Cine Adictos

POR  JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA

A las seis de la tarde se levantó de la cama y se puso los zapatos y la corbata. En el baño se echó agua en la cara y se peinó el cabello corto y negro. No tenía por qué rasurarse; nunca había tenido mucha barba y una rasurada le duraba tres días. Se puso una poca de agua de Colonia Yardley, volvió al cuarto y del buró sacó la cuarenta y cinco. Revisó que tuviera el cargador en su sitio y un cartucho en la recámara…El saco era nuevo y el sastre había hecho un buen trabajo; casi no se notaba el bulto de la pistola bajo el brazo, sobre el corazón.

El complot mongol
Rafael Bernal (1969)

Durante décadas, el cine ha basado sus guiones en la literatura. En nuestro país no son pocas las obras que han sido llevadas a la pantalla grande, no todas con éxito. Sin embargo, haciendo un repaso breve de la cinematografía nacional, encontramos casos notables.

Basta recordar la novela Los bandidos del Río Frío, de Manuel Payno, adaptada dos veces. La mítica cinta Santa, llevada al cine en cuatro ocasiones; Los de abajo, de Mariano Azuela, sin dejar de lado La sombra del caudillo, de Martín Luis Guzmán.

En la segunda mitad del siglo XX destacan: Ensayo de un crimen, de Rodolfo Usigli, llevada al cine de manera magistral por el director español Luis Buñuel. Y qué decir de Macario, obra literaria de Bruno Traven adaptada en 1960 o de Pedro Paramo y El gallo de oro del gran escritor Juan Rulfo.

A la lista se deben sumar Aura y Gringo viejo, ambas de Carlos Fuentes; La feria, de Juan José Arreola; Los albañiles, del escritor y dramaturgo Vicente Leñero; Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro; El apando, de José Revueltas; Dos crímenes, de Jorge Ibargüengoitia; Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta, hasta llegar a la multipremiada Como agua para chocolate, de Laura Esquivel y dirigida en cine por Alfonso Arau.

A las obras antes citadas es inevitable sumar ahora El complot mongol (1969), destacada novela policiaca y punta de lanza en la historia literaria de nuestro país, al inaugurar la denominada novela negra mexicana, llevada a la pantalla grande por primera vez en el año de 1978 por Antonio Eceiza.

En 2019, el realizador y guionista Sebastián del Amo regresa con una nueva versión que resulta un bálsamo en la cartelera de primavera, una luz al final del túnel que intenta posicionar al cine nacional en las marquesinas de las grandes cadenas exhibidoras, ante la abrumadora presencia de los estrenos de películas de superhéroes de corte internacional.

La cinta respeta, en esencia, el argumento central de la novela de Rafael Bernal. A unos días de su estreno ha despertado entre la crítica versiones encontradas.

Para quienes hayan leído la divertida y picante novela será una versión que se toma sus licencias literarias para provocar en el espectador la carcajada fácil. Sin embargo, más allá de ello, descubrirán un tratamiento adecuado de la trama, con actuaciones por demás sobresalientes y una ambientación digna.

La historia policiaca y de intriga internacional se desarrolla en el barrio chino de la Ciudad de México, teniendo como marco la llamada Guerra Fría entre las dos súper potencias mundiales: Estados Unidos y la entonces Unión Soviética.

En medio de todo este embrollo quedan Martita Fong, personaje interpretado por Bárbara Mori, quien resulta una grata sorpresa y el experimentado agente Filiberto García, encarnado magistralmente por Damián Alcázar, quien junto con agentes foráneos intentará descubrir el supuesto complot chino que tiene como misión asesinar al presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, en su visita a México. En papeles especiales y secundarios destacan: Eugenio Derbez, Xavier López “Chabelo” y Hugo Stiglitz.

El complot mongol termina por rescatar no sólo lo mejor de la novela negra mexicana,  sino uno de los géneros literarios que han quedado relegados por los productores y directores nacionales, que han centrado sus esfuerzos en comedias que dejan mucho que desear, con guiones hechos al vapor e interpretaciones de baja calidad.

Bienvenidos sean estos proyectos cinematográficos que intentan lograr un producto de calidad, que si bien no tiene mayores pretensiones que la de entretener, también nos dejan un poco de ese México que parece olvidado, que se niega a morir en las cantinas, restaurantes, barrios y calles de la gran Ciudad de México.

Ambulante 2019 en la FES Acatlán

POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

Ambulante Gira de Documentales cumple 14 años como el espacio más importante en nuestro país para la proyección y difusión del cine documental, género que devela historias ancladas en la experiencia, posee un gran valor como memoria y patrimonio inmaterial.

Esta labor ininterrumpida, principalmente ha permitido que el público tenga acceso a filmes que probablemente nunca vería, pues no es común que se les abra espacio en cadenas de cine comercial o en televisión.

Es innegable que estos materiales contribuyen a generar nuevos conocimientos entre los espectadores quienes, después de ser testigos de las historias retratadas en pantalla, tienen la posibilidad de transformar su rol: de audiencia pasiva, en público mejor informado y con puntos de vista críticos respecto de los temas expuestos.

Los días 13 y 14 de abril, en el Auditorio 1 de la FES Acatlán, se presentarán: En sus hombros (Alexandria Bombach, EU. 2018); Disparos (Rodrigo Hernández Tejero / Elpida Nikou, México – España. 2018); América (Erick Stoll, Chase Whiteside. EU. 2018) y El silencio de otros (Almudena Carracedo / Robert Bahar. España – EU. 2018). De los títulos señalados tres pertenecen a la sección Resistencias (historias sobre justicia y memoria) y uno a Pulsos (cine mexicano).

