Cine Adictos

POR LUCÍA ELENA ACOSTA UGALDE *
Ustedes cuentan con un gran
personaje como es el vampiro
encarnado por Germán Robles.
Quentin Tarantino

El cine de terror es uno de los géneros más atractivos en la industria cinematográfica mexicana. En sus inicios, estuvo anclado en seres deformes, colmilludos o peludos. A la par del cine estadounidense, estas criaturas constituyeron una ventana al universo del aliento contenido y el corazón palpitante.

Haciendo una breve retrospectiva, la cinta mexicana La Llorona, del cubano Ramón Peón, da inicio al género de terror en el año de 1938. Siendo un joven director, Juan Bustillo Oro comienza su labor fílmica con lúgubres producciones como Dos monjes (1934), cinta que se considera expresionista, y las películas El misterio del rostro pálido (1935) y Nostradamus (1937).

Al paso del tiempo el cine de terror retoma su firmeza con la llegada de la cinta de culto El vampiro (1957), bajo la dirección de Fernando Méndez y la impecable actuación de Germán Robles como un carismático y sensual conde “Lavud” , emblemático foráneo, capaz de mezclar la sangre y el vino. En dicha producción el humor involuntario lo origina otro gran actor de la época, Abel Salazar. Es majestuosa la manera como el gran Germán Robles marcaba el destino para los sucesores del mítico personaje, se filmaron diversas películas sobre el mismo tema, pero no lograron alcanzar el éxito de su antecesora.

Otra cinta correspondiente a esta temática es El castillo de los monstruos (Julián Soler, 1958), con el siempre estrafalario Antonio Espino “Clavillazo”, compartiendo créditos con Evangelina Elizondo. Con el furor de la comedia, se manufacturan parodias como La nave de los monstruos (Rogelio A. González, 1960) protagonizada por Eulalio González “Piporro”, el rey del taconazo, y las beldades de la época: Ana Bertha Lepe y la vampiresa seductora Lorena Velázquez.

El género debía cambiar y, como una neblina compuesta de nuevas propuestas llega la pluma de Carlos Enrique Taboada, con sendas producciones donde el terror mostraba una nueva faceta: un tenebroso sendero a lo desconocido y sobrenatural con gloriosas producciones como El libro de piedra (1969), considerada un clásico, con uno de los finales más bellos del cine mexicano; Hasta el viento tiene miedo (1968), Mas negro que la noche (1975) y Veneno para las hadas (1984).

Durante la década de los años 80 la calidad tiende a decrecer con producciones ancladas en las jóvenes promesas televisivas, elenco decorativo en películas como Cementerio del terror (Rubén Galindo, 1985), Vacaciones de terror (René Cardona III, 1989) y Pánico en la montaña (Pedro Galindo III, 1989).

Al inicio de los años 90 llega el llamado “Nuevo cine mexicano”. El objetivo inmediato era producir cintas de contenido y calidad, entre las cuales destacan los proyectos cinematográficos Cronos (1993), de Guillermo del Toro; Sobrenatural (1996), de Daniel Gruener y Angeluz (1998), de Leopoldo Laborde.

Con el inicio del siglo XXI la cultura de un país lleno de mitos y leyendas da pie a creaciones fílmicas como Las Lloronas (Lorena Villarreal, 2004); una de las películas más taquilleras del cine mexicano: Kilómetro 31 (Rigoberto Castañeda, 2007) y la cinta Cañitas (Julio César Estrada, 2007), basada en el popular libro de Carlos Trejo.

Para 2010, la temática sobre los muertos vivientes o zombies lleva a un relevante cortometraje llamado Apocalypze, del joven director Fernando Chávez, con el apoyo de una destacada labor en maquillaje del mexicano Jorge Siller (Resident Evil Extintión); el desolador documental se exhibió en el Festival Mórbido Film de 2010.

Para concluir este breve recorrido del cine de terror mexicano de finales de los años 30 a la primera década del siglo XXI recordemos la frase del maestro del suspenso Alfred Hitchcock: “La fantasía o la ficción literaria siempre es más insólita que la verdad o la realidad”.

* Lucía Elena Acosta Ugalde es Doctora en Historia del Arte. Técnico Académico Asociado C, Tiempo Completo. Definitivo.

Categoría(s): DE RODAJE EN RODAJE

POR CARLOS DÍAZ ROMERO

I believe we exist in a
multiverse of universes
(Creo que existimos en un
multiverso de universos)
Michio Kaku

Es común acudir al cine de Hollywood por mera diversión y dejar el ejercicio intelectual para las producciones independientes o de arte, pero en algunas ocasiones vale la pena revisitar cintas de entretenimiento ligero para explorar profundidades ocultas. The Last Action Hero (John McTiernan, 1993), protagonizada por Arnold Schwarzenegger, es una de ellas.

La nula plausibilidad de su premisa es tal que se pasa por alto; resulta una fuente de planteamientos filosóficos sobre el cuestionamiento de la realidad misma. Todo comienza cuando Danny Madigan, niño fanático del policía ficticio y héroe de acción Jack Slater, recibe un boleto mágico que le da acceso a los filmes y a la “realidad” de Slater.

Arrojado, casi literalmente, al interior de la película Jack Slater IV, Danny hace uso de sus conocimientos sobre la franquicia y los tropos del cine de acción para manejarse en una realidad exagerada, en la que un gato detective de dibujos animados y la remasterización de Humphrey Bogart conviven con personas comunes. De paso, intenta convencer a Slater de que es un personaje adorado por millones de espectadores.

La brillante deconstrucción del cine de acción de los años 90, manejada por John McTiernan, director de aclamadas cintas del género como Predator (1987), Die Hard (1988) y Hunt For Red October (1990), viene acompañada de cuestiones filosóficas y científicas del multiverso y el destino.

Cada película producida dentro de The Last Action Hero, representa un universo alterno, regido por las leyes que los escritores de cine determinan al crear historias: coches que explotan sin motivo, heridas de bala que resultan ser meros rasguños, cuando en verdad serían mortales, entre otros. Los personajes desarrollan sus vidas según los designios del director; sin embargo, esto provoca que las vidas “ficticias” de los personajes sufran las consecuencias de estas decisiones en favor del entretenimiento.

Jack Slater deja siempre un rastro de muerte y destrucción en su búsqueda por llevar ante la justicia a los criminales de su mundo, tal como demanda la trama. Se siente devastado porque él sólo desea ser un buen policía; no obstante, termina atrapado en locas aventuras, explosiones y tiroteos a los que sólo él parece capaz de sobrevivir.

En el clímax de la trama, Slater sale de su universo e ingresa a uno más realista y brutal, el de Danny Madigan, donde descubre que todas las reglas que conocía dejan de ser válidas y enfrenta una crisis existencial. Su vida, todo lo que es y será, no es más que un invento al que un hombre llamado Arnold Schwarzenegger da vida, y todas sus tragedias, como la muerte de un hijo y su primo segundo, son recursos narrativos para el entretenimiento del público. Afortunadamente, Slater llega a buenos términos con su existencia y acepta el papel de héroe en un universo donde todo está escrito para que triunfe.

