneros cinematográficos. El material impreso se distribuye entre la comunidad de la FES Acatlán; a partir del semestre 2015-II extiende sus alcances con el blog de CineAdictos. Espacio abierto a los interesados en la divulgación del séptimo arte.

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