Destaca la presencia de El silencio de otros, ganadora del premio Goya 2019, la cual se centra en los testimonios de sobrevivientes de tortura durante la dictadura de Francisco Franco en España y cuya directora, Almudena Carracedo, estará presente en la FES Acatlán, para llevar a cabo una sesión de preguntas y respuestas.

En 2019 Ambulante ha tenido como concepto temático las ilusiones ópticas, con objeto de reanimar una conversación central para el cine documental: su vocación como evidencia visible y tecnología que genera un juego de percepción, de magia e ilusionismo. Ha propuesto, con éxito, una conversación sobre las posibilidades de lo real y la épica de lo cotidiano.

También ha logrado establecer las bases para realizar radiografías de hechos presentes o del pasado, abiertas a distintas interpretaciones. Es momento de ser testigo de una parte de este caleidoscopio de ilusiones que nos muestra la realidad compleja y cambiante.

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Muestra Internacional de Cine. Edición 66

POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

Llega el momento de ser testigos de la edición 66 de la Muestra Internacional de Cine, un encuentro con grandes obras que retratan distintas miradas y preocupaciones de directores contemporáneos, cuyas historias dan cuenta de la maestría de sus experimentados autores y cuya calidad ha sido reconocida en los festivales más importantes a nivel internacional.

La selección para la Muestra la determina su propuesta autoral y los temas ahora son: injusticia social, lazos familiares, éxito profesional, conflictos laborales, clasismo, prejuicios, deseos de venganza, crímenes de honor, matrimonio forzado, violencia, racismo y la complejidad de las relaciones interpersonales. Destaca la carga histórica o su aspecto de “basada en hechos reales”.

Sin duda, las 11 cintas que podremos ver en el Teatro Javier Barros Sierra del Centro Cultural Acatlán presentan una particular visión del mundo y refrendan su valía como filmes “de arte”, que contribuirán a educar, formar gustos y público que aprecie el cine de excelencia.

México está representado por dos películas, los otros filmes provienen de Francia, Brasil, Portugal, Rusia, Hungría, Bélgica, Austria y Japón. En la Muestra, espectadores nuevos y experimentados encontrarán motivos para asombrarse con lo más reciente, celebre o polémico de la industria cinematográfica internacional.

La camarista (Lila Avilés, México, 2018), se centra en una dinámica casi voyerista para conocer la vida de una joven empleada de un hotel de lujo en la Ciudad de México. Sus exitosas presentaciones en los festivales de Morelia, Toronto y La Habana la respaldan.

La casa junto al mar (Robert Guédiguian, Francia, 2017), trata de la inmigración ilegal y cuenta asuntos de legado familiar que, en realidad sirven, para que el director reflexione sobre el paso del tiempo y la vejez junto a los actores y actrices que crecieron con su filmografía. Se presentó en los festivales de Venecia, San Sebastián y fue nominada por la Academia de las Artes y Técnicas del Cine de Francia.

María por Callas (Tom Volf, Francia, 2018), presenta un homenaje a quien fuera considerada una “rock star” de la ópera, diva a la que ahora se tiene cercanía gracias a un documental que reinterpreta a la emblemática artista. Resignifica la figura de la intérprete con una exhaustiva búsqueda de primera voz y le concede la posibilidad de descifrar el mito o leyenda en que fue convertida.

En guerra (Stéphane Brizé, Francia, 2018), alude al conflicto que enfrentan ahora los empleados con sus dirigentes y también a los apremios del sistema empresarial contra los obreros. Desde la óptica del director hay una guerra contra los trabajadores y ahora que Francia enfrenta las protestas de los llamados Chalecos Amarillos, es momento de voltear la mirada a este tipo de movimientos sociales. Fue estrenada en el Festival de Cannes.

Plaza París (Lúcia Murat, Brasil-Portugal-Argentina, 2017), retrata conflictos sociales en Río de Janeiro, ciudad fracturada por la violencia. A partir de la relación entre dos mujeres de diferentes clases sociales, guía al espectador por un mundo complejo, pero también pleno de comprensión y ternura. Por esta película Murat ganó el premio a Mejor Director en el Festival Internacional de Río de Janeiro.

Leto (Kirill Serebrennikov, Rusia-Francia, 2018), retoma un evento personal en el que participó su director, para partir de ahí, profundizar en la escena del rock y la convulsión social imperante en San Petersburgo antes de la Perestroika, durante los años 80. La protagonizan músicos que descubren, casi de contrabando, a Lou Reed, Bowie y Blondie. Fue premiada en el Festival de Cannes.

Ocho de cada diez (Sergio Umansky, México, 2018), recoge una estadística sobre la violencia y la impunidad en nuestro país; siguiendo esta idea cuenta la historia de una pareja agredida que busca justicia. Plantea la cultura del miedo, poco abordada en la pantalla grande. Ganó dos premios en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Atardecer (László Nemes, Hungría-Francia, 2018), logra advertir un momento caótico y violento que acabaría con el sueño de la vieja Europa, en específico lo ocurrido en Budapest durante 1913, con el principio de la descomposición del Imperio Austro-húngaro. Se adentra en la suciedad moral tras la pompa aristocrática y el poder económico.

La boda (Stephan Streker, Bélgica-Pakistán-Luxemburgo-Francia, 2016), expone los choques culturales y generacionales de una familia paquistaní que se divide entre las costumbres del mundo occidental y oriental. El drama se desarrolla en una ciudad gris, con emociones contenidas, donde se expone una metáfora de la dignidad humana que lucha por sobrevivir a pesar de la patética realidad.