Esta película genera interrogantes entre los espectadores analíticos, a partir de entender que el universo de Danny, llamado The Last Action Hero, contiene películas con universos paralelos, uno de ellos es Jack Slater IV, donde también hay filmes. Surge la duda: ¿será posible que estas cintas sean universos paralelos? De ser así, significaría que hay un agujero de conejo por el cual se puede descender, atravesando infinidad de universos alternativos, donde las leyes físicas, psicológicas y sociales sean impensablemente extrañas, un universo dentro de un universo.

En esta escalera de realidades también se puede ascender. Danny descubre que las películas son universos propios, visita uno de ellos y también lleva a un personaje hasta su propio mundo. Jamás se cuestiona la realidad o ficción, aunque nosotros, como espectadores, sabemos perfectamente que Danny es ficticio. Una decisión narrativa que da pie a una última propuesta para la metarrealidad multiversal.

¿Si Danny averiguara que aquello que considera la realidad no es más que otro nivel de multiversos ficticios/reales del que puede escapar?, ¿si nosotros desconociéramos, como Jack Slater y Danny Madigan, sobre nuestro mundo y éste no fuera más que la ficción de un escritor paralelo? ¿Qué pasaría si nuestras vidas no estuvieran regidas por la libertad o los designios de una divinidad, sino por la mente de un guionista de Hollywood?

 

Categoría(s): Sin categoría

POR  NOVEL ALEJANDRO GONZÁLEZ OROZCO

De pronto, una serie de fotografías en blanco y negro nos trae recuerdos de otras épocas, en las que la presentación de películas incluía un proceso de corta y pega, en una especie de imitación del “corte y queda”. Haciendo uso de lienzos de papel translúcido, como base para soportar las fotos fijas en exhibición y, de esta forma, llevar hasta el público cinéfilo las referencias generales del tipo de obra que se vería en la pantalla grande.

Nos referimos a una práctica de difusión que hace más de tres décadas quedó en desuso, pero gracias a 292 imágenes resguardadas en el Centro Cultural Acatlán, nos permite recordar viejos tiempos y compartir con ustedes otro aspecto de la historia de la cinematografía, las fotos de still.

Entre estos títulos: Canoa, dirigida por Felipe Cazals y producida por Conacine y el STPC, con las actuaciones de Enrique Lucero, Salvador Sánchez, Ernesto Gómez Cruz y Rodrigo Puebla; El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein, producida por Estudios Churubusco, con Claudio Brook, Rita Macedo, Arturo Beristain y Diana Bracho; Celestina, con el característico sello histórico de Miguel Sabido, con el apoyo de Procinmex y las actuaciones de Ofelia Gilmain, Isela Vega, Luigi Montefiore y Martha Zavaleta, y El monasterio de los buitres, bajo la dirección y producción de Francisco del Villar en los Estudios Churubusco, con Enrique Lizalde, Enrique Álvarez Félix, Irma Serrano y Enrique Rocha, son solamente algunos de los ejemplos de esta rica experiencia visual.

La mayoría de estas fotos posee medidas de 20 por 25 centímetros, (siguiendo el formato de 8 por 10 pulgadas), son horizontales o apaisadas, ya que así se cubre el campo visual del ojo humano. Aunque también las hay de menor tamaño y en formato vertical; llama la atención que se utiliza solamente una foto de cada filme que tiene los datos impresos, generalmente presenta las escenas con los protagonistas, pero también hay otras donde aparecen los histriones de reparto con pocas notas, lo que complica identificarlos por nombre artístico, al final muchos han quedado en el anonimato.

Es de suma importancia señalar que las fotos de still a las que se hace referencia en este texto, la mayoría pertenece a producciones mexicanas de la década de 1970 y principios de los años 80, es decir, cuando Luis Echeverría Álvarez era presidente y se trató de impulsar al cine nacional, teniendo a Rodolfo Echeverría, (actor y hermano del Presidente), al frente del Banco Nacional Cinematográfico. Había entonces tres productoras como eje del impulso fílmico: Conacine, Conacite 1 y Conacite 2.

Las fotos de still constituyen una fuente invaluable de la historia del cine, porque formaron parte de un estilo y una época. Bien sabemos que la base del séptimo arte son las fotografías, siendo más precisos, los fotogramas, que derivó en los mencionados still, los cuales muestran imágenes extraídas o generadas a propósito, con poses previas o posteriores al rodaje pero, esencialmente, con fines publicitarios.

Este tipo de imágenes fueron utilizadas desde los años 30 y cayeron en el olvido a partir de los años 80. Era común la participación de fotógrafos profesionales para captar estas imágenes, pues si se tomaban de los fotogramas originales la calidad era menor y la reproducción también se veía afectada. Era una estrategia publicitaria que se sumaba al diseño de los carteles y anuncios para promocionar los filmes durante su distribución y exhibición.

Las fotos de still tienen la particularidad de contar la película sin contarla; dan referencias para identificar a la pareja romántica, ubicar la época o el lugar donde ocurría la historia, la clase social de los protagonistas. En esta imágenes fácilmente se logra distinguir si hay drama, ficción, si es erótica o se trata de una historia clásica, pues prevalecen los acercamientos a los rostros y, por tanto, a los gestos.

Indudablemente este tipo de trabajo fotográfico sirvió para despertar la imaginación de los espectadores y crear modelos, lecturas visuales muy personales. La experiencia se completaba al terminar exhibición de las películas, cuando el público salía y podía mirar las vitrinas del cine, en ese momento tenía la oportunidad de dar un nuevo orden a esas imágenes y empezar a formar o confirmar sus opiniones respecto a la experiencia visual.

Los archivos de still son muy apreciados entre los investigadores de cine, entre los más famosos y emblemáticos están los resguardos por Pascual Espinosa, quien dedicó su vida a sacar fotos de still y Fernando Fernández, hermano de “El Indio Fernández”, fue uno de los mayores coleccionistas de este tipo de materiales.

Por fortuna, la historia del cine mexicano es una de las más documentadas por investigadores como: Emilio García Riera, Aurelio de los Reyes, Gabriel García, Julia Tuñón, Gustavo García y Rafael Aviña, entre otros, cuyo trabajo ha permitido registrar el desarrollo de nuestro cine.

Tanto este tipo de fotografías como los carteles de época son “tesoros” por su valor histórico. No obstante, con el paso de los años muchas colecciones particulares han desaparecido o se han dispersado por el desconocimiento de su importancia histórica. Tristemente, también se les ha considerado materiales de desecho.

Las fotos de still del archivo del Centro Cultural Acatlán forman parte de la historia del cine mexicano y, en esta ocasión, nos dimos a la tarea de compartir un poco de este material.

Consideramos que las revisión de estas fotos de still serán de interés para los jóvenes cinéfilos de la FES Acatlán, más familiarizados con los posters modernos, elaborados con fotografía digitalizada e infinidad de efectos que captan su atención; seguramente les resultará hasta divertido ver la publicidad en blanco y negro. Para quienes ya llevamos más kilometraje en la apreciación del cine, esperamos sea grato recurrir a la memoria al ver algunas de estas imágenes provenientes de momentos en que prevalecían las ganas por acercar al público a las salas de cine.

