Cine Adictos

La 63 Muestra Internacional de Cine

POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

Llegó el momento de apreciar la edición 63 de la Muestra Internacional de Cine con una selección de ocho películas que han circulado por los festivales más importantes y obtenido los principales reconocimientos en 2016 y 2017.

Coinciden, mayoritariamente, en retratar la problemática europea actual y, como ya es habitual, la Muestra, con su constante evolución -que incluye cambios tecnológicos, transformaciones en la forma de ver y consumir el Séptimo Arte- nos demuestra la vitalidad de una industria que avanza a pasos acelerados.

Antes, este encuentro era el único espacio para acercarse a esa mirada especializada. Ahora hay muchas opciones, pero la Muestra sigue siendo fundamental, por ello nuestra reiterada invitación a ver estos ocho títulos:

“120 latidos por minuto” (Robin Campillo, 2017). Particular relato de la lucha de una organización no gubernamental, ubicada en París, para reclamar a políticos y laboratorios farmacéuticos su falta de acciones contra el VIH. Hace referencia al pulso acelerado que resulta de la mezcla de la adrenalina de la acción militante, los ritmos de la música electrónica y las noches desenfrenadas de jóvenes condenados a una muerte prematura.

“Dulces sueños” (Marco Bellocchio, 2016). Soberbia película en torno a los misterios de las pérdidas: la de una madre, de la infancia, la felicidad y del futuro. Bellocchio vuelve a radiografiar a la burguesía italiana, ahora con un relato en dos tiempos: el de un pequeño a los nueve años de edad y el de un periodista, casi al cumplir los 40. Es un filme pleno de poesía visual, lírica y trascendental, donde el director no desaprovecha la oportunidad para hablar de periodismo, religión y futbol.

“Zama” (Lucrecia Martel, 2017). Se ubica en Paraguay durante la época colonial. Relata la lucha de Diego de Zama por ser trasladado a Buenos Aires y también por no perder su identidad, pues constantemente se ve tentado a sucumbir al entorno degenerado o enfermizo que lo rodea. Con una hermosa narración que cautiva y una magistral actuación de Daniel Giménez Cacho, gira en torno a un personaje que se desintegra durante años en su letargo.

“El otro lado de la esperanza” (Aki Kaurismäki, 2017). Si bien no es cine fácil de digerir, debido a su tendencia a la inexpresividad gestual y sobriedad en los diálogos, sí es un excelente modelo para comprender temas actuales: la migración obligada por conflictos bélicos y falta de solidaridad en países como Finlandia, con burócratas insensibles, neonazis y matones a la caza de los recién llegados, a quienes impiden encontrar un lugar en el mundo.

“Un minuto de gloria” (Kristina Grozeva y Petar Valchanov, 2016). Por aberrante que parezca no hay más: las personas honestas están de más en una sociedad corrupta. El mensaje es desolador en este retrato de la Bulgaria contemporánea, con reflejos de sus divisiones de clase y el culto al lucro. Para hacer menos “denso” el paso por esta historia se recurre al humor negro, ello permite librar muy bien la experiencia.

“Una bella luz interior” (Claire Denis, 2017). Parte del deseo de una pintora divorciada por encontrar el amor verdadero, quien persevera no obstante sus múltiples fracasos, debido a la inmadurez de sus galanes, pero también por el nivel de exigencia de ella misma. Es una comedia romántica a la inversa, con todo lo que este género suele obviar: momentos incómodos, torpezas, equivocaciones y heridas que a menudo cargan los “enamorados”.

“Western” (Valeska Grisebach, 2017). Cinta inspirada en el género western, con personajes masculinos solitarios, narcisistas y melancólicos; aquí se ajustó la historia para mostrar la xenofobia latente en Europa. La idea de llevar a un grupo de trabajadores alemanes a un país extranjero sirve para profundizar en la barrera del lenguaje, en diferencias culturales que generan desconfianza y prejuicios.

“The Square” (Ruben Östlund, 2017). Entre otros temas aborda el ego en el arte moderno. Como si se tratara de hacer uso de una “metralleta cinematográfica” el director arremete contra el arte moderno y los museos, el estilo protector y elitista de obras que no merecen llamarse “arte”, la ceguera del mundo occidental y la “dictadura” de lo políticamente correcto. Los protagonistas viven un infierno por ser y hacer lo “correcto”.

Por la Muestra Internacional de Cine han pasado muchas generaciones de directores y de espectadores universitarios. No duden en sumarse a este gran grupo de cinéfilos.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en noviembre de 2018, edición 169 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Francia y México… un encuentro esperado

POR NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

Llegó el momento de disfrutar del Tour de Cine Francés en su edición número 21 que incluye, como ya es habitual, siete películas ricas en contenidos y estructuras narrativas, que resultan de una forma diferente de producir, exponer y contar historias en la pantalla grande.

Este año los títulos se centran en historias de reencuentro fraternal, superación personal, melodrama familiar, secretos pasionales, líos amorosos, resentimientos, autoaceptación y paternidad en tiempos modernos. Antes de la proyección de las cintas se tendrá la oportunidad de conocer un cortometraje mexicano.

El Tour se presenta en la FES Acatlán desde 2002, cuando tuvimos oportunidad de ver la sexta edición, en la que destacaron “Reinas por un día” (Marion Vernoux, 2001) y “Todos contra Gregorio” (Artus de Penguern, 2001).

En las siguientes ediciones llegaron títulos que han dejado profunda huella en los espectadores, entre ellos destacan: “La flor del mal” (Claude Chabrol, 2002); “Gran escuela” (Robert Salis, 2004); “Mi hermana y yo” (Alexandra Lecière, 2004); “Kirikou y las bestias salvajes” (Michel Ocelot y Benèdictè Galup, 2005); “El hombre de su vida” (Zabou Breitman, 2006); “¿Cambiamos de pareja?” (Bruno Dega y Jeanne Le Guillou, 2006); “El inspector Bellamy” (Claude Chabrol, 2009) y “El encanto del erizo” (Mona Achache, 2009).