Angelo (Markus Schleinzer, Luxemburgo-Austria, 2018), muestra el origen, ascenso y decadencia de Angelo Soliman, esclavo desde los 10 años y sirviente en la casa de los príncipes de Liechtenstein. Ofrece una perspectiva álgida del racismo de la Europa del siglo XVII. Recientemente ganó tres premios de la Comisión de Cine de Austria.

Asako I & II: Soñar o despertar (Ryûsuke Hamaguchi, Japón-Francia, 2018), se inspira en la historia de una joven que se enamora de dos personas idénticas con diferente personalidad en dos momentos de su vida. La búsqueda de identidad y de estabilidad emocional guían este peculiar filme, considerado “diferente” entre las comedias dramáticas o románticas.

Es momento de ver las películas que más han llamado la atención en la escena internacional. Seamos testigos de lo que trae esta vez la Muestra.

 

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POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

En la edición 178 (marzo 2019) de este boletín nos dimos a la tarea de presentar un panorama con lo más relevante de la historia de la industria cinematográfica de Canadá; el objetivo fue anticiparnos a la exhibición de la primera Semana de Cine Canadiense, que ahora ocupa nuestra atención. Tanto de manera impresa como en el Blog CineAdictos les exhortamos a realizar una lectura detallada.

La Semana de Cine Canadiense es un nuevo encuentro organizado por Nueva Era Films, empresa que ha decidido replicar el exitoso modelo del Tour de Cine Francés, cuyo formato ya es conocido por la comunidad universitaria: muestra itinerante con una selección de lo más reciente de la producción cinematográfica, con el fin de acercar al público mexicano al cine y la cultura de un país en específico.

Ahora es el turno de conocer diferentes estilos y formas de ver la vida a través de la mirada de cineastas canadienses. Nueva Era Films se vuelve a apoyar en Cinépolis para la distribución en salas comerciales y recurre a Telefilm Canadá para gestionar tanto la curaduría como la exhibición del circuito cultural en México.

El formato de presentación de siete películas ha funcionado bien, como nos explicó en entrevista Leopoldo Jiménez, director de Nueva Era Films (CineAdictos 175, agosto 2018): “En los festivales regularmente se presentan 150 o 200 películas, pero al final el espectador promedio sólo tiene la oportunidad de ver dos o tres… Este número [siete] funciona y es manejable, hemos visto que la fórmula resulta muy bien de esta manera”.

Como parte del circuito cultural, el Teatro Javier Barros Sierra de la FES Acatlán será el espacio donde se podrá apreciar un variado y colorido caleidoscopio, tanto de la cinematografía canadiense como de los aspectos y tópicos que caracterizan a la sociedad de esa nación. La cita es del 3 al 5 y del 8 al 11 de abril en el Centro Cultural Acatlán.

La mayoría de estos filmes se presentaron en el Festival Internacional de Cine de Toronto; se caracterizan por ser obras de directores de gran renombre internacional, con sólidas trayectorias, como son los casos de:

Akash Sherman. Joven director con una prolífica trayectoria. Ganó el reconocimiento de “Playback Magazine’s” como uno de los cinco cineastas más influyentes de 2017. Ha realizado largometrajes, documentales y comerciales en los que resalta su dominio en los efectos especiales. Debutó a los 16 años de edad con el cortometraje For Them, for You (2011), con el cual ganó dos premios en el Festival de Cine de Michigan. En 2012 realizó A Teaching Game, su segundo cortometraje, que fue reconocido con el Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cine de Edmonton. Estudió cine en la Universidad de Ryerson, Toronto, pero abandonó la escuela luego de realizar el largometraje The Rocket List (2015) y se concentró de lleno en la filmación de Clara (2018).

Sébastien Pilote. Director y guionista. Empezó a figurar en 2007 con el estreno de su primer cortometraje Dust Bowl Ha! Ha! en el Festival Internacional de Cine de Lorcano. Con Le Vendeur (2011), su primer largometraje, obtuvo el premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Cine de San Francisco y compitió en el Festival de Cine de Sundance. Para 2013 estrenó Le Démantèlement como parte de la 52ª Semana de la Crítica de Cannes y ganó el Premio SACD. Su más reciente filme, La disparition des lucioles (2018), se presentó en la sección de Cine Mundial Contemporáneo en el Festival Internacional de Cine de Toronto, donde ganó el premio a la Mejor Película Canadiense.

Patricia Rozema. Directora, guionista y productora con una sólida carrera en cine y televisión. Estudió Filosofía en el Colegio Calvinista de Michigan, donde se formó realizando obras de teatro. Su carrera como cineasta inició en 1985 con el cortometraje Passion: A Letter in 16 mm, al que le siguió Urban Menace (1986). Con la película I’ve Hear the Mermaids Singing (1987) obtuvo reconocimiento internacional, ya que tras ser estrenada en el Festival Internacional de Cine de Toronto recibió el Premio de la Juventud en el Festival de Cannes, entre otros muchos galardones. Fue incluida en la lista de las 10 mejores películas canadienses de todos los tiempos. De sus trabajos más relevantes es necesario mencionar Mansfield Park (1999), Into the Forest (2015) y Mozart in the Jungle (2016).