Categoría(s): Sin categoría

POR JORGE ESTRADA BAUTISTA *

The Queen’s Gambit se posicionó, en tan sólo 28 días de exhibición, como la “reina de las miniseries” de Netflix en 2020. El diario El País detalló en su edición del pasado 23 de noviembre que, de acuerdo con datos de esta plataforma de entretenimiento, más de 62 millones de suscriptores la habían visto. También indica que se colocó entre los 10 títulos más consultados en 92 de los 193 países donde está disponible. En 63 naciones ha sido número uno.

Para quienes hemos sido atrapados por The Queen’s Gambit el éxito reportado líneas antes no es sorpresivo, más bien algo justo y lógico, ya que cuenta con personajes atractivos, cuyas conductas invitan a conocerlos a profundidad; sus maneras de interactuar, reaccionar y evolucionar se apegan a comportamientos de la vida real, en ningún momento son aburridos ni acartonados. Uno tras otro, los relatos que acompañan a Elizabeth “Beth” Harmon, la protagonista, se enmarcan en escenas con las que se realzan sus debilidades, fortalezas y luchas internas. Por méritos propios, es una serie que deja huella y, sin duda, se hablará de ella mucho tiempo más.

The Queen’s Gambit (Scott Frank y Allan Scott, 2020), es un título que debió ser traducido como Gambito de reina, pero en español Netflix la llamó Gambito de Dama, el cual resulta algo confuso para muchos, por referirse a un tipo específico de jugada en el ajedrez. La historia se basa en la novela del mismo nombre, escrita por Walter Trevis en 1983.

Anya Taylor-Joy, actriz y modelo estadounidense, a quien antes hemos visto en películas como Split (Fragmentado. M. Night Shyamalan, EU, 2016), Glass (Cristal. M. Night Shyamalan, EU, 2019) y Emma (Autumn de Wilde, Reino Unido, 2020), interpreta magistralmente a Beth Harmon, joven huérfana, prodigio del ajedrez, que busca convertirse en la mejor jugadora del mundo, mientras lucha con problemas emocionales y codependencias.

Aunque la historia de Beth Harmon está ambientada en Lexinton, Kentucky, la mayor parte de la producción fue grabada en Berlín, Alemania, y tiene algunas escenas rodadas en Ontario, Canadá. Muchos de los escenarios y edificios de la serie fueron modificados con efectos computarizados. No obstante que los espacios no corresponden a los sitios a los que continuamente se hace referencia, la ambientación y las técnicas para lograrlo permiten mostrar excelentes referentes arquitectónicos que hacen juego, a la perfección, con el diseño de vestuario de la protagonista y la retícula en blanco y negro del tablero de ajedrez.

A los nueve años de edad, Beth Harmon, interpretada por la actriz Isla Johnston, queda huérfana y es llevada al orfanato “Hogar Methuen para niñas”. Este escenario es una mansión de estilo renacentista de finales del siglo XIX, situada a orillas de Berlín y es famosa por dos elementos arquitectónicos peculiares: la torre cuadrada de arquitectura medieval que sobresale en su fachada principal y su cristal invernadero de corriente modernista sobre el hastial del inmueble.

El trabajo de remodelación y recuperación que fue realizado en esta antigua construcción hace que, como público, nos adentremos, a través de un pasillo abovedado de cañón enmarcado por arcos de medio punto, en un lugar lúgubre pero delicado, acentuado por bellos pisos de duela y muros recubiertos hasta la mitad inferior con lambrines de madera en tono chocolate; logrando así la sensación de antigüedad, ambientada en la década de los años 40.

Este inmueble cuenta con habitaciones delimitadas por grandes puertas talladas en madera con detalles geométricos, distribuidos en dos niveles que dan escenario a salones de usos múltiples, oficinas, dormitorios y comedor. Dentro de la mansión, la pequeña Elizabeth es enviada al sótano y ahí, en medio de un pequeño espacio recubierto de azulejos antiguos, polvo y poca luz, conoce al señor Shaibel (Bill Camp), conserje del orfanato y quien se convierte en mentor para dominar su inquietud e interés por el ajedrez.

Beth tiene un talento natural para entender este juego, pero desde un principio cuenta con una “ayuda” muy especial para desarrollar en su mente las jugadas maestras, se trata del efecto de las pastillas tranquilizantes (disfrazadas de vitaminas) que les hacían tomar a las niñas del Hogar Methuen. Gracias a las drogas, en el techo del dormitorio, un espacio de la antigua mansión envuelto en lambrines de madera de caoba, Beth visualiza el tablero y las piezas del juego estudiando cada movimiento aprendido y desenvolviendo su técnica en el juego.

El siguiente espacio arquitectónico que destaca en la serie es la nueva casa de Beth, luego de ser adoptada por un hombre amargado y una mujer depresiva. El rodaje de estas escenas se realizó en Cambridge, Ontario, en un barrio con casas de típico estilo colonial, muy representativo de la arquitectura habitacional de Estados Unidos y Cánada, debido a que no fue posible encontrar en Alemania un vecindario que situara al público en Kentucky.

Esta casa, recubierta en su totalidad con papel tapiz estampado con detalles orgánicos y florales, es el espacio principal donde forma lazos con su madre adoptiva, la señora Alma Wheatley (Marielle Heler). En tonos verdes, azules y aqua se enmarcan las ambiciones y pasiones de la nueva tutora de la protagonista, estos matices están aplicados en la totalidad de espacios ubicados en la planta baja del inmueble, aportan al ambiente una sensación de tranquilidad, frescura y algo de melancolía gracias a la psicología del color aplicable en estos tonos.

En contraste, los tonos de las habitaciones del primer nivel cambian rotundamente de fríos a cálidos. En particular, la recámara de Beth tiene muros con tonalidades en rosa y rojo en el papel tapiz, estampado con una retícula de líneas entrelazadas en colores cálidos, acentuando cada detalle de la decoración con luz natural que entra por una ventana larga, la cual da vista al exterior desde la fachada principal; se distinguen muebles de estilo francés, elaborados en madera y terminados en una capa de pintura color blanco y una cama de tamaño matrimonial decorada con un dosel de tela gruesa y rosada con detalles florales al centro de la habitación.

Los colores de la habitación de la joven Beth conectan con su delicadeza y apaciguan los temores iniciales al llegar a un nuevo espacio, pronto lo asume como un lugar propio; ahí encuentra refugio para todas sus inseguridades. Esos mismos colores representan su pasión y la destreza mental por el juego, ella practica varias horas del día en un tablero que compra con el dinero que gana en su primer torneo de ajedrez, dedica las repisas y muebles para apilar cada uno de los libros y revistas que estudia meticulosamente para ganar habilidades y experiencia.

Entre los escenarios importantes de la historia destaca la secundaria Henry Clay High School, dónde Beth Harmon se inscribe al campeonato estatal de ajedrez de Kentucky y conoce a los gemelos Matt y Mike (Matthew y Russell Dennis Lewis), a Townes (Jacob Fortune-Lloyd) y a Harry Beltik (Harry Melling), campeón estatal de ajedrez, a quién Beth derrota en una sorprendente jugada.