Con la nueva década se tuvo la oportunidad de conocer: “Una visita inoportuna” (Bertrand Blier, 2010); “Los infieles” (Emmanuelle Bercot y Fred Cavayém, 2012); “Metal y hueso” (Jacques Audiard, 2012); “Los sabores del palacio” (Christian Vincent, 2012); “Chicos y Guillermo ¡a comer!” (Guillaume Gallinne, 2013); “Un hombre ideal” (Yann Gozlan, 2015) y “Lolo, el hijo de mi novia” (Julie Delpy, 2015).

Año tras año hemos insistido en la importancia de valorar ampliamente este acercamiento a la cultura francesa, la cual conocemos en una de sus formas más sublimes: el cine. Para comprender un poco más de las historias que veremos, también resulta indispensable acercarnos a sus realizadores, pues son ellos quienes plasman un sello particular a cada uno de los siete títulos del 21º Tour.

Cédric Klapisch (Neuilly-sur-Seine, Francia, 1961).

Actor, productor, guionista y director reconocido por su manera de grabar los detalles de la vida cotidiana. A la fecha ha dirigido 13 largometrajes y participó en ocho como actor. Es uno de los realizadores con mayor presencia en la historia del Tour y este año presenta “El Viñedo que nos une”. La crítica especializada señala que plasma los pormenores en los que la gente no se fija; además, da gran importancia a la música y al sonido. Entre sus trabajos más destacados están: “París”, “Mi parte del pastel”, “Quizá” y “Las muñecas rusas”. Ha obtenido más de siete nominaciones a los premios César.

Grand Corps Malade -Fabien Marsaud- (Le Blanc-Mesnil, Francia, 1977).

A los 20 años de edad perdió la movilidad debido a una rotura de vértebras, como consecuencia de un accidente en la piscina donde trabajaba; tras un año de rehabilitación logró volver a caminar. A partir de 2006 toma el seudónimo de Grand Corps Malade (“gran cuerpo enfermo”) e incursiona con éxito en el slam, su primer disco “Midi 20”, supera los 600 mil ejemplares vendidos. La lucha que enfrentó para recuperarse le inspiró para publicar el libro autobiográfico en prosa Pacientes, que ahora sirve como base para el guion de Paso a paso, filme que podremos ver en esta ocasión.

Mehdi Idir (Saint-Denis, Francia, 1979).

Produjo y dirigió sus primeros videos en 2002, centrado en aspectos de la cultura urbana. En 2004 incursiona en documentales de Hip-Hop en los que perfecciona su técnica de encuadre y montaje. Realizó también, con gran profesionalismo, videos musicales y anuncios publicitarios. En 2007 crea su propia técnica de iluminación a la que llama “light painting”, la cual lo lleva a trabajar en Estados Unidos, India, Brasil y Rusia. El Canal+ le encarga entonces tres de sus programas más exitosos. A la par crea el colectivo “Ca Peut Chemar”, donde reúne lo talentos de diversos artistas. En 2016 dirige “Paso a paso” con Grand Corps Malade y estrena “Le gros journal”.

Martin Provost (Brest, Francia, 1957). 

Cuenta con una larga y afamada trayectoria como actor de teatro. En 1992 realizó su primer filme “Cocon”; luego estrenó “Tortilla and Cinema” (1997) y “Le ventre de Juliette” (2003). Para 2008 afianzó su carrera con “Séraphine”, la cual le permitió ganar siete premios César, máximo galardón del cine francés. Su más reciente largometraje “El reencuentro” (2017) retrata, una vez más, su particular visión del mundo femenino, pues es un hombre que creció rodeado de mujeres, con un padre ausente por cuestiones de trabajo. No han sido pocas las veces que Provost ha dicho que todo lo que le viene a la mente es sobre mujeres.

François Ozon (París, Francia, 1967).

Es uno de los más prolíficos directores (filma en promedio una película por año) y destaca por su maestría al traspasar fronteras genéricas, planteando serias dudas al espectador sobre los motivos, mentiras o verdades de sus personajes. En 1990 egresó de la Escuela de Cine de París. Primero trabajó en cortometrajes y fue hasta 1998 cuando despuntó su prestigiosa carrera de largometrajes con Sitcom. Para sus trabajos recurre a histriones de la talla de Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Fabrice Luchini, Charlotte Rampling, Romain Duris, Michael Fassbender, Jeanne Moreau y Kristin Scott Thomas.

Maurice Barthélémy (La Paz, Bolivia, 1969).

Es hijo de un reconocido exdiplomático y de una profesora haitiana. Inició su carrera como actor de teatro y en 1998 llegó a la televisión. En 2004 incursionó en el cine como coescritor e histrión de la película “Rrrrrr”, de Alain Chabat. Ese mismo año empezó a dirigir en “Casablanca Driver”, la cual se convirtió en una película de culto e inspiró la creación de una banda de rock homónima. Para 2005 muestra otra faceta de su talento con Papa, un filme muy íntimo. Durante 2011 se interesó en la sátira social con “Low Cost”. Luego estrenó la atípica “Norman fait des vidéos” (2012 ) y ahora centra su interés en saber qué pasa con “Los ex” (2017).

Anne-Gaëlle Daval (París, Francia, 1975).

Diseñadora de vestuario con una amplia trayectoria en programas de televisión, entre los que destaca la serie “Kaamelott”, donde prevalecía la confección de aparentes pieles y armas. Su acercamiento a la dirección de cine la debe a la influencia de su esposo, el escritor, director, editor, guionista y comediante Alexandre Astier. En 2013 estrenó el cortometraje “Réveillon” y en 2017 da a conocer su primer largometraje “Aún más bella”, centrado en la feminidad y los sinsabores de una mujer cuya autoestima se encuentra en sus más bajos niveles tras superar el tratamiento contra el cáncer.