Miranda de Pencier. Estudió Teatro y Filosofía en la Universidad de Concordia; se especializó en Actuación en la Universidad de Nueva York. Por más de 15 años desarrolló una exitosa carrera como actriz y cantante en teatro, cine y televisión. Desde joven su carrera quedó marcada por la película Anne of Green Gables (Kevin Sullivan, 1985), donde interpretó a Josie Pye. Luego se dedicó a la producción y a partir del año 2000 trabajó como directora en las dos divisiones de la compañía cinematográfica de Robert Redford: Wildwood Enterprises y Southfork Pictures. De Pencier debutó como directora en The Grizzlies (2018), filme que se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto y ganó el premio del Sindicato de Directores de Canadá por Mejor Dirección.

Luc Picard. Actor, director y comediante. Estudió Arte Dramático en Montreal y la década de los años 90 fue muy significativa para su carrera como histrión. En su trayectoria destacan roles protagónicos en 31 películas, 14 programas de televisión y 25 obras de teatro. Incursionó como director en L’Audition (2005), la cual fue exitosa en Quebec y ganó numerosos premios. Después realizó Babine (2008) y Ésimésac (2012). Les rois mongols (2017), su más reciente película, fue presentada en la séptima edición del Festival de cinéma de la ville de Québec, donde obtuvo el Premio del Público y compitió en la Sección Oficial del 68 Festival Internacional de Cine de Berlín.

Keith Behrman. Director, guionista y productor. Estudió la Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad Simon Fraser y posteriormente Dirección en el Centro de Cine Canadiense. Comenzó su carrera como cineasta en 1995 con el cortometraje Thomas, al que le siguió White Cloud, Blue Mountain (1997), ambos se estrenaron en el Festival Internacional de Cine de Toronto y fueron exhibidos en festivales de todo el mundo. En 2002 presentó su primer largometraje, Flower & Garnet, el cual fue aclamado por la crítica y seleccionado entre las 10 mejores películas canadienses realizadas ese año; lo recibieron muy bien en el Festival de Cine de Berlín y en el Festival Internacional de Cine de Boston, donde le otorgaron el Grand Premio del Jurado. Su tercer cortometraje, Ernest (2002), ganó la Mención de Honor por Mejor Cortometraje en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Giant Little Ones (2018) es su más reciente filme.

Grayson Moore. Estudió Producción de Cine en la Universidad de Ryerson. Debutó como director con Running Season (2014), la cual elaboró como tesis de licenciatura y estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto; por este trabajo ganó el premio a Mejor Cortometraje Canadiense en el Festival de Cine de Whistler. Posteriormente escribió y codirigió Boxing (2015), con Aidan Shipley. A partir de este trabajo en conjunto, ambos realizadores compaginaron sus talentos para crear Cardinals (2018), su primer largometraje.

Aidan Shipley. Actor, director y productor. Desde adolescente participó en programas de televisión y películas exitosas interpretando diversos personajes. Compaginó su trabajo histriónico con estudios de Producción de Cine en la Universidad de Ryerson. Su primer cortometraje, Alan’s Study (2012), le permitió incursionar en el trabajo de edición. Posteriormente realizó Bridges (2013) y Dorsal (2014).

Es indudable que el cine de Canadá adquiere mayor importancia en la escena internacional y es tiempo de ser testigos de la calidad de esta muestra fílmica que podremos conocer con versiones en su idioma original subtituladas al español.

 

 

 

 

 

 

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POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

En la historia de la cinematografía mundial, Canadá ha padecido una especie de opacidad provocada, en gran medida, por el aplastante Hollywood que, como ya sabemos, absorbe todo lo que le sirve, no importando si se trata de técnicos, directores, histriones, fotógrafos y demás especialistas en la realización del Séptimo Arte.

Las referencias sobre los grandes directores de Canadá recaen comúnmente en los nombres de David Cronenberg, Atom Egoyan y Denys Arcand, quienes a lo largo de varias décadas han traspasado las fronteras de su cinematografía local, con múltiples premios alrededor del mundo y coproducciones internacionales.

Sin duda, la riqueza cinematográfica de Canadá merece mayor reconocimiento y difusión, ya que a realizadores jóvenes y consagrados como Xavier Dolan, Denis Villeneuve, Sarah Polley y Léa Pool les siguen los pasos otros talentos como Patricia Rozema, Miranda de Pencier, Akash Sherman, Sébastien Pilote, Keith Behrman, Grayson Moore y Aidan Shipley, por mencionar algunos.

Muchos de estos nombres por ahora pudieran no aportar mayor referencia a nuestros lectores, pero les aseguramos que muy pronto serán grandes figuras de las que escucharemos con mayor frecuencia, cuando sus filmes sean vistos en nuestro país y premiados en los más importantes festivales de cine del mundo.

Tal como sucede con cineastas de otras latitudes, los directores de cine canadiense se interesan en abordar el amor, la amistad, los vínculos familiares, la búsqueda de la identidad; enmarcados por drama, romanticismo, suspenso, documentales, biopics donde retratan los estilos de las diferentes provincias, idiomas y culturas que integran ese país, como las costas de Terranova y Nueva Escocia o las cosmopolitas Montreal y Toronto.

En las siguientes páginas les invitamos a realizar una mínima revisión del cine canadiense y, si es posible, buscamos despertar su interés por descubrir o redescubrir una cinematografía que seguramente les resultará fascinante por sus distintos estilos, temáticas y géneros.

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POR LUIS ARTURO BÁRCENAS PÉREZ *

A la sombra de la industria cinematográfica de Hollywood y de Europa, subsisten producciones fílmicas de gran calidad que, a menudo, no están tan presentes en la memoria de los espectadores, en gran medida porque existe poca difusión sobre ellas, tal es el caso de Canadá, país cuya filmografía ha ido de menos a más en años recientes.