Aunque en la vida real existe una secundaria Henry Clay, ubicada en Kentucky, la filmación del señalado torneo fue realizada en la escuela Max Taut, en Berlín, Alemania, la cual recibe el nombre del arquitecto que la diseñó y cuya construcción culminó en 1932. Dentro de este inmueble de concreto armado y estilo funcionalista podemos adentrarnos en uno de los dos gimnasios construidos y ser testigos de la primera victoria de mayor rango de Beth, pues se vuelve famosa por ser talentosa a su corta edad y también ser la primera mujer en jugar contra hombres con avanzadas calificaciones de ajedrez.

Después de esta victoria en el campeonato estatal, Harmon y su madre viajan a Cincinnati para participar en un nuevo torneo donde podemos observar dos grandes edificaciones alemanas, nuevamente en Berlín, las cuales sirven como escenarios perfectos para el disfrute de las partidas de ajedrez y sentir la emoción de los enfrentamientos.

En primer lugar podemos deleitarnos con el lobby del Ayuntamiento del distrito de Spandau (Rathas Spandau) diseñado por Heinrich Reinhardt y Georg Sübemnguth e inaugurado en 1984. Este espacio sirvió para filmar las escenas de check in en un hotel supuestamente ubicado en Cincinnati y para el registro del torneo en esa ciudad de Ohio.

Los acabados en los mosaicos del piso en beige y negro, ornamentos y decoraciones en pasta blanca acompañando las columnas verde sage revelan un ambiente de elegancia y simpleza que, con ayuda de los amplios vanos de las ventanas decoradas en marcos de herrería de acero invitan a observar cada uno de los detalles de este edificio de estilo reformista. El torneo de Cincinnati ocurre, en realidad, en la Meistersaal de Berlín, una histórica sala de conciertos creada en 1910, la cual cuenta un increíble plafón decorado con paneles de madera de caoba que, para esta serie, brindan un ambiente cálido y sobrio a las partidas de ajedrez.

La historia continúa, Beth avanza y derrota a nuevos oponentes, por ello es invitada a torneos en diversas partes del mundo, uno de los más interesantes, hablando de interiores arquitectónicos y juego de edición escenográfica, es el que supuestamente se realiza en Las Vegas, Nevada. En la secuencia, destaca la arquitectura modernista del Palais am Funkturm de la Messe, en Berlín, creado por Bruno Grimmek en 1957.

En Las Vegas, Beth Harmon camina hacia la puerta de entrada de lo que fuera uno de los principales hoteles de los años 60 y en un plano secuencia se le ve entrar a un resort moderno, con grandes ventanales en acero y aluminio, un espacio lleno de luz y vida que deja expuesta la estructura para descubrir un amplio lobby donde el elemento principal es una escalera semicircular retráctil, con un candelabro que ajusta la altura de acuerdo a las necesidades del edificio.

Lamentablemente estos espectaculares elementos arquitectónicos no pertenecen al edificio diseñado por Grimmek, si no que forman parte del salón de baile de Berlín, pero gracias a las ediciones de la producción se engaña la vista del público y nos deleitamos con un escenario inexistente, pero perfecto gracias a la fusión de estos dos inmuebles alemanes.

La historia de Beth Harmon llega a un momento triste y climático, una vuelta de tuerca que aprieta los engranes de su vida, ello ocurre precisamente en la Ciudad de México. Por principio de cuentas aparece la Catedral Metropolitana, luego una gran vista aérea de la Glorieta de la Columna de la Independencia y después de un corto viaje en auto por las calles de la supuesta ciudad somos envueltos por el lobby de un gran hotel de estilo Art Deco con el que los amantes de la arquitectura nos embelesamos al observar las escaleras de acceso recubiertas en su totalidad por una alfombra en tono chocolate, muros blancos con aplanado fino y decoración en los plafones acompañados con luminarias de la época, diseño de herrería en barandales elaborados con elementos de acero, bañados en pintura negra mate y formas decorativas geométricas rematadas con elementos en tono ámbar y grandes ventanas de piso a techo a manera de vitral enmarcados con herrería de acero.

Nuevamente, la joven prodigio del ajedrez entra lentamente a la recepción de un hotel que no es hotel y tampoco está ubicado en México, pero nada hace que, como público pongamos resistencia para dejarnos llevar y creer en su veracidad. Para ambientar las escenas de este importante torneo de ajedrez fue necesario grabar en el vestíbulo principal del teatro Friedrichstadt-Palast, ubicado en Mitte, Berlín, obra de Hans Poelzig, que data de 1919 y cuyo diseño original fue demolido en los años 80, ya que fue declarada en riesgo, pues su estructura podía caer en cualquier momento. Sin embargo, este inmueble sobrevive y ahora es un palacio de espectáculos, famoso por albergar shows que utilizan avanzada iluminación y puede recibir hasta 100 artistas en escena.

Observar detenidamente cada uno de los capítulos de The Queen’s Gambit es adentrarse en ambientes que nos hacen creer que sí estamos situados en una zona específica del mundo. Resulta todo un descubrimiento su verdadera ubicación, principalmente en Alemania. Basta decir que el Museo Bode, en Berlín, sirvió para recrear un torneo en París.

La Sala del Oslo, ubicada en el interior del antiguo Ayuntamiento de Berlín, construido a principios del siglo XX, es el escenario del emocionante gran torneo de Moscú, donde Beth Harmon enfrenta al entonces campeón mundial de ajedrez Vasily Borgov (Marcin Dorocinski).

Definitivamente, los escenarios arquitectónicos ayudan a que esta serie de televisión, que no le pide nada a obras fílmicas de gran calado, nos deslumbre y envuelva en cada una de las situaciones que se muestran en pantalla. Gracias al buen uso de la paleta de colores y la elección detallada de cada uno de los lugares, como público, simple y sencillamente podemos perdernos en los espacios que nos presentan, aunque no sean del todo reales.

Sin lugar a duda, The Queen’s Gambit ha sido un deleite para aquellos que hemos disfrutado de ella, existe en cada capitulo un derroche de buen gusto en las secuencias de historia, encuadre fotográfico, moda y espacios arquitectónicos que nos hacen viajar por el mundo a través de partidas de ajedrez en compañía de la protagonista. Esperamos con ansia la nueva producción de Netflix con las ganas de que, al igual que este gran éxito, nos deje con ganas de querer más.

* Jorge Estada Bautista estudió la carrera de Ingeniero Arquitecto en la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura Unidad Tecamachalco del Instituto Politécnico Nacional. Actualmente se desempeña como proyectista en la elaboración de diseños industriales especializados.
Categoría(s): De Arquitectura y Cine

POR JUAN BRAVO ZAMUDIO *

El cine se ha vuelto el arte social de nuestro tiempo, debido no sólo a que en él se juntan diversas artes, sino también al interés y aceptación que suscita en cualquier parte del mundo y entre personas de cualquier edad o condición social.