Sophie Reine (París, Francia, s/f).

Editora, guionista y redactora. Gran parte de su carrera la dedicó al montaje de exitosos filmes a los que constantemente fue convocada gracias a la habilidad por compenetrarse con los directores, a quienes aportó sus conocimientos de la estructura narrativa, en temas tan diversos como comedia, corte histórico, musical y animación. En 2009 obtuvo un premio César por Mejor Edición gracias a  “Le Premier Jour du reste de ta vie”, de Rémi Bezançon. En 2016 se estrena como directora del largometraje Una familia peculiar, con la que fue aclamada por la crítica especializada debido a su talento para contar historias.

No pasemos por alto la presencia de la mejor selección de cine francés contemporáneo, acompañado por excelentes muestras de cortometrajes realizados por creativos mexicanos. Seamos parte activa de una de las muestras cinematográficas más importantes del año.

Nota: Debido a los recientes acontecimientos (sismo del 19 de septiembre), las funciones del 21º Tour de Cine Francés se han reprogramado. Por la duración total de filmes y cortometrajes, cambian dos horarios. Por su comprensión, muchas gracias.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en septiembre de 2017, edición 166 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

Teatro Javier Barros Sierra, del Centro Cultural Acatlán

2 y 3 de octubre – 9 al 13 de octubre

11:00, 13:30, 16:00 y 18:30 horas.

UNAM $20        GENERAL $40

 

 

 

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“Made in Bangkok” (México, 2015, 80 minutos), documental y ópera prima de Flavio Florencio, cineasta de origen argentino radicado en México desde hace 15 años. Se centra en la vida de la soprano Morgana Love  @Morgana_Love, transgénero originaria de San Miguel de Allende, Guanajuato, descubierta por el realizador de este largometraje mientras ella cantaba en una cantina de mujeres transexuales de la Ciudad de México.

Morganna Love antes se llamaba María y la alta calidad de su show hizo que Flavio Florencio se preguntase si cantaba de verdad o hacía playback; esta inquietud derivó en conocer más a fondo a la mujer de figura estilizada, larga cabellera negra, espectacular sonrisa y dulce voz, resultado de sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música, donde se graduó como cantante de ópera con registro de contratenor.

El acercamiento a Morganna (reina de las brujas y las hadas) llevó a Flavio Florencio a embarcarse en un viaje hasta Bangkok, Tailandia, donde ella podría alcanzar su sueño: la cirugía de cambio y reasignación de sexo. El concurso de belleza Miss International Queen representó la oportunidad para lograrlo.

“Made in Bangkok” tiene muchas semejanzas con el largometraje de Nicolás Videla y Camila Donoso: “Naomi Campbell” (2013), en ambos se analiza lo fuerte que es la operación de reasignación y la falta de apoyo de los sistemas de salud, a las personas transgénero, tanto, que ellos solos, deben procurarse los recursos necesarios para dar el paso más importante en sus vidas. Para Videla y Donoso tiene tanto valor quien quiere operarse por un motivo estético, como quien quiere cambiarse de sexo, mientras que Florencio nos dice que igualmente es transexual quien abiertamente no quiere amputarse el pene, como quien anhela tener una oportunidad para ello.

Desde pequeña, Morganna sintió inclinación por la música y se identificó con el sexo femenino, situación que la llevó a sufrir de discriminación, rechazo, crueldad y burlas; no entendía qué hacía con genitales masculinos si su esencia era otra; sin embargo, y debido a la presión familiar, trató de aceptar su condición biológica y cubrir las expectativas que sus padres le habían depositado pero sin éxito. A los 28 años de edad se sometió a terapia hormonal, debido a ello, su registro vocal cambia a soprano y comienza a luchar por sobrellevar la disforia de género.

Este reto es recreado con sensibilidad, optimismo y humanidad por el realizador, investigador y escritor Flavio Florencio para él: “La película viene a plantar una semilla más en un tema que era un gran tabú y que ahora se va abriendo” a pesar de estar en un país con un marcado machismo, secuela de tiempos pasados que se resiste a morir. “Es la historia de cada uno de nosotros en la búsqueda de convertirnos en las personas que deseamos ser”.

“Made in Bangkok” se estrenó en el Festival de Cine de Guadalajara, donde obtuvo el Premio de la Prensa. Ha obtenido el premio a Mejor Película por parte del púbico y Mejor Mención por parte del jurado en el Festival de Cine de Durango; premio a Mejor Documental mexicano en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato. Le ha dado la vuelta al mundo en festivales y eventos cinematográficos de primer nivel, por fin se estrena en salas comerciales de nuestro país y de forma simultánea tendremos oportunidad de verla en el Teatro Javier Barros Sierra del Centro Cultural Acatlán.

Este texto solamente ha sido preparado para su presentación en el Blog de CineAdictos, con fines de difusión.

Responsable: Novel Alejandro González Orozco

 

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Historia emotiva, muy bien contada

“Distancias cortas” (México, 2015, 115 minutos), primer largometraje de ficción de Alejandro Guzmán, realizado en colaboración con la guionista Itzel Lara, egresada de la Licenciatura en Comunicación por la FES Acatlán.

Este filme resultó ganador en el Concurso de Producción de Proyectos Cinematográficos de Ópera Prima Ficción 2014, convocado por el Centro de Capacitación Cinematográfica y el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad. Obtuvo el Gran Premio a Mejor Película en el Festival Skip City de Japón, el Ariel por “Mejor actriz de cuadro” y Premio Pantalla de Cristal por “Guion Original”.