El origen de la cinematografía canadiense se remonta al estreno de la gran película muda Evangeline (Edward P. Sullivan y William Cavanaugh, 1914) basada en el poema épico de Henry Wadsworth Longfellow, del mismo nombre.

Luego de este éxito, el cine de ficción estuvo marginado durante más de cuatro décadas y quienes se interesaron en filmar no tuvieron más opción que desarrollarse en documentales. En este rubro cobró especial importancia John Grierson, el llamado padre de la escuela documental inglesa, quien en 1939, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, llegó a Canadá y encabezó la National Film Board (NFB), para revolucionar la cinematografía documental canadiense.

Con Grierson frente a la NFB se estrenaron producciones propagandísticas como Canada Carries On (Stuart Legg, Jane Marsh Beveridge, Tom Daly y otros. 1944-1949) y The World in Action, programa que incluyó una amplia lista de títulos, entre ellos: Our Northern Neighbour (Tom Daly, 1944), When Asia Speaks (Gordon Weisenborn, 1944) y Now- The Peace (Stuart Legg, 1945).

Los filmes antes señalados permitieron abrir la discusión y el análisis de temas milita-res, educativos e industriales. Se trabajaron también cortometrajes y animaciones que, por primera vez, pusieron a Canadá en las grandes ligas.

Sin embargo, cuando concluyó la guerra, muchas de las mentes detrás del éxito de la National Film Board abandonaron Canadá y se instalaron en Hollywood, lo que repercutió en el retroceso de las producciones canadienses.

Entre 1950 y 1967 se intentó impulsar el cine de ficción, pero los ingresos en taquilla solamente permitían realizar un promedio de seis largometrajes al año. Así que el gobierno decidió impulsar la producción cinematográfica por medio de financiamientos, becas y préstamos, lo que generó que 25 películas de ficción se produjeran en la década de los 70, cantidad significativa si se compara con la década anterior, donde solamente se filmaron tres títulos del mismo género.

En los años 80, directores y actores formados con los programas implementados en 1967 se dieron a conocer de manera internacional y fue así como en otros países se empezó a hablar de Claude Jutra, Patricia Rozema, Norman Jewison, Arthur Hiller, Ted Kotcheff, James Cameron, David Cronenberg y Atom Egoyan, estos dos últimos muy relevantes por sus propuestas estéticas que han alternado entre Canadá, Hollywood y Europa.

La filmografía canadiense no resulta ajena para los cinéfilos mexicanos, quienes en diversas ediciones de la Muestra Internacional de Cine han atestiguado su calidad en títulos como: Jesús de Montreal (Denys Arcand, 1989. Edición 22 de la Muestra-); Amor y restos humanos (Denys Arcand, 1993. Edición 27 de la Muestra); Exótica (Atom Egoyan, 1994. Edición 27 de la Muestra); Crash, extraños placeres (David Cronenberg, 1996. Edición 29 de la Muestra) y Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003. Edición 43 de la Muestra).

Actualmente podría hablarse de un renacimiento del cine canadiense, el cual se debe a varios factores, entre ellos destacan el apoyo gubernamental y el impulso educativo o cultural que se ha reconocido en el cine.

Por otra parte, es innegable la calidad de sus escuelas o cursos especializados, que van de lo más sofisticado de la técnica fotográfica y de animación hasta el guionismo, ello ha propiciado una demanda de técnicos y creativos canadienses en la industria norteamericana por la calidad de su preparación.

Las miradas de los especialistas en cine voltean constantemente a Canadá, en gran medida gracias a que dos de los festivales más importantes del mundo se realizan en Toronto y Montreal.

El Festival Internacional de Cine de Toronto es el más importante de Canadá y se ha posicionado como uno de los cuatro más significativos a nivel internacional.

Comenzó en 1976 y se caracteriza por la gran cantidad de estrellas del cine que acuden a cientos de películas que compiten en diferentes categorías. Tiene especial importancia para el mercado de distribución de películas independientes.

Este encuentro anual también es famoso porque muchas obras de autor se dan a conocer ahí y después compiten en los Oscar. El premio que se otorga en este festival lo determina el público, no un jurado de expertos, y por medio de votos se eligen los mejores filmes del año.

Por otro lado, está el Festival Internacional de Cine de Montreal, el cual también exhibe cientos de filmes procedentes de todo el mundo. Se celebra desde 1977 y otorga como máxima distinción el Grand Prix des Amériques, galardón destinado a la película que obtenga la mayoría de los ocho votos ejercidos por especialistas en la realización cinematográfica.

Realizadores

Entre los más destacados cineastas canadienses está Claude Jutra (1930-1986), quien ganó varios premios a la mejor dirección y mejor película en festivales locales. Obtuvo el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia por el documental Comment Savoir, en 1966.

Es indispensable mencionar a Neil Blomkamp (1979-), director de numerosos proyectos que abarcan desde la serie de anuncios del videojuego Halo 3, en 2009, hasta la realización de obras distópicas como Elysium (2013).

Denis Villeneuve (Trois-Rivières. Canadá, 1967- ). Apreciado como uno de los mayores talentos canadienses tanto por sus trabajos de dirección como de guionismo, saltó a la fama por cintas como Incendies (2010), Enemy (2014) y por la multipremiada Blade Runner 2049 (2017). Fue nominado al Oscar en 2016 por Arrival.