El Séptimo Arte, empleado como fuente de información, permite adentrarse en el estudio de la sociedad; conocer diferentes culturas al igual que la propia; formar visiones en torno a acontecimientos pasados, presentes y futuros; entrar en contacto con valores, ideas, pensamientos, actitudes, normas. Nos permite reflexionar, criticar y hasta juzgar.

Por estos y otros aspectos se convierte en un educador informal. Tras su dimensión lúdica esconde una faceta formativa, ello hace que el docente no solamente lo ocupe como un recurso, sino también como parte de la currícula, provocando que sea un objetivo educativo en todos los niveles de la constitución del individuo.

En este sentido, el cine puede actuar como herramienta docente debido a su contenido informativo y su tendencia reflexiva. Por su parte, el estudiante debe ser consciente de estar siendo educado, porque, para él ver cine en clase es una actividad que incrementa su interés y participación.

La imagen en movimiento, mensajes, ideas, técnicas, así como contenidos, son elementos de indiscutible valor e indispensable estudio en las aulas. Es una de las estrategias interdisciplinarias y una vía para lograr la transversalidad: al mismo tiempo puede ser el fundamento de análisis y estudio de cualquiera área de un programa de trabajo.

El cine, como comenta Herbert Marshall McLuhan es “El aula sin muros”, complementa conocimientos, integra ideas y lenguajes. Puede hacer comprender mejor una obra de teatro, un drama escrito, y al mismo tiempo incitar a leer la obra literaria que ha servido de base para realizar el filme, de ser éste el caso.

Es necesario interpretar los resultados del cine para descubrir qué es lo que nos quiere comunicar. Una película se compone de diversos elementos que, en su conjunto, forman una narración con posibilidad de múltiples y variados comentarios y reflexiones. Como todo relato, utiliza técnicas que es necesario conocer, para saber si los mensajes llegan al espectador de la forma más parecida a como pretenden quienes han realizado la obra cinematográfica.

No basta con ver un filme, hay que analizarlo con mucho cuidado, con el fin de realizar todas las críticas posibles, para comprenderlo mejor y valorarlo como contador de historias, transmisor de valores, portador de arte y de conocimientos. Pero hay que entrar en él con seriedad, además de curiosidad.

La fijación en la memoria de los conceptos aprendidos es más duradera en la medida en que asimilamos de forma más concreta, con mayores evidencias; y de ahí que lo que se aprende mediante el cine se retiene por más tiempo y aprovecha mejor. Propicia en los estudiantes la interrelación de conceptos y en general facilita el desarrollo del pensamiento.

En la actualidad debemos hablar de la educación como instrumento para potenciar una enseñanza que desarrolle la actitud crítica en los estudiantes en torno al cine y a la información que reciben a través de los medios, que les permita concebir una escala de valores personal y útil para enfrentarse a la sociedad en el futuro.

El buen cine, como la literatura, la poesía o la novela, comenzó por ser simultáneamente una reflexión sobre el lenguaje y una tendencia a producir otro lenguaje; esto es, un sistema de transparencias para provocar la aparición de la realidad que nos ocultan o nos presentan como un simulacro, en la perspectiva de Jean Baudrillard, generando una sociedad muda y atónica. Es momento de que el Séptimo Arte recobre su vocación crítica.

 

* El doctor Juan Bravo Zamudio es integrante del Comité Organizador del Cine Debate del Colegio de Personal Académico de Ciencias Sociales y Humanidades, en la FES Acatlán.

Esta colaboración se publicó en la versión impresa del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán, edición 137, septiembre 2014.
Categoría(s): APUNTES CINEMATOGRÁFICOS

POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA

Paul Leduc Rosenzweig, (Ciudad de México, 11 de marzo de 1942-21 de octubre de 2020), fue un cineasta que, en todo momento, se caracterizó por realizar filmes de vanguardia, siempre apegado a lo que se denominó cine de carácter social y de denuncia.

Para Leduc el cine constituyó una herramienta de cambio y de transformación, más allá del entretenimiento. Desde finales de la década de los años 60 convirtió el Séptimo Arte en su trinchera y forma de vida, al documentar el movimiento estudiantil de México en 1968, poco después de abandonar sus estudios en la Facultad de Arquitectura en la UNAM. Su formación académica la continuó matriculándose en la Facultad de Filosofía y Letras; a la par estudió en la Escuela de Artes de Seki Sano, considerado como uno de los precursores del teatro de vanguardia en nuestro país.

Hacer cine significó para Leduc la construcción de una utopía que le permitió romper con las reglas impuestas por las tendencias y corrientes de aquella época. Su afinidad por las artes y la cinematografía, lo llevó a organizar y programar, dentro y fuera de la Universidad, numerosos cineclubes.

Tuvo la oportunidad de acudir a un ciclo de conferencias que llevó por título: “50 lecciones de cine”, impartidas por Manuel González Casanova y marcaron un precedente importante en su forma de concebir el Séptimo Arte. Años más tarde Leduc señaló que el problema no era aprender cine, sino hacerlo en un país donde no se contaba con los apoyos suficientes para los proyectos artísticos.

A los 23 años de edad, obtuvo una beca para estudiar en el Institut Des Hautes Études Cinématographiques, en Francia; ahí aprendió que el cine era una herramienta de investigación y difusión, lo que le permitió, a la postre, imprimir un sello muy particular a todos sus trabajos.

Su talento natural detrás de la lente lo llevó a participar en algunos proyectos de la televisión francesa que lo hicieron madurar como artista visual y crear obras memorables que, hasta la fecha, son referentes obligados.

Paul Leduc formó parte de una de las agrupaciones más emblemáticas del ambiente cultural, el denominado Grupo Nuevo Cine que tenía entre sus miembros a figuras de la talla de Emilio García Riera, Alberto Isaac, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis y José de la Colina, entre muchos otros.

La trayectoria de Paul Leduc como director de cine inició en 1972 con una de las cintas más elogiadas por la crítica especializada Reed, México Insurgente, cuya base es el libro “Insurgent Mexico” del periodista norteamericano John Reed; el texto narra los pormenores de lo vivido por este corresponsal durante la Revolución Mexicana.

El interés por filmar esta película surgió, en primera instancia, porque su tío, el destacado escritor Renato Leduc, conoció en su juventud al reportero John Reed, cuando era telegrafista de la División del Norte, encabezada por Pancho Villa.

Reed, México Insurgente unificó las opiniones del público y la crítica, la cual no reparó en elogios hacia la ópera prima de Leduc. Este largometraje desmitifica la lucha armada, al retirarle ese glamour que producciones anteriores le habían concedido y la convirtió en una cinta que se construye a partir de historias cotidianas de los protagonistas de la conflagración.

Para los especialistas en la materia, la cinta de Leduc está entre las mejores 30 producciones mexicanas de todos los tiempos. Reed, México Insurgente obtuvo el Premio Ariel en 1973 a la Mejor Película y Mejor Dirección. Fue seleccionada para representar a nuestro país en los Premios Oscar en la categoría de Mejor Película Extranjera; se exhibió en los festivales más importantes del mundo, destacando su paso por Cannes, Berlín, Nueva York, Varsovia y Praga.