Relata la historia de Federico, hombre de 45 años de edad, encerrado en su vivienda desde hace más de una década, debido a su obesidad mórbida. Pasa el tiempo en un edificio casi abandonado, aspecto que se distingue como una especie de reflejo de cómo se encuentra interiormente y una metáfora de su encierro corporal. El único contacto que tiene con el exterior es su hermana Rosaura; Ramón, su cuñado y, en algunas ocasiones, el cartero.

La trama inicia a partir de que la hermana de Federico y su esposo le muestran fotos de sus vacaciones por Oaxaca, ello lleva a “Fede” a recordar que en alguna parte guardó una cámara fotográfica de 110 mm, al encontrarla descubre un rollo expuesto y surge en él la inquietud por saber sobre el contenido.

Motivado por la curiosidad sale y comienzan para “Fede” una serie de peripecias, entre ellas el encuentro con Paulo, chico solitario amante de los cómics, quien le vende una cámara usada.

De manera global se trata de una historia emotiva, muy bien contada, con pocos personajes, que resaltan por ser complejos e interesantes. Desarrolla temas centrales sobre encierro, sublevación, amistad, salud y discapacidad con tonos de comicidad, siempre resaltando los embrollos de los seres humanos, así como sus claroscuros.

Luca Ortega, Mauricio Issac, Joel Figueroa y Martha Claudia llevan el peso histriónico de “Distancias cortas”. En el equipo de realización destacan las colaboraciones de Diana Garay Viñas, directora del documental “Mi amiga Bety”; la vestuarista Gabriela Fernández; Sandra Cabriada, encargada del diseño de producción; el productor Rodrigo Milanes, y el sonidista Pablo Tamez.

Cabe puntualizar que Luca Ortega (Federico), sí padece obesidad mórbida, es arreglista y ha trabajado en varias películas; muchos de los fondos musicales de “Distancias cortas” fueron compuestos por Luca y eso incrementa el valor del resultado final.

Itzel Lara es dramaturga y reseñista. Ha sido guionista de Canal Once. Becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas (2009-2011). Recibió el Apoyo a Creadores cinematográficos del IMCINE (2010) con el guión de “Distancias Cortas” publicado en coedición con IMCINE y Editorial Buena tinta, en 2012.

Participó en los talleres de The Royal Court of London (tercera emisión, México) y en marzo de 2013 fue residente internacional en la misma institución, en Londres. Becaria Jóvenes Creadores (FONCA) en dramaturgia (2008-2009). En 2013, la editorial Le Miroir qui fume publicó al francés su obra “Anatomía de la Gastritis”.

Este texto solamente ha sido preparado para su presentación en el Blog de CineAdictos, con fines de difusión.
Responsable: Novel Alejandro González Orozco
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El gran descubrimiento del Werner Herzog

POR ROSARIO BETZABELL RODRÍGUEZ PARRA

Me encontré con Bruno y aceptó hacer el filme. Entendió perfectamente el propósito del mismo, y que el filme se refería también a él y a su propia vida. Y cómo la gente lo había destruido a él.
                                                                               Werner Herzog.

Bruno Schleinstein (1932- 2010, Berlín, Alemania) fue un actor autodidacta cuyo paso por el cine merece ser recordado, pues Bruno S., como era más reconocido, fue verdaderamente impresionante.

El director Werner Herzog descubrió el potencial histriónico de Bruno, se encargó de guiar su capacidad de interpretación y exploró esa naturalidad que caracteriza a alguien de quien no cuenta con técnicas de actuación profesionales.

Bajo las órdenes de Herzog, Bruno S. trabajó en “El enigma de Kaspar Hauser” (“Jeder für sich und Gott gegen alle”, 1974), filme ambientado en el siglo XIX que relata la historia de un joven encerrado la mayor parte de su vida en un sótano, lo que le impide desarrollar la capacidad de socializar y comunicarse; solamente tiene contacto con la persona que lo alimenta y le enseña a decir algunas frases.

Kaspar Hauser fue abandonado en Núrenberg y adoptado por un “maestro”. Su vida empieza a tener sentido a partir del momento en que aprende a tocar un instrumento musical. Bruno Schleinstein aportó a esta película una increíble interpretación; la razón de fondo se encuentra en los orígenes de su propia vida, pues él, al igual que Kaspar, vivió encerrado en orfanatos y hospitales psiquiátricos durante 17 años, luego de ser abandonado por su madre, una sexoservidora que nunca lo deseó.

“El enigma de Kaspar Hauser” fue galardonado por Mejor Montaje y Mejor Diseño de Producción en los Premios del Cine Alemán de 1974 y el Premio del Jurado Ecuménico, Premio FIPRESCI, en el Festival de Cannes, en 1975.

Tres años después, Bruno S. trabajó con Herzog en “Stroszek” (1977). Aquí el protagonista se llama como él (Bruno), aunque su apellido es Stroszek. Es un personaje que sale de prisión y enfrenta una vida difícil sobreviviendo como músico callejero (justo como lo hacía Bruno S. mientras no estaba frente a la cámara) hasta que conoce a Eva, una prostituta interpretada por la actriz Eva Mattes.

En compañía de Scheitz, el excéntrico vecino de Bruno, la pareja busca una nueva oportunidad, por lo que deciden emigrar a Wisconsin, Estados Unidos y empezar una nueva vida. Al llegar apuestan por el sueño americano, tratan de salir de sus problemas de adicciones, trabajan, logran cierta estabilidad y se les hace la vida más fácil; sin embargo, la convivencia, la incomunicación (tema central en las películas de Herzog) y los problemas financieros llevan a los tres personajes a recuperar sus antiguos patrones de comportamiento.