Atom Egoyan (El Cairo, Egipto. 1960- ). Nacionalizado canadiense. Desde la década de los años 80 ha sido decisivo para fomentar al cine de ficción en cintas como Next of Kin (1984), Family Viewing (1987), Speaking Parts (1989) y Exótica (1994), todas consideradas obras maestras, con temas recurrentes como: alineación, soledad, personajes inmersos en estructuras de poder, burocracia y temas tecnológicos.

Jacques Leduc (Montreal, Canadá. 1941- ). Ha sido uno de los mayores defensores de la industria fílmica de su país, en especial se reconoce el interés que ha tenido por descolonizar los productos audiovisuales canadienses de la carga cultural británica. Comenzó su carrera en 1961 como crítico de cine para la revista “Objetif”. A partir de 1965 empezó a dirigir; su primera película fue el cortometraje documental Chantal en vrac y de su filmografía es obligado mencionar los títulos aclamados por la crítica: On est loin du soleil (1970), Tendresse ordinaire (1973), Trois pommes à côté du sommeil (1988) y La vie fantôme (1992).

David Cronenberg (Toronto, Canadá. 1943- ). Maestro del horror y del Séptimo Arte en general, se caracteriza por no titubear al momento de llevar cualquier temática a la pantalla grande. Se le ha definido como el creador de un estilo propio, que lo ha llevado a ser uno de los realizadores más importantes a nivel internacional.

Entre su filmografía destacan: Videodrome (1983), The Fly (1986), Crash (1996), Cosmópolis (2012), A Dangerous Method (2011) y Maps to the Stars (2014), esta última con un relato cargado de humor negro sobre la vida de la industria hollywoodense. Ha incursionado en nuevas producciones para plataformas como Netflix, por ejemplo la serie Rick and Morty (2013) inspirada en personajes creados por Cronenberg.

James Cameron (Kapuskasing, Ontario. 1954- ). Se destaca por el desarrollo de tecnología que permite avances significativos en los efectos especiales para cine. Inició su desarrollo profesional como técnico, después incursionó como guionista y más adelante como director de acción y ciencia ficción. Se catapultó a la fama por The Terminator (1984), posteriormente Titanic (1997) y Avatar (2009). La mayor parte de su desarrollo profesional lo ha tenido en Hollywood, donde ha impulsado el uso generalizado del 3D.

Xavier Dolan (Montreal, Canadá. 1989- ). Seguramente el más polémico, aclamado y joven director del cine canadiense. Su carrera comenzó desde temprana edad participando como actor en películas, series de televisión y comerciales. J’ai tué ma mère (2009), su primer largometraje, fue presentado en el 62 Festival de Cine de Cannes. Luego estrenó Mommy (2014) y Juste la fin du Monde (2016), donde reitera tintes autobiográficos, influencia de la música pop y arriesgadas propuestas estilísticas.

Histriones

Es indispensable hacer referencia a los rostros más emblemáticos del cine de Canadá, pues gracias a sus actuaciones las películas han quedado en la memoria de los espectadores.

Geneviève Bujold (Montreal, Canadá. 1942- ). Considerada como la primera estrella del cine de ficción canadiense, hizo retumbar su nombre en el mundo cinematográfico gracias a grandes actuaciones en películas como Isabel (Paul Almond, 1968), Ana de los mil días (Charles Jarrott, 1969) y Act of the Heart (Paul Almond, 1970), junto a Donald Sutherland.

Mia Kirshner (Toronto, Canadá. 1976- ). Se ganó el reconocimiento del público, además del respeto de los críticos por sus actuaciones en Exótica (Atom Egoyan, 1994), Mad City (Costa Gavras, 1997) y The Crow (Tim Pope, 1996). Es consi-derada como una de las estrellas que consiguió atraer los reflectores a la industria fílmica de su nación.

Ryan Gosling (London, Canadá, 1980- ). Es uno de los actores de Hollywood más reconocidos en los últimos años gracias a sus participaciones en produc-ciones como The Notebook (Nick Cassavetes, 2004), LaLaLand (Damien Chazelle, 2016) y Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017).

Donald Sutherland (Saint John, Nuevo Brunswick, Canadá. 1935- ). Actor veterano que vivió su época de oro en las décadas de los años 60 y 70, ha estado vigente en la mente del público a lo largo del tiempo con películas como Casanova (Federico Fellini, 1976), Lock Up (John Flynn, 1989), JFK (Oliver Stone, 1991), A Time to Kill (Joel Schumacher, 1996), Space Cowboys (Clint Eastwood, 2000), Cold Mountain (Anthony Minghella, 2003) y Pride & Prejudice (Joe Wright, 2005).

En particular se le recuerda por la saga de The Hunger Games en el papel del presidente Snow: The Hunger Games (Gary Ross, 2012), The Hunger Games: Catching Fire (Francis Lawrence, 2013), The Hunger Games: Mockingjay –Part 1 (Francis Lawrence, 2014) y The Hunger Games: Mockingjay –Part 2 (Francis Lawrence, 2013).

Rachel McAdams (London, Canadá, 1978- ). Famosa por sus actuaciones en The Notebook (Nick Cassavetes, 2004), Mean Girls (Mark Waters, 2004), At Midnight in Paris (Woody Allen, 2011), y Spotlight (Tom McCarthy, 2016). McAdams es la actriz canadiense más reconocida en la actualidad.

Principales productoras

Alliance Films. Fue fundada en 2007 para sustituir a su predecesora Alliance-Atlantis, desde entonces se ha posicionado como la de mayor renombre en Canadá, teniendo importantes participaciones con empresas extranjeras como New Line Cinema, Original Film, Infinity Features Entertainment o la Mob Film.