En 1976 filmó Etnocidio: Notas sobre El Mezquital, uno de sus trabajos más apreciados; éste se basa en una investigación antropológica de Roger Bartra y retrata con gran nitidez la pobreza y explotación que sufren los pobladores de origen otomí, aunado al proceso de exterminio gradual de su cultura.

La consagración de Leduc llegó en 1984 de la mano de la película Frida, naturaleza viva, donde redescubrió y lanzó a la escena mundial a una de las figuras más emblemáticas del ambiente artístico y cultural en México, la pintora Frida Kahlo. Esta película está narrada desde el lecho de muerte de la artista y se centra en la recreación estética de algunos de sus cuadros más emblemáticos.

Frida, naturaleza viva obtuvo el Ariel por Mejor Actriz gracias a extraordinaria interpretación Ofelia Medina y también fue galardonado en las categorías de Mejor Película y, desde luego, Mejor Dirección. El elenco cuenta con histriones de primer orden como Juan José Gurrola, Claudio Brook, Salvador Sánchez, Gina Morett, Margarita Sanz, los hermanos Odiseo y Bruno Bichir, además de Valentina Leduc que, a la postre, se consolidó como una de las editoras con mayor reconocimiento en la cinematografía nacional.

Con dos éxitos consecutivos bajo el brazo, Renato Leduc presentó en 1986 ¿Cómo ves?, probablemente uno de sus trabajos con mayor crítica social e incluso incomodó a los círculos de poder. Leduc puso el dedo en la llaga al contradecir el discurso oficialista que argumentaba que México se enfilaba hacia el progreso y el crecimiento económico.

Teniendo como marco la Ciudad de México y su zona conurbada ¿Cómo ves? retrató, como ningún otro largometraje, la marginación, pobreza, violencia familiar y falta de oportunidades en un sistema capitalista deshumanizado. El guion estuvo basado en textos de José Revueltas y de José Agustín; contó con la participación de agrupaciones musicales como El Tri, Son de Merengue, Cecilia Toussaint, Rockdrigo y Jaime López.

Fue, precisamente por su gusto musical, que Paul Leduc se dio a la tarea de filmar la trilogía conformada por Barroco (1988), basada en la novela de Alejo Carpentier; Latino Bar (1991) y Dollar Mambo (1993). A partir de ese momento se retiró del cine durante casi 10 años, pero incursionó en la animación con los cortometrajes: Los animales 1850-1950 (1995) y La flauta de Bartolo o la invención de la música (1997), considerado el primer corto realizado en México con la técnica de gráficos en 3D.

En 2006 Paul Leduc volvió con la película Cobrador: In God We Trust. En 2013 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. En 2016 se hizo acreedor al Ariel de Oro por su destacada trayectoria; sin embargo, esa entrega estuvo marcada por la controversia, debido a que, aparentemente, el discurso del realizador fue censurado por Canal 11, televisora cultural del Estado mexicano encargada de la transmisión. Luego del escándalo, los organizadores argumentaron que, por cuestiones de tiempo, había sido imposible incluir completo el discurso del cineasta.

En aquella velada Paul Leduc, fiel a sus convicciones, lanzó una dura crítica a las instituciones del Estado encargadas de apoyar a la cinematografía nacional y las culpó porque las producciones mexicanas no ocupan espacios preponderantes en las salas de exhibición, teniendo como resultado la caída de espectadores para las cintas producidas en territorio nacional.

Paul Leduc nunca claudicó en sus ideales, tampoco fue rehén de modas: siempre figura controversial por la forma de expresar sus opiniones. Construyó un lenguaje propio a través del cual se permitió reflexionar sobre los más diversos temas al concebir al cine no sólo como medio de denuncia social, sino como agente de cambio.

Categoría(s): Sin categoría, TRAYECTORIAS

POR  ADRIANA CERVANTES SOTO

El lobo de Wall Street (2014), dirigida por Martin Scorsese, se basa en el libro homónimo de Jordan Belfort. Es una propuesta diferente al tema del fraude financiero en el mercado de valores y los abusos de Gordon Gekko, tocado con anterioridad por Oliver Stone en Wall Street.

Leonardo Di Caprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Matthew McConaughey y Kyle Chandler conforman el reparto, el guion es del escritor de televisión Terence Winter (creador de Los Sopranos y Boardwalk Empire). Siete años tardó la filmación, después de que Leonardo Di Caprio leyera el libro y se obsesionara con la idea de llevar a la pantalla grande una historia de ambición desmedida.

No obstante el sabor de derrota que la acompaña, pues no logró ningún premio Oscar, (luego de generar gran expectativa como “segura ganadora”), nadie le quita haberse convertido en un fenómeno de taquilla, al recaudar más de 300 millones de dólares en su proyección mundial. Los 180 minutos de rodaje están plagados de imágenes extravagantes, donde se muestra el mundo de la bolsa: acumulación, avaricia y poca moral del depredador de Wall Street, Jordan Belfort.


En el Lobo de Wall Street, el todavía galán y ya no L’enfant terrible Leonardo Di Caprio da vida al excéntrico broker que decía ganar más de 50 millones de dólares al año y despilfarró su inmensa fortuna en caprichos, mujeres, sexo ocasional, autos deportivos, yates, lujosas casas de playa, drogas y alcohol, pero cayó estrepitosamente por no medir su distancia con los encargados de aplicar la justicia.

Belfort enfrentó cargos del FBI por estafa en 1998, se declaró culpable y colaboró con el gobierno estadounidense para castigar a sus cómplices, por ello le redujeron la pena carcelaria a 22 meses; eso sí, lo obligaron a pagar 100 millones de dólares a los accionistas estafados.

Jordan Belfort vive ahora en Los Ángeles, en una zona popular y solamente conserva como recordatorio de tiempos mejores un reloj Bulgari y un cuadro que decoraba uno de los dormitorios de su yate. Los detalles de sus fechorías los plasmó en dos libros, cuyas ganancias le han permitido librarse de buena parte de su deuda: El lobo de Wall Street y Atrapando al lobo de Wall Street.

En el trabajo fílmico de Scorsese se percibe un toque de humor negro, hay situaciones que rayan en lo absurdo, él la define como “la historia de una locura, de la obscena mentalidad de un negocio podrido, y así lo quise mostrar. Sin prebendas, con toda la libertad que necesitaba para dejar clara la impunidad con que se movían mis sujetos”. Sin embargo, no busca ser moralizante, ni una oda al delito, pero sí provocar controversia. Los críticos han sido implacables con el derroche de excentricidades.

Basta señalar que la vida supera la ficción y las personas no siempre se redimen, como en este caso, ya que Jordan Belfort sigue sin pagar el total de su deuda a las víctimas de sus estafas.

Categoría(s): Sin categoría

POR JOSÉ ALFREDO FLORES ROCHA

Más allá de la montaña (The Mountain Between Us, 2017), es una de esas películas que prometen demasiado, pero al final salen debiendo. Con un elenco encabezado por la multipremiada Kate Winslet e Idris Elba, la cinta, filmada bajo la dirección de Hany Abu-Assad, resulta un melodrama al mero estilo de Hollywood que se empeña al extremo por llevar a buen puerto a los protagonistas.