La última película en la que apareció el gran Bruno S. fue “Avé” (2011), bajo la dirección de Konstantin Bojanov. En ella se narra la historia de dos chicos, Kamen y Avé, quienes se conocen en una carretera. Ambos quieren llegar a Roussé, ciudad ubicada al norte de Bulgaria y deciden acompañarse. Gracias a las personas que conocen durante el trayecto, entre ellos el rol interpretado por Bruno S., ambos aprenden a comprenderse. Avé fue galardonada con el Premio Kodak por Mejor Película Búlgara en el Festival Internacional de Cine de Sofía en 2012.

A los 78 años de edad, la mayor parte de sus días tocando en las calles de Berlín, Bruno Schleinstein falleció el 11 de agosto de 2010. Se le recuerda como un actor no profesional que supo llenar la pantalla y dejó claro que no siempre hay que tener conocimientos de cómo o qué hacer frente una cámara de cine, sino solamente representar el contexto real en el que uno está inmerso.

Werner Herzog lo definió como “el soldado desconocido del cine alemán”, y con sus interpretaciones en solamente tres filmes, Bruno Schleinstein permanecerá en la memoria de los cinéfilos.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en marzo de 2017, edición 161 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

 

 

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 POR  OSWALDO LARA * 

El destacado músico mexicano Manuel M. Ponce aplaudía siempre a un violinista de pueblo que tocaba un viejo violín destartalado; al preguntarle el porqué de aquella admiración respondía: “siempre toca algo diferente”.

Contrario a lo que Manuel M. Ponce valoraba, la “diferencia”, en la mayoría de las obras cinematográficas se muestra a menudo el mismo contenido. Sin embargo, existe un género experimental, abierto y contemporáneo, que siempre genera algo distinto, el llamado “Live Cinema”.

En junio pasado, en el Centro Cultural Acatlán se llevó a cabo una muestra donde participaron artistas de la escena Live Cinema & Arte Sonoro en México: Malitzin Cortés, con su Proyecto CNSDS; Brisna Luna Valdespino; Guillermo Olivera, fundador del proyecto de composición musical para cine silente Extraños en el tren, y el colectivo Hypertropos, conformado por Ricardo Guzmán, Edgar Olvera y Pedro Alayón.

El “Live Cinema” combina la ejecución/reproducción de música en vivo acompañada de la creación/proyección de imágenes, generalmente sincronizadas al audio.

No obstante ser una práctica contemporánea, recuerda a los trabajos experimentales de animación del cineasta alemán Hans Richter “Rhythm 21” y “Rhythm 23”, así como “Symphonie Diagonale”, del sueco Viking Eggeling, realizados en los años veinte del siglo pasado.

Otra referencia significativa del “Live Cinema” es el escocés Norman McLaren, cineasta de animación que desarrolló la mayor parte de su trabajo bajo el auspicio de la National Film Board of Canada, desde la década de los años 40. Con “Dots” y “Synchromy” logró la armonía entre imagen y sonido.

Este género apuesta a las posibilidades que le otorgan las nuevas tecnologías para hacer un trabajo no tradicional. No cuenta historias, pero sí desarrolla una narrativa onírica. Recordemos que el cine surrealista tampoco fue tradicional, pero sí onírico, y es una de las vanguardias cinematográficas más importantes en la historia del arte.

 La imposibilidad de la repetición en el Live Cinema es una cualidad. La no repetición implica no solamente que no haya una obra construida, porque la misma desaparece al tiempo de ser concluida: también significa que interactúa con el espectador de manera diferente cada vez que es ejecutada, por ser única y ante públicos distintos, produciendo una experiencia singular.

Otro elemento a destacar es la forma en que se percibe la autoría del Live Cinema, pues se observa en tiempo real al autor ejecutar, o no, las imágenes o sonidos; el público se convierte, sin saberlo, en coautor de la obra, porque a medida que éste reacciona de manera positiva o negativa, el autor puede alargar o acortar los fragmentos, de manera tal que la abstracción de las piezas y su subjetividad provienen no de una percepción individual, sino de una colectiva.

Es importante reflexionar sobre lo preparado que está el público para apreciar el Live Cinema.

* Oswaldo Lara es maestro en Arte Cinematográfico por el Centro Cultural Casa Lamm y Master en Escritura para Televisión y Cine por la Universidad Autónoma de Barcelona. Es profesor de Guión Audiovisual, Historia del Cine, Realización de Cine Documental y Cortometraje de Ficción. Actualmente estudia la Maestría en Estudios México-Estados Unidos en la UNAM.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en agosto de 2017, edición 165 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

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POR DIEGO ISAAC GONZÁLEZ GÓMEZ

En el cine hay un selecto grupo de mujeres cuyos nombres y trayectorias merecen ser recordadas de forma permanente, pues contribuyeron a forjar la historia de una industria con indiscutible mayoría masculina.

Apenas un año después que los hermanos Louis y Auguste Lumière exhibieran su ópera prima “La Sortie de l’usine Lumière à Lyon” (“La salida de la fábrica Lumière en Lyon”, 1895), surgió la primera directora de cine: Alice Guy-Blaché, nacida en Francia el 1 de julio de 1873, quien estrenó en 1896 “The Cabbage Fairy”, inspirada en un cuento francés, donde un hada cría niños en campos de coles.

Alice Guy-Blaché fue pionera en efectos especiales (retoque, cámara lenta y rápida). En “Maguique” (1898) estableció las bases del cine de ficción. Era dueña de un estudio donde fueron filmadas unas mil películas a ritmo acelerado, realizaban dos por semana.

Fundó varias productoras en Francia y Estados Unidos. Luchó por ser reconocida internacionalmente como directora, actriz y productora, desgraciadamente pasó al olvido tras ser absorbida por la maquinaria Hollywoodense. Después de haber recibido galardones por el Gobierno de Francia y la Cinemateca Francesa, historiadores del Séptimo Arte no valoraron sus aportaciones, dejaron en el olvido sus rastros. Los filmes de Alice Guy-Blaché empezaron a ser recuperados hace menos de una década.