Infinity Films. Opera desde 1996 y se destaca por la calidad y maestría que poseen los guionistas a su cargo. Funciona como la mayor productora y distribuidora a nivel nacional, cooperando en diversos proyectos con cadenas como History Channel, BBC de Londres o Discovery Channel.

Cinémaginaire Inc. Creada en 1988 por Denis Robert y Daniel Louis, se ha centrado en el apoyo de filmes independientes. Suma más de 45 películas reconocidas a nivel mundial y ganadoras de numerosos premios en festivales internacionales, como The Barbarian Invasions (Denys Arcand, 2003), cinta ganadora del Oscar por Mejor Película extranjera en 2003, el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia, Premio César a Mejor Película, Premio al Mejor Guion y Mejor Película en el Festival de Cannes, entre otros.

Canadá ofrece maestría y calidad cinematográfica de primer nivel por donde quiera que se mire: producción, guionismo, actuación, dirección, locaciones, festivales y mucho más. Merece, sin lugar a dudas, el mayor de los reconocimientos por parte de todos aquellos que se digan aficionados o expertos del Séptimo Arte.

Así que la próxima vez que se piense en el cine como algo increíble y fabuloso, no habría que detener la imaginación en Hollywood, sino que será necesario colocar la mirada un poco más al norte; allá en donde la policía va a caballo y la hoja de arce gobierna. Habrá que evocar siempre al cineasta, actor o director formado en Canadá.

* Luis Arturo Bárcenas Pérez es prestador de Servicio Social en Promotoría Cultural.

POR LAURA PAOLA SUÁREZ LÓPEZ *

Descubrir un país y sus habitantes a través del cine es siempre una grata experiencia, sobre todo cuando tenemos la oportunidad de poder visualizar decenas de obras antiguas y a menudo raras.

M. Mcluhan

La industria cinematográfica canadiense representa un ejemplo muy particular al existir dos tipos de cine nacional: el francoparlante de Quebec y el angloparlante del resto del país.

Al cine de Canadá le ha costado consolidarse como industria nacional y ganar terreno internacional. La población de habla inglesa supera a la francesa por casi 77 por ciento y la audiencia angloparlante recibe influencia permanente por parte de las películas estadounidenses.

Para contrarrestar esta situación y fortalecer la riqueza y diversidad cultural de ese país, se han realizado diversos esfuerzos por parte del gobierno a través de Telefilm Canada, encargada de la división cultural correspondiente a los dos idiomas oficiales, ya que lejos de ser una barrera se ha convertido en todo un motor de crecimiento para la oferta narrativa dotada de diversidad temática.

De la misma manera en que destacan directores y actores quebequenses, lo hacen también iniciativas como el Estudio D, primer proyecto cinematográfico feminista del mundo, donde se da espacio para producir cine de mujeres para mujeres, tratando tópicos sociales retratados desde la óptica del mismo género.

De acuerdo con datos del “Annual Report 2017-2018” de Telefilm Canada, a partir de 2013 la cinematografía canadiense mantiene ganancias que van desde los tres hasta los 10 millones de dólares canadienses por película. Algunos de los títulos populares con más ventas durante el periodo señalado fueron The F Word (Michael Dowse, 2013) con el reconocido actor Daniel Radcliffe y Brooklyn: un nuevo hogar (John Crowley, 2015).

La misma Telefilm Canada reporta que en la última década la intención de incrementar la inversión en el cine nacional canadiense ha rendido frutos y las ganancias van en aumento. En el último año el ingreso taquillero incrementó un ocho por ciento, lo que se traduce en la entrada de 220 millones de dólares y por ello representa una industria competitiva en la escena internacional.

Gracias a los programas implementados por el gobierno, junto a organismos como Telefilm Canada, las cifras han aumentado exponencialmente, tanto en ganancias económicas como en inversiones para producir cine nacional, además de alianzas que resultan del interés de productoras estadounidenses.

A principios de la actual década, Telefilm Canada puso en marcha un plan integral para designar espacios donde se incluyan minorías talentosas y temáticas alternativas, como es el caso de los largometrajes The Breadwinner (Nora Twomey, 2017), nominada al Oscar por Mejor Película Animada y Meditation Park (Mina Shum, 2017), nominada por Mejor Interpretación Masculina en Canadian Screen Award.

Con alianzas de distribución, tanto en Quebec como en el resto de Canadá, Pinewood Toronto Records reporta tres mil 144 salas de exhibición en el país, lo que representa 10 salas por cada 100 mil habitantes. Las principales distribuidoras en ese país son Universal, Disney y Warner Bros.

El consumo de productos audiovisuales, a partir de 2016, se ha incrementado 24.3 por ciento, con respecto a años anteriores, lo que se traduce en ganancias por 8.4 billones de dólares canadienses de 2016 a 2017, aumento que no sólo se traduce en dinero sino en generación de al menos 171 mil 700 empleos de tiempo completo.

La industria cinematográfica de Canadá reporta 6 mil 600 empleados dedicados exclusivamente a la difusión. En 2017 se reportaron 105 producciones, mientras que en 2018 fueron 92, las ganancias incrementaron 16 por ciento para los filmes de habla inglesa y casi un 10 por ciento para las de habla francesa.

La forma de ver cine en Canadá se adaptó al fenómeno mundial de las plataformas de streaming, siendo la vía por donde se consumen más productos audiovisuales, seguida por la tradicional, mediante proyecciones en salas de cine.

El 60 por ciento de las producciones realizadas en Canadá corresponde al cine comercial, se distribuye en salas y plataformas de internet; el 30 por ciento es de carácter cultural, se destina a salas de arte, sobre todo a festivales nacionales e internacionales y el 10 por ciento restante es fondeado por organismos canadienses interesados en retratar temas de identidad nacional y documentales.