Despierta interés pues la encabezan dos de las estrellas cinematográficas más importantes de los últimos años, ambos con trabajos notables tanto en cine y televisión.

En el caso de Kate Winslet, ganadora de un premio Oscar por Mejor Actriz en 2009 debido a su notable trabajo en The Reader (Stephen Daldry, 2009); es destacable su participación en Revolutionary Road (Sam Mendes, 2009), pues con esta cinta se hizo acreedora a un Globo de Oro por Mejor Actriz; y qué decir de su intervención en la película dedicada al célebre Steve Jobs (Danny Boyle, 2015) que también le mereció otro Globo de oro, pero por Mejor Actriz de Reparto, en 2016.

En el caso de Idris Elba su trabajo actoral destaca más en la pantalla chica, gracias a miniseries de televisión como Luther (2011), producida bajo el sello de la BBC, donde encarna al detective John Luther.

El director Hany Abu Assad es un cineasta que viene precedido de un éxito notable; basta recordar en 2006 su trabajo en el largometraje Paradise Now, el cual recibió un Globo de Oro a la Mejor Película en Lengua no Inglesa y contó con una nominación al Oscar, en la misma categoría.

Sin olvidar su trabajo en Omar (2013), cinta considerada por la crítica especializada como la primera película de manufactura palestina en alcanzar repercusión internacional y ser nominada en el renglón de Mejor Película en los premios Oscar.

Con este cóctel de buenos ingredientes se esperaba que Más allá de la montaña, resultara un referente en la cartelera. Sin embargo, no fue así. Esto a pesar de estar basada en la novela homónima de Charles Martin y que tiene por argumento central el encuentro inesperado entre dos pasajeros que acaban de perder su vuelo, debido a las intensas tormentas.

La trama comienza cuando la protagonista Alex Martin (Kate Winslet) propone a Ben Bass (Idris Elba) rentar una avioneta para llegar a su destino. Ambos son pasajeros varados, pero ella, fotógrafa profesional, debe llegar urgentemente a su destino, pues está a punto de casarse.

Suben a una pequeña aeronave y sufren un aparatoso accidente que los deja aislados en lo alto de una montaña; el piloto fallece, no así el perro que lo acompaña y que ahora será la única compañía de ambos pasajeros, quienes prácticamente se quedan sin provisiones.

Incomunicados y con heridas, comienzan una larga travesía por la montaña, ello los enfrenta a todo tipo de obstáculos, el más grave de los cuales es la falta de víveres, además de bajas temperaturas y amenazas con animales salvajes.

A pesar de que el director se esmera, la situación de la pareja se vuelve insostenible, poco creíble. Si bien en el cine existe una complicidad implícita entre público y realizador para llevar por buen camino las historias, aquí dicha comunión simplemente no se da.

Los recursos utilizados por el director parecen sacados de la chistera y no logran justificarse. La historia de amor poco a poco florece entre los protagonistas, bajo un esquema de clichés que se imponen.

La historia se le escapa de las manos a Hany Abu Assad y pasa de ser un melodrama, prometedor al típico argumento que privilegia el cuento de amor descafeinado. A mitad de la película, sin demasiado esfuerzo, el espectador sabe en qué terminará el relato.

Esta cinta está lejos de otras producciones que abordaron este tipo de percances aéreos. Entre las más notables destacan Sully: hazaña en el Hudson (2016), basada en el acuatizaje logrado por el capitán Chesley Sullenberger el 15 de enero de 2009, en el río Hudson; El vuelo (2012), Un día para sobrevivir (2011), Al filo del peligro (1997) y Viven (1993), ésta última basada en el libro del mismo nombre que recoge la experiencia de los sobrevivientes de los Andes en 1972, tras el accidente del vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya.

Categoría(s): Sin categoría

POR  LUCÍA ELENA ACOSTA UGALDE *

Steve McQueen, una de las figuras más emblemáticas del cine, también conocido como The King of Cool, es a menudo recordado por películas como El Yang-tsé en llamas (The Sand Pebbles, Robert Wise. EU, 1966); Bullitt (Peter Yates- EU, 1968); Papillon (Franklin Schaffner. EU, 1973) e Infierno en la torre (The Towering Inferno, John Guillermin. EU, 1974). En su trayectoria se caracterizó por no utilizar dobles para las escenas de acción: él mismo efectuó secuencias muy arriesgadas.

Recio y calculador, pero sobre todo talentoso, pasó a la historia como una estrella fugaz, con una vida intensa dentro y fuera de los escenarios. En alguna ocasión comentó: “para inmortalizar tu trabajo debes de vivirlo con mucha intensidad” y él, sin duda, así lo hizo.

Terence Steve McQueen nació en Beech Grove, Indiana, el 24 de marzo de 1930. Siendo adolescente se traslada con su madre a California, donde desempeña diversos trabajos. A los 17 años de edad se alista en la Marina; sin embargo, el gusto por la milicia le dura muy poco y dirige sus pasos a la Academia de Actuación de Nueva York, donde se titula a los 20 años.

Realiza pequeños papeles en series de televisión y debuta en Broadway en sustitución del actor Ben Gazzara en la obra de teatro Halful of Kain. En ese momento estaba inconforme con su preparación actoral, por lo que decide inscribirse al Actor’s Studio de Lee Strasberg, para perfeccionar su desempeño histriónico.

Comienza en el cine con la película Marcado por el odio (Somebody Up There Likes Me, Robert Wise. EU, 1956), en la cual comparte créditos con Paul Newman. Luego consigue el rol de Josh Randall en la serie de televisión Wanted Dead or Alive, emisión que se prolongó por más de cuatro años y le dio gran popularidad a su carrera.

Justo al inicio de la añorada década de los años 60 se consagra como “megaestrella” con Los siete magníficos (The Magnificent Seven. EU, 1960), western dirigido por John Sturges, donde interpreta un temerario pistolero y tiene como coprotagonista a Yul Brinner.

En esa época demostró estar listo para los retos de las producciones hollywoodenses y declaraba: “percibo mi carrera de actor como un bólido, debes de seguir en línea ascendente y a toda velocidad”. Siempre ávido de conocimiento, incluso tomó clases de artes marciales con Bruce Lee.

Puso en práctica su filosofía de vida en la película Bullit, catalogada por la crítica especializada como la mejor cinta de persecución, donde, por supuesto, McQueen realiza las escenas peligrosas.

De la trayectoria de McQueen destaca: El Yang-tsé en llamas, filme por el que obtuvo, en 1966, su única nominación al Oscar por Mejor Actor. El gran escape (The Great Escape, John Sturges. EU, 1969),  donde comparte créditos con Charles Bronson y cuya banda sonora, compuesta por Elmer Bernstein, es una de las más recordadas por el público. En Papillon las escenas con Dustin Hofman son memorables, la historia aporta una referencia sobre la vida de los prisioneros de guerra.