Otro caso es el de la neoyorquina Florence Turner, quien debutó en “Cast Up by the Sea” (1907). Se le reconoce como la iniciadora del Star system, término que se refiere a la contratación de actores para trabajar en películas de manera exclusiva, muy utilizado a partir de la década de 1920.

Era conocida como The Vitagraph Girl (por el nombre de Vitagraph Studio). Como actriz llegó a ser la más popular de la pantalla estadounidense, con poco más de 170 filmes, y compitió en su época con las películas de las compañías francesas Pathé y Gaumont. Posteriormente estableció su propia compañía de producción Turner Films, donde filmó aproximadamente 30 cortometrajes.

Después apareció Lois Weber, la directora mejor pagada en la historia del cine mudo, según Photoplay (marzo 1917: 87). Desde 1911 se colocó detrás de una cámara para filmar y protagonizar el cortometraje “A heroina of ’76”. Tres años más tarde lo hizo para codirigir, al lado de su esposo (el también actor y director Phillips Smalle) el largometraje “The Merchant of Venice”, que llegó a los cines norteamericanos en 1914, mismo año en que participó en una veintena de películas.

Fundó su estudio Lois Weber Productions, donde abordó temas polémicos como la discriminación femenina y drogas, pero fue censurada. Escribió más de 100 guiones, pero luego de divorciarse en 1922 la industria comenzó a darle la espalda; fueron escasos los filmes que dirigió hasta el final de su carrera. Su legado ha sido rescatado a partir de los años 70.

En el primer cuarto del siglo XX la alemana Lotte Reiniger, musa de la vanguardia alemana de los años 20, estrenó la película Las aventuras del príncipe Achmed, un largometraje al que dedicó dos años de su vida y es, hasta ahora, la película animada más antigua mejor conservada.

Se le recuerda por su trabajo con la técnica de siluetas recortadas y luego animadas gracias a los trucos cinematográficos. Con tijeras y papel Lotte Reiniger era capaz de crear criaturas maravillosas, universos, demonios malignos o palacios y alfombras voladoras.

En la creación de vestuario para cine destaca Edith Head, quien trabajó para la industria de Hollywood cerca de 30 años. Participó en mil 131 películas, con productoras como Universal y Paramount, entre otras. Tras obtener 35 nominaciones, ocho premios Oscar y una estrella en el Camino de la Fama de Hollywood, esta diseñadora, gran amiga de Alfred Hitchcock, tiene créditos en más de 450 producciones.

La llamada “Madre del cine experimental” fue Maya Deren, quien estrenó en 1943 su primer cortometraje “Meshes of Afternoon”, el cual realizó con apoyo de su segundo marido Alexandr Hackenschmied

Sobre “Meshes of Afternoon”, nada mejor que recurrir a lo dicho por la propia Maya Deren para explicar su trabajo: “Trata de las experiencias interiores de una persona. No lleva a un hecho que podría ser observado por otras, sino que reproduce la forma en la que el subconsciente de un individuo desarrolla, interpreta y elabora un incidente en apariencia simple y casual transformándolo en una experiencia crítica” (Sánchez-Viosca, Vicente. Cine y vanguardias artísticas: conflictos, encuentros y fronteras. Paidós Ibérica, 2004).

Deren estuvo alejada de las excentricidades de Hollywood. Se le recuerda por su fuerte crítica a la gran industria, pues la consideraba un impedimento para las obras conscientes de lo artístico y estético.

Otro gran ejemplo de mujeres cineastas es la colombiana Marta Rodríguez, quien junto a su esposo Jorge Silva, realizó “Chircales” (1972), trabajo de investigación sobre la explotación y miseria de los empleados de una ladrillera

Marta Rodríguez se convirtió en una de las documentalistas antropológicas más importantes a nivel mundial, llegando incluso a ser pionera en este subgénero. Su aporte a la cinematográfica internacional ha inspirado a cientos de realizadores, que han intentado seguir su ejemplo.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en junio de 2017, edición 164 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

 

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No sueñes, vívelo

POR  YOLANDA SOLORIO GARCÍA

Inspirado en las películas de ciencia ficción y cine serie B (filmes de bajo presupuesto, considerados inferiores, muchas veces carentes de publicidad), a principios de los años 70 Richard O´Brien escribió el musical “The Rocky Horror Picture Show” (“El show de terror de Rocky”) y lo filmó con apoyo del director australiano Jim Sharman.

La historia de este filme, por demás emblemático, tuvo su origen en 1973, cuando se estrenó como obra en Royal Court Theatre, de Londres. Estuvo en cartelera una corta temporada (del 19 de junio al 20 de julio del mismo año), pero su huella en el mundo del espectáculo caló profundo, en gran medida debido a su éxito en el circuito alternativo londinense.

En 1975, con un presupuesto de 1.4 millones de dólares, respaldados por la 20th Century Fox, Sharman y O´Brien adaptaron la historia para cine y dieron a la industria uno de los mayores títulos del cine de culto.

Cuenta con las actuaciones de cuatro de los miembros originales de la obra de teatro: Tim Curry (doctor Frank-N-Furter), Patricia Quinn (Magenta), Nell Campbell (Columbia) y Richard O´Brien (Riff Raff).

Es la historia Brad Majors (Barry Bostwick) y Janet Weiss (Susan Sarandon), se comprometen en matrimonio después de asistir a la boda de su amiga Betty Munroe. Viajan para darle la notica a su amigo, el doctor Everett V. Scott, pero en el trayecto se les avería una llanta; ello los obliga a pedir ayuda en un castillo cercano a la zona de su incidente automovilístico, donde conocen a Riff Raff, Magenta, Columbia y otros extraños personajes que celebran en ese momento una convención de transilvanos.