En mayo de 2018 se creó un programa para asegurar el acceso al contenido en que participa Telefilm Canada, con una distribución más ágil y efectiva para que los títulos lleguen a todos los exhibidores canadienses, se llama Theatrical Exhibition Program y se espera que coadyuve a posicionar mejor el cine de Canadá a nivel global.

Sin duda, se trata de una industria que apuesta por crecer y fortalece su identidad nacional, al abordar temas y problemas universales, así como incursionar en tópicos y formas de distribución alternativas a fin de captar más espectadores.

* Laura Paola Suárez López es prestadora de Servicio Social en Promotoría Cultural.
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POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

En las páginas de este boletín nos hemos dedicado a dar testimonio de los constantes cambios de la industria del cine y ahora, con la irrupción de Roma (Alfonso Cuarón, 2018) se nos plantea otro reto para comprender las nuevas dinámicas que enfrenta la realización del Séptimo Arte con proyectos personales o visiones muy particulares.

Roma es, indudablemente, una película sui géneris; destaca por su fuerza visual contundente que es resultado, en gran medida, de haber sido filmada en formato panorámico de 70 milímetros y audio 7.1, donde los diálogos, efectos, música y detalles tienen asignados canales por separado para escuchar hasta el más mínimo detalle en un sonido envolvente.

Es atípica por la forma en que Cuarón la pudo realizar, con un presupuesto de 17 millones de dólares financiados por Netflix, pero siguiendo un proyecto muy íntimo que lo acompañó durante décadas: rendir homenaje a Libo, su propia nana.

Por un lado, el director consagrado logra una película basada en su infancia y, por otro, la trasnacional se afianza en la cima de la industria cinematográfica, con esquemas nada tradicionales.

Roma, por su particular estrategia de promoción y distribución, se ha convertido en un producto de deseo masivo y con ella Alfonso Cuarón ha demostrado su maestría como realizador y promotor de sus propios productos cinematográficos.

Al cierre de edición, compite en los premios Oscar 2019 con 10 nominaciones y los pronósticos, plenos de optimismo, permiten esperar que Alfonso Cuarón salga triunfante en la ceremonia del domingo 24 de febrero. Si la crítica acierta obtendría la primera estatuilla para México por Mejor Película en Lengua Extrajera y también podría llevarse los premios por Mejor Fotografía, Mejor Director y Mejor Película.

No podemos, ni debemos pasar de largo el “fenómeno” Roma. Por ello, la FES Acatlán será testigo de la exhibición de esta película como debe verse, en pantalla de cine. En las siguientes páginas, a favor o en contra, se incluyen puntos de vista de académicos y especialistas, a fin de aportar elementos para verla desde diversos ángulos.

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POR GLORIA DE LA GARZA *

Alfonso Cuarón ha insistido en que su más reciente película, Roma, no es una historia nostálgica. Sin embargo, activa la nostalgia de los espectadores, en especial de los de 50 o más
años, pues trae ecos de infancia y adolescencia; es
un entrañable retrato costum-brista del inicio de la década de los 70 del siglo XX.

La cinta es una reconstruc-ción preciosista que se solaza en los detalles de una época: desde calles y edificios hasta la decoración de interiores, prendas de vestir, juguetes, programas de televisión, entre otros.

Los protagonistas se mueven entre los cines Estadio y Las Américas, Banca Serfín, taxis “cocodrilos”, autos Galaxy, se ríen con los comediantes de “Ensalada de Locos”, se apresuran con el control del tiempo de “Haste, Haste, la hora de México”…

La colonia Roma es el espacio en que se desarrolla un drama familiar tan cotidiano, que parece demasiado simple para la grandilocuencia de la dirección de arte y de los recursos técnicos invertidos en ella.

La fotografía en blanco y negro remite al pasado, pero también a los contrastes de una sociedad que ha cambiado fisonomía y en la que, sin embargo, persisten problemas de fondo: pobreza, violencia, inseguridad, discriminación de los pueblos indígenas, inequidad de género.

En una trama aparentemente sencilla, dos mujeres de distinto origen, clase social y educación, sufren juntas un dolor similar de decepción, abandono y soledad a causa de una sociedad machista que las margina y las limita.

Comparten una casa y el amor de una misma familia; se acompañan en la pérdida de lo que aman y en la resiliencia. Cuarón propone a Cleo, la joven empleada doméstica, para que sea la guía del espectador en el laberinto de su memoria, con la incertidumbre de encontrar al Minotauro y la esperanza del hilo de amor de Ariadna que nos muestre cómo reconciliar el pasado y el presente.

Roma es la travesía, por momentos surrealista, en los recuerdos de una ciudad y de un México que parece transformarse hacia el “progreso” y la modernidad, pero donde se arraigan heridas, errores y deudas históricas.

* Gloria de la Garza es Profesora de Carrera Titular A en Italiano, FES Acatlán.

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Bienvenida

CineAdictos, publicación periódica de la Coordinación de Difusión Cultural, nació en noviembre de 2000. Incluye reseñas de películas, trayectorias de actores, directores, críticas, comentarios sobre los principales festivales, entrevistas, avances técnicos y aspectos de los distintos géneros cinematográficos. El material impreso se distribuye entre la comunidad de la FES Acatlán; a partir del semestre 2015-II extiende sus alcances con el blog de CineAdictos. Espacio abierto a los interesados en la divulgación del séptimo arte.

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