The Towering Inferno fue uno de sus mayores éxitos, apoyado en las interpretaciones de Paul Newman y Faye Dunaway, actriz con quien también trabajó en El caso Tomas Crown (The Thomas Crown Affair, Norman Jewison, 1968). La película que más impactó su vida privada fue La huida (The Getaway, Sam Peckinpah. EU, 1972), pues luego de la filmación él y la actriz Ali McGraw, su “bella dama,” se casaron.

Steve McQueen dejó de existir a la edad de 50 años durante una visita a Ciudad Juárez, Chihuahua, el siete de noviembre de 1980. Legó un repertorio de destacadas actuaciones donde “destila” adrenalina pura y da testimonio de su amor por el automovilismo, siempre acompañado por grandes figuras del cine.

* Lucía Elena Acosta Ugalde es Doctora en Historia del Arte. Técnico Académico Asociado C, Tiempo Completo. Definitivo.
Categoría(s): TRAYECTORIAS

POR  KRISANGELLA SOFÍA MURILLO CAMACHO

El Festival de Cine de Arquitectura y Diseño ( Architecture & Design Film Festival ) presenta cada año una selección de documentales en categorías como: Ciudad, Arquitectura (edificios), Susten-tabilidad, Moda y Diseño. Sus organizadores lo definen como una celebración al espíritu creativo que brinda la oportunidad para entender y aprender sobre estas especialidades, alrededor del mundo.

Se caracteriza por reunir a legendarios arquitectos y diseñadores, así como productores y amantes del cine. Ciudades como Nueva York, Los Ángeles y Chicago, en Estados Unidos, son sus sedes habituales, con proyecciones y conferencias en instituciones culturales, museos y teatros.

Por dar un ejemplo, entre enero y febrero de 2017 tocó el turno a Seúl, Corea del Sur; en abril de ese mismo años se realizó en Tulsa, Oklahoma; en el mismo mes estuvo en Orlando, Florida; para agosto lo vieron en Nueva Orleans, Luisiana; en septiembre fue el turno de Fisthail, Montana y finalmente, en noviembre, en Nueva York.

El Festival incluyó en 2011 el estreno un documental que llamó especialmente mi atención: Urbanized del cineasta y fotógrafo neoyorkino Gary Hustwit, realizador también de Helvetica (2007) y Objectified (2009); él integró una interesante trilogía en torno al crecimiento urbano actual.

Gary Hustwit presenta en Urbanized testimonios de arquitectos de gran nivel como: Udo Andriof (estudio Stuttgart 21); Alejandro Aravena (estudio Elemental); Amanda Burden (NYC Department of Planning); Yung Ho Chang (estudio Atelier FCJZ); Mark Covington (Georgia Street Community Garden); Sir Norman Foster (estudio Foster + Partners); Grady Gammage Jr. (estudio Gammage & Burnham); Jan Gehl (estudio Gehl Architects) y Rem Koolhaas (estudio OMA).

Hustwit centra la trama en la pregunta: ¿quiénes dan forma a nuestras ciudades y cómo lo hacen? Paulatinamente incluye las respuestas de los arquitectos antes señalados, protagonistas absolutos en el diseño de las metrópolis más importantes, quienes analizan diversos escenarios urbanos de países como Brasil, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, China, Colombia, India y Alemania, entre otros.

Muestra cómo con ingenio y trabajo comunitario se pueden lograr cambios en la subsistencia de las ciudades y mejorar drenaje, agua potable, transporte, vivienda, escuelas, parques y plazas públicas.

La urbanización es el lenguaje de la ciudad y todo lo que se usa en ella, desde una banca hasta una calle, pero no necesariamente se ha realizado de manera correcta y muestra de ello es que el 33 por ciento de la población de los países en desarrollo vive en barrios inadecuados para lograr una buena calidad de vida.

En Urbanized cobra especial importancia el caso de Bombay, India. Según el censo de 2015 tenía 14.5 millones de habitantes con un grave problema sanitario, pues la mayoría vive en zonas de escasos recursos, caracterizados por falta de agua potable, recolección de basura, saneamiento, vivienda y movilidad. La reflexión a que conduce es la necesidad de cambiar políticas públicas enfocadas a personas de escasos recursos.

Otro ejemplo relevante es el de Santiago de Chile, con el proyecto del arquitecto Alejandro Aravena, quien en 2016 ganó el premio Pritzker de Arquitectura, precisamente por la propuesta que aborda este documental. Se trata de diseño participativo, como él lo denomina, con módulos de vivienda social para personas de escasos recursos, financiados por el gobierno de Chile.

También resaltan los casos de Bogotá, Colombia; Brasilia, Brasil y Copenhague, Dinamarca, los cuales tienen en común proyectos de movilidad que impulsan a sus habitantes a optar por transporte masivo sustentable, usar bicicletas con objeto de sustituir el uso de los automóviles.

Urbanized invita a reflexionar: más de la mitad de la población mundial vive en una zona urbana y para 2050 será el 75 por ciento. Las ciudades experimentan un crecimiento acelerado y los desafíos se centran en lograr un equilibrio en vivienda, movilidad, espacio público, economía, sociedad y políticas ambientales.

Sin duda son grandes retos, porque en la práctica la convergencia de estos factores es más difícil de lo que cualquiera se imaginaría; sin embargo, se puede trabajar en conjunto por un futuro prometedor en cuestión urbana y condiciones de vida sustentables.

Este documental muestra los esfuerzos de especialistas de todo el mundo por mejorar las circunstancias de los habitantes del núcleo urbano. Explora los diferentes proyectos de diseño metropolitano a nivel mundial y enmarca una discusión sobre el futuro que nos espera como especie.

Una vez más vemos cómo cine y arquitectura se conjuntan con el fin de ilustrar al público sobre las mejoras que plantean arquitectos, planificadores, políticos y constructores. Vivienda, movilidad, espacio público e infraestructura son los protagonistas de las ciudades de hoy y de mañana.

Esta colaboración se publicó de manera impresa en abril de 2017, edición 162 del boletín informativo CineAdictos, de la Coordinación de Difusión Cultural de la FES Acatlán.

Categoría(s): De Arquitectura y Cine

Bienvenida

CineAdictos, publicación periódica de la Coordinación de Difusión Cultural, nació en noviembre de 2000. Incluye reseñas de películas, trayectorias de actores, directores, críticas, comentarios sobre los principales festivales, entrevistas, avances técnicos y aspectos de los distintos géneros cinematográficos. El material impreso se distribuye entre la comunidad de la FES Acatlán; a partir del semestre 2015-II extiende sus alcances con el blog de CineAdictos. Espacio abierto a los interesados en la divulgación del séptimo arte.

Calendario de Publicaciones

marzo 2021
L M X J V S D
« Feb    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Categorías

Hecho en México, todos los derechos reservados 2021. Esta página puede ser reproducida con fines no lucrativos, siempre y cuando no se mutile, se cite la fuente completa y su dirección electrónica. De otra forma, requiere permiso previo por escrito de la institución.

El contenido aquí expuesto no necesariamente refleja la opinión de la institución, y es responsabilidad exclusiva del administrador del blog.