Brad y Janet son recibidos por el doctor Frank-N-Furter, sexy travesti que los convence de subir a su laboratorio para atestiguar el nacimiento de Rocky (Peter Hinwood), rubio espectacular creado por este científico para satisfacerlo sexualmente.

La joven pareja es llevada por Columbia a cuartos separados; ninguno imagina lo que les espera: nada menos que la visita de Frank-N-Furter para seducirlos; ambos caen en el juego sexual y se sienten extrañamente culpables, pero incapaces de zafarse de los designios de su extraño anfitrión, quien no duda en causar daño para satisfacer sus instintos u obligar a su séquito a permanecer cerca de él.

Persecución de perros, azotes, juegos de espionaje, una extravagante cena caníbal, estatuas humanas que son convertidas con un transductor medusa, abundantes vestidos de cabaret, performance a manera de show, con personajes alienígenas del planeta Transexual enmarcan esta historia que ha sido vista por millones de espectadores desde la década de 1970 y dado pie a innumerables ejercicios de puestas en escena, donde no falta la presencia del narrador, encargado de introducir las escenas o interrumpirlas para añadir diversos datos.

“El show de terror de Rocky” es, entre los filmes de culto, uno de los más recurrentes: fans de todo el mundo organizan funciones interactivas, las cuales consisten en la proyección de la película mientras un grupo de actores recrea las escenas. Los asistentes se disfrazan de los personajes y llevan diferentes accesorios para participar en la función, como pistolas de agua que utilizan para simular la tormenta durante la escena en la que Brad y Janet caminan rumbo al castillo de Frank-N-Furter.

Para quienes no conozcan “El show de terror de Rocky” cabe la advertencia: pueden quedar fascinados y corren el riesgo de sumarse al numeroso grupo de fans que la veneran.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en junio de 2017, edición 164 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

 

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Afrontar la vejez con mucho humor

POR CARMEN CANO GORDÓN

“Un golpe con estilo” (“Going in Style”), dirigida por Zach Braff, cuenta con la participación de cuatro actores consagrados: Michael Caine, Morgan Freeman, Alan Arkin y Ann Margret, esta última en otros tiempos conocida como “La Novia de América”. Todos coinciden en rondar los 80 años de edad, nada despreciables, entre otras cosas por su connotada y fructífera trayectoria en la pantalla grande.

Este filme tocó mis fibras de sensibilidad, ahora que me encuentro en situación parecida, no sólo de edad (aunque me llevan algunos años), sino por el contexto: jubilaciones complicadas, falta de respuesta de las instituciones e incomprensión de los jóvenes o de la sociedad en general.

La película lo plantea en una forma por demás ligera. Constituye una ácida crítica a la situación actual generalizada que orilla a la gente mayor a morir o a tomar decisiones variadas, ninguna como solución: una de ellas es la que los personajes de Un golpe con estilo toman, misma que aplaudo y me encantaría tener el valor que muestran ellos.

La trama se enfoca en el lado fácil, si es que lo hay en temas tan vitales como estos, y nos hace reír, compartir sentimientos, ahora que ya estamos tan saturados de malas noticias, tanto en el cine como en la vida real: violencia, crimen, violaciones, discriminación, desaparecidos, decapitados, pobreza extrema, corrupción a todo lo que da, más lo que se acumule.

Se agradece esta forma de abordar las situaciones, este modo alegre de tratar algo tan fuerte, sensible para muchos que estamos atravesando por idénticas situaciones y, la verdad, no nos parece tan divertido, ni siquiera un poco. Pero no nos queda más que tomar la vida como viene y tratar de enderezar lo que esté en nuestras manos con optimismo, con entereza.

Annie (Ann Margret) es una mujer tan seductora y coqueta como su edad se lo permite, incluso un poco más; trabaja en el supermercado del barrio, donde acosa a Albert (Alan Arkin), músico connotado, experto en saxofón, quien imparte clases de música a su nieto y poco a poco va aceptando a Annie en su vida.

Albert comparte departamento con Willie (Morgan Freeman), retirado y enfermo de insuficiencia renal muy avanzada, lo que le hace requerir urgentemente de un trasplante, pero él nunca ha comentado nada a familiares ni amigos. Su plan de jubilación no le alcanza para acceder a un mejor tratamiento médico y el dinero que recibe tampoco es suficiente, ni para comprar un boleto que lo lleve a visitar a su nieta.

Albert y Willie llevan una entrañable amistad con Joe (Michael Caine), amoroso padre de familia y abuelo, que tras el divorcio de su única hija decide apoyarla incondicionalmente, dándole techo e hipotecando la casa que ha ocupado gran parte de su vida.

El trío de neoyorkinos está al borde de la bancarrota por malos manejos en sus pensiones; esto detona el lado gangster de Joe, quien idea un plan maestro que pondrá fin a sus apuros económicos: atracar un banco para recuperar el dinero de su jubilación.

Alan Arkin (Brooklyn, NY, EU, 1934). Músico, director de cine, teatro y televisión, también escribe cuentos infantiles. Destacan sus participaciones en “El corazón es un cazador solitario” (Robert Ellis Miller, 1968), por la que fue nominado al Oscar por Mejor Actor; “El joven manos de tijera” (Tim Burton, 1990) y “Pequeña Miss Sunshine” (Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006), por esta última ganó el Oscar por Mejor Actor de Reparto.

Morgan Freeman (Memphis, Tennessee, 1937). Icónico actor con más de 70 películas en su haber, de las cuales resaltan: “El chofer de la Sra. Daisy” (Bruce Beresford, 1989); “Sueño de fuga” (Frank Darabont, 1994); “Million Dollar Baby” (Clint Eastwood, 2005); “Antes de partir” (Rob Reiner, 2007); “Invictus” (Clint Eastwood, 2009), “Olympus Has Fallen” (Antoine Fuqua, 2013) y “Lucy” (Luc Besson, 2014).

Michael Caine (Londres, Inglaterra, 1933).  Inconfundible por su característica elegancia y peculiar acento inglés. Ha aparecido en más de 115 películas de las cuales se deben mencionar: “La huella” (Joseph Mankiewicz, 1972); Alfie (Charles Shyer, 2004); “El gran truco” (Christopher Nolan, 2006); “Batman el caballero de la noche” (Christopher Nolan, 2008); “El Origen” (Christopher Nolan, 2010) y “Kingsman: servicio secreto” (Matthew Vaughn, 2015).

Nota:   

Boletín CineAdictos, durante mucho tiempo mi casa, encuentro cotidiano con el cine. Decidí regresar a éstas mis raíces… Muchos de ustedes, los más, no me conocen, pero ahora vuelvo para hacerme presente y que sepan de mí, de mi compromiso con la FES Acatlán a través de esta publicación.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en junio de 2017, edición 164 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

 

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POR  JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA

“El caos y el orden” es el título del documental dedicado al gran artista plástico Manuel Felguérez, personaje icónico de la denominada “Generación de la Ruptura”. Referirse al maestro Felguérez es hablar de 70 años de trabajo ininterrumpido de uno de los máximos exponentes del arte abstracto en el mundo.

Gracias al proyecto cinematográfico del director español Miguel Ángel Tobías se puede acceder no sólo al personaje que ha dejado una profunda huella en el arte contemporáneo, sino al ser humano que está detrás de cada una de las obras maestras que produce.

A través de la sucesión de imágenes Miguel Ángel Tobías lleva a los espectadores por un viaje fascinante que explora la memoria de Manuel Felguérez, sin descuidar lo realizado por una generación de artistas.

“La película no sólo habla de él, no puedes contar la historia de un ser humano sin contextualizarla, por lo que también abordamos aspectos geográficos y políticos. Es un homenaje a México, donde buscamos contar parte de su historia cultural e intelectual a partir de personajes clave”, señala Tobías.

A decir del propio cineasta, el documental también rinde un sentido tributo a figuras de la talla de Octavio Paz y Vicente Rojo. “El caos y el orden” rescata valiosos testimonios de Juan Villoro y Elena Poniatowska. Esta última comenta: “Felguérez es un hombre que se lanzó y caminó sobre el filo de la navaja, al apartarse del dibujo convencional para encontrar otra cosa y creo que la encontró”.

La película de Miguel Ángel Tobías está diseñada de tal manera que se puede disfrutar “con los ojos cerrados”, escuchando los testimonios del maestro Felguérez y del resto de los protagonistas acompañados de la selección musical que se realizó ex profeso para el filme.

“Me parecía increíble que no existiera una película sobre un personaje de estas dimensiones. Lo primero que descubrí de Manuel fue su obra, me encontré con sus piezas en calles, museos y edificios. Y un buen día la curiosidad de alguien que se dedica a contar historias por el mundo, como es mi caso, me llevó a investigar sobre él”.

“Lo primero que hice fue preguntar si ya se había hecho algún trabajo cinematográfico sobre su vida y obra. La respuesta fue negativa, para mi buena fortuna. Pensé que Manuel Felguérez tenía una importancia enorme como artista e intelectual de talla internacional. Es el protagonista de un relato que simplemente se tenía que contar”.

En el documental se observa a un Manuel Felguérez en primer plano que sostiene un pincel que esparce pintura sobre la tela; armado con espátula inicia el proceso creativo: “cada vez que despierto ya estoy pensando qué hacer, es toda una aventura. Para pintar un cuadro tienes que llenarte de emoción, es darle vida a la materia. La obra debe hablar. Mientras sigues creando siempre tienes la esperanza de hacer algo mejor”.

El largometraje retrata a un creador con enorme vitalidad, como aquel joven boy scout  que en 1947, a bordo del buque Discovery, descubriera no el Polo Sur, sino su vocación pintando un par de barquitos navegando por el río Támesis, acompañado de su amigo el novelista Jorge Ibargüengoitia.

A la par, la cinta de Tobías destaca la gran aportación de los jóvenes de la Generación de la Ruptura, que cambian de fondo el arte en nuestro país al romper con la corriente de la Escuela Mexicana de Pintura, encabezada por David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera.

“Este grupo de jóvenes, del cual formaba parte el maestro Felguérez, tuvo la valentía de darse cuenta de que el arte en México debía transformarse y para hacerlo se enfrentaron a todo un sistema. El tiempo finalmente les dio la razón al traer al mundo de las artes plásticas un aire fresco y renovado”.

Sin duda, se trata de un documental sumamente emotivo que todos los amantes de las artes plásticas y del cine no deben perderse, además de representar un testimonio visual sobre uno de los grandes pintores y escultores con más reconocimiento en la esfera internacional, cuya obra está más vigente que nunca.

Fuentes:

-“El caos y el orden”. Dirección Miguel Ángel Tobías. España 2016, 101 minutos. 
-CINEMANET TV
-Canal 22
-100 minutos

Esta colaboración se publicó de manera impresa en marzo de 2017, edición 161 del boletín informativo CINEADICTOS, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

 

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CineAdictos, publicación periódica de la Coordinación de Difusión Cultural, nació en noviembre de 2000. Incluye reseñas de películas, trayectorias de actores, directores, críticas, comentarios sobre los principales festivales, entrevistas, avances técnicos y aspectos de los distintos géneros cinematográficos. El material impreso se distribuye entre la comunidad de la FES Acatlán; a partir del semestre 2015-II extiende sus alcances con el blog de CineAdictos. Espacio abierto a los interesados en la divulgación del séptimo arte